Mariano García, un hombre de pueblo capaz de conquistar el mundo

Mariano García, un hombre de pueblo capaz de conquistar el mundo

Mariano García García tiene un nombre de lo más corriente. Un nombre de gente de pueblo y del pueblo. Y eso es él: un hombre nacido en Fuente Álamo, una pequeña población murciana del Campo de Cartagena y que vive en Cuevas de Reyllo, una diminuta pedanía de Fuente Álamo. Lo del topónimo Reyllo proviene de una familia ilustre de la zona. Alonso Hernández Reyllo fue uno de los capitanes del Infante Don Alfonso, que más tarde reinaría como Alfonso X, apodado El Sabio.

Mariano también es un sabio en lo suyo, en las carreras de mediofondo, que domina tácticamente desde la desinhibición de competir, el placer de correr y, a ser posible, la alegría de ganar. Y un propagandista del menosprecio de Corte y alabanza de aldea. Gracias a él, esa miniatura de lugar, de unos 1.500 habitantes, posee algo de lo que no puede presumir ninguna otra localidad de cualquier tamaño de las que forman el tejido geográfico y sociológico español. Puede enorgullecerse de tener a un vecino ilustre al que conocen millones de personas, al que han visto triunfar millones de personas de todas partes. Alberga a un campeón del mundo de atletismo en pista cubierta. A Mariano García García.

García al cuadrado y campeón mundial al cuadrado. Alguien que ya obtuvo ese título en los 800 metros de Belgrado 2022 y ahora lo ha conseguido en los 1.500 de Torun 2026. Nadie nunca ha logrado ese doblete. Y de propina, el oro al aire libre del Europeo de 2022. Mariano es, pues, igual de exclusivo que de corriente. Igual de original que de sencillo. Igual de único que de moliente.

Mariano es un “paleto”. Y a mucha honra. Un tipo natural apegado al terruño. El mundo se extiende ante sus ojos, pero para él cabe en las cuatro casas del burgo y sus alrededores, y en el triángulo de tierra de 300 metros en el que se entrena a las órdenes desde siempre de Gabi Lorente, que compaginó durante tiempo su labor docente con la de panadero. Lorente es uno de esos magníficos técnicos que trabajan en la sombra para que sus pupilos toquen el sol.

Un atleta heterodoxo

Seguramente Mariano, que empezó a correr de chaval como alma que lleva el diablo porque siempre había algún perro suelto que le ladraba o le perseguía, añora los sonidos externos e íntimos de la tierra cuando está concentrado en las silenciosas alturas de Sierra Nevada. Pero ser un campeón, incluso heterodoxo, tiene sus servidumbres.

En la autenticidad de su concepto de los entrenamientos y la vida cotidiana, no le llaman las sofisticaciones actuales. Sin embargo, no deja de ser un atleta de élite y ha cambiado la nutrición. Ya no se alimenta de lo que quiere y cuando quiere, sino lo que debe y como debe. Y aunque lo suyo son los espacios abiertos y los olores, colores y sabores de la infancia prolongada por ellos, se introduce a veces en una aséptica cámara de hipoxia en los Alcázares.

Nadie en España ha compaginado con tanto éxito los 800 y los 1.500. Nadie procedente de la distancia inferior ha saltado a la superior con tanta facilidad y provecho. Es verdad que los 1.500 no le son del todo desconocidos. Ya los practicó de júnior. Pero hasta ahora forjó su carrera en los 800. Su marca en el kilómetro y medio es hoy anecdótica (3:35.53). La mejorará ampliamente este verano, en el que le aguarda en agosto el Europeo de Birmingham y en el que deberá decantarse por una de las dos distancias.

Ha pasado malos momentos deportivos que, en la plenitud de sus 28 años (cumplirá 29 en septiembre) frenaron su progresión. Se perdió los Juegos de Tokio por culpa de una apendicitis y los de París a causa de distintas lesiones. Aunque no es Robert Redford o George Clooney, podría protagonizar una película parecida a “El hombre que susurraba a los caballos” o “Los hombres que miraban fijamente a las cabras”, porque, según él, “habla con las ovejas”. Pero esta afirmación suya es la burlona y deliberada metáfora de una vida voluntariamente simple, aunque él no lo sea en absoluto. Ni simple, ni vulgar, ni anónimo. Con manifestaciones de ese tenor está dirigiendo un mensaje de amor a la cuna junto a una confesión de fidelidad.

Mariano tiene también una voz y un acento pueblerinos. Sonaría artificial si tratara de disfrazar la una y disimular el otro. Mariano se desplaza con un estilo que sería tosco si no fuera poderoso. Un tranco seguro y firme. No en balde se le apoda La Moto. Por devoción a Valentino Rossi empuña el invisible manillar imitando la aceleración de la máquina. En el atletismo no hay nadie más original, ni más desenfadado, ni menos acomplejado. Y es nuestro.

kpd