Tan lejos de los titulares, incluso de los favoritos en una prueba que no era la suya hasta este domingo en Torun. Mariano García, su osadía, su desparpajo, su velocidad. Su medalla mundial de oro indoor en el 1.500, donde asombra tanto o más que en ese 800 en el que ya fue campeón del mundo (en Belgrado hace cuatro años). Nadie en la historia hizo nada igual bajo techo. “Si a falta de dos vueltas estoy delante, sé que la medalla no se me escapa”, auguró tras una poderosísima semifinal. Dicho y hecho.
Arrancó la moto, como siempre, para deparar una carrera asombrosa. Apenas una vuelta duró el murciano, que sacaba la lengua en la cámara de llamadas del Kujawsko-Pomorska Arena, en la cola del pelotón. Agarró la cabeza y no la soltó hasta la línea de meta, sin nadie que le asustara. Zancada a zancada, poderosísimo. Ni siquiera el campeón del mundo al aire libre, el portugués Isaac Nader (plata; el australiano Adam Spencer fue bronce y Carlos Sáez, octavo con 3:42.46 en su debut en un Mundial). Paró el crono en 3:39.63, carrera lenta, ideal para su motor de 800.
Mariano, que en febrero ya firmó su mejor marca de siempre en el 1.500 (3:35.53 en el meeting de Karlsruhe), que hace unos días se confirmó con el oro en el Campeonato de España en el velódromo Luis Puig, sorprendió en una prueba tan complicada, pese a las llamativas ausencias. Más abierto que nunca sin el lesionado Jakob Ingebrigtsen, sin Josh Kerr ni Cole Hocker (ya en los 3.000 metros), sin Nuguse ni Beamish en Torun.
El de Fuente Álamo, a sus 28 años, confirma el status de un atleta superlativo, siempre pegado a su pueblo (Fuente Álamo) y a su entrenador (Gabi Lorente). Que aumentó su rendimiento en la cámara de hipoxia y que ahora deberá decidir si en verano, de cara al Europeo de Birmingham, vuelve al 800 (ya fue campeón de Europa en 2022) o sigue en esta distancia que parece que le viene a la medida, gracias a su velocidad. En su mente ambiciosa está ser capaz de correrla en 3:30.
Desde que hace cuatro años el Movistar Estudiantes descendiera a LEB Oro -hasta 2021 era, junto a Real Madrid y Joventut, el único club español que había participado en todas las ediciones de la máxima categoría-, todo ha sido una búsqueda desesperada y sin éxito del regreso a la elite. Este lunes, la frustración ha llevado a la histórica entidad a tomar una decisión que pocos entienden. Después de una racha de siete victorias consecutivas y todas las opciones del ascenso todavía intactas (sigue dependiendo de sí mismo hasta para lograrlo de forma directa), el club del Ramiro ha decidido destituir a su entrenador.
Pedro Rivero llegó en el verano del 2023 con la vitola de ser experto en ascensos. El segoviano, un histórico base de la LEB (también jugó brevemente en ACB con el Cajasol y el Murcia), logró subir como jugador al Zaragoza en 2010, al Murcia en 2011, al Alicante en 2013 y al Ourense en 2015. Como técnico, en su primera temporada consiguió el ascenso de Plata a Oro con el Lucentum Alicante. Y en 2023 llevó a ACB al Palencia, con el que también ganó la Copa Princesa.
El curso pasado se quedó a las puertas con el Estudiantes. Perdió la final de los playoffs contra el Lleida, como dos cursos antes lo había hecho ante el Girona de Marc Gasol. Cierto es que había muchas dudas con el juego actual del equipo, con la consistencia de una plantilla que hace unos días fue reforzada con Joaquín Rodríguez, cedido desde el Casademont Zaragoza. El domingo contra el Súper Agropal Palencia (104-98) anotó 33 puntos.
"Inocentada"
Era el séptimo triunfo de carrerilla para los colegiales, para un balance de 22-3. Con uno de los billetes hacia la Liga Endesa muy avanzado por el San Pablo Burgos, líder destacado, a los madrileños les tocaba afrontar con solvencia unos playoffs que en el pasado no les fueron nada bien. Esa puede ser la razón por la que la directiva que encabeza Ignacio Triana ha decidido prescindir de Rivero. Aunque eso no sólo haya causado un gran asombro en parte de los aficionados. También incluso en los jugadores.
Algunos con tanto calado en lo social y en lo deportivo como Jayson Granger. El canterano, que pasó por Unicaja, Efes y Baskonia, entre otros, y que este verano regresó con la misión de encabezar el retorno (promedia 15,7 puntos y siete asistencias), escribió en sus redes sociales: "Definitivamente, no entiendo nada" (un mensaje que luego borró). Juancho Hernangómez fue más afilado desde Atenas: "Inocentada".
Todo indica que el elegido para tomar el relevo de Pedro Rivero es Nacho Lezkano, quien fue despedido hace unas semanas del Morabanc Andorra. En su comunicado del adiós, el Movistar Estudiantes quiso "agradecer al entrenador su profesionalidad, entrega y trabajo desde el momento en que llegó a Madrid" y desearle "la mejor de las suertes tanto en el terreno profesional como en el personal".
La vida de Gonzalo Ariño (Onda, Castellón, 1999) es como una etapa rompepiernas. No hay tregua sin repecho. «La vida te va dando golpes, pero ya sabes cómo gestionarlo. Te puedes quedar en el sofá sentado, dándole vueltas a la cabeza. O te levantas, te mueves y empiezas a hacer cosas», reflexiona sin rastro de debilidad, ni física ni mental. Conversa con EL MUNDO a unos días del puerto más temido, su segundo paso por el quirófano para extirpar el tumor cerebral que se le ha vuelto a reproducir.
Ariño ni siquiera aún era ciclista profesional cuando «un mareo raro» en su casa encendió todas las alarmas. «Intentaba hablar y no me salían las palabras», recuerda de ese verano de 2021. Fue operado en septiembre, en el Hospital Universitario de la Ribera, en Alcira (Valencia), todo tan deprisa que ni siquiera supo muy bien a lo que se estaba enfrentando. «Yo sólo pensaba en cuándo me iba a volver a montar en la bicicleta. Mi objetivo era volver lo antes posible a mi vida, a mis estudios (Geografía y Ordenación del Territorio), a competir».
Y lo hizo, claro. «Porque la bici es mi medicina». «Tenían que ponerme freno. Iba demasiado rápido. A los dos días de salir del hospital estaba ya subiendo escaleras. Al rodillo no tardé en subirme tampoco, en apenas un mes. Me decían que no debía sudar...», relata con media sonrisa. La etapa rompepiernas transitaba por un momento dulce ahora. Hoy tiene el recuerdo imperecedero de cuando pudo volver a la carretera. «Fue muy especial. Salí con mi padre. Dos horitas con parada para el café. No la olvidaré».
Aunque el siguiente mazazo para el niño que había dejado a un lado el kárate y el fútbol para apuntarse a las escuelas de ciclismo de Onda, influencia paterna, estaba cerca. Lo cuenta con crudeza y precisión. «Yo ya estaba operado, me frotaba las manos, ya iba a empezar a hacer vida normal, a volver a la bici. Cuando me dijeron que tenía que estar medio año con la quimio fue el peor golpe. Sufrí un colapso, porque mis planes se truncaron. El tratamiento de quimioterapia y radioterapia se alargó un poco. Me fastidió mucho. Una semana al mes tenía quimio. Lo compaginé con los estudios y la competición. Y me dejaba muy tocado, pero seguía. Tenía dudas de si iba a ser capaz, pero en una carrera en Sabadell tuve muy buen resultado, quedé quinto. Y me dije, vamos a seguir palante».
Gonzalo Ariño, del Illes Baleares Arabay.David González
Y llegó el final de 2023 y otra vez la carretera de su existencia tornó veloz y soleada, como si el viento ahora le empujara. El Illes Balears Arabay iba a materializar el sueño de su vida, desde cuando en infantiles, «muy bajito porque crecí de los últimos», se lo pasaba pipa compitiendo que no ganando. Ahora Gonzalo era ciclista profesional. «Igual tenían opciones más fiables que yo, pero me dieron la oportunidad. Le tengo que dar las gracias a Toni Vallcaneras, el gerente de Arabay», hace hincapié. Y, de repente, se vio en mitad del pelotón, saludando a Carlos Rodríguez, diciéndole que era su ídolo, aquella primera carrera en La Nucía, «un buen golpe de realidad» también. Pues nada tenía que ver con el ciclismo amateur. «Dije: 'Madre mía la que me espera'», rememora.
El castellonense se ganó la renovación gracias a sus buenos resultados, a lo que apuntaban su piernas. Pero no iba a ser todo cuesta abajo. Los controles médicos rutinarios del año pasado mostraban síntomas extraños. El tumor volvía a asomar. «Alguna resonancia salió mal y la oncóloga me dio malas referencias. Tenía miedo. Aunque entonces se acabó limpiando todo, el susto me lo llevé y estuve un tiempo parado». Otra vez los subes y bajas. «En verano volví a entrenar y surgió la opción de ir con el equipo al Tour de Estambul. Y el primer día, en Çatalca, me metí en la fuga. Una sensación espectacular, la mejor de mi carrera».
Ariño posa para EL MUNDO, en Benicasim.David González
Este 2025, con los colores blancos y negros del equipo balear, Ariño comenzó a tope, desde enero: Morvedre, Ruta de la Cerámica, Clásica de la Comunidad Valenciana, Trofeo Calviá, Volta a la Comunidad Valenciana, O Gran Camiño, Gran Premio Miguel Indurain... Aunque... «En las últimas pruebas se ha confirmado que el tumor se ha reproducido definitivamente. Estoy tranquilo, porque parece bastante pequeño. No como la otra vez, que eran seis centímetros. Sé lo que viene y no me asusta», pronuncia, mencionando su confianza en el doctor Pedro Riesgo, su ángel de la guarda.
El mismo que tras la primera intervención, estando en la UCI, le enseñó unas llaves. «¿Qué es esto?», le preguntó. «Y yo sabía lo que era, pero no me salía la palabra», dice sobre esos instantes terribles de pérdida del habla, ya que el tumor estaba cerca de las hormonas que influyen en el lenguaje, superados como todo lo que afronta Gonzalo. «Cuando volvieron al día siguiente, lo conseguí». Sabe que en unos días volverá a pasar por lo mismo. «Pero nunca he pensado en dejarlo. Es más, todavía no me han vuelto a operar y ya estoy pensando en regresar a la bici».
Baloncesto
LUCAS SÁEZ-BRAVO
@LucasSaezBravo
Actualizado Sábado,
20
mayo
2023
-
12:42El actual presidente de la Federación Española derrotó al candidato francés y ocupará...