Bam Adebayo, pívot de los Miami Heat, metió 83 puntos este martes en la victoria 150-129 de su equipo contra los Washington Wizards y superó los 81 puntos de Kobe Bryant para firmar la segunda mejor actuación anotadora en la historia de la NBA.
Adebayo, de 28 años y en su novena temporada con los Miami Heat, dejó atrás la estratosférica marca de Bryant de 2006 contra los Toronto Raptors y solo tiene por delante al legendario Wilt Chamberlain, que anotó 100 en 1962 con Philadelphia contra los New York Knicks.
Adebayo se retiró con 1.08 minutos por jugar con 20 de 43 en tiros de campo, 7 de 22 en triples y 36 de 43 desde la línea de libres en 41.49 minutos en pista.
“Gracias a Dios, a mi familia, a mis compañeros y a estos aficionados. Son como mi segunda familia, no podría hacerlo sin ellos, gracias al ‘coach’ por dibujar jugadas para mí”, afirmó Adebayo, muy emocionado y rodeado de sus compañeros al acabar este histórico partido.
Adebayo aseguró que empezó a ver posible esta hazaña cuando llevaba 43 puntos al descanso y no dudó en poner este encuentro en el número uno de los mejores de su carrera.
Adebayo, con un cartel que muestra los 83 puntos.@NBA
Su nombre ya está en el Olimpo de la NBA, junto a Wilt Chambelain y a Kobe Bryant. “Son los más grandes de siempre”, destacó Adebayo, que tenía a su madre y a su novia, la también jugadora A’Ja Wilson, presente en el Kaseya Center en la noche más dulce de su vida.
Una primera mitad de 43 puntos
Acabó entre cánticos de ‘MVP’, pero comenzó con un primer período asombroso, en el que Adebayo anotó 10 de sus 16 tiros de campo y cinco triples en 12 minutos.
Si no llevaba más de 43 puntos al ecuador del partido fue porque se atascó con el triple en el segundo cuarto, cuando falló sus tres intentos. A pesar de eso, añadió 12 puntos a su cuenta.
Los Heat mandaban 76-62 y la victoria ya no estaba en duda tras el descanso, cuando Adebayo selló otros 19 puntos para disparar su cuenta hasta los 62.
Miami estaba arriba 113-97 y, en un Kaseya Center que ya soñaba con la hazaña, Erick Spoelstra mantuvo a su pívot en el campo, con todos sus compañeros jugando para él.
Un final surrealista
Se abrieron entonces unos minutos finales surrealistas, en los que la defensa de los Wizards no pudo encontrar respuesta alguna para contener Adebayo. Es más, su agresividad sirvió para parar el cronómetro y enviar repetidamente al pívot hacia la línea de libres.
Adebayo lanzó hasta 16 libres en el último segmento y anotó 14 de ellos. También intentó seis veces desde el arco, conectando un solo triple.
Los puntos que dejaron atrás la marca de Kobe llegaron desde la línea de libres y, con 1.08 por jugar, Spoelstra sacó a Adebayo de la pista, ovacionado por el público y abrazado por sus compañeros.
Fue, obviamente, un récord anotador para la franquicia de Miami y la mejor actuación de la temporada. Hasta este momento, el serbio Nikola Jokic era el que más puntos había metido este curso, con 56 el último día de Navidad.
Más de 20 años después de la noche inolvidable de Bryant contra los Raptors, Adebayo reescribió la historia de la NBA y ya solo tiene por delante a Wilt Chamberlain.
Cuando los argumentos se agotan y las esperanzas menguan, sólo queda el corazón. Y en capacidad de imposibles, no hay nadie como el Real Madrid. Aunque parezca lejos de lo que fue, aunque asuste poco y no gane tanto. Ante Olympiacos, en una noche de rebeldía en el Palacio, se pidió otra ronda, se resistió a morir. [80-72: Narración y estadísticas]
Habrá cuarto rounda el jueves, porque un tipo como Alberto Abalde es un capitán sin galones que contagia desde el silencio y la humildad. Capaz de pedir perdón público por un error que pudo no ser suyo, de secar al tormento Williams-Goss, de anotar el triple que balanceó una noche. Porque se juntó con Andrés Feliz o Usman Garuba, que olvidaron sus malos días y encontraron su momento donde menos se sospechaba, en el igualadísimo último cuarto ante el Olympiacos en el que la derrota era muerte. Ellos, los secundarios, propiciaron un triunfo para seguir creyendo.
Las mismas tribunas que la noche antes acogían a los varados en la ciudad por el gran apagón vibraban ahora con un amanecer como requería la cita, aunque en el Palacio, en la que podía ser su última noche europea, sorprendieran algunas sillas vacías. A falta de otras cosas, al Real Madrid le hacía falta fuego para creer en el imposible, para al menos hacer dudar al impasible Olympiacos, el equipo que le había derrotado ya cuatro veces este curso, las dos últimas, la semana pasada, para poner pie y medio en la Final Four.
En estos abismos el pasado no importa, se trata de al menos avanzar un paso más. Pocos los saben tan bien como el Madrid, al que siempre le gustó el vértigo, el único en la historia de ser capaz de levantar un 0-2 (hace dos años ante Partizan, para luego salir campeón). En eso se aplicó, aunque el susto le duró más bien poco al grupo de Bartzokas, que no contó por lesión con Evan Fournier.
Tavares, durante el partido contra Olympiacos.THOMAS COEXAFP
Sin tener que estar pendiente del talento francés y con el impulso de sus seis triples del domingo en Girona, Musa arrancó como una moto. Nadie pudo pararle en todo el primer cuarto, 12 puntos y la sensación de plenitud. Pero el bosnio es el paradigma de este Madrid, que llegó a dominar al Olympiacos hasta por nueve puntos cuando Llull asestó un triple al inicio del segundo cuarto (30-21). Todo quedó emborronado en un momento y cuando Dzanan volvió, lo arruinó todo con un puñado de errores seguidos. Los griegos, impulsados por un tremendo Williams-Goss, primero hirieron con un 0-10 y más tarde con otro 0-13, con el Madrid pidiendo la hora del descanso.
Y todo ello aliñado con la buena rabieta por la actuación arbitral, heredada de los duelos en el Pireo. La grada clamaba, pero esta vez los jugadores blancos no perdían los nervios, aunque tuvieran unas cuantas acciones para hacerlo.
La vuelta fue ya una batalla sin guardias, dos púgiles desatados. Tavares dominaba sin faltas, Hezonja se echó el equipo a la espalda y le respondía Vezenkov, súperclases en pleno desafío. El Madrid necesitaba no parar de reaccionar, porque enfrente lo que había era una roca, con un fondo de armario bastante superior. Tras un impás de errores y la igualdad inquebrantable, una canasta de Llull pregonó un último cuarto de pura agonía.
Y de puro éxtasis cuando un par de elementos inesperados emergieron para, al fin, desequilibrar al Olympiacos. Fue el corazón de Garuba y Abalde el que puso todo patas arriba puntos y defensa desde la rebeldía. Era la segunda unidad, los guerreros, también Feliz, Ibaka y Llull, los que estaban haciendo perder el pie al equipo más duro de Europa.
Campazzo apareció después para que no se escapara un triunfo vital, porque los del Pireo se resistían pese a sus 28 puntos en toda la segunda mitad. Fue una noche de las de antaño, mágica y vibrante, aunque todo siga aún muy cuesta arriba para el Madrid.
El jugador español Carles Pérez -que pertenece al RC Celta de Vigo- ha sufrido un ataque mientras paseaba a su perro en Tesalónica, Grecia, que le ha provocado una herida en sus genitales.
El delantero, canterano del Barça y en la actualidad cedido en el Aris, intentó evitar que su mascota fuera atacada por otro perro y quedó malherido.
Los hechos ocurrieron en Thermi, una localidad junto a Tesalónica, donde reside el jugador desde este verano tras no ejercer el Getafe una opción de compra tras su cesión en la temporada 2024-25.
Según apuntan varios medios griegos, Pérez ha necesitado varios puntos de sutura tras ser trasladado a un hospital privado.
Aunque el club ha confirmado la información no ha emitido un parte médico que corrobore o complemente los hechos.
Con la llegada del agradable sol invernal, los golfistas surgen como caracoles poblando los campos madrileños. Es media mañana de un sábado de enero en uno de los impresionantes cuatro recorridos del Real Club de La Moraleja. Aquí llevan años viendo a Eugenio y Carolina López Chacarra. Desde niños despuntaban. Ahora, como los turrones, vuelven a casa sólo por Navidad, pero lo hacen como referentes del golf y con la curiosidad de que dos hermanos hayan llegado a la élite. Hermanos varones hay alguno, pero ellos, chico y chica, son únicos. Sólo el australiano Min Woo Lee, ganandor de un torneo PGA, y su hermana Minjee Lee, con 11 victorias en el LPGA (tres Majors), son un caso similar.
«Desde pequeños hemos entrenado juntos y eso ayuda, pero sin nuestros padres hubiera sido muy complicado llegar donde hemos llegado», afirma Eugenio, el mayor y más conocido. Jugó en el LIV Golf, fue el primer español en ganar. Triunfó en el Circuito Asiático y salió de la liga saudí desmotivado y sin rumbo hasta que el año pasado ganó en el DP World Tour jugando en la India con una invitación. Esta será por fin su primera temporada con un calendario completo y una hoja de ruta muy clara.
«Euge es la razón por la que yo juego. Cuando era pequeñita tampoco me llamaba la atención el golf, pero como él jugaba, empecé. Es mi referente en todo momento. Alguien que con trabajo ha cumplido sus sueños, y eso me anima a mí a seguir», dice Carolina, tres años menor que Eugenio, la nueva sensación del golf femenino español. Ha cumplido una gran carrera amateur, pero su explosión apenas llegó en su primer mes como profesional con una de las machadas del año: en dos semanas se sacó las tarjetas para jugar el exigente circuito americano y el europeo, una gesta al alcance de pocas.
«Uno podría ser casualidad, pero dos», afirma Ignacio López Chacarra, aunque el padre de las criaturas se quita mérito. «El sacrificio de los dos y su trabajo todos los días del año», define como la clave del éxito. La mirada de Eugenio desprende fuego. Sus ganas de comerse el mundo en cada campo contagian. Carolina parece más serena y pausada. «Somos muy parecidos en muchas cosas, pero muy diferentes en otras», afirman, aunque los dos coinciden en que golfísticamente tienen más semejanzas. «Los dos somos buenos en el juego largo y nuestros resultados dependen un poco más del putt; quizás siempre hemos entrenado más el juego largo», afirma Eugenio, que a finales de 2025 estuvo a punto de ganar en Sudáfrica: «Quedé tercero, finalizando en la estadística de putt alrededor del puesto 80».
Los hermanos, cuando eran pequeños.H. C.
Maribel Coto, la madre, es otro de los ejes de la familia. De hecho, no se separó de su hija en la escuela de clasificación en Estados Unidos ni en Marruecos, donde logró la tarjeta del Circuito Europeo. En América, arropada por su madre, la primera llamada que hizo Carolina fue a su hermano. «Si haces algo, hazlo lo mejor que puedas», es el consejo que siempre le ha dado a su hermana, aunque reconoce que tampoco faltan las discusiones. «No le digo las cosas que quiere oír, le digo las cosas que creo que son buenas para ella». Carolina interrumpe a su hermano: «Un hermano es para lo bueno y para lo malo; ya ha vivido todo lo que yo estoy viviendo, me ha ayudado mucho». Sus padres reconocen que no tenían que empujar a sus hijos para entrenar. Más bien era al revés, y sólo había una condición: había golf si las notas en el colegio acompañaban. «Mínimo notable», apostilla Ignacio.
Fruto del hambre por ganar, Eugenio ha entrenado todos los días en esta pretemporada: «Me daba igual, Nochebuena, Nochevieja, el día 1...». Su temporada empezará en solo unos días en Dubai y llega mejor que nunca: «Ha sido la mejor pretemporada de mi vida y me he rodeado del mejor equipo posible», dice. Pello Iguarán es su nuevo y experimentado caddie, el único español con un major en su palmarés, el Open que ganó junto a Francesco Molinari. Por su parte, Carolina se muestra más tranquila: «Tengo muchas ganas, pero por mi estatus de novata no puedo entrar en los primeros torneos. Probablemente tenga que esperar a China en marzo para debutar en el LPGA. Siempre tienes la ilusión de ganar en tu primer año, sería un sueño, pero tengo que seguir mejorando y aprendiendo», se muestra serena.
Eugenio lo tiene clarísimo: «Mi objetivo principal es jugar y ganar en el PGA Tour». Tras su paso por el LIV Golf ya ha cumplido la sanción correspondiente y no descarta poder competir este año en América a través de alguna invitación o una clasificación previa. Eugenio ronda ahora mismo el puesto 120 del mundo y no está lejos del Top-100, que le daría acceso a uno de los majors, el PGA Championship, donde ya compitió el año pasado.
Las últimas noticias de la renuncia de Brooks Koepka, la primera gran deserción del LIV Golf, no le pillan por sorpresa. «La verdad es que no me ha sorprendido, yo viví algo parecido. Tomé esa decisión y el tiempo me ha dado la razón: estoy más motivado, mucho mejor de juego, físicamente, y supongo que a su nivel Koepka habrá pasado por un proceso parecido al mío», apunta.
Durante el mes de julio, Eugenio viralizaba sus redes con una publicación de una jornada de golf y comida con el mismísimo presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Su amistad con el presidente y su familia viene de su etapa en el LIV Golf. «Tengo la suerte de ser muy amigo de la familia Trump; todo empezó en el LIV Golf cuando jugué con Erik, su hijo. Hicimos un buen partido, nos caímos bien y seguimos en contacto, y luego tuve la suerte de que me hicieron embajador de Trump, llevo su logo en la bolsa. Le veo como una persona a la que puedo pedir ayuda y consejo, hablo con él bastante, y con Erik, y son personas que siempre me han ayudado. Dejando atrás la política, que en eso no me meto, son personas magníficas y estoy encantado de poder tenerles ahí apoyando. Ahora que hace mucho frío en Oklahoma, voy a sus campos en Florida». Juego partidos con todos, tengo relación con toda la familia, siempre me han tratado como uno más".
Desde el primer día que jugaron, a Eugenio le sorprendió el nivel competitivo del presidente: "Es muy bueno para tener casi 80 años, le gusta ganar y siempre es muy divertido jugar con él, siempre hay apuestas y risas. Para mí es muy sorprendente, con la edad que tiene, lo largo y bien que le pega. Normalmente jugamos en sus campos, que conoce bien, falla poco y es muy competitivo; es divertido jugar con él".
Una de las cosas que no deja de sorprender a Eugenio en sus encuentros con Trump es la seguridad que rodea al hombre más poderoso del mundo. "Yo he jugado con él cuando no era presidente y cuando lo ha sido. Antes tenía seguridad, pero ahora es una locura: igual hay 300 personas entre seguridad y servicio secreto, hay agentes escondidos en los árboles, francotiradores, cortan siempre tres hoyos por delante y tres hoyos por detrás, es como estar en un videojuego. Es una de las personas más poderosas del mundo, pero cuando estoy con él se te olvida y le veo como un amigo. No eres consciente de estar jugando con una persona que cambia el mundo de un día para otro".