La gesta del “loco” Galbiati, el nuevo capo del Baskonia: “Vive en el pabellón”

La gesta del "loco" Galbiati, el nuevo capo del Baskonia: "Vive en el pabellón"

En la búsqueda de sus orígenes y tras el fiasco de la apuesta por Pablo Laso del curso pasado, el Kosner Baskonia recurrió a un técnico sin demasiado pedigrí y novato en la ACB. Paolo Galbiati venía con la vitola de sus buenos años en el modesto Aquila Trento, con el que, hace 12 meses, conquistó la Copa italiana. Un movimiento de riesgo sin muchos visos de triunfar, especialmente cuando el equipo perdió los seis primeros partidos de Euroliga y cinco de los nueve de Liga Endesa. “Creo que he sobrevivido un par de veces de ser despedido”. Hoy, Galbiati es el rey de Vitoria.

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Le cantan al ritmo de Bad Bunny -el «por la mañana café, por la tarde ron, Paolo Galbiati haznos campeón» se ha convertido en la canción del torneo– y le estampan (Kurucs) una tarta en la cara, promesa cumplida, tras un éxito insospechado. El pasado viernes cumplió 42 años («odio los cumpleaños y los tiros libres», pronunció en la previa). Es todo carisma. Expresivo, bromista, calienta en pantalón corto junto a sus pupilos antes de cada partido. Se ha metido en el bolsillo a una plantilla hecha de jugadores sin conexión, que ha cambiado varias veces durante el curso y ha sufrido varias lesiones. Y, por supuesto, a una afición que tiene nuevo ‘capo’.

«Es un loco del baloncesto y un entrenador extraordinariamente trabajador, que vive en el pabellón y nos ha dado una visión diferente del juego que nos venía bien, porque muchas veces estas metido en tu forma de hacer las cosas y necesitas que venga gente de fuera», reconoció el eterno presidente, Josean Querejeta, en los micrófonos de DAZN. El cambio en la dirección deportiva, con el fichaje del jovencísmo Xevi Pons, gurú del Manresa, ha sido otro de los secretos del equipo vitoriano.

«Os lo dije, os lo dije. Es el momento de creer. Enhorabuena. ¡Bravo!», les lanzaba a sus jugadores en mitad de la pista, nada más conquistar el trofeo. «Esto es para toda la vida. Esto se va a quedar en vuestra memoria para toda la vida. Vais a estar conectados conmigo para siempre», después en el vestuario. Pero, más allá de su expresividad, Galbiati ha sabido reinventarse tácticamente para superar imposibles en el Roig Arena. Bien auxiliado por Pablo Pin, el eterno entrenador del Granada, ahora su ayudante. Primero a un Tenerife sin Marcelinho Huertas. Después a un Barça con el que perdía por 12 en el primer cuarto y por nueve en el segundo.

Y anoche, a todo un Real Madrid. Con una rotación de apenas ocho jugadores. Sin ningún pívot. Con Kurucs y Markus Howard lastrados físicamente. Teniendo que descartar a dos de sus extracomunitarios (Nowell y Kobi Simmons) y con la explosión de un fichaje al que hace unos días ampliaron el contrato dos meses más, impresionante Eugene Omoruyi. «Sus triples han sido desequilibrantes», le elogió Scariolo. “A las tres de la mañana estábamos hablando de qué hacer y los médicos estaban a esa misma hora terminando con los jugadores”, explicó.

Aunque, si hubo dos nombres propios, fueron los de Luwawu-Cabarrot (28 puntos hasta que fue expulsado por cinco faltas) y, sobre todo, el de Trent Forrest, el merecidísimo MVP. El base estadounidense, que ha atravesado una lesión esta temporada, firmó una Copa brillante, con 28.7 de valoración media: 17.7 puntos, 7,3 asistencias, seis rebotes y 2,3 recuperaciones. Y una exhibición ante el Madrid: 22 puntos, 11 asistencias, nueve rebotes y 38 de valoración (récord de un jugador de Baskonia en la final).

«He trabajado mucho para unir el grupo. Con profesionales de este nivel no es fácil crear esta alquimia. Estoy muy feliz por esto», se congratulaba el lombardo después en la sala de prensa, donde conectó por videollamada con el británico Quinn Ellis (su pupilo en Trento), que acababa de ganar la Copa en Italia con el Olimpia Milano. Precisamente en la previa, Galbiati recordó sus orígenes y a su «maestro» Scariolo. Cuando él era en entrenador del junio en el Milán, su compatriota, «uno de los tres mejores entrenadores europeos de la historia», lo era en el primer equipo. El de Vimercate logró anoche la tercera Copa de su palmarés. Con 34 años la conquistó en su país (en 2018), con el Auxilium Torino, por primera vez en la historia del club. Allí había sido técnico asistente de Luca Banchi, primero, y de Larry Brown después.

“Tengo que dar las gracias a mucha gente. A mi familia, a mi novia, a Luis Scola, porque sin él yo no estaría aquí. Cuatro años antes fui relegado en Italia y él me ficho y el pasado verano alguno de Baskonia le llamó para preguntarle sobre mí. Y la última es un recuerdo a una persona fantástica que ayer no estaba aquí, la mujer del vicepresidente de Trento que es una mujer increíble y le mando un abrazo a su marido…”, quiso destacar el héroe.

kpd