Cinco meses atrás, Ana Alonso estaba malherida en el asfalto de una carretera cerca de Granada, en las faldas de las montañas de Sierra Nevada que la vieron crecer y ahora ya es medallista olímpica. Este jueves la española se colgó el bronce en la prueba sprint del esquí de montaña de los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina en una historia de superación como pocas se han visto en el deporte español. La sexta medalla de la historia de España sobre nieve y hielo, pero qué medalla.
“Sólo daba las gracias por estar viva”, explicaba sobre su grave accidente el 24 de septiembre en el cruce de Granada a Quéntar, cuando el conductor de un todoterreno se cegó por el sol y la embistió mientras entrenaba en bicicleta. Su rodilla izquierda quedó hecha añicos -rotura del ligamento cruzado anterior y del ligamento lateral interno-, pero eso no le hizo renunciar a los Juegos. Tenía dos caminos: operarse y perderse a la cita. O seguir un tratamiento conservador, arriesgarse e intentar estar. Escogió el segundo camino.
A los pocos días ya hacía ejercicios de fuerza con un armatoste en la rodilla para mantenerse en pie y poco después empezó a correr en la cinta antigravitatoria. Este año reapareció en la Copa del Mundo con una rodillera como protección. Y a los Juegos Olímpicos llegaba descartada. Con unas cicatrices tan recientes era imposible que consiguiera medalla. O no. Lo hizo.
De 31 años, veterana para su disciplina, en la final de este jueves demostró que la gloria ya no se le iba a escapar. Lo difícil para ella había sido llegar a la línea de salida, después sólo le quedaba disfrutar. Con inteligencia se colocó detrás de las dos grandes favoritas, la suiza Marianne Fatton y la francesa Emily Harrop, y dejó que le marcaran el ritmo. Intentar superarlas le hubiera valido el podio; seguirlas era lo que había que hacer. Después de los rombos, en las transiciones y las escaleras, estaba junto a las otras aspirantes, la alemana Tatjana Paller y la italiana Giulia Murada, y su tranquilidad le entregó el tercer puesto.
“Me miraban como si estuviera loca”
«La verdad es que no tengo palabras; estoy muy emocionada», comentó Alonso, en meta, a los micrófonos de Televisión Española. «Muchas gracias a toda la gente que estuvo conmigo todos estos meses porque fue muy duro. Siempre mantuve que quería venir a los Juegos y luchar por el oro en el relevo mixto y la medalla al esprint, y me miraban como si estuviera loca pero aquí está», enfatizó la esquiadora de montaña.
De Granada, Ana Alonso empezó a esquiar por su padre, Gerardo Alonso, ‘Yeti’, guardia del refugio Félix Méndez de Sierra Nevada, aunque tristemente él nunca la vio competir en la montaña. Alonso todavía se dedicaba al esquí de fondo en 2010 cuando un desprendimiento de rocas acabó con la vida de su progenitor. “No me llegó a ver competir en esquí de montaña, no pudo enseñarme y eso que él había dado muchas clases. Es una pena, la verdad. Fue después de su accidente cuando empecé. Me consuela que sus amigos fueron quienes me enseñaron así que, de alguna manera, sí pude cerrar el círculo”, contaba en conversación con EL MUNDO hace un año, cuando ya se intuían sus opciones olímpicas.






