Ot Ferrer, Oriol Cardona y la ‘sitcom’ en los Pirineos que puede darle a España una medalla en los Juegos Olímpicos: “Somos ermitaños; a las ocho a la cama”

Ot Ferrer, Oriol Cardona y la 'sitcom' en los Pirineos que puede darle a España una medalla en los Juegos Olímpicos: "Somos ermitaños; a las ocho a la cama"

Entre las estaciones francesas de Font Romeu, Bolquere, Les Angles o La Quillane se mueven miles de turistas españoles que dejan atrás Puigcerdà en busca de la nieve de los Pirineos galos sin saber que allí arriba, divididos en tres humildes apartamentos a 1.800 metros, vive desde hace años un grupo de esquiadores de montaña de su país que el próximo jueves promete saltar a la fama. Los olímpicos Oriol Cardona, Ot Ferrer y María Costa, candidatos a las medallas en los Juegos de Milán-Cortina, conviven juntos acompañados de promesas como Biel Pujol o Marc Ràdua en el mismo bloque de edificio. Parece un Centro de Alto Rendimiento (CAR); en realidad es más bien una sitcom.

«Nos llevamos muy bien. Lo hacemos casi todo juntos, entrenamos, comemos… Oriol es el jefe, es el más veterano, pero todos hacemos piña», relata Ferrer, que asegura que allí, en la frontera entre España y Francia, lo tienen casi todo. Hay nieve para aburrir y prácticamente salen por la puerta con los esquís ya puestos. Tienen el gimnasio, la pista y el resto de las instalaciones del CAR de Font Romeu, donde también comen y cenan. Solo les falta un poco de entretenimiento.

En la zona hay tiendas de esquís y de ropa de nieve, creperías para domingueros y algún que otro restaurante, pero no hay ni un solo lugar al que pueda ir un joven de 23 años como Ferrer un viernes por la noche. «Somos ermitaños total. Fuera de competición igual vamos a tomar el café a algún sitio, pero desde hace unas semanas ni eso. Que luego en las cafeterías hay pasteles y dulces y es muy tentador. Dormimos, entrenamos, comemos y volvemos a dormir. Muchos días me meto en la cama a las ocho de la noche», cuenta el esquiador a pocos días de su sueño.

Las posibilidades de Ferrer

El próximo jueves, el esquí de montaña debutará como deporte olímpico y será la gran oportunidad de España de celebrar en Milán-Cortina. Oriol Cardona es el favorito al oro, el vigente campeón del mundo, y Ferrer estará en el grupo de perseguidores junto al francés Thibaut Anselmet, el ruso Nikita Filippov o los suizos Jon Kistler o Remi Bonnit. La prueba, al sprint, un sube-y-baja que se completa en dos minutos, permite sorpresas, pero no tantas. En los últimos dos años, Cardona ha disputado 11 pruebas de la Copa del Mundo: ha ganado siete, ha subido al podio en otras dos y en la que peor acabó fue sexto. En el mismo tiempo, Ferrer ha terminado hasta siete veces entre los ocho mejores.

¿Qué pasará en los Juegos Olímpicos? «Si todo va bien, tendría que estar con Oriol luchando por las medallas. De hecho, estoy muy motivado, intentaré darle un susto. En los Juegos haremos una ronda menos que en la Copa del Mundo y eso creo que me beneficia. Normalmente soy más explosivo y suelo llegar cansado al final», analiza Ferrer.

Cuentan que siempre quiso ser esquiador de montaña.
Casi siempre. Soy de Berga, cerca de los Pirineos, y mis padres son profesores de educación física y aficionados al esquí de toda la vida. Me enseñaron esquí alpino y esquí de fondo, pero un día fui con un primo a probar el esquí de montaña y me di cuenta de que se me daba bien. En la ESO muchos amigos ya miraban universidades en Barcelona, pero yo tenía claro que quería seguir esquiando en los Pirineos y por eso me puse a aprender francés, para poder ir a la universidad en Font Romeu.

Entre las montañas del país vecino, mientras obtenía logros como un subcampeonato del mundo junior, Ferrer se licenció en Ciencias del Deporte y se sacó un par de másteres, el último en análisis de datos en el deporte. En el esquí de montaña hay varias transiciones -quitarse los esquís para subir escaleras, ponerse los esquís de nuevo o quitarse las pieles para el descenso- y el joven español sabe lo que tarda él y lo que tardan sus rivales como si de Fórmula 1 se tratase. En los últimos días, eso sí, no ha querido mirar más el ordenador para alejar la presión y los nervios. De hecho, desde el pasado sábado ni tan siquiera mira el teléfono móvil: vida de ermitaño, ya saben.

Lo último que hizo antes del apagón comunicativo fue una promesa. Si gana una medalla irá al local de uno de sus patrocinadores, la peluquería Spel de Berga, y se teñirá de rosa. Que vayan preparando el tinte.

kpd