La leyenda de Eusébio, el futbolista que desafió a Inglaterra y a su propio dictador: “Si soy un bien del Estado, ¿por qué tengo que pagar impuestos?”

La leyenda de Eusébio, el futbolista que desafió a Inglaterra y a su propio dictador: "Si soy un bien del Estado, ¿por qué tengo que pagar impuestos?"

La realidad imita al arte y no al revés, sostenía Oscar Wilde. Su audaz aserto tuvo confirmación cuando la selección portuguesa desempolvó en Inglaterra-1966 la leyenda de los ‘Doze Magriços’, recogida por Luís de Camões en ‘Os Lusíadas’. Trata de la peripecia de doce caballeros que en la década de 1390 viajaron a Inglaterra para reparar el honor de doce damas, ofendidas por un grupo de nobles ingleses. En su país no tenían quien las defendiera y, por consejo del duque de Lancaster, que batalló junto a los portugueses contra Castilla, enviaron recado a doce nobles lusitanos que el propio Lancaster les recomendó, visto cómo se comportaron en la lucha. Once viajaron en barco y uno, Álvaro Gonçalves Coutinho, prefirió hacerlo a caballo, para conocer “nuevas tierras y nuevas aguas”. Era un personaje delgadísimo, descrito como ‘O Magriço’, que tiene esa significación en portugués, y hasta me ha dado por pensar si no serviría de inspiración a Miguel de Cervantes para su caballero de triste figura. Llegó justo el día fijado, cuando ya se le daba por perdido. Los doce caballeros portugueses ganaron sus correspondientes justas, el honor de las damas quedó reparado y ellos regresaron a Portugal nimbados de gloria.

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Así que cuando en 1966 Portugal tuvo un brillante desempeño en el primer Mundial al que consiguió acudir, la leyenda de los ‘Doze Magriços’ resucitó en las páginas de ‘A Bola’, el popular deportivo local, aprovechando que un equipo se compone de once jugadores más el entrenador. Así se conoció durante años al grupo de aquella gesta, y al principal de todos, Eusébio, se le intituló como ‘O Grão Magriço’.

Eusébio nació (1942) en Lourenço Marques, hoy Maputo, capital de Mozambique, entonces provincia portuguesa de ultramar. Se hizo en el Sporting de Lourenço Marques, donde con 17 años ya era un interior de amplio recorrido, buen regate en largo y potencia de chut tremebunda. Con 19 años y 77 goles en 42 partidos le fichó el SL Benfica, avisado de lo que se venía por su jugador Mário Coluna, siete años mayor que él y también natural de Mozambique. Eusébio viajó en las Navidades de 1960 con una carta de la madre (viuda de un trabajador ferroviario y pobre de solemnidad) en la que encomendaba al propio Coluna que le cuidara y le orientara en la metrópoli. El Benfica le inscribió con nombre falso porque el Sporting CP, su rival lisboeta, reclamaba un padrinazgo sobre su homónimo de Lourenço Marques que le concedía derechos sobre el jugador. El chico empezó a entrenar con el Benfica en medio de una incómoda polémica hasta que, a las pocas semanas, la Federación falló en favor del Sporting.

Entonces desapareció. Se lo tragó la tierra. No se supo más de él, corrió el rumor de que había regresado a Mozambique, pero allí tampoco estaba. El Benfica recurrió y, mientras se reabría el caso, lo escondió en un hotel del Algarve junto a un preparador-vigilante, con el que corría por la playa, y allí estuvo hasta mayo de 1961, cuando el Benfica ganó el recurso y volvió a salir a la luz. No llegó a tiempo para disputar la célebre final de Berna, que el Benfica ganó al FC Barcelona 3-2, pero pronto sería noticia mundial. En septiembre, el ‘Torneo de París’ enfrentó al Santos FC y al Benfica. El Benfica alineó al once campeón de Berna y al descanso ganaba el Santos 5-0. En la segunda mitad salió Eusébio y marcó tres goles en menos de veinte minutos. El partido acabaría 6-3, con un gol final de Pelé, y la gente salió del campo hablando de aquella ‘Pantera Negra’ como réplica europea a la ‘Perla Negra’, apodo de Pelé antes de ser ‘O Rei’.

En 1962 el Benfica repitió título de Europa, ahora a costa del Madrid: 5-3, con dos de Eusébio en sendos cañonazos desde fuera. El club blanco lo volvería a sufrir en la Copa de Europa 1964-65 como protagonista de un terrible 5-1 en cuartos de final. También le sufrió la Selección, que estrenó su título de campeona de la Eurocopa de 1964 viajando en noviembre de ese año para un amistoso en Oporto, contra Portugal. Perdimos 2-1, los dos del mozambiqueño.

Eusébio, tras la eliminación de Portugal a manos de Inglaterra.EFE

La Juventus FC ofreció una cantidad obscena al Benfica por Eusébio, al que cuadruplicaba sus ingresos. En aquella época los jugadores que salían de un país se daban por perdidos para la selección, pues el club comprador tenía derecho a negarles el permiso. Portugal albergaba la ilusión de clasificarse por primera vez para un Mundial, pero sin él sería imposible. António de Oliveira Salazar, el Franco portugués, le invitó a comer a su residencia personal y le hizo saber que no podría irse: “Debe entenderlo, usted es un bien de Estado, forma parte del patrimonio nacional”. Eusébio le replicó que, si era un bien de Estado, ¿por qué tenía que pagar impuestos? Salazar le dijo que clasificara a Portugal para Inglaterra-1966 y que después del mismo podría irse.

Y Portugal se clasificó holgadamente en un grupo con Checoslovaquia, Rumanía y Turquía. Para entonces Eusébio ya era Balón de Oro, que ganó en 1965, con 23 años. El sorteo colocó a los lusitanos en el Grupo C con Bulgaria, Hungría y Brasil. Se instalaron en un lugar tranquilo, Wilmslow, a 12 millas de Manchester y 35 de Liverpool, las dos ciudades en que se jugó el grupo. Otto Glória utilizó la delantera del Benfica (José Augusto, Eusébio, Torres, Coluna y Simões) respaldada por jugadores sólidos, en su mayoría del Sporting. José Augusto era trabajador e insistente; Eusébio, un terremoto que irrumpía desde atrás y poseía el mejor chut del momento; Torres, alto y desgarbado, ganaba por arriba casi siempre, tanto con el propósito de marcar como de bajar el balón a un compañero, interesante novedad; Coluna era el cerebro; Simões, un extremo pequeño y habilidoso.

Portugal se estrenó el 13 de julio en Old Trafford ante Hungría, ganando 3-1, dos de José Augusto y uno de Simões. Fue una campanada, pues los húngaros, con Bene, Albert y Farkas, presentaron la última gran generación de jugadores de su historia. Así que el día 16 se vio como natural que ganaran 3-0 a Bulgaria, de nuevo en Old Trafford.

El tercer partido, el 19, en Goodison Park de Liverpool, reclamó la atención mundial. Brasil venía de ganar a Bulgaria y perder con Hungría, ante la que no pudo jugar Pelé, que salió maltrecho el primer día del marcaje de Jetchev. Brasil, campeón en Suecia-1958 y Chile-1962, tenía que ganar por más de dos goles para pasar a cuartos. Dos países hermanos, Pelé contra Eusébio, partido a vida o muerte. Morais completó la tarea de demolición iniciada por Jetchev y dejó a Pelé inútil, de extremo cojo, costumbre en aquel tiempo aún sin sustituciones. Fue llamativo cómo Eusébio acudió tras la patada definitiva a reñir a Morais y atender a Pelé. Pero como lo cortés no quita lo valiente, marcó dos goles, uno en perfecta volea sin apenas ángulo, el otro en gran cabezazo. Portugal ganó 3-1 y pasó a cuartos con un marcador agregado de 9-2.

Eusébio, ya uno de los atractivos del Mundial, iba a estallar definitivamente en el partido de cuartos, ante Corea del Norte, de nuevo en Goodison Park, el día 23. Los asiáticos se habían colado por sorpresa dejando fuera a Italia y en 24 minutos ganaban 3-0. Increíble. Otto Glória advirtió que estaban manejando jugadas de laboratorio siempre nacidas del capitán, Park Seung-zin; ordenó a José Augusto colocarse sobre él y secó el manantial. Luego Eusébio tomó la remontada por su cuenta y marcó cuatro goles (dos de penalti, uno de los cuales se lo hicieron a él), a los que se uniría un quinto, del propio José Augusto.

LAS TRIQUIÑUELAS DE INGLATERRA

Las semifinales fueron precedidas de una triquiñuela inglesa. El Inglaterra-Portugal debía, según lo programado, jugarse en Liverpool, y el Alemania-URSS en Wembley, pero la organización las cambió por arte de birlibirloque, pretextando ventajas de taquilla. Pero había otra causa: tras sus llamativas victorias ante Brasil y Corea, el público de Liverpool se había encariñado con Portugal, y además la ciudad estaba un poco mosca con su propia selección; el Liverpool había ganado la Liga y el Everton la FA Cup, pero en el equipo inglés sólo había uno de cada, Hunt y Wilson, respectivamente. El cambio alteró la plácida estancia en Wilmslow con un incómodo viaje: autocar a Manchester, tren a Londres y autocar de nuevo a Harrow, a una hora de Wembley. Siete horas de viaje, con dos transbordos, a dos días del partido. La distancia de Harrow a Wembley desaconsejó viajar la víspera de la semifinal para hacer un entrenamiento de adaptación en Wembley. Mientras, Inglaterra no se movió de su plácida concentración londinense.

Inglaterra llegaba con la portería invicta; Portugal, con 14 goles marcados en cuatro partidos, la mitad de Eusébio. El calendario también favoreció a Inglaterra: jugó el partido inaugural el 11, así que hasta el 23 había repartido sus cuatro choques en 12 días, mientras Portugal los concentró en dos menos, del 13 al 23. Todo eso se acusó en la primera mitad de esta semifinal, bien manejada por Inglaterra, con Bobby Charlton más adelantado de lo que venía jugando. En el 31′ abre el marcador, recogiendo un rechace del meta Humberto a tiro de Hurst para colarlo con un golpe de billarista. Portugal se reactiva tras el descanso, pero Eusébio es tomado entre Stiles y Moore, y Torres esta vez no gana por alto al oponente de turno, Jack Charlton, ‘La Jirafa’. El árbitro pasa por alto un penalti por mano de Stiles todavía con el 1-0 y en el 75′ Bobby Charlton marca el 2-0 en un contragolpe. El partido parece resuelto, pero llega otro penalti, que el francés Schwinte sí se atreve a señalar y lo transforma Eusébio tras el preceptivo disparo homicida; ya con el 2-1, el árbitro ignora un nuevo penalti por mano de Jackie Charlton. Portugal aprieta a fondo, Gordon Banks le tapona dos grandes remates a Eusébio, Simões falla un gol cantado sobre la hora y se llega al final con el 2-1. Un gran partido, del que Eusébio salió enjugándose las lágrimas con el faldón de la camiseta. Luego ganarán 2-1 a la URSS por el tercer y cuarto puesto, con un octavo gol de Eusébio en seis partidos. Líder en goles, se le proclama como el mejor jugador del campeonato.

Había cumplido. Portugal, donde algunos cines proyectaron los partidos en directo, quedó más orgullosa que desilusionada. Nunca había estado en un Mundial, este lo había protagonizado, volvía con cinco victorias y una derrota ante el campeón, que gozó de la complicidad de la organización y el arbitraje el día decisivo. Los jugadores son premiados con la ‘Orden de Enrique el Navegante’, un altísimo honor.

Ahora quien viene a por Eusébio es el Inter de Milán y Oliveira Salazar honra su palabra y le autoriza: “Usted ha cumplido, ahora debo cumplir yo”. Pero justo cuando estaba a punto de hacerse, Italia prohibió fichar extranjeros a causa del fracaso en el campeonato, que se achacó a que los foráneos ocupaban los puestos de responsabilidad en los clubes y los italianos quedaban como jugadores de complemento. ‘O Grão Magriço’ tuvo que seguir en Portugal hasta que, ya mayor y muy lesionado, buscó ingresos en la North American Soccer League, siguiendo las huellas de Pelé.

kpd