En cuanto Munuera Montero señaló el final del partido, los jugadores del Barça no tardaron ni un segundo en dar rienda suelta a la euforia. Raphinha, nombrado MVP también en la final ante el Real Madrid, empezó a pasearse por el césped con una bandera de Brasil atada a la cintura, que sólo se quitó para ir a recoger la medalla y levantar el trofeo, y luciendo gafas de sol al límite de la medianoche en Yeda, mientras sus compañeros no dudaban a la hora de deshacerse en elogios hacia su persona.
“Rafa nos da muchísimo, siempre está picando al espacio y el trabajo que hace para nosotros es importantísimo. La gente no lo valoró lo suficiente el curso pasado, pero para nosotros es un crack“, aseguró Pedri ante las cámaras de Movistar.
“Marca, pica goles, pero lo mas importante es que jugamos como un equipo”, asegurò Robert Lewandowski, que marcó contra el eterno rival y recalcó la importancia de vencer al conjunto blanco. “Estamos muy contentos, tenemos un título más y siempre que ganamos partido al Madrid es algo grande”, recalcó el polaco, quien no tuvo problemas a la hora de valorar el devenir del encuentro.
“un poco más de paciencia”
“El Madrid jugó con un bloque muy bajo, mientras nosotros intentamos siempre buscar el gol. A veces necesitamos un poco más de paciencia, ir de lado a lado, pero contra ellos siempre hay que dar el 100%. Lo más importante es que hemos ganado 3-2, tenemos otro título y estamos muy contentos”, recalcó Lewandowski en los micrófonos de Movistar.
“Vini marcó un golazo, ellos son muy buenos en transiciones, luego llega el nuestro, parecía que iba a pitar, pero entonces vino el segundo del Madrid, así que en la segunda parte tuvimos que seguir buscando la portería contraria”, analizó Pedri sobre lo sucedido justo antes del descanso.
El canario, además, desveló que Ronald Araujo, quien volvió a tener minutos de juego en Yeda, tuvo un papel trascendental minutos antes de que el balón empezara a correr sobre el césped. “Ronald nos aporta mucho, tanto dentro como fuera del campo. El discurso que dio antes de salir al campo nos ha ilusionado a todos”, apuntó el centrocampista, quien asegura, además, que aún no ha tocado techo. “Siempre se podrá ver un mejor Pedri, soy joven, aún tengo mucho por mejorar y me centro en eso”, sentenció.
A Manuel Pellegrini (Santiago, Chile; 1953) te lo puedes encontrar algún sábado en una mesa esquinada en el Milonga's, un restaurante argentino en el barrio del rival, Nervión, desde el que casi puede verse el azulejo del Ramón Sánchez-Pizjuán. Vino de malbec, lomo bajo al punto de la casa y en el móvil, apoyado en el vaso de agua, algún partido de LaLiga. Firma servilletas, se hace fotos con los niños que se lo piden y se despide con timidez de los camareros. Es un hombre pausado, de voz baja y enfados hacia dentro.
"Es una herida profunda que tardará en cicatrizar. La menor preocupación es la parte mía. Mi preocupación es seguir ganando con el Betis. Tengo un año más firmado", dijo en la primera rueda de prensa tras la dolorosa eliminación frente al Sporting de Braga la semana pasada en la Europa League. La herida, al parecer, va a tener que suturarla otro.
"La primera forma de un fracaso es pensar en el futuro sin mirar al presente", declaró enigmáticamente el presidente Ángel Haro. Luego sentenció antes del partido en Girona: "Espero que ganemos, ya no vale otra cosa". El Betis ganó en Montilivi y lo hizo gracias al regreso de Isco. Si el centrocampista hubiera estado bien, si hubiera tenido continuidad, quizá el tramo final del equipo verdiblanco habría sido otro.
"No saco nada con tener una orquesta con los diez mejores guitarristas si no tengo un pianista", dijo Pellegrini cuando fue despedido del Real Madrid tras sumar 96 puntos y quedar segundo por detrás del Barcelona. Isco apenas ha jugado 50 minutos esta temporada y el fútbol de su equipo lo ha pagado. El juego del Betis se convirtió por momentos en una gimnasia previsible. Ahí aparece uno de los argumentos contra la continuidad de Pellegrini. Su fútbol ha perdido frescura, le ha faltado cintura en la zozobra y sus ideas no tenían la plantilla adecuada para sostenerse.
Llegó al Betis en el verano de 2020. Aterrizó en un club nervioso, con demasiadas mudanzas en el banquillo y poca personalidad en el rectángulo. Su primer trabajo fue ordenar el vestuario. El segundo, bajar la ansiedad en los despachos. El tercero, instalar una rutina competitiva en un equipo que vivía más pendiente de las sacudidas emocionales que de lo que ocurría sobre la hierba. Pellegrini, con su seriedad y su flema, le dio al Betis paciencia y regularidad.
Primer éxito
La Copa del Rey de 2022 avaló pronto el trabajo. Con una media de 60 puntos en Liga, el club enlazó cinco clasificaciones europeas consecutivas. Alcanzó en 2025 su primera final continental, la Conference perdida 1-4 contra el Chelsea. Se convirtió además en el entrenador con más victorias en la historia del Betis y en el técnico con más partidos dirigidos por la entidad en Primera y en Europa. Los datos bastan para medir su importancia en la historia reciente del club.
La eliminación en casa contra el Braga alimentó nuevas dudas y agrandó la sensación de desgaste. El equipo parece haber tocado techo con él y empieza el crespúsculo. Ya no sorprende, ya no muerde y no ha estado a la altura en los momentos decisivos. Ya nadie le concede demasiado valor a haber llegado a la cima. Pesa no haber sabido pinchar en ella la bandera.
La plantilla de esta temporada ha estado descompensada y el míster no ha sabido mover las piezas adecuadas para reparar los desconchones. Se ha percibido incluso una leve sombra de conformismo. El mediocentro volvió a ser un abismo. Deossa y Amrabat llegaron para reforzar un lugar capital en su sistema y no han logrado darle al equipo jerarquía ni una lectura limpia de los partidos. Pellegrini ha convivido con ese hueco durante demasiados meses y el equipo se le ha caído en los momentos más sensibles del curso.
Antony es lo que en Manchester ya se intuía, un talentoso intermitente. El club hizo un esfuerzo económico importante para quedárselo tras una cesión que dejó goles, asistencias y un impacto sentimental inmediato. Este curso ha seguido siendo un puntal ofensivo, pero le han faltado balones que alimentaran su ataque. Su tramo final está siendo irregular. Las molestias físicas y la pérdida de contundencia le han quitado influencia.
Antony, en un partido con el Betis.EFE
Sorprende también la gestión de vestuario de Pellegrini. Nunca ha sido un entrenador invasivo, dicen desde dentro. Su autoridad es sobria y delegada. Su método descansa en la jerarquía natural de la plantilla. Él ordena lo táctico y entrega buena parte del pulso interno a los veteranos. Esa fórmula le dio paz al grupo durante mucho tiempo, pero en las fases de tormenta deja un equipo más entregado a sus inercias. En esa grieta aparecen algunas críticas de los futbolistas, porque la calma de Pellegrini se ha traducido en cierta distancia con sus propios jugadores. Ya no todos compran sus mensajes y algunos echan en falta más pasión desde la línea de cal.
De Pellegrini quedará la obra que deja. Ha hecho competir al Betis con una seriedad que el club no encontraba desde hacía mucho tiempo. Deja al equipo en un exilio extraño, en La Cartuja, mientras el Benito Villamarín se remodela y el club imagina un futuro que solidifique las buenas sensaciones que ha dejado el chileno en Heliópolis. El estadio provisional encaja casi como una metáfora de este momento deportivo. Buscando un tiempo nuevo sin haber cerrado del todo el anterior. Pellegrini deja algo valioso en medio de esa mudanza. Deja una medida de exigencia, una pausa por encima del arrebato y un aroma a fútbol clásico, pragmático y lacónico que casa muy bien con los colores verde y blanco.
Para nosotros siempre el punto será un punto y seguido... porque siempre seguirá latiendo un «¡Vamos Rafa!» dentro y fuera de la pista. Siempre serás aliento, motor, inspiración y admiración.
Todos acompañan su nombre con números, estadísticas, récords... Y, si bien es cierto e irrefutable que los números de Rafa son elocuentes y abrumadores, Rafa es mucho más que unas cifras épicas y casi sobrenaturales; es inhumano en sus conquistas con la raqueta , es inhumano en su capacidad de sacrificio constante, en su esfuerzo extenuante y en su proceso de superación personal ardua y profunda. Pero por encima de todo ello, Rafa es humano, y es el Rafa más humano el que nos has ganado en cada gesto, en cada punto, en cada logro, en cada triunfo y en cada derrota, en cada luz y en cada sombra de un largo y exitoso camino que todos hemos transitado a su lado.
Rafa es mucho más que un ranking ATP, que un marcador en una pista central. Rafa es pasión, es emoción, es sentimiento. Y evocar su nombre es vibrar, es un despertar de vivencias emocionales que todos guardamos en nuestro álbum de la vida y que será siempre la mejor medalla, la mejor Copa, el mejor trofeo que nos ha podido regalar su trayectoria profesional.
Su vida de competiciones, éxitos e hitos deportivos va unida a nuestra trayectoria vital, a nuestros hitos evolutivos y a nuestras fuentes de bienestar de esas siestas de euforia colectiva y alegría desmedida. Hoy viajo hasta mi adolescencia de su mano, a mi casa familiar donde disfrutaba con sus partidos comentando con mi familia sus puntos mágicos y su manera única de ser él, sus primeras finales de Roland Garros y Wimbledon que siempre coincidían con la época de exámenes y que ahora recuerdo con nostalgia y una mueca de añoranza.
Afortunadamente Rafa es mucho más que la técnica perfecta, que su deportividad exquisita. Él es lo que nos conecta con nuestras emociones y nos genera gratitud, orgullo y motivación, sentimientos que tan bien alimentan a nuestra alma y que nos cuidan y procuran salud y bienestar emocional.
Nadal, durante el torneo de Wimbledon de 2022.GLYN KIRKAFP
Nadal es el sentimiento que nos une y nos invita a ser mejores, a explorar nuestros miedos y límites, a romper barreras psicológicas y a luchar por los sueños con dedicación, entrega, compromiso, humildad, constancia, renuncias y resiliencia. Resulta fácil escribirlo pero cuán complejo es llevarlo a la práctica cada día. Y mantenerlo durante 24 temporadas, 22 Grand Slam, con sus 365 días de obstáculos físicos y mentales, de presiones y exigencias objetivas y autoimpuestas, de dolores físicos y afectivos. Y en ese camino un mismo patrón de comportamiento: la lucha con su cuerpo, su mente y el ruido exterior. Este patrón de conducta que lo ha erigido como el humano sobrehumano, como el rey de la tierra batida en la Tierra. Y, sobre todo, como la mente prodigiosa de la que tanto tenemos que aprender.
Escribo estas líneas y me cuesta hacerlo como profesional de la psicología deportiva pues hoy mi cerebro es irracional y límbico y cedo la palabra al corazón de una admiradora fiel e incansable que se emociona con el vídeo del grande del tenis español y el gran ser humano que hay detrás de su raqueta.
Son muchas las cualidades extraordinarias que reúnen los deportistas de élite y en Rafa se aúnan formando una combinación perfecta. Sin duda su mente es el software preciso y exitoso configurado a base de entrenamiento en factores psicológicos que lo hacen su seña de identidad. Su mente ha sido su golpe más acertado, su derecha invencible y su saque más potente. Ha moldeado su cerebro ambicioso en la pista y humano fuera y dentro. Rafa es sin duda es el origen de la conciencia y el valor de la importancia de trabajar y perfeccionar la mente.
Un cerebro adiestrado y enfocado que nos dice lo difícil que es poder jugar sin limitaciones y lo entendemos porque si algo representa Rafa es jugar dándolo todo, jugar sin límites y sobreponerse a ellos, adaptarse y transformarlos en fortalezas.
Que difícil me resulta escoger cómo cerrar este artículo de reflexión y dedicatoria personal al que siempre será para mí el más grande de la historia del tenis español y adalid de valores tan necesarios para las generaciones actuales y venideras. Mil gracias a ti Rafa por ser tan elegante y generoso hasta para elegir el día que haces pública esta decisión, ya que es el día que dedicamos a la salud mental. Tú, paradigma de la fortaleza mental nos sigues inspirando y demostrando la importancia de cuidar y trabajar nuestra mente para lograr nuestra felicidad sea en el escenario que sea.
Gracias por ser la banda sonora emocional de nuestras vidas.
El círculo se cierra para ti y has conseguido quizás sin ser consciente otro logro más que es abrir el círculo de las ilusiones y sueños para tantos niños que ahora mismo están empuñando la raqueta con la mirada puesta en el héroe que hoy ha jugado su/nuestro punto más difícil.