Un acto tan sencillo como intentar que tu hijo pase menos tiempo con las pantallas puede tener unas consecuencias inimaginables. A Faustino Oro lo querían alejar del balón, porque jugar bajo techo en pandemia era peligroso para el mobiliario. Lo apuntaron a Chess.com y el resto es historia: el pibe aspira a convertirse en el gran maestro más joven de la historia. El indio Sarwagya Singh Kushwaha, con solo tres años, recibió una terapia parecida, en su caso para evitar una adicción demasiado extendida. El ajedrez no lo cura todo, pero ayuda en multitud de campos y siempre ha sido una cantera inagotable de niños prodigio.
En los últimos años, con el desarrollo de internet y de la inteligencia artificial, las estrellas son cada vez más enanas. En el Campeonato del Mundo de Ajedrez Rápido y Relámpago que acaba de celebrarse en Doha, Fausti, que ahora tiene 12 años, tuvo una actuación sensacional, luchando de tú a tú contra los grandes maestros de élite y callando bocas a sus detractores. El turco Yagiz Kaan Erdogmus, de 14, es otro portento al que no cuesta imaginar jugando una final contra el argentino en la próxima década.
Lo más asombroso del fenómeno es que ninguno puede descuidarse, porque no paran de surgir renacuajos de debajo de las piedras. El caso de Sarwagya pone a prueba los límites del ser humano. Después de solo seis meses jugando, apareció en diciembre con un Elo de ajedrez rápido de 1.574 puntos, a la tierna edad de tres años.
En España tenemos a Marc Barceló, el mejor de nueve años del mundo. Jugador del Club d’Escacs Tarragona, el mes pasado ganó en Turquía la medalla de oro en ajedrez relámpago (las partidas duran menos de 10 minutos) y de plata en rápidas (una media hora).
Yagiz Erdogmus, en su duelo ante Carlsen.FIDE
El catalán es el mejor del planeta entre los nacidos en 2016, con 2.143 puntos Elo. Lo entrenan el venezolano David Sequera y el español Miguel Illescas, que le augura un gran futuro. Pero Barceló es casi un viejo al lado del indio Sarwagya y de su compatriota Anish Sarkar, otro chico de tres años que aprendió por su cuenta, viendo vídeos en YouTube. Anish fue el jugador más joven en conseguir entrar en la clasificación internacional de la FIDE, con 1.555 puntos, aunque ahora ha sido superado por Sarwagya, que se estrenó con 19 puntos más y un mes menos, cantidad de tiempo que a su edad no es despreciable.
Según detallan en ChessBase India, el chico debutó en un torneo de partidas rápidas en septiembre, donde derrotó a un jugador con 1.542 puntos. Su presa mayor tenía 1.696, el nivel de un aficionado experto.
Entrar tan joven en la clasificación internacional requiere talento, pero también trabajo. El padre de Sarwagya cuenta en The Indian Express que el niño practica entre cuatro y cinco horas diarias, parte del tiempo en un club local y el resto viendo vídeos o jugando por internet. «Lo empujamos al ajedrez el año pasado para reducir el tiempo que pasaba con las pantallas. Nos dimos cuenta de que su mente era una esponja y captaba las cosas muy rápido», declaraba Siddharth, su orgulloso padre.
Maestros preadolescentes
El sueño de todos es que se convierta en el gran maestro más joven de la historia. En la actualidad, el récord es del estadounidense Abhimanyu Mishra, que lo consiguió con 12 años, cuatro meses y 25 días. Faustino Oro está a tiempo de superar esta plusmarca, que tampoco durará mucho, porque el número de maestros preadolescentes crece cada año.
El propio Fausti hizo tablas con Vincent Keymer, número 4 del mundo, y ganó a un par de jugadores del top 20 mundial, Leinier Domínguez y Levon Aronian. No hizo más puntos porque en algunas partidas contra la élite arriesgó demasiado, en busca de victorias frente a rivales contra los que cualquiera soñaría con un empate. Como destacaban varios comentaristas, lo más increíble es que hemos normalizado que un niño no solo participe en Campeonatos Mundiales de adultos, sino que gane a los mejores. Oro causó una escabechina entre los jugadores de habla hispana, sobre todo. En las partidas relámpago, su especialidad, derrotó a Domínguez (15 del mundo), Eduardo Iturrizaga (tres veces campeón de España), Jaime Santos, José Carlos Ibarra y Alan Pichot (número uno argentino, hasta que se vino a España).
Más joven aún es el ruso Shogdzhiev Roman, de 10 años, que se vuelve de Catar con las muescas de cinco grandes maestros derrotados en la modalidad relámpago. Yagiz Erdogmus, el niño turco de 15 años, es número dos sub’20 del mundo y el 56 en la lista global. Nadie duda de que en menos de tres años estará entre los mejores del planeta. En Doha acabó en el puesto 15 en el Mundial de Rápidas, pese a que perdió las dos últimas partidas, contra Magnus Carlsen y Leinier Domínguez. Una muestra de su ambición son las lágrimas cuando perdió con el número 1. El iraní Sina Mohaved y el ruso Ivan Zemlyanskii, ambos de 15 años, también se cobraron a un buen número de ilustres víctimas, aunque a partir de esa edad cualquier ajedrecista sabe que todos han probado la sangre y quieren repetir.
Google lo ignora y la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) también. En realidad, casi todos los que escribimos de ajedrez hemos "olvidado" alguna vez que Ruslan Ponomariov es el campeón mundial más precoz de la historia, más incluso que el vigente poseedor de la corona, Gukesh Dommaraju. Pono ganó el título a los 18 años, después de vencer en la final a su compatriota Vasyl Ivanchuk. Nacido en Jórlivka (Ucrania) en 1983, lleva tanto tiempo entre la élite que es fácil asociarlo a las estrellas del pasado. Aún sigue en el top 100 y compite de vez a gran nivel, como demostró en el torneo Salamanca, cuna del ajedrez moderno, donde concedió esta entrevista.
El gran maestro ucraniano no tarda en esbozar su teoría -convencimiento más bien- de por qué la Federación Internacional se resiste a reconocerlo entre sus grandes campeones, pese a que ganó el título oficial en los tiempos (1993-2006), en los que Garry Kasparov promovió una organización paralela.
Ponomariov es un tipo simpático y locuaz. Vive en Bilbao desde hace dos años, está casado con una española y habla un castellano muy correcto, salpicado de expresiones pintorescas. En su rostro aún brillan los ojos del niño prodigio, uno de los más fulgurantes que han visto los tableros. Con 14 años se convirtió en el gran maestro más joven de la historia. Luego superó la plusmarca de Kasparov, en casi cuatro años, como campeón más precoz. Con 12 ganó el oro en el Europeo sub'18, metal que repitió un año después en el Mundial juvenil.
En la presentación del torneo salmantino, alguien volvió a decir que Gukesh lo había superado como campeón más joven y Ponomariov, en lugar de enfadarse o corregir el error, lanzó una sonrisa. «Yo también soy persona. La primera vez que lo oí, me enfadé. "¿Por qué no miran la fecha de nacimiento de uno y otro?" Recuerdo que la FIDE me llamó para que comentara una partida y les pregunté: '¿pero quién es el campeón más joven?' 'Eres tú, eres tú, decían'. '¿Y dónde está esa información?", repliqué. Topalov me recomendó que diera algunas entrevistas, pero no voy a dedicar mi vida a eso. Prefiero seguir viviendo». Hace poco, en el Europeo de selecciones de Batumi, en el hotel había una sala de honor con fotos de los campeones del mundo. Ruslan tampoco se encontró allí. "¿Por qué pasa esto? El presidente de la FIDE [Arkady Dvorkovich] es ruso. Obviamente, mi nacionalidad es un problema. Me enfadé un poco, pero me centré en jugar y ganamos. Dvorkovich apareció un día en la sala de juego. Iba a hacer el saque de honor. '¡Joder, que va a venir a mi partida! ¡Yo me marcho!' pensé. Pero entonces anunciaron que haría la jugada en la sección femenina. Él no podía ir donde estaba Ucrania".
Cabe aclarar que la FIDE ya incluye a Ponomariov en su página web, en la lista de campeones. No obstante, hace un año, cuando Gukesh se proclamó campeón, todavía insistían en que el indio era el más joven de la historia, pese a que se coronó unos meses más viejo que él.
Ponomariov sostiene que la FIDE no debería readmitir a los equipos rusos, como parece a punto de aprobar. "Él siempre lo intenta, pero yo no estoy cómodo", admite el ucraniano. "En Samarcanda permitieron jugar a los jugadores neutrales", afirma subrayando la última palabra. "Me tocaron tres en once rondas. ¿Cómo puede ser? ¿Intentaban algo?".
¿Cree que castigar atodos los rusos es justo, dado que algunos están en contra de Putin?
Esto no es así. Todos estamos contra la guerra. Encuentra a alguien que no lo esté. ¿Hay casi un millón de soldados rusos en Ucrania por equivocación? Han pasado varios años y están calladitos. El silencio también mata.
Ponomariov también deja sitio a la autocrítica: "No voy a pedir cuentas a nadie. También siento culpa por no hacer lo suficiente. En el Campeonato de Europa teníamos a Igor Kovalenko, que está luchando en el frente, mientras que yo no. Para él era muy duro jugar. No quería contar detalles. Era demasiado doloroso. Él me decía que, aparte de luchar, siempre se puede hacer algo, como donar dinero".
¿Cómo ganaron el oro en esas circunstancias?
No teníamos expectativas y nos sentíamos privilegiados, sin bombas, sin sirenas. Descubrí que durante el campeonato Igor dormía en el suelo. Ya estaba acostumbrado y no podía hacerlo en la cama. Nuestro entrenador nos contó que tenía dolores en la espalda y tomaba medicinas, pero luego jugaba con un espíritu tan positivo que también ganó el oro individual.
Ponomariov, en Salamanca.FEDERICO MARÍN BELLÓN
Han pasado muchos años, 23. Cuando ganas un torneo estás muy emocionado, porque entra dopamina en el cerebro, pero es un efecto muy corto. La gente te felicita, pero en una semana la vida vuelve. Tampoco cambia el mundo. Entré en la historia, sí, pero ahora tengo que luchar para que no se cambie. Es curioso. Y hablando de la historia, yo nací en 1983, cuando había pocos soviéticos. Parece que estaban ocultos. Dábamos muchas cosas por sentadas. Ahora, a veces, me da un poco de miedo.
Su rival fue su compatriota Vasyl Ivanchuk, uno de los grandes genios sin corona. Ponomariov recuerda que no llegó a sentir lástima por él, porque "una cosa es la vida y otra cosa el tablero". "Hay que distinguir. Vasyl tenía categoría para haber sido campeón del mundo también y se quedó a un paso". Ivanchuk, por otro lado, a veces exterioriza su dolor después de una derrota de un modo inusual entre los grandes maestros: "El ajedrez no es tan físico como otros deportes, pero se sufre mucho. Con el tiempo, Vasyl aprendió a expresar sus emociones, no a encerrarse en sí mismo. Antes podía perder una partida y estar muy mal, como si la vida se acabara. Creo que es mejor expresar el dolor y luego seguir jugando".
¿Hay que ser especialmente fuerte para llegar a lo más alto en el ajedrez?
Nadie te enseña a ganar y perder. Mi entrenador no lo hacía, pero vas ganando experiencia. Tampoco hay muchos libros que te digan qué hacer después de una derrota. Yo no trabajé con psicólogos, pero ahora que tengo un hijo me interesa mucho ese tema. La mayoría de los hombres piensa que es una chorrada. En Batumi estuve con David Navara, una persona amable, que habla muchos idiomas. Me dijo que estuvo muy mal, que Kramnik lo había amenazado con llevarlo a juicio, pero que por fin se sentía un poco mejor y ya podía jugar por su equipo. [David Navara fue el gran maestro de ajedrez que cayó en depresión tras ser señalado como tramposo].
¿Tuvo una infancia feliz?
No sufrí mucho, pero tenía ventajas y desventajas. Mis compañeros se iban de fiesta, jugaban al fútbol y yo dedicaba más tiempo al ajedrez, aunque nadie me obligaba. Pero no querría eso para mi hijo. El problema es que a veces tu cuerpo está aún creciendo y no está preparado del todo. Debes pasar tiempo con chavales de tu edad. Quizás mi educación fue un poco forzada.
¿Tiene algún consejo para Faustino Oro, el joven de 12 años?
Que piense a largo plazo. No es solo conseguir algo en dos años y quedar desgastado. Tiene la capacidad, pero también hay que prepararse mentalmente para la presión. Me gusta leer historias de deportistas, como JudeBellingham, un chaval muy responsable. Luego tenemos a Lamine Yamal, que va a fiestas. Hay mucha presión y no voy a decir cómo deben vivir, pero ahora tengo más experiencia y me gusta compartirla, enseñar y ser útil.
Vasyl Ivanchuk es un ídolo para los aficionados al ajedrez. Llamado a ser el sucesor de Karpov y Kasparov, en 2016 se proclamó campeón mundial de ajedrez rápido. Fue la venganza de un 'viejo' superando en velocidad mental a los jóvenes. Había sido número 2 varias veces, entre 1991 y 2007, pero siempre le faltó un peldaño para ganar la corona del ajedrez clásico.
Con 55 años, ya no sueña con volar tan alto, pero mantiene una aspiración sorprendente, regresar a la élite: "Tengo que cambiar algo en mi preparación, probablemente también en mi vida, si quiero superar de nuevo los 2700 puntos Elo". Al límite de la falta de respeto, se hace necesario repreguntar; es una meta increíble para un jugador tan veterano: ¿Aspira a superar los 2700 de nuevo?. "Sí", responde con firmeza.
Ivanchuk cuenta esto durante el Sunway Festival de Formentera, donde jugó después de participar en otro torneo abierto en San Vicente del Raspeig. Quizá porque nunca llegó a reinar, el viejo león sigue en activo y participa en torneos abiertos, donde se mezcla con los aficionados. Vive en Ucrania, pero siempre que puede viene a nuestro país y habla un español correcto. Los 'open' no son el mejor modo de regresar al Olimpo y ahora está más cerca de los 2600 puntos que del listón elegido, que antes saltaba con soltura. Su récord personal, 2791, supera el de Karpov.
Vasyl es un genio y un soñador. Nacido en la pequeña ciudad de Berezhani en 1969, es uno de los pocos jugadores que entiende el ajedrez tan bien como Magnus Carlsen y sus predecesores, pero al contrario que ellos, además de admiración suscita ternura. Es quizá el amante más fiel que ha tenido el juego de las 64 casillas en las últimas décadas. "Amo el ajedrez. Es apasionante. Siempre puedo descubrir algo nuevo, encontrar nuevas ideas. Hay una lucha en cada partida, con cada oponente. Es bastante estresante como deporte, pero es un proceso muy atractivo". "El dinero también es importante, pero sobre todo es mi pasión. Es muy difícil imaginar mi vida sin ajedrez", remata.
"No hay ninguna zona tranquila"
En San Vicente y Formentera era imposible no reparar en su figura. Suele pasear en solitario, perdido en sus pensamientos, a menudo con su chaqueta de chándal del Real Madrid, costumbre que inició en Linares más por superstición que por verdadera afición.
Durante las partidas, su sufrimiento es a veces evidente. La guerra lo atormenta y sobre algunos asuntos pasa de puntillas: "Vivo en Ucrania y allí ahora no hay ninguna zona que sea totalmente tranquila. No puedes entrenar normal. Hay mucho estrés. También se pasa algo de miedo, no demasiado quizás, pero hay miedo".
Vasyl Ivanchuk, en el Gran SuizoMaria EmelianovaFIDE
¿Con los años se deja de sufrir un poco, al menos en el tablero?
Con algunas derrotas sufres más y con otras menos, pero en general no es fácil.
Seguramente entiende mejor el ajedrez que cuando tenía 20 años, pero es inevitable que los resultados sean peores.
El ajedrez ha cambiado mucho con los ordenadores. Ahora se hace otro tipo de preparación y no tengo tanta energía. Claro que entiendo bien el ajedrez, pero puede ser insuficiente.
¿Hay algún secreto para retrasar el declive?
No lo sé. He comprobado que baja mi Elo, así que, por supuesto, tengo que cambiar algo. Son tiempos diferentes y yo también soy diferente. Hay cosas que debo mejorar, no solo en ajedrez, también en mi vida. Es urgente.
¿Son cosas que dependen de usted o de otros?
Algunas dependen de mí y otras de otras personas, lo que puede ser más complicado.
Siempre se dijo que tenía una memoria prodigiosa. Si fuera joven, ahora sería una gran ventaja. En el ajedrez actual hay que retener muchísima información.
Nunca me he quejado de mi memoria, pero ahora hay variantes de computadora casi imposibles de recordar. Mi memoria me ayuda mucho si las jugadas son lógicas, no tanto si son variantes de módulo, extrañas para la lógica humana.
¿Los ordenadores han demostrado que no sabemos tanto?
Podemos descubrir otras posibilidades, pero también es muy importante no arruinar tu estilo, tu visión del ajedrez. Usar el ordenador demasiado no es útil en la práctica.
¿Cree que los jugadores jóvenes que sólo han conocido los ordenadores tienen alguna carencia?
Depende de cada persona. Por supuesto, es muy malo si el jugador no quiere pensar con su cabeza y tiene la costumbre de verlo todo con el ordenador, pero si tiene un buen control puede descubrir algo sin arruinar su estilo.
¿Usted se maneja bien con los ordenadores?
No.
Pero a pesar de todo es imprescindible utilizarlos.
Estoy probando, pero no soy ningún especialista. Para mí es un problema.
Vasyl, durante el Sunway Chess de FormenteraFederico Marín Bellón
Cuando lo ven paseando, los aficionados se preguntan si piensa en ajedrez todo el tiempo.
Por supuesto, no puedo todo el tiempo, pero sí bastante, porque es mi trabajo y mi pasión.
¿Reflexiona sobre algo concreto?
Cosas diferentes, pero lo más frecuente es que sea alguna posición concreta para analizar y encontrar nuevas ideas. No todas son correctas, pero es un proceso creativo.
Cuando se enfrenta a un aficionado en un abierto, ¿estudia antes sus partidas?
Me gusta verlas, sí, entender su estilo, su repertorio y otras cosas. Después decido qué jugar.
Vasyl Ivanchuk habla de aspectos técnicos en los que el ajedrez ha cambiado y apunta algunos nombres de jóvenes brillantes, como el indio Gukesh, próximo aspirante al título mundial, y su compatriota Praggnanandhaa. "Están también Keymer y Firouzja, pero ahora no me parece que esté jugando tan bien", añade sobre el francés. "No lo conozco tan bien para darle consejos y tener conclusiones definitivas, pero su nivel actual no me parece el de un campeón del mundo. Puedo equivocarme, por supuesto".
Sobre sí mismo, Ivanchuk insiste en hablar del presente y no tanto de su pasado: "Es difícil psicológicamente. Es normal jugar peor que antes, pero no me siento a gusto con los resultados, las malas jugadas y otras cosas, como algunas tablas muy cortas. Tengo que hacer algo con esto".
Ivanchuk, durante el Sunway Chess de FormenteraFederico Marín Bellón
De alguna manera, también volvemos a la guerra, imposible de olvidar incluso en el tablero. Ivanchuk recuerda un suceso reciente: "Cuando estaba en Alicante, mis amigos de Odessa me pidieron que diera una clase para niños ucranianos. Los organizadores y los padres me pidieron que la diera en ruso. Luego apareció un artículo muy negativo sobre mí. No es agradable. Solo hice lo que me pidieron, porque en Odessa generalmente entienden mejor el ruso. ¿Qué podía hacer?".
¿Tiene problemas personales con algún jugador ruso?
Si es un jugador como yo, no tengo problemas en mis relaciones.
¿Les prohibiría jugar el torneo de Candidatos?
No es mi responsabilidad, pero respeto claramente a Nepo, a Grischuk y a otros que han cambiado de federación o de país. Miro a las personas, más que su nacionalidad.
Los ajedrecistas viven anticipando jugadas, pero Ivanchuk admite la paradoja de no saber cuáles serán sus siguientes pasos. "No sé qué voy a hacer en un futuro cercano", asegura. "Cuando era un niño tampoco pensaba en si sería profesional. Solo jugaba. Todavía juego, sin planificar".
¿Se ve como entrenador? "Me gusta explicar cosas. Todavía no lo he hecho mucho, pero por problemas de organización. Si alguien me ayuda, podría hacerlo más regularmente. Tengo una escuela en Ucrania, pero no es fácil desarrollarla". En España también ha dado algún paso en este camino, pero no quiere adelantar demasiado.
¿Sería capaz de empezar a entrenar a un chico joven y subir su nivel muchísimo? "Podría ser. Es un reto". Surge el nombre de Faustino Oro, un niño argentino de 10 años que ahora vive en España y aspira a convertirse en el gran maestro más joven de la historia. "Podría probar con él o con otros", dice Ivanchuk. "Sería interesante para mí también".
La charla sigue sobre mil asuntos de actualidad, pero regresa de forma inexorable a la búsqueda interior del propio Ivanchuk: "Para mí es muy importante entender quién soy yo ahora. No soy el mismo que antes, claramente, soy peor. Por eso saberlo es tan importante para mí".
Acortar las partidas y suprimir los incrementos, para hacerlas más dramáticas, y monetizar de una vez el segundo deporte más practicado son algunas de las propuestas que Magnus Carlsen, Hikaru Nakamura y Levy Rozman lanzaron el martes en el ICE Barcelona. Los números uno y dos del mundo también criticaron el rumbo actual de la FIDE, con matices, y jugaron una partida a la ciega que fue narrada en vivo por GothamChess, nombre por el que siete millones de personas conocen a Rozman. Justo antes, los tres tenores del tablero hablaron con EL MUNDO y ampliaron las ideas expuestas en su charla para el público de la feria.
El escenario evidenciaba la pujanza del sector del juego. La Fira de Barcelona era un babel de lenguas con decenas de miles de visitantes. A unos pocos metros, Luis Figo y Alessandro del Piero protagonizaban su propio evento, a simple vista menos intelectual. A este lado de la riada humana, Nakamura se mostraba más crítico que Carlsen, reconciliado en algunos de sus frentes con la Federación Internacional tras sus recientes polémicas. Ninguno mostró, en todo caso, demasiado entusiasmo por la organización presidida por Arkady Dvorkovich.
Para saber más
Entre unas actividades y otras, unos pocos aficionados lograron un recuerdo imborrable, al poder jugar contra sus ídolos partidas relámpago, de tres minutos. Los astros no perdieron la calma ni cuando se enfrentaron a algún experto infiltrado. Alba de Lomas, campeona de España de parejas mixtas y campeona de Cataluña, puso a prueba la proverbial velocidad de Nakamura y el gran maestro argentino Tomás Sosa cayó por tiempo en una lucha disputada contra Carlsen. El noruego era el gran protagonista del acto, en su calidad de embajador de Betby, proveedor de apuestas deportivas de compañías de primer nivel.
El ejemplo del béisbol
Nakamura puso el ejemplo del béisbol, deporte estrella en su país. "Tradicionalmente, se considera demasiado lento. Los partidos duraban demasiado, pero ahora se lanza cada 30 segundos y lo disfruta más gente. Yo mismo lo odiaba y ahora me encanta. En ajedrez también necesitamos más velocidad, si queremos captar al aficionado ocasional. Hay otras soluciones, como quitar los incrementos. Si te quedas sin tiempo, pierdes y ya está. Necesitamos patrocinadores y los formatos más rápidos son la única forma de lograrlos. La Copa del Mundo de eSports lo hizo de maravilla. Las campañas que hacen son impresionantes. No hay razón por la que el ajedrez no pueda hacer lo mismo. Tiene que ser un juego más digerible. El potencial está ahí. ¿Cómo es posible que no tengamos patrocinadores de relojes, bolígrafos...? No me hagas hablar".
Rozman apuntó algunos datos y su propio diagnóstico: "Al menos entre 300 y 400 millones de personas juegan al ajedrez en todo el mundo. Creo que el fútbol es el único deporte con más aficionados. El gran problema del ajedrez reside en la dificultad de monetizarlo. Es un juego casi gratuito. En muchos de los principales deportes, se pueden vender muchos más productos que un tablero y unas piezas. Y tenemos un organismo rector que, en mi opinión, no se preocupa realmente por los jugadores; solo por el funcionamiento de la organización. Por supuesto, hablo de la FIDE".
¿Supone el Freestyle o ajedrez 960 una solución? "Creo que es la forma más pura de ajedrez que podemos encontrar", responde al toque Carlsen, "porque hay que pensar desde el principio. Se centra en las cosas que originalmente se suponía que debía ser el ajedrez, pero una cosa es tener un buen producto para los jugadores y otra para los aficionados, convencer al mundo. Hasta ahora no ha sido fácil. Yo no disfruté con las intrigas que han rodeado esta modalidad y la incertidumbre vivida, pero jugarlo ha sido muy divertido. Aparte de la Copa del Mundo de eSports, fueron mis torneos favoritos el año pasado".
Alba de Lomas, campeona de España de parejas mixtas, contra Nakamura.BETBY
Nakamura coincide en lo esencial: "Como ajedrecista, el estilo libre es muy divertido. Me recuerda a cuando Magnus y yo éramos muy jóvenes. Te preparas muy poco, te presentas y simplemente juegas. En cierto modo, ves quién es mejor, pero desde un punto de vista comercial tiene bastantes fallos. El ajedrez clásico tiene historia. Hay aperturas magníficas, como la Ruy López, ya que estamos en España, relatos románticas de los siglos XVI y XVII que son un gran atractivo. Los torneos de estilo libre no atraen igual a la audiencia, así que soy pesimista sobre su futuro".
Desaparición del pensamiento crítico
En Barcelona se habló mucho sobre las estrellas emergentes, aunque Magnus destacó el valor de su generación y cómo aprendieron ellos: "Los niños progresan ahora mucho más rápido gracias a internet, pero diría que una de sus desventajas es que se vuelven muy dependientes de los programas informáticos y de sus criterios. Gukesh, actual campeón del mundo, es muy bueno en parte porque su entrenador no le dejaba usar estos programas hasta que fue un jugador muy fuerte. Muchos niños se obsesionan con los motores informáticos y esto perjudica el pensamiento crítico. Algunos de los grandes maestros más jóvenes incluso carecen de algunas habilidades de pensamiento crítico, de lógica".
A propósito de Gukesh y sus resultados recientes, ¿el título puede ser una carga? "Las expectativas que se tenían sobre él eran poco realistas", responde Carlsen. "En parte, él mismo se lo buscó, al jugar torneos tan fuertes, pero en el Candidatos jugó increíble y en la Olimpiada completó una de las mejores actuaciones de la historia, llevando a la India al oro. Su duelo contra Ding Liren fue más dispar, pero aun así es difícil discutir sus resultados. Recordemos que aún es joven y hasta hace poco nada sugería que sería tan bueno de forma consistente. Creo que ha llegado a un período de normalización y que está aprendiendo. En ciertos aspectos, se ha vuelto más fuerte, pero no es fácil demostrarlo en cada partida. Defender su título en cada torneo no es fácil, pero le irá bien. Su trayectoria es buena. Otra cosa es que debemos ser realistas con su generación, porque mi carrera o la de Hikaru no se da muy a menudo. Gukesh podría convertirse en uno de los mejores de todos los tiempos, pero lo más probable es que acabe siendo un jugador de élite que tuvo la mejor racha de su vida y se convirtió en campeón. Eso en sí mismo ya es genial".
No presionar a los niños
El número uno del mundo también habló sobre Faustino Oro, al que invitó a Oslo unos días a jugar. ¿Será tan bueno como él algún día? "Esa es la cuestión. Está Faustino y está Roman Shogdzhiev, maestro internacional de 10 años y potencialmente incluso más fuerte que Faustino a esa edad. A los 12, no hay nada que sugiera que el argentino no pueda ser uno de los mejores de todos los tiempos, pero estadísticamente lo más probable es que no lo consiga. Por eso hay que evitar presionar demasiado a estos chicos, pero viendo sus partidas, es evidente que Oro es increíblemente bueno para su edad y que tiene una comprensión excelente, un gran sentido posicional. No abruma a sus oponentes con tácticas, sino que entiende las posiciones y eso es muy alentador. Además, le encanta el ajedrez y juega siempre que puede. Cuando veo a un jugador que no disfruta de las partidas informales lo considero una señal de alarma. El ajedrez es el mejor juego del mundo. ¿Por qué no querrías practicarlo sólo por diversión?"
Carlsen y Nakamura también hablaron de su reciente paternidad y lo que puede afectar a un gran maestro. "En mi caso, no supone un gran cambio", afirma Nakamura. "Por la etapa de nuestras carreras en la que estamos Magnus y yo, no tiene el mismo impacto. Hace cinco o seis años, habría sido muy diferente. Yo aún puedo crear contenido y hacer retransmisiones en vivo, pero si eres un ajedrecista como Wesley So, que tiene 32 años y juega todos los grandes torneos, sí puede afectar a tu ajedrez de forma muy negativa. Veremos cómo me va en el Candidatos, pero de momento no ha cambiado mucho mi vida. Si acaso, juego algún torneo por internet después de haber dormido peor y quizá me va un poco peor".
Carlsen también está encantado: "Ser padre ha sido una bendición increíble y coincido con Hikaru en que estamos un poco fuera del circuito. No viajamos tanto y todo encaja mejor. Definitivamente, no quiero estar lejos de mi hijo demasiado tiempo. Me alegró volar ayer para venir a Barcelona, pero también me alegra saber que esta noche estaré en casa y veré a mi familia".
Carlsen saluda a Nakamura, con Rozman de presentador.F.M.B.
La última pregunta es sobre el nuevo supertítulo de campeón mundial recién creado por la FIDE, en el que se mezclarán varios ritmos de juego. Nakamura ve "un par de cosas muy cuestionables". "Lo primero es que todos asumen que llamar a algo campeonato mundial automáticamente te da prestigio. Según tengo entendido, Noruega compró el derecho a llamar a esta nueva competición Campeonato Mundial Total y no creo que fuera necesario. Soy bastante escéptico con todos los que pagan a la FIDE una licencia para usar dicho nombre. Por otro lado, hay demasiados eventos llamados campeonato mundial y demasiados campeones mundiales. La marca se diluye y no me gusta. Y si miro a Gukesh, añadiré algo que puede sonar grosero, pero no va a ganar el Campeonato Mundial Total. Esto lo sabe todo el mundo. Y si hay demasiados campeones mundiales, la FIDE también perderá prestigio, porque el campeón mundial clásico dejará de ser considerado el mejor del mundo. No es que no ocurra ya, pero esto enturbiará las aguas. Por eso soy tan escéptico con todo lo relacionado con la FIDE".
Carlsen, un poco "deprimido" por los argumentos de su colega, suaviza el diagnóstico: "A ninguno nos impresiona especialmente el esfuerzo de la FIDE por aprovechar la explosión que ha vivido el ajedrez por internet en los últimos seis o siete años. Aplaudo los esfuerzos recientes para considerar las partidas ligeramente más rápidas como ajedrez clásico, pero ya veremos. En general, estoy muy contento de no tener que lidiar con la FIDE durante, digamos, al menos 350 días al año".
Para terminar, Carlsen admitió en público su capacidad para verse envuelto en polémicas: "Recuerdo a una persona, cuyo nombre no revelaré, que decía que se topaba con imbéciles cada vez que jugaba y no entendía por qué. Obviamente, era probable que él fuera el problema. Así que empiezo a pensar que tal vez yo también sea el problema, como denominador común. Al mismo tiempo, lo que pasó en los Mundiales de Qatar fue pura emoción. Los días son largos y a veces puedo agobiarme y eso es parte de la vida. Uno aspira a tener el control en todo momento, entrena para tenerlo, pero no siempre lo consigue. Supongo que soy de esas personas a las que les resulta más fácil dejar salir las emociones en lugar de guardárselas. Pero por suerte, también mostré una faceta de mí de la que me siento orgulloso: he demostrado que puedo pasar por momentos difíciles y luego recuperarme". "También sigo siendo bueno en lo que hago, lo que hace que todo sea un poco más tolerable para los demás", añadió con su pizca de humor noruego.