En ajedrez, el árbitro suele ser una figura decorativa. En la mayoría de partidas, ni siquiera es necesaria su presencia. Cuando tienen que intervenir, sin embargo, a menudo es porque algo grave ha ocurrido. En Doha (Qatar), el estadounidense Chris Bird le dio una partida por perdida a Magnus Carlsen en una ronda decisiva del Mundial de Ajedrez Relámpago. El motivo era que el gran maestro noruego había tirado las piezas por el tablero, de forma accidental, cuando solo le quedaban cuatro segundos en el reloj.
En esta modalidad de juego (blitz, en inglés), cada jugador tiene tres minutos para toda la partida, más dos segundos de incremento cada vez que hace un movimiento. Es muy habitual que los dos ajedrecistas terminen haciendo sus jugadas a toda velocidad. En esos casos, los nervios y la falta de tiempo se alían y las piezas pueden volar por el tablero.
En Doha, el número uno del mundo trató de recomponer la posición, que acababa de destrozar en un gesto torpe. Mientras, pulsó el reloj para detenerlo, desesperado, lo que ya se considera una jugada ilegal, porque las piezas no estaban todavía en su sitio. Su rival, el armenio Haik Martirosyan, paró el reloj y esperó la llegada del árbitro, que conversó con Carlsen unos minutos. Después de un breve forcejeo verbal, el noruego decidió rendirse sin discutir más, pese a sus gestos evidentes de disconformidad.
Nuevo tropiezo en la misma piedra
Parecía que Bird iba a aplicar la sanción habitual, que consiste en regalarle un minuto a su rival, pero el americano consideró que el desastre había sido demasiado grande. En la retransmisión, se pudo ver que el terremoto había durado más de cuatro segundos, por lo que agotó su tiempo y no merecía continuar la partida, sobre todo porque Magnus ni siquiera había reconstruido bien la posición.
Lo más increíble del caso es que Carlsen había perdido otra partida en la jornada anterior, cuando se le cayó la dama al suelo. La pieza rodó, fuera de su alcance. No le dio tiempo a recuperarla y Arjun Erigaisi se encontró con una victoria relativamente inesperada. Es verdad que el gran maestro indio estuvo mejor toda la partida (de ahí la necesidad de Magnus de pensar más), pero cuando ocurrió el incidente las tablas parecían el resultado más probable.
En esa partida, muchos comentaristas dijeron que el número uno tendría que haber pulsado el reloj como si hubiera hecho su jugada, aunque luego lo castigaran por cometer una ilegalidad. Él intentó pararlo, como se hace cada vez que un jugador hace una reclamación al árbitro, pero para ello tenía que atinar con un botón más pequeño y no lo consiguió en esos instantes de tensión.
Protesta de otro gran maestro
Tras su derrota, dio un puñetazo en la mesa (no era la primera vez), enfadado consigo mismo. El estadounidense Levon Aronian, de origen armenio, se quejó en X por lo ocurrido. Bird había disculpado el gesto y asegurado que el noruego pidió perdón de inmediato. «Chris, no creo que debamos normalizar rabietas como esa. Afecta a los jugadores que están en medio de una partida y escuchan ruidos fuertes. En muchos deportes, actos así son penalizados como comportamiento antideportivo para enviar un mensaje a los deportistas más jóvenes». Es posible que esta protesta informal afectara de algún modo al árbitro cuando decidió castigar a Carlsen o puede que hubiera actuado igual.
En este contexto, es casi una anécdota que en otra partida posterior Carlsen llegara tarde, un error más frecuente en su repertorio. Solo fueron unos 15 segundos, pero a estas alturas del torneo quedaba claro que cada décima puede ser decisiva en las partidas relámpago. El chino Bu Xiangzhi aprovechó la circunstancia y estuvo mejor, pero acabó perdiendo. La victoria era clave para Carlsen, que trataba de ganar todas sus partidas, a lo que estaba casi obligado para clasificarse entre los cuatro mejores y pasar a semifinales.
En otra partida del mismo campeonato, Magnus perdió contra Fabiano Caruana, número tres del mundo, por dejarse colgada una torre, un error de principiante impropio de quien es considerado el mejor ajedrecista de todos los tiempos. Y sin embargo, Carlsen es Carlsen y casi nada queda fuera de su alcance.
Bird charla con Carlsen tras el polémico episodio ante Martirosyan.
En efecto, todo lo anterior no tuvo la menor importancia a la hora de la verdad. Magnus remontó y se clasificó para las semifinales, donde superó a Fabiano Caruana, un cliente habitual. En la final, empezó con una derrota, pero luego ganó dos partidas, en las tres restantes, demostrando que su sistema nervioso en los momentos decisivos es el más fiable del planeta.
Su víctima fue el uzbeko Nordibek Abdusattorov, un grandísimo jugador que le juega sin complejos. Pero una cosa es tratar de tú a tú al número uno de la historia y otra es arrebatarle los títulos. La racha de Magnus sigue imparable. Son ya 20 campeonatos mundiales. De momento, ha renunciado a ganar más en el ajedrez clásico, pero en el resto de modalidades y ritmos de juego no tiene a nadie que se le acerque.








