Cuesta todavía mirar las fotos de aquel día y no fijarse en la cara del pobre Nicolas Mahut que, después de once horas y seis minutos de juego, acabó derrotado, mareado y desorientado. Tanto, que cuando le pusieron un micrófono delante dijo: «Hemos jugado el mejor partido de todos los tiempos en el mejor torneo del mundo». No había ironía en sus palabras, mucho menos comedia. Acababa de perder el partido más largo de la historia del tenis ante el estadounidense John Isner, sabía que sería recordado toda la vida por ello e intentaba darle un sentido. No lo tenía.
En la primera ronda de Wimbledon 2010, el duelo entre Isner y el francés Mahut terminó con un 6-4, 3-6, 6-7(7), 7-6(3) y 70-68, en un eterno intercambio de saques y golpetazos. Tanto uno como otro pasaron a los libros: para lo bueno y para lo malo.
Más de quince años después, Mahut se retiró este miércoles definitivamente del tenis en el Masters 1000 de París, y lo primero que le recordaron fue aquel partido interminable. «Fue un momento doloroso, pero ahora es uno de mis recuerdos más preciados de mi carrera, inevitablemente. Al principio, me molestó mucho porque estaba cansado de ser el perdedor guapo. Ahora disfruto hablando de ese partido. Ya no me importa que mi carrera esté asociada a una derrota. De alguna manera, yo también gané», explicó en rueda de prensa después de recibir un homenaje de la organización y de su patrocinador de siempre, Lacoste.
En aquel 2010, durante varias semanas, el galo evitó preguntas sobre su encuentro de récord e incluso rechazó patrocinios y regalos, como el viaje a las islas Mauricio «para descansar» que le ofreció la agencia de viajes Club Med. Sin embargo, al año siguiente escribió un libro sobre aquella experiencia, Le match de ma vie, sin traducción al castellano.
Éxito en los dobles
La falta de definición en aquel partido, en realidad, era el mejor resumen de sus virtudes y sus defectos. Isner no podía contrarrestar su saque y su volea, como Mahut tampoco tenía argumentos para hacer lo propio. Por eso, la trayectoria del francés en individuales quedó reducida a cuatro títulos ATP 250 sobre hierba -tres de ellos en ‘s-Hertogenbosch- y a un puesto 37 como mejor clasificación mundial. Nunca alcanzó los octavos de final de un Grand Slam ni de un Masters 1000, y toda su gloria se concentró en su carrera como doblista.
Desde sus inicios, algo poco común, disputó las grandes citas en pareja -habitualmente junto a su compatriota Pierre-Hugues Herbert-, con quien ganó cinco Grand Slam, alcanzó el número uno del mundo y colaboró en la conquista de la Copa Davis para Francia en 2017 junto a Tsonga o Gasquet.
«Ganar Grand Slams es de mis mejores recuerdos. Eso es lo que recordaré. Más allá de los títulos y los trofeos que pueda tener, también es, en definitiva, todo lo que me permitió alcanzarlos: las dudas, los cuestionamientos, los errores que cometí. Eso es, en definitiva, lo que me ha enriquecido. Mi carrera ha sido rica en ese sentido», comentaba Mahut, que decidió ser tenista después de ver a Leconte y Forget levantar la Copa Davis de 1991 ante los Estados Unidos de Sampras y Agassi. De alguna manera, él también pasó a la historia del tenis. Aunque fuera con una derrota.
Medio siglo después de la era dorada del boxeo, los deportes de contacto vuelven a estar de moda en España. Quedó atrás la satanización, la aprensión e incluso la mojigatería alrededor de los combates, con su violencia, su sangre y sus posibles lesiones. Mientras se multiplican los seguidores y los practicantes, Topuria, un desconocido para el público general hace no tanto, planea llenar el Santiago Bernabéu en los próximos meses para defender su título del peso pluma en la UFC. Semejante boom merece una explicación.
«Hay muchos motivos, pero el principal es que ha desaparecido el tabú. Durante la transición en España se consideraba que los deportes de contacto ya no iban con los tiempos, que eran anacrónicos, y esa idea ya no existe, ahora son 'cool'. Es consecuencia de varias fenómenos: hay gimnasios que trabajan muy bien la base, hay mucho público interesado en la autodefensa, el boxeo fitness o boxeo recreativo ha atraído a aficionados diferentes, procedentes de las clases liberales...», analiza Raúl Sánchez, sociólogo del deporte por la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) que desde hace años analiza la evolución de los deportes de contacto en España y que se apoya en datos para sus argumentos.
Antes del éxito de Topuria, varias disciplinas de contacto ya crecían exponencialmente en España. Entre 2012 y 2022, las licencias federativas del boxeo pasaron de 1.300 a 8.000, las del kickboxing aumentaron de 3.000 a 13.000 y las licencias de lucha se elevaron de 6.000 a 16.000. Todos esos nuevos aficionados, mayoritariamente adultos, eran la base ideal para un fenómeno así, pero faltaba público joven. ¿Y quién mueve hoy a más chavales?
Entre Ibai y Jordi Wild
«Tener a un campeón como Topuria es muy importante, pero también lo ha sido el auge de las veladas de streamers. Sin ellas, la Topuriamanía sería más pequeña. Ibai Llanos, Jake Paul y Jordi Wildhan hecho mucho para popularizar los deportes de contacto», explica Gonzalo Campos, comentarista de UFC en Eurosport, presentador del podcast Generación MMA y una de las caras visibles del Dogfight, el evento creado por Jordi Wild. Una semana antes de la pelea de Topuria y Alexander Volkanovski, unos 400.000 espectadores veían a través de Youtube los combates organizados por el creador de contenido en el Tarraco Arena de Tarragona.
La audiencia adolescente radicada en Youtube y Twitch -que en julio llenará el Santiago Bernabéu en la Velada del año 4 de Ibai- ha abrazado las artes marciales mixtas (MMA) o el boxeo como modalidades propias, algo generacional. «Y para ello ayudan factores como que los combates de MMA sólo duren entre 10 o 15 minutos o que ya no tengamos tantos remilgos. Los jóvenes podemos acceder a lo más gore en nuestro teléfono con un solo click; no nos parece fuerte que dos profesionales accedan a intercambiarse golpes dentro de los límites que establecen las reglas», añade Campos, que ha vivido el fenómeno UFC casi desde el principio.
Porque la principal competición de artes marciales mixtas del mundo ha explotado en España este año, pero antes ya contaba con fans en el país y fuera era un éxito rotundo. Hace una década, mientras en Estados Unidos, parte de Asia y algunos países de Sudamérica superaba las audiencias del boxeo, a España llegaban los ecos de las peleas de Jon Jones o Ronda Rousey y empezaba a crearse una comunidad de fans alrededor de Conor McGregor. Con un personaje como él como gancho, con sus KOs, con sus celebraciones, con sus escándalos, con su combate con Floyd Mayweather, la UFC generó interés, hasta el punto que en enero de 2022 Eurosport España compró los derechos en exclusiva. Eran unos pocos y hoy son muchos, pero... ¿Todos tienen el mismo perfil?
¿Una respuesta a lo 'woke'?
«Bienvenidos al Estirando el chicle de la gente que no sabe que es Estirando el chicle», presentaba el controvertido cómico David Suárez al inicio del último evento Dogfight de Jordi Wild y luego estiraba la caricatura del público presente, muy mayoritariamente masculino: «Se quejan de que en los premios Esland hay pocas mujeres. Eso es porque todavía no han visto esto».
«No podemos negar que el éxito de las artes marciales mixtas tiene mucho que ver con la masculinidad clásica. Una reacción de aquellos que piensan nos estamos pasando con lo woke, que los hombres están discriminados, como señalaba el último CIS», afirma el sociólogo Raúl Sánchez, que encuentra respuesta en el comentarista Gonzalo Campos: «Los deportes de contacto siempre han sido de nicho, para hombres de entre 25 y 45 años. Ahora, con este boom, al llegar al mainstream, no son deportes más de hombres, todo lo contrario. El target se está abriendo y están llegando más mujeres. Si seguimos la comparación, es como Estirando el chicle: era un programa para un público mayoritariamente femenino y ahora que es mainstream lo escuchan más hombres».
Un WiZink lleno o "dos telediarios"
Sea como sea el fenómeno está en plena expansión, con una Federación Española de MMA en ciernes y varias organizaciones apostando fuerte por la expansión de los deportes de contacto en España. El pasado domingo 3, de hecho, la más importante de ellas, WOW, abrió la temporada con un llenazo en Vistalegre: 7.000 personas para ver artes marciales mixtas. «Topuria es como Pau Gasol para la NBA en España o Fernando Alonso para la Fórmula 1. Es la mecha para encender el fuego. Pero si no pusiéramos combustible todo se apagaría rápido. En cuatro años hemos producido 600 combates y cada vez viene más gente a ver nuestras veladas. La última pelea de Topuria en la UFC, en California, tuvo unos 18.000 espectadores, aquí ya casi estamos en la mitad. Es una locura», acepta David Balarezo, el CEO de WOW, que acaba de cerrar una ronda de inversión serie A con un fondo estadounidense y numerosos socios, entre ellos varios futbolistas.
Sus combates son emitidos en exclusiva en Movistar y la competición planea una gira por toda España que llenará el Cartuja Center de Sevilla o la cúpula de Las Arenas en Barcelona. «Con Topuria hemos notado un incremento de un 30% de nuestros seguidores. En un futuro no muy lejano quizá podamos llenar el Wizink o Vistalegre, que son unas 14.000 entradas, pero todavía nos falta un poquito», cierra el ex luchador apodado Bala. Aunque hay voces que no son tan optimistas.
Al fin y al cabo, en los últimos 50 años en España los deportes de contacto estuvieron a punto de asomar la cabeza en varias ocasiones y nunca antes lo consiguieron. Hubo muchos chascos. «Para mí, es una moda y está bien, pero no durará mucho. En España lo único que se mantiene todos los años es el fútbol», proclama Javier Castillejo, quien casi fue Topuria antes de Topuria.
En los años 90 y los 2000 fue ocho veces campeón del mundo de boxeo y, como después harían Sergio 'Maravilla' Martínez o Joana Pastrana se hizo un hueco en las televisiones, en las radios, en la prensa, pero no duró mucho. Las peleas estuvieron cerca de volver a ser moda, pero quizá por el tabú, quizá por la ausencia de una base, quizá por la falta de una organización como la UFC o quizá porque no existían las veladas de 'streamers', no llegaron a convertirse en un fenómeno de masas. «Ahora es un buen momento, los medios están interesados y me parece fenomenal. Ojalá dure muchos años, hay mucha gente joven interesada. Pero por mi experiencia durará dos telediarios», cierra Castillejo con la dureza propia de estas disciplinas.
Alexander Zverev arrastra un problema de confianza. A sus 28 años sigue siendo un tenista capaz de ganar un Grand Slam: mantiene la derecha, el revés, el servicio, la movilidad e incluso la inteligencia táctica; todavía tiene mucho a su favor, pero está siempre a punto de romperse. Carlos Alcaraz y, especialmente, Jannik Sinner —que le ha derrotado cuatro veces este año— le han robado la esperanza y transita por la pista sin creer que puede. Si le dicen que va a ganar un torneo grande, mira para otro lado. Su juego le mantiene en las grandes citas, pero cuando llegan los momentos decisivos se deshace.
El pasado miércoles ya le ocurrió ante Sinner: tuvo siete opciones de break, pero no se creyó ninguna y cayó en dos sets. Y ayer le pasó lo mismo ante Félix Auger-Aliassime. Disfrutó de oportunidades para la ruptura, en este caso cuatro, y falló en todas para perder por 6-4 y 7-6(4) en dos horas de juego. En los últimos puntos el alemán se desesperaba, gritaba, como ya había hecho en otros tramos del partido: de nada le sirvió.
Antonio CalanniAP
En semifinales, así, el rival de Alcaraz será Auger-Aliassime, un adversario complicado. Los precedentes sirven para lo que sirven: el español ganó en los últimos cuatro enfrentamientos, pero el canadiense se impuso antes en los dos únicos partidos disputados en las condiciones actuales, es decir, en pista dura bajo techo. En todo caso, es información no muy útil.
Auger-Aliassime fue un jugador tanto o más delicado que el actual Zverev, y ya no lo es. Esta temporada, el ex pupilo de Toni Nadal ha encontrado la continuidad que le faltó en otros cursos. En el pasado US Open alcanzó las semifinales, donde llegó a arrebatarle un set a Sinner, y también le peleó al italiano la final del pasado Masters 1000 de París. Alcaraz es favorito, pero Auger-Aliassime se presenta con la tranquilidad de quien ya lo ha hecho todo este año, todo en el presente torneo.
De hecho, pase lo que pase, el próximo lunes ascenderá hasta el número cinco del ranking ATP, su mejor posición de siempre, sólo por detrás de los grandes dominadores: el endeble Zverev y Novak Djokovic. Puede ser incluso el nuevo líder de la generación perdida que intenta plantar cara al nuevo Big Two.
A unos metros de la cima esperan en fila india aquellos que ansían su momento de gloria, la culminación, una foto para el recuerdo, pero el Himalaya queda a muchísimos kilómetros de distancia. No es el Everest, es el Aneto, o el Pedraforca, o la Pica d’Estats, es decir, una de las montañas emblemáticas de los Pirineos, pero también asombran las colas, cada vez más largas, cada vez más peligrosas. Según los datos de la Guardia Civil y de los Bombers de la Generalitat este 2025 se están batiendo un año más récords de rescates en los picos más conocidos de España y, aunque se repiten las llamadas a la precaución, no se observan soluciones reales.
"Cada verano viene más gente a la montaña, pero ése no es el problema. La montaña es un espacio de libertad, no pertenece a nadie, no creo en restricciones o permisos, pero no se le puede perder el respeto" explica Miquel Sánchez, guarda del refugio de Ventosa i Calvell, en el Pirineo de Lleida y montañero de los que ya estaban cuando no había nadie: "Fui al Everest en 1983 y en 1985 y recuerdo estar solo con mi compañero en el campo base. Ahora todo es muy diferente".
"Aventureros sin conocimiento"
"Antes había montañeros expertos y montañeros menos expertos. Ahora hay algunos que no son montañeros, son aventureros sin conocimiento que se descargan una ruta en el móvil y empiezan a subir, a subir y a subir sin entender los riesgos. El peligro no es que haya gente, es que haya gente que no tiene ni idea", define Sánchez mientras cada día se lamentan nuevos ejemplos de lo que expone.
El pasado domingo 6 de julio, el Grup de Recolzament d’Actuacions Especials (GRAE) de los Bomberos de la Generalitat en el Pirineo leridano tuvo que utilizar hasta cuatro veces su helicóptero en sólo cinco horas. Una monitora que se había desorientado junto a cinco niños, una excursionista con el típico esguince de tobillo, otro senderista lesionado y nuevamente un grupo que se había perdido, esta vez compuesto por cinco adultos. El Grupo de Rescate Especial e Intervención en Montaña (GREIM) de la Guardia Civil en Jaca también narra jornadas de ese tipo, como el pasado sábado 27 de junio, con nueve rescates en 11 horas.
No hay un recuento conjunto de incidencias en las distintas comunidades autónomas pirenaicas, pero los datos igualmente espantan. El año pasado el GREIM aragonés batió su récord de rescates al superar los 600 y este curso va camino de los 700. "El 2022 fue la primera vez que superamos los 500 accidentes, pero ya hemos llegado a los 609", explicaba el pasado enero Javier Blanco, coronel jefe de la Guardia Civil en Aragón, que lamentaba los 25 fallecidos en su zona.
El efecto de las redes sociales
Su grupo ha iniciado la campaña Montaña Segura junto al Gobierno de Aragón, Aramón y la Federación Aragonesa de Montañismo, pero las tendencias juegan en su contra. Desde la pandemia se han multiplicado los amantes de la montaña y cada vez hay más perseguidores de retos impulsados por Youtube o Instagram. El pasado otoño, Ines Benazzouz, un youtuber francés con ocho millones de seguidores conocido como Inoxtag, alcanzó la cima del Everest vanagloriándose de que no tenía experiencia alguna en las alturas.
"Ahora hay quien cree que por estar en forma ya está preparado. Piensan que si pueden correr un maratón ya pueden subir al Aneto. Pero eso no es así. Hay que tener nociones de orientación, dominar los movimientos en terreno técnico...", comenta el guardia Sánchez, muy crítico con quienes abarrotan los picos españoles en esta época del año: "Sinceramente es imposible que les guste la montaña. Si te gusta la montaña no vas a hacer cola un domingo de verano. Quien va busca hacerse la foto, busca reconocimiento, busca otra cosa".
Pagar por los rescates... ¿Solución?
"Antes los aficionados a la montaña nos apuntábamos en clubes de montañismo e íbamos poco a poco. Ahora esa progresión no existe. Sé que es muy difícil y que a veces la sociedad va hacia otro lado, pero la única solución es la concienciación", finaliza Sánchez.
Hace unos años, cuando empezaron las colas, desde entidades como el Ayuntamiento de Benasque se habló de una regulación de las ascensiones al Aneto o al Pedraforca, pero nunca se llegó a concretar nada. En realidad un remedio así parece inconcebible en Europa. La única medida posible es cobrar los rescates que sean resultado de una imprudencia, aunque en la práctica también es muy difícil probar esa temeridad ante la Justicia.
Desde el 2009, el Departament de Justícia de la Generalitat pasa la factura a los excursionistas rescatados cuando se considera que ha sido su culpa y con esa máxima sólo ha hecho 11 reclamaciones, muchas de ellas mínimas. En una ocasión, dos aficionados tuvieron que pagar 2.600 euros por haber sido rescatados en el refugio Coma de Vaca sin equipamiento y en plena pandemia. En otra, dos senderistas abonaron 800 euros después de pedir ayuda cerca de Queralbs, en la subida a Núria, y movilizar a siete bomberos. Los estuvieron buscando, no los encontraban y resulta que habían conseguido alcanzar su vehículo y ya estaban en casa.