La noticia en Superbagnères, donde el Tour regresaba 39 años después, -memorias de aquellas batallas ya a color, con Hinault, Lemond y Fignon como protagonistas; del último triunfo, el de Robert Millar en 1989 por delante de Perico Delgado…-, es que Tadej Pogacar no ganó. Concedió tregua el tirano del Tour, permitió el UAE una fuga, de la que el más fuerte y el más bravo, Thymen Arensman, se llevó un triunfo bajo la niebla de los que queda para siempre. [Narración y clasificaciones]
El líder se limitó a observar esta vez, a ignorar su hambre voraz, a poner pausa a la historia, a apenas marcar con una suficiencia demoledora los intentos de Jonas Vingegaard. El danés, inquieto en la calma de los favoritos, olvidó humillaciones previas y lo probó justo en el momento que cruzaba por debajo de la pancarta de cuatro kilómetros para la cima, con no demasiado que perder. Consiguió marcharse en pareja con Pogacar y se respetaron, apenas un par de acelerones cada uno, el último, con el que el esloveno le rebasó en meta para otro bocadito a su ventaja en la general, que ya se dispara a 4:13.
Por detrás de ellos, no demasiado lejos, Felix Gall y un Florian Lipowitz que asalta el podio por méritos propios y también por el abandono de Remco Evenepoel en las primeras rampas del Tourmalet, la otra noticia del día. Carlos Rodríguez, que ayudó a su compañero en la escapada y que se mostró combativo toda la jornada, asciende al Top 10, objetivo de mínimos, y recupera sensaciones, más importante.
En el tercer día en los Pirineos se marchó el sol y llegó el otoño, niebla y llovizna para refrescar el ambiente y hacer los descensos cautelosos. El sábado venía marcado por los dos recitales previos de Pogacar, dos mazazos que dejaron al Tour boquiabierto. Y por sus palabras tras la crono en Peyragudes, cuando fue cuestionado por su carácter insaciable, tres etapas ya en su zurrón en la presente edición. Algo así como no estoy aquí para hacer amigos en el pelotón: “Esto es el Tour. No puedes aflojar si se te presenta una oportunidad de pelear por un triunfo de etapa. Nunca sabes cuándo va a ser tu último”, aseguró, poniendo en valor el trabajo de su equipo.
Pogacar, al llegar a la cima.MARCO BERTORELLOAFP
Desde la salida de Pau se intuía oportunidad para la fuga, para escaladores, y a ello se afanaban en el bus del Movistar por la mañana, conscientes de que la actuación de su líder Enric Mas necesitaba mostrar algo más. Atentos estuvieron de inicio, con hasta cinco hombres en los primeros vaivenes, los que ya no resistió Evenepoel, los que acabaron también con Skeljmose tras una caída.
Y tres Movistar, Einer Rubio, Muhlberger y el propio Mas estaban en la escapada que hizo camino, donde también buscaba puntos para la Montaña el bravo Lenny Martinez (puso su nombre en solitario en la cumbre del Tourmalet), pero también Sepp Kuss y Simon Yates por el Visma y Arensman y Carlos Rodríguez por el Ineos. Sin embargo, pronto el balear confirmó que no está para demasiado.
Fue en el Peyresourde donde Arensman, en cuyo palmarés lucía la etapa en la Vuelta de 2022 en Sierra Nevada, inició su ofensiva. La que le iba a llevar a la gloria, un fuori classe que nunca mostró en las generales lo que prometía. Su esfuerzo desde ahí hasta la estación de esquí de Superbagnères fue extraordinario, manteniendo las distancias con un grupo de favoritos en calma, con el ritmo de Marc Soler primero y Narvaez y Adam Yates después, hasta que Vingegaard intentó lo que parece imposible. Le honra, al menos.
El velódromo de Roubaix es el paradigma del éxtasis ciclista. No hay escenario más icónico ni lugar más difícil al que llegar sano y salvo. Como tantos otros campeones, Tadej Pogacar podría dejar a un lado la proeza en el Infierno del Norte, los adoquines mortales que todo ponen en riesgo, lugar de especialistas. Pero su cita es con la historia. El UAE Team Emirates - XRG ha anunciado este miércoles lo que era un osado rumor. Su líder estará presente en la salida del próximo 13 de abril. Debutará con el maillot de campeón del mundo en busca de algo único.
También con el maillot arcoíris Bernard Hinault logró ganar en 1981 una carrera que "odiaba". La mañana de antes, mientras reconocía el recorrido, los parajes míticos, el bosque de Arenberg, Carrefour de l'Arbre o Mons-en-Pévèle, al Tejón le preguntaron por sus sensaciones. "¿París-Roubaix? Es una gran carrera. Para el público...", desafió. Sabía que se jugaba el siguiente Tour, como también es consciente Pogacar. Derrotado en la Milán-San Remo por la resistencia y la velocidad de Van der Poel, muchos dudaban de que fuera capaz de aventurarse. Su respuesta ha sido inmediata: estará en el Infierno del Norte.
Allí volverá a retar a tipos que crecieron entre pavé y barro, reyes de la habilidad como el propio Van der Poel (ganador de las dos últimas ediciones), Van Aert o Ganna. Pogacar lo quiere todo, como Merckx o Hinault. También coleccionar los cinco monumentos, aunque para ello tenga que asumir riesgos. En 2023, una caída en la Lieja-Bastogne-Lieja le obligó a pasar por el quirófano (se rompió el escafoides) y arruinó su preparación para un Tour en el que acabaría sucumbiendo ante Jonas Vingegaard.
Desde aquel 1981, ningún ganador del Tour ha vuelto a triunfar en la reina de las clásicas. Entre otras razones, porque casi ninguno lo ha intentado. Apenas Greg Lemond, Bradley Wiggins o Geraint Thomas. Pogacar, que ya sabe lo que es ganar Flandes, jugueteó con la posibilidad. En febrero publicó un vídeo 'volando' sobre el bosque de Arenberg, uno de los tramos más icónicos de la París-Roubaix. Ese día completó casi 60 kilómetros por pavé, recorriendo cada uno de los tramos junto a algunos compañeros como Tim Wellens. "No, por favor", bromeó suplicando Jasper Philipsen (otro de los grandes candidatos, segundo los dos últimos años) al ver la publicación de un Pogacar al que desde bien joven le 'apeteció'. Como junior, completó las ediciones de 2015 (30) y 2016 (13).
Sólo parecía un aviso para el futuro, pues ni Josean Fernández Matxin ni el propio Pogacar confirmaron después el debut. Quizá su derrota en San Remo, el único monumento que el falta en su palmarés junto a la París-Roubaix, lo cambió todo. "Inicialmente estaba planeado que Tadej Pogacar participase en la E3 Saxo Classic y en la Gante-Wevelgem. Sin embargo, tras debatirlo con el equipo, hemos decidido ajustar su calendario enfocándolo en el Tour de Flandes y la París-Roubaix para intente llegar en su pico de forma en ambas carreras", señaló el equipo en un comunicado difundido este miércoles.
Vuelta a España
Etapa 16: Liencres - Bejes
LUCAS SÁEZ-BRAVO
@LucasSaezBravo
Actualizado Martes,
12
septiembre
2023
-
18:25El danés dedicó el triunfo a su...
Antonio Barrul habla como boxea, a una velocidad de vértigo. Asesta frases certeras, un poco a la manera de Mohamed Ali. «En el ring soy violento, tengo mucha raza, a mí no me echa para atrás nada ni nadie». Es un súpergallo en plena ascensión, un chico con un objetivo claro, ahí al fondo, ser campeón del mundo. Aunque antes tenga que recorrer un camino que apenas es un esbozo aún. Ya es campeón de España y defenderá en breve su título Iberoamericano, después debe venir Europa y, por fin, «cumplir mi sueño».
Pero Antonio también es un gitano orgulloso de serlo. Más todavía de la labor social que junto a su padre realizan en el 'Club de boxeo fuerte y constante' de su León natal, punto de encuentro de jóvenes que esquivan otros golpes, los de la propia vida. Sabe bien de lo que habla.
Y Antonio, en fin, es también aquel joven que un día se levantó en un cine mientras veía con su mujer y sus hijos Garfield, y que encaró valiente al energúmeno que maltrataba a su pareja. Decidió no mirar a otro lado y sus golpes se hicieron virales, fue denunciado. «Pero lo volvería a hacer mil veces: a la mujer no se la puede tocar», reivindica quien boxeó con guantes morados, compromiso ético contra la violencia hacia las mujeres.
Barrul, junto a su padre Vicente, en un entrenamiento.Peio García/ICAL leónMUNDO
Fue un primero de mayo de hace dos años y lo recuerda como si fuera ayer. Pese al aluvión mediático, no pretende olvidarlo. Porque hubo críticas a su violenta intervención y algunas dolorosas. «Pero gracias a ese suceso que me pasó la gente me conoce. Ahora realmente están viendo la clase de persona que soy, los proyectos que tengo en mi vida. Tengo que dar gracias a ese mal momento. Hoy soy un referente para los jóvenes. A las mujeres hay que tratarlas como princesas, como se merece. A una mujer no se la puede tocar. Si no la quieres, apártate de su vida. Pero no le puedes hacer lo que pasó ese día», protesta.
Pregunta. ¿Lo volverías a hacer?
Respuesta. No es que piense si lo volvería a hacer: todo el mundo tendría que hacerlo. No que sólo se levante una persona. Hay que frenar esa acción.
P. ¿Cómo lo recuerdas?
R. Como era el día del espectador, nos fuimos al cine. Como a los cinco minutos de película, vemos a una pareja discutiendo. Ella se apartó unas butacas más atrás. Pero al rato él se levantó y la empezó a insultar. Se veía su cara agresiva, desencajado. Cogí a mis niños y los aparté, para que no vieran eso. Siguieron los insultos y el revuelo. Vi que él la enganchó por el cuello y la zarandeó en la butaca.
Antonio hace una pausa, como masticando aquella rabia que no se apaga. «Yo me levanté y lo único que le dije es que qué estaba haciendo. Que era un cine, una película para niños, que lo único que tenía que hacer era marcharse. Me vio pequeño, joven y me empezó a increpar, a insultarme, a faltarme al respeto. No le quería hacer daño. Pero todos tenemos un límite. Seguía insultándome, amenazándome, mi mujer llorando. Le dije: ¿Tú crees que es normal lo que le has hecho a tu mujer?'. Avisé para que llamaran a seguridad, pero no venía nadie... Al final le di lo que él me estaba pidiendo. Era su merecido".
La denuncia interpuesta contra él fue archivada por el juzgado. Y Antonio siguió con su vida, que es también un ejemplo. Deportivo y personal. En diciembre, en el Palacio de los Deportes, lleno hasta la bandera, de su León natal, noqueó al colombiano Fran Mendoza en el cuarto asalto para lograr el título Iberoamericano: «Un rival que tenía 20 victorias y una sola derrota. El número seis del mundo. Le gané en cuatro rounds, un KO brutal. Hice una finta con la mano, me incliné, esperé a que bajara a su derecha y le crucé el golpe. Yo sabía que ese golpe no lo iba a aguantar. Lo teníamos estudiado: el croché de izquierda era el golpe. Creo que estamos para grandes cosas». «Si sigo ganando este título, puedo estar entre los 15 primeros del mundo, lo que me daría opciones de pelear por el título mundial. Ese es mi sueño. Pero siempre he dicho de ir paso a paso», explica. Su próxima parada es la defensa de ese título, en unas semanas en el Gijón Arena.
Para preparar los grandes combates, El Volcán viaja a Gijón junto a su entrenador Olivier Sánchez. Se separa de su familia, meses fuera de casa. «Sólo vuelvo los fines de semana para coger esas fuerzas que hacen falta, porque yo soy muy familiar. Y luego otra vez toda la semana solo, centrado en comer, dormir y entrenar». También de su padre, Vicente Barrul, ex campeón de España. Y mucho más que eso. En su barrio, Vicente, que compaginó su carrera con el trabajo «en el pladur y después en un matadero», que tuvo que superar un ictus, es un héroe. «De niño yo veía todo lo que había en el barrio. Muchas familias desestructuradas. Mi padre y mi madre siempre han sido luchadores de la vida. Él decidió montar un gimnasio para hacer una labor, para intentar devolver todo lo que le había dado el boxeo», relata de unos comienzos nada sencillos. «Nos metimos en una nave de patada, porque en ningún sitio nos alquilaban un gimnasio. No querían», relata de aquellos prejuicios, de las explicaciones de su padre: «¿Qué prefieres, ver a los niños, fumando, bebiendo, liándolas? Porque al final la juventud lo malo lo coge muy rápido, lo bueno le cuesta mucho». Finalmente les dejaron una pequeña sala en un polideportivo, «70 metros cuadrados llenos de ilusión y de amor». «Después, mi padre dijo: mejor pedir perdón que permiso. Cogimos todo el local, 300 metros».
Antonio Barrul y sus tres hijos.Peio García/ICAL leónMUNDO
El club presume de 12 campeones de España y de mucho más que boxeo. «Mi padre consiguió traer unos cuantos profesores de apoyo escolar. Dice que son ángeles, porque vienen voluntarios. Había mucho absentismo. Hicimos una pequeña fundación en la que los niños, antes de entrenar, tienen la obligación de hacer sus deberes y sus estudios. Si no, no pueden entrenar. Los niños, imagínate, enamorados del boxeo. Porque mi padre lo transmite no con disciplina, sino con amor. Y ahí estamos. Todos los barrios de León, allí paran. Es como un punto de encuentro. Algunos ni entrenan: se sientan, hablan, hacen sus deberes».
Pregunta. ¿A ti el boxeo también te ha apartado de otras cosas?
Respuesta. Al 100%. También conocí en el gimnasio a mi mujer. Y me cambió la vida. Porque solo pensaba en ella y en el boxeo. Si no, al final te descarrilas. Mucha gente cercana ha tenido problemas.
P. Sube al ring con la bandera gitana.
R. Hay que romper prejuicios. Hay personas buenas y personas malas, nada más. No se trata de razas, de etnias, de color de piel. Hay que mirar el corazón de la persona. Yo soy boxeador, mi hermano es enfermero. Tuvo un cáncer con 12 años, un linfoma, estuvo fatal. Cuando se recuperó, quiso devolver todo lo que habían hecho por él. Ahora trabaja en el hospital de León, es enfermero y es gitano. Yo soy boxeador, soy gitano, campeón de España. Mi padre tiene un gimnasio lleno de niños, hace una labor social. Es gitano. Claro que se puede. Y eso es lo que hay que hacer ver a las nuevas generaciones. Sólo hacen falta oportunidades.
P. Vio a su padre en un ring.
R. Los recuerdos de mi infancia son muy buenos. Vi a mi padre ganar su primer campeonato de España. En Valladolid, en 2005. Yo estaba nervioso. Recuerdo pedirle a Dios: 'Que gane mi padre, que gane mi padre'. Esos nervios no los he vuelto a sentir nunca.
P. ¿Ni cuando tú peleas?
R. No, no. A mí me gusta lo que hago. Me gusta subir al ring y enfrentarme con otro hombre. Y a ver quién es más fuerte, a ver quién es mejor.
P. ¿De niño boxeaba?
R. No tanto como mis hijos ahora. A mí lo que me gustaba era pelear. Me pegaba en el colegio todos los días, con quien fuera, siempre con los grandes. Todos los días estaba castigado. Como viera que abusaran de un amigo, ahí iba yo, pin pan. Así me hice fuerte.
P. ¿Cuándo tuvo claro que quería ser profesional?
R. Estuve hasta los 12 años haciendo gimnasia artística. Fui a cinco campeonatos de España, en uno quedé subcampeón. Pero mi padre abrió el gimnasio y ya era imposible que yo siguiera, porque mi amor hacia el boxeo creció de una manera mágica.
P. ¿Recuerda su primera vez en un ring?
R. Me subí, sonó la campana y pim, pum, pim, pum. No paraba de tirar golpes y gané por KO en el segundo asalto. Él ya tenía cuatro o cinco combates y yo ninguno. Pero sentía que era fácil. Cuando eres niño no tienes miedo.
P. Y ahora, ¿sientes miedo?
R. Quien diga que no tiene miedo es un mentiroso. Yo siento miedo, adrenalina, ganas de ganar, luchar por mi familia que está a pie de ring. Pero hay que controlarlo, porque sólo es deporte. Los golpes que más duelen son los de la vida.