Rafael Nadal es una institución en Francia. Se le quiere como si hubiera nacido a orillas del río Senna y se le admira como si fuera el general Charles de Gaulle. Por ello, el tenista español, a tres días de que dé comienzo el primer Roland Garros tras su retirada, posa en la portada de L’Équipe de este jueves y se sincera sobre su carrera, su vida el tenis actual.
“He sido feliz jugando al tenis, pero también de otras maneras, fuera de las pistas. He trabajado duro en las canchas o en el gimnasio, pero mi vida ha sido mucho más que el tenis (…) He salido con mis amigos, aunque no todos los viernes o todos los sábados. No he sido esclavo del tenis”, asegura el jugador, de 38 años.
“He tenido muchos momentos para disfrutar de mi familia, de mis amigos, de la fiesta, del mar, practicar otros deportes. No tengo el sentimiento de haber sacrificado nada. He hecho lo que sentía, lo que quería y tengo la suerte de tener una vida más allá del tenis”, agrega.
Nadal no lamenta haber alargado dos años su carrera, tras ganar en 2022 su último Roland Garros, porque pensaba que entonces podía seguir en la élite, aunque las lesiones acabaron por convencerle de que se retirara.
“Entonces no podía saberlo”, afirma el exjugador, que recuerda que antes de ganar en París había logrado el Open de Australia y después estuvo a punto de imponerse en Wimbledon.
Sobre el momento actual, afirma que Carlos Alcaraz y Jannik Sinner están por encima del resto y, en lo referente a la sanción por dopaje del italiano, se muestra convencido que no ha querido engañar y alaba su estabilidad mental. “Pondría mi mano en el fuego”, asegura Nadal, que también expresa su respaldo en la justicia deportiva.
El español, que será homenajeado en Roland Garros este domingo, afirma que el de París fue “el torneo más importante” de su carrera y que cada vez que se acercaba esa cita sentía “un nerviosismo” especial.
“Era una adrenalina incomparable. Mi historia con Roland Garros se ha construido con los años. Ha logrado cifras difíciles de imaginar“, dice.
Sobre el homenaje, asegura: “Me inquieta un poco porque no se me dan bien estas cosas. No me gustan los homenajes, no necesito este tipo de cosas, no tengo un gran ego. Vivo bien con un poco de anonimato, de tranquilidad”.
“Pero entiendo este momento con Roland Garros porque hemos vivido juntos. Estoy muy agradecido y feliz de vivir este momento, de poder decir adiós a toda la gente que me ha apoyado, de agradecer lo que me han dado durante toda mi carrera, sobre todo los últimos años. Me he sentido apreciado y querido en París, en Francia en general, es algo inolvidable”, agrega.
Nadal cree que será “difícil” que alguien repita sus cifras en Roland Garros, pero matiza: “Si yo lo he hecho, ¿por qué no?”.
La primera presencia asiática en un Mundial correspondió a las Indias Orientales Holandesas, hoy Indonesia, en Francia-1938. Aquel territorio, administrado por la Compañía Holandesa de las Indias Orientales tuvo federación inscrita en la FIFA desde 1924, y hasta envió un árbitro, de nombre Max de Vries y holandés de origen, a los JJ OO de Ámsterdam-1928. Para Francia-1938, sólo dos asiáticos solicitaron la inscripción, Japón e Indias Orientales, pero el primero, en guerra contra China, renunció. La FIFA quiso montar una repesca, ya en Francia, contra Estados Unidos, que rehusó, así que las Indias Orientales se presentaron sin ningún mérito clasificatorio. Desembarcaron en Holanda tras un mes de travesía y jugaron dos partidos de preparación. Empataron uno, ganaron otro y viajaron felices a Francia, donde sería otra cosa. Su primer partido, ante Hungría, en Reims y ante 8.000 espectadores, sería también el último. El Mundial se disputaba por eliminatorias directas y los húngaros les arrollaron: 6-0. Quedó el recuerdo de las gruesas gafas de su pequeño capitán, Nawir, muy miope, y el vistoso muñequito-amuleto del portero. Presentaron un equipo mixto, con dos blancos y el resto de raza autóctona. Vistieron camiseta naranja, un guiño a la metrópoli que, dicho sea de paso, no se clasificó, apartada por Bélgica.
Asia regresaría en Suiza-1954, ahora por medio de Corea del Sur. Se inscribieron, para una única plaza, China, Japón y Corea del Sur. China renunció por no jugar contra Japón, así que se eliminaron entre sí las dos últimas. En Tokio hubo empate, en Seúl victoria coreana. Su papel en Suiza tampoco supondría ningún laurel para el fútbol asiático, más bien lo contrario. Le fue incluso peor que a Indias Orientales, cuyo techo fueron seis goles. Los coreanos encajaron nueve de los húngaros y siete de Turquía. No jugó con el otro equipo del grupo, Alemania, por un abstruso sistema de competición que nunca se repetiría. Se marcharon con cartel de buena gente, muy deportivos e infatigables. Tras encajar sus goleadas con enternecedora filosofía oriental, su entrenador dejó escrita una carta a sus 15 «eminentes colegas» rogándoles que le iluminasen con su ciencia para tratar de perfeccionarse en el domino de los secretos futbolísticos, allá a la sombra del paralelo 38. Y una curiosidad: también su capitán, Park Kyu-chong, jugó con gafas.
Otra cosa sería lo de Inglaterra-1966. La FIFA concedió para este Mundial una sola plaza a disputar entre África y Asia, lo que provocó la renuncia de las 17 selecciones africanas que se habían inscrito. Por Asia se apuntaron Siria, Israel, Corea del Norte, Corea del Sur y Filipinas. A las dos primeras se las metió, por conveniencias geográficas, en grupos europeos, Filipinas adeudaba cuotas a la FIFA y no fue inscrita, y Corea del Sur no quiso enfrentarse a su vecina del norte, de manera que esta quedó sola. Se convenció entonces a Australia para inscribirse, cosa que hizo con reticencias, pues Corea del Norte era una dictadura comunista con la que no mantenía relaciones, así que jugaron los dos partidos en campo neutral, Camboya. Los coreanos ganaron los dos, 6-1 y 3-1, legitimando así su participación en el Mundial.
La 'Guerra Fría'
Kim Il-sung, abuelo del actual Kim Jong-un, era en esos días el dictador del que se conoce a sí mismo como «El País de las Mañanas Tranquilas». Despidió al equipo con un fervorín digno del maestro Pero Grullo: «Corred rápida y constantemente y chutad con potencia y precisión». De camino al Mundial jugaron varios partidos en la URSS, mientras Inglaterra se enfrentaba al mismo problema que Australia: tampoco tenía relaciones con aquel lejano país comunistón, y estábamos en los años profundos de la llamada Guerra Fría, con obsesión por los espías. Tantos hubo que el Palacio de Buckingham llegó a tener uno infiltrado durante años, fungiendo de asesor de arte. Pero el fútbol todo lo puede y los coreanos completaron el cartel de 16 participantes, encuadrados en cuatro grupos.
Les tocó el D, con la URSS, Chile e Italia, que se disputaría en Sunderland y Middlesbrough. Ellos jugarían sus tres partidos en esta ciudad industrial, cuyo equipo titular acababa de descender a Tercera, y fueron adoptados por la afición local, feliz de disfrutar esa nota exótica. Por supuesto, se les daba por eliminados de antemano. Nadie dudaba que el grupo clasificaría a la URSS e Italia.
El estreno fue ante la URSS, algo así como si el equipo de una parroquia romana jugara contra el Vaticano, y perdieron 3-0, pero dando guerra. Corrieron incesantemente, como les pidió su Gran Líder, y no estaban mal de técnica, pero sin conceptos tácticos: todos iban donde estaba el balón. Se les vio tan incansables que el árbitro, el español Juan Gardeazábal, hizo un comentario jocoso que hoy caería muy mal: «No sé si tras el descanso sacaron a los otros once. ¡Como son todos iguales!». En la misma jornada Italia ganó a Chile 2-0. Todo en orden. El grupo marchaba según el promedio previsto.
Jugadores incansables
El segundo rival es Chile, en una tarde gris y lluviosa, con el campo pesado. Los americanos tratan de calmar el juego, los orientales, de acelerarlo. Se adelanta Chile en el minuto 24 con un penalti, pero el partido se le hace largo y fatigoso. Los pequeños, delgados e inagotables coreanos les abruman y en el minuto 87 llega el 1-1, con un tiro de los que recetó Kim Il-sung, fuerte y colocado, entre un mar de piernas. Es la confirmación de que la selección asiática no era la perita en dulce que se pensaba. A su vez, la URSS gana a Italia 1-0 y se clasifica. A los italianos les basta empatar el último día con la selección oriental, pero se da por hecha la victoria, y por margen.
Es el 19 de julio de 1966 cuando se enfrentan, fecha quedará como un recuerdo infamante en el historial de La Azzurra y como el mayor sobresalto que haya producido la Copa del Mundo, Maracanazo incluido. Italia sale confiadísima. El informe que recibe el seleccionador, Edmondo Fabbri, de Ferruccio Valcareggi, encargado de ver los demás partidos del grupo, es profundamente despectivo. Los describe como un equipo cómico, que corre sin cabeza, moviéndose como aquellos personajes del celuloide rancio. Fabbri cambia a siete y hasta se atreve a meter a Bulgarelli, con molestias físicas, para probarle.
En el minuto 22, la rodilla de Bulgarelli protesta y el equipo se queda con diez, pues estamos en el último Mundial sin cambios. Los demás se mueven incómodos entre el pegajoso enjambre de coreanos. De repente, en el 42', el interior Pak Doo-ik corre por el callejón del 8 tras un balón largo y cruza un disparo perfecto que bate a Albertosi. Hay toda una segunda mitad para remediar el roto, pero no se remediará. La reanudación es un progresivo ejercicio de dominio de Italia, que no encuentra caminos y acaba tirando pelotazos a la olla, donde el pequeño meta Lee Chang-myung salta como un gato, las coge por arriba y por abajo, llega a todo, y cuando no, le ayuda el poste. El partido acaba con la derrota de Italia, que se queda fuera. Pasa Corea del Norte.
Pak Doo ik bate lanza y bate al portero Albertosi.Central PressMUNDO
«¡Vergogna nazionale!», «¡Grotesco, battuti dai coreani!», «L'Italia ha pagato caro lunghi anni di errori». «¡Azzurri, Vergogna!», «Il Nostro Calcio E'Morto!», «La pagina piu nera del calcio italiano». De ese tono elegíaco fueron los titulares provocados por el gol de Pak Doo-ik, del que erróneamente se dijo que era dentista. Era tipógrafo y cabo en el ejército, pronto ascendido a sargento tras aquello. Los italianos regresan por Génova y de noche, en lugar de por Roma y de día, como estaba anunciado, pero se sabe y son recibidos con una lluvia de huevos, tomates y monedas. Fabbri termina de ensuciar el ambiente al acusar al médico de haber suministrado a los jugadores un calmante en lugar del estimulante previsto.
Los coreanos viajan a Liverpool para los cuartos contra Portugal, y aprovechan el hospedaje en una institución católica previsto por los italianos. Años después, Pak Doo-ik contará lo que les impresionó la imagen del crucificado en la capilla, nunca habían visto nada así. Al campo del Everton acuden 3.000 aficionados del Middlesbrough, convertidos en fanáticos de Corea. El mismo día y hora se juega el Inglaterra-Argentina de la expulsión de Rattín, televisado a España. Mediada la primera parte, el locutor informa, aturdido: «Nos llega de Liverpool la noticia de que Corea va ganado 3-0 a Portugal». Es un sobresalto en todas las casas. Ningún partido de Corea del Norte había sido ofrecido aquí y pensé que nos estábamos perdiendo algo mágico. Al descanso llega la noticia de que ya va 3-2. Finalmente ganará Portugal 3-5. Eusebio tomó cartas en el asunto y marcó cuatro.
Salida nocturna
Los coreanos se marcharon, desaparecieron en la bruma, escaparon a nuestros radares. Con el tiempo, dos cineastas ingleses, Dan Gordon y Nicholas Bonner, y el periodista francés Pierre Rigoulot hicieron indagaciones allí con resultados contrapuestos. Rigoulot habló con un superviviente del gulag de Yudok, según el cual el equipo pasó tres años internado en el lugar al regreso de Inglaterra. La causa habría sido la salida nocturna a un pub tras ganar a Italia. El derrumbe ante Portugal se achacó a eso y Kim Il-sung les acusó de vicio burgués, de ahí la reclusión. Pak Doo-ik se libró por una gastroenteritis que le confinó en el hotel. Los ingleses, que rodaron un estupendo documental con ocho de los protagonistas, sólo encontraron negativas a esa versión. O fue una invención de la fuente de Rigoulot o prefirieron silenciarlo, a saber. Lo seguro es que Pak Doo-ik se convirtió en profesor de educación física, fue seleccionador en 1976 y portador de la antorcha olímpica en 2008. Vivía en Chongchun, distrito de Mangyongdae, zona residencial y de gran desarrollo deportivo al sudeste de Pyongyang. Le encontraron feliz, con notables privilegios como una casa de dos pisos y automóvil propio, respetado por los vecinos y citado en las guías turísticas entre las cinco glorias nacionales junto a un político, un compositor, una cantante de lírica y un lingüista. En 81 partidos como internacional sólo marcó aquel gol, pero le valió celebridad mundial. El reportaje de los ingleses agradó a las autoridades, que autorizaron a los ocho intervinientes a viajar en 2002 a Middlesbrough, donde vivieron un bonito homenaje en el escenario de su victoria.
Corea del Norte no volvió al Mundial hasta Sudáfrica-2010, donde perdió sus tres partidos. A su regreso habrían sido obligados a permanecer seis horas en posición de firmes ante el Palacio Presidencial, información nunca confirmada. Su fútbol ahora es un secreto. Rara vez sale un jugador. Allí se ofrecen partidos de la Premier, en diferido, resumidos, y nunca si hay un jugador de Corea del Sur. Kim Yong-un es hincha del Manchester United.
Corea del Sur regresó en México-1986 y ya nunca ha faltado. Incluso coorganizó con Japón el de 2002, del que fue cuarta. Ha aportado buenos jugadores al primer mundo futbolístico, desde el lejano ChaBum-kun hasta el actual Son Heung-min.
El pasado mes de junio, Luis Alberto (Cádiz, 1992) decidió poner fin a una etapa de ocho temporadas en la Lazio para fichar por el Al-Duhail de la Primera División de Qatar. Como él, y a clubes distintos, también lo han hecho Joselu (Real Madrid), David García (Osasuna) o Rodri (Betis). El andaluz, estrella del líder del campeonato, reflexiona sobre el poder económico del emirato.
Lleva en el Al-Duhail y en Qatar casi medio año. ¿Es lo que se esperaba?
No me esperaba nada porque hablé con muchas personas y todos tenían opiniones diferentes. Al principio, cuando llegué, hacía muchísimo calor. No se podía hacer nada por el clima. Luego se vino mi familia y todo muy bien, se vive bien, tranquilo, sin problemas... Tienes todo, especialmente para la vida familiar y para los niños. Está montado para ellos.
¿En qué momento toma la decisión de ir a Qatar?
La oferta ya la tenía el año pasado y había dado el OK, pero la Lazio no me dejó. Y este verano ya no tenía muchas ganas de seguir en Italia. No me veía en otro club que no fuera la Lazio, volver a España era muy difícil y tenía la decisión tomada. Fue fácil, la verdad. No me lo pensé mucho. Tenía ganas de cambiar y de quitarme la carga de partidos que hay en Europa.
El cambio físico ha tenido que ser tremendo por la menor carga de partidos.
Sí, este año además el club no se metió en Champions y jugamos prácticamente una vez a la semana. Aquí los parones de selecciones son más largos porque miran mucho por el equipo nacional. Hay menos partidos y tienes más tiempo con la familia.
Es el máximo asistente de la liga, su equipo va primero... A nivel futbolístico, con sinceridad, ¿cuál es el nivel de la liga?
Mucho más bajo que el de Europa, está claro, sobre todo técnicamente. Después, a nivel de ritmo no cambia tanto. Hago datos similares porque los partidos son de ida y vuelta. Creo que el nivel irá subiendo, como está pasando en Arabia, que ahí hay seis o siete equipos con nivel europeo. Y aquí creo que pasará igual, porque tienen la obsesión por la Champions asiática.
Este verano han llegado usted, Joselu y David García a Qatar, Nacho a Arabia... ¿Qué le influyó? ¿El fichaje de Cristiano tuvo algo que ver?
Creo que fui el primero en firmar este verano, llamé a Muniesa y a Rafinha y me dijeron que estaban bien. Y los amigos españoles que tengo aquí, que son de otros ámbitos, dicen lo mismo. El tener todos los estadios en Doha es una maravilla para el descanso. En Europa tienes viajes de 5 o 6 horas, llegar de madrugada... Aquí no, terminas y en media hora estás en casa porque todos los equipos son de Doha. Están apostando mucho por el deporte y la gente que lleva aquí 20 años dicen que desde el Mundial cambió totalmente el país.
Cuando la gente dice que "los futbolistas se van a Qatar por dinero", ¿qué responde?
Pues que nadie es tonto, ¿no? El que viene aquí a trabajar a una oficina también viene a ganar más, no sólo el futbolista. A mí me ha influido lo económico, claro, aunque la prioridad era estar más tranquilo, con menos presión y disfrutar más de la familia. Pero no me voy a venir aquí a ganar menos que en la Lazio, sería estúpido. Yo estoy contento y lo que piense la gente me da igual, ellos harían lo mismo en su trabajo.
Hay un pique con Arabia a nivel de fichajes, ¿no? Parece que los dos países se van a intentar comer el fútbol europeo.
Yo creo que la vida de Qatar es muy diferente a la de Arabia. Arabia ha invertido mucho más desde el minuto uno. Están pagando unas barbaridades. Aquí va todo algo más controlado y no creo que se llegue nunca a esas cantidades. En Qatar quieren crecer, pero no van a firmar a estrellas para el márketing. No lo veo. Aquí estuvieron Raúl y Xavi en su momento, Verratti... Van más a por el nivel futbolístico. Creo que no invertirán esas cantidades de Arabia, que son un poco locas.
Hay buenos campos de golf también, ¿no?
(Risas). Sí... Sobre todo uno me lo conozco muy bien. Juego 'tela'. Todas las mañanas que puedo, me levanto temprano, juego, como en casa y a entrenar. Hay que aprovechar el buen clima.
¿Qué planes tiene a nivel deportivo? ¿Descarta volver a Europa? ¿Se quiere retirar joven o mayor?
Ahora mismo me siento bien. Mientras me duren las pilas, tiraré para adelante. No descarto volver, porque nunca se sabe, pero ahora mismo no lo estoy pensando. Después intentaré estudiar para ser entrenador. Me apasiona y lo intentaré. Igual después no soy capaz de lidiar con los jugadores y me tengo que meter a entrenar niños, pero lo intentaré.
Mientras el balón ha echado a rodar en el césped del St.Jakob-Park de Basilea, donde se celebra este domingo la final de la Eurocopa femenina entre Inglaterra y España, en el palco de autoridades se libra un auténtico duelo real que tiene como protagonistas por parte española a la Princesa de Asturias, Leonor de Borbón, y su hermana, la Infanta Sofía, y del lado británico al príncipe Guillermo, el primogénito del rey Carlos III. La sintonía entre nuestra familia real y los Windsor, más allá de sus lazos de parentesco, es excelente, y seguro que la cordialidad va a dominar sobre la tensión durante el encuentro, por más que cada parte anime y cruce los dedos para que ganen las suyas, como es lógico.
A su llegada al palco de Suiza, en declaraciones a RTVE, las hijas de los Reyes de España compartieron su ilusión y orgullo por el equipo de fútbol femenino, en un gesto que refuerza el vínculo de la Corona y las nuevas generaciones del deporte. "Muy contentas de estar aquí. Es una suerte ver a nuestra selección de fútbol. El equipo está concentrado, con energía y confianza. Y ojalá volvamos a ganar y coronar esa triple victoria después del Mundial y la Liga de Naciones", ha dicho la Princesa Leonor. Por su parte, su hermana, más desenvuelta que otras veces, ha afirmado ante los micrófonos de la televisión pública: "Ojalá repetir lo que viví hace casi dos años con mi madre en la final del Mundial. Eso sería increíble.Es una generación impresionante de futbolistas"
Nada más conocerse que las dos selecciones iban a disputar la gran final, el Palacio de Buckingham se apresuró a confirmar que el príncipe de Gales sería quien representara a la Corona británica en esta final en Suiza. Gran apasionado del fútbol, es todo un forofo del Aston Villa. El futuro rey es presidente de la asociación de Fútbol de Inglaterra, cargo honorífico que ejerce con auténtica devoción, por lo que normalmente es él quien se desplaza a animar a su selección a encuentros del máximo nivel en el extranjero. Pero, en este caso, al hijo de Carlos III y la difunta Diana de Gales no le quedaba otra que enmendar el monumental error que cometió en agosto de 2023, cuando le cayeron críticas para aburrir por no asistir a la final de las selecciones de fútbol femenino entre España e Inglaterra del Mundial femenino en Australia/Nueva Zelanda.
El príncipe Guillermo y su hija, junto a la Princesa y la Infanta, en su encuentro antes del partido.Efe
Entonces, Guillermo grabó un vídeo junto a su única hija, la pequeña princesa Charlotte, que sostenía un balón de fútbol entre sus manos y miraba a cámara muy sonriente. Su padre se dirigió a cámara para decir a las jugadoras de la selección inglesa. "Quiero enviaros mucha suerte para mañana. Lamentamos no poder estar allí en persona, pero estamos muy orgullosos de todo lo que habéis logrado y a los millones de personas que habéis inspirado aquí y alrededor del mundo". Un día después el príncipe tuvo que pedir disculpas por no haber viajado a apoyarlas, escudándose en problemas de agenda. A nadie se le escapó que en pleno mes de agosto resultaba un auténtico engorro realizar un viaje hasta las antípodas para ver un partido de fútbol. Pero, ya se sabe, los cargos con sus cargas... Y, además, el asunto se le puso muy feo al hijo del monarca porque en el debate público se calificó su ausencia de postura de sexista, ya que nadie dudaba de que si hubiera sido una final masculina, el esposo de Kate Middleton sí habría hecho lo imposible por asistir al encuentro. Por cierto, nadie contaba con que fuera la princesa de Gales quien asistiera a Suiza, tanto porque prácticamente nunca se la ha visto ir de forofa a partido de fútbol alguno, como porque su agenda sigue bastante reducida mientras se recupera de los estragos por el tratamiento de cáncer.
En fin. Mucho más lista estuvo entonces la Reina Letizia, quien sí se desplazó hasta Sídney para animar a la selección española, en aquella ocasión junto a su hija la Infanta Sofía. Aquel fue un día extraordinario para el deporte español, y se vio a la Consorte disfrutar como nunca con el triunfo de La Roja, pero la cosa acabó empañada por el beso sin consentimiento de Rubiales a Jenni Hermoso ante los ojos de millones de telespectadores en todo el mundo.
Leonor y Sofía animan a las jugadoras españolas.Efe
La Infanta Sofía es una gran apasionada del fútbol. Lo practicó durante un tiempo en España antes de irse a estudiar Bachillerato a Gales. Además de a la mencionada final, vibró acompañando a su padre, el Rey Felipe, el año pasado a la final en Berlín en la que la selección española de fútbol masculino escribió su nombre con letras de oro en la historia del deporte rey al alzarse con su cuarta Eurocopa.
No es la primera vez que Leonor y Sofía comparten palco para animar a la Selección. En julio de 2022, las hijas de los Reyes viajaron al Reino Unido, en la que fue la primera cita oficial de ambas en solitario en el extranjero, para asistir al partido que disputaron las selecciones femeninas de España y Dinamarca dentro de la fase clasificatoria de los partidos de la Eurocopa.
A Doña Letizia se la ha visto de forma intermitente asistir a las finales de la Copa de la Reina. Y, volviendo a aquella histórica finalísima de 2023, todo fueron elogios cuando se chupó un porrón de horas para viajar hasta la ciudad australiana con motivo de la final. Claro que antes le habían caído también a ella algunas críticas por no asistir a ningún partido previo del campeonato, cuando difícilmente sucedería que nadie de la Casa Real animara un partido de la Selección masculina de un Mundial en alguna de las fases previas. Lo mismo hubiera ocurrido esta vez si La Roja femenina no hubiera alcanzado esta final. Mucho se han vuelto a arriesgar en Zarzuela. La ausencia de la Familia Real en el Europeo les habría valido un buen palito. El sexismo en la percepción y consideración que se da a las distintas modalidades del mismo deporte tiene estas cosas.