El ex jugador de baloncesto Rafa Rullán ha muerto este domingo a los 73 años de edad. Nacido en Palma de Mallorca en 1952, formó parte del Real Madrid en los 70 y en los 80, una época en la que ganó 14 Ligas, tres Copas de Europa, una Recopa, cuatro Copas Intercontinentales, 9 Copas de España y 1 Supercopa de España.
En total, fueron hasta 18 las temporadas que Rullán jugó en la primera plantilla del club blanco, una cifra que sólo ha superado recientemente Sergio Llull. Con sus 2,07 de altura, fue uno de los pívots más destacados en la época previa al despegue del baloncesto español. A medida que iban llegando a nuestra liga jugadores más altos, sobre todo extranjeros, su buen tiro de media distancia le permitió desenvolverse más lejos del aro.
Al retirarse como jugador se convirtió en delegado del primer equipo. Y posteriormente siguió vinculado a las escuelas de baloncesto de la Fundación del club y a ‘Leyendas madridistas’, la asociación que reúne a los antiguos jugadores.
Como recuerda la web del Real Madrid, Rafa Rullán llegó con 15 años al equipo júnior tras una de las míticas ‘Operaciones Altura’ con las que se trataba de atraer a deportistas jóvenes al deporte de la canasta. Jugó dos años en es categoría, subiendo habitualmente al primer equipo, y después dio el salto definitivo para seguir aprendiendo de otro mítico jugador, Clifford Luyk.
Rullán fue pieza destacada de un Real Madrid que, con Corbalán, Cabrera, Brabender, Walter, etc… dominó las competiciones españolas hasta que el Barcelona emergió como alternativa. El jugador balear, con problemas físicos, salió del equipo en la temporada 1986-87 y acabó su carrera disputando una temporada con el Villalba.
En paralelo, Rafa Rullán fue además uno de los integrantes habituales de la selección española de la época, con la que sumó 161 internacionalidades y con la que ganó la plata en el Europeo de 1973.
Un 14 de octubre de hace 25 años, un manchego de Ciudad Real debutaba en ACB. Han pasado otros 25 y Emilio Pérez Pizarro es, 814 partidos después, el rostro más reconocible del arbitraje español. Referente también en Europa, viral por los vídeos microfonados en los que se abre en canal con jugadores y entrenadores, el árbitro en activo con más encuentros (y noveno en la lista histórica que encabeza José Antonio Martín Bertrán con 1080), charla con EL MUNDO camino de Bolonia, donde el miércoles dirigió el Virtus-Mónaco de Euroliga.
¿Recuerda ese Breogán-Ourense del año 2000?
Como si fuera ayer. Un día que por las emociones, las vivencias, la ilusión y lo impensable que era estar allí, lo recuerdo al detalle. Las conversaciones con los compañeros, el viaje... Tengo lagunas del partido, eso sí. Estaba muy nervioso. Mucho.
¿Cuándo el niño Emilio dijo: 'Quiero ser árbitro'?
Nunca hubo ese día. Cogí un silbato con 14 años, por casualidad. Faltaba gente para arbitrar en un torneo de mi ciudad, Ciudad Real. Me gustó y a partir de ahí... escolares, federación, arbitrando por la provincia... Fui quemando etapas, sin pensar demasiado, disfrutando el camino.
11 años después estaba en ACB. ¿Cómo lo compaginó con la adolescencia, los estudios...?
De forma natural. Como otra gente que los fines de semana practica un deporte. Estudié historia, a distancia, poco a poco. Pero no creo que nunca me dedique a ello, porque no tengo vocación por la docencia.
¿Arbitrar es divertido?
Sin duda. Es una pasión. Y hay un componente alto de disfrute, porque si no...
¿Recuerda momentos de dificultad, de querer tirar la toalla?
Recuerdo tener que coger plena consciencia de lo que realmente se pasa en algunas canchas. En las categorías inferiores estás expuesto a una crítica bastante hiriente. Tuve que mentalizarme de que eso formaba parte también de lo que me apasionaba. A nadie le gusta, claro. Pero formaba parte del negocio.
Pérez Pizarro, durante un partido de esta temporada.ACB Photo
¿El episodio más duro?
Como árbitro por Castilla la Mancha tuve que abandonar pistas escoltado por la policía o por guardias civiles. Y en más de una, de dos y de tres ocasiones... No es sencillo. Pero nunca fue un lastre a mi ilusión. Sí me apena que yo y otros tuviéramos que vivir esos momentos. Porque se trata de un deporte. Y no tiene que haber nada más alejado de esas conductas. Qué pena. Que apoyar a un equipo tenga que estar relacionado con estas situaciones desagradables.
¿Quién es el ídolo de un árbitro?
Pues otro árbitro. Si me tango que quedar con una persona y que no se me enfade nadie... Paco Monjas. Él fue quien me ascendió a la ACB. Y sigo manteniendo una relación cordial. Luego, referentes en pista: Miguelo Betancor, Mateo Ramos...
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¿Qué se siente al ser juez de estrellas?
Eres consciente de que tienes que juzgar. Y el sentimiento de admiración tiene que estar ahí, pero nunca mezclado con el trabajo que tienes que hacer. Siendo todo lo profesional e imparcial que debemos. Y arbitrar a jugadores, no a nombres.
Se han hecho virales sus vídeos microfonados, en los que se le ve tratar con jugadores y entrenadores, llamarlos por sus nombres...
Me choca que la gente piense que se estoy haciendo un papel. Me siento igual de cómodo que si no llevara micro. Porque hago exactamente lo mismo. Realmente soy así. En pista. Nos llamamos por nuestro nombre. Luego, me veo una vez y ninguna más. Intento aprender de qué manera puedo comunicar mejor, pero no lo analizo con detenimiento. Sí creo que es un acierto por parte de la ACB, porque dota de mayor transparencia a nuestro trabajo. Acerca al público la manera en que tenemos de interactuar con jugadores y entrenadores, cómo nos comunicamos entre nosotros, el porqué de algunas decisiones...
A veces parecen psicólogos con los jugadores...
Se trata de bajar el pico de tensión. No puedes estar gastando bromas permanentemente, pero un comentario más distendido puede ayudar a destensar la situación. Aunque hay que saber con quién, de qué manera y en qué momento del partido. Pero en más de una protesta nos hemos acabado riendo los dos.
Es muy recordada la final de 2022, cuando Yabusele se le abalanzó. ¿Se sintió intimidado?
Nunca me ha pasado nada igual. ¿Intimidado? Si te digo que no, te estoy engañando. Me sorprendió, no me lo esperaba. No lo recuerdo con mucho cariño. Después tuve la ocasión de encontrarme con él en otros partidos y todo estaba correcto. Hay situaciones que te marcan más que otras y todo forma parte del aprendizaje.
Emilio Pérez Pizarro.ACB Photo
¿Un árbitro es capaz de disfrutar del juego?
Sí, se puede disfrutar. Estamos concentrados en nuestro trabajo. Pero hay momentos que eres como un espectador de lujo.
¿Cuál es el partido más bonito de sus más de 30 años de carrera?
A parte del debut en ACB, he tenido momentos bonitos, pero sobre todo en partidos por el descenso. Que alguien que acaba de perder la categoría, alguien que está jodido, te venga y te felicite por el trabajo realizado... Que te dé un abrazo en ese momento duro. Eso no se olvida, te marca, te emociona. Me quedo con ellos, más que las finales, claro.
¿Se imagina conviviendo con la polémica permanente del fútbol?
Por suerte, en baloncesto, aun teniendo nuestras polémicas, no tenemos ese volumen tan importante. Creo que es un tema mediático. Lo que arrastra el fútbol: el eco es mayor, todo se magnifica. Sigo las polémicas de mis compañeros de fútbol, hablo mucho con mi primo hermano, Pizarro Gómez (fue arbitro de Primera y ahora VAR) y nosotros estamos más alejados.
¿Hay más respeto en una cancha de baloncesto que en el parlamento?
Creo que en el deporte, en el baloncesto, la polarización está más amortiguada que en la sociedad. Más allá de la protesta o del fanatismo lógico por un club, no hay esos puntos de conflicto permanente. Es que parece que vivimos en el conflicto, que entenderse es algo complicado. Cuánto difícil hacemos por entendernos.
¿Cómo es Emilio Pérez Pizarro sin silbato?
Pues como apenas tengo tiempo de ocio, mi poco tiempo libre es para Álvaro, Laura y mi mujer Encarni, que sin ella no estaría aquí. El chiquitajo, que tiene seis años, siempre me dice que no me vaya. La mayor me escondía la maleta.
El Barça salió líder de Belgrado tras firmar una exhibición ofensiva ante el Partizan que le llevó a una máxima ventaja de 23 puntos mediado el tercer cuarto (42-65) y recuperarse de un colapso mental y de juego que casi le cuesta el partido. Kevin Punter (18 puntos) y Jabari Parker (17 puntos, siete rebotes) lideraron las operaciones para el equipo de Joan Peñarroya, que hace unas semanas salió también victorioso del temible Belgrade Arena. [Narración y estadísticas (79-87)]
Y eso que arrancó mejor el equipo de Zeljko Obradovic, gracias a su acierto inicial en el triple y unos buenos minutos en ataque de Carlik Jones que abrieron una brecha de 10 puntos (21-11, min.6). La irrupción de Juan Núñez al inicio del segundo cuarto recuperaría la fluidez ofensiva para su equipo, que se ponía por delante con un 2+1 de Jan Vesely (25-26, min.12).
A partir de ahí, el Barça fue un vendaval, con una defensa que ahogaba la ofensiva balcánica para correr sin piedad. Así llegaron los triples de Parker (13 puntos en la primera mitad), los mates de Chimezie Metu y una última penetración sobre la bocina de Darío Brizuela que culminaban un parcial de 3-18 para el 35-49 en el descanso.
Desde el tiro libre
El Barça seguiría abriendo brecha tras la reanudación, con cinco puntos de Kevin Punter, ídolo local durante tres temporadas y MVP del mes de octubre en la Euroliga. Obradovic, obligado a parar el partido en dos ocasiones (42-65, min.25), parecía ocupado simplemente en evitar el bochorno ante su afición.
El Partizan acumulaba pérdidas y errores en el lanzamiento exterior (0/7 de Gabriel Lundberg en tiros de campo) pero su rival entró muy pronto en bonus de faltas y los locales se volvieron a meter en el partido desde la línea de tiros libres. Sterling Brown y Jones sumaban demasiado fácil para los de Belgrado y un triple a tabla al límite de la posesión de Brandon Davies reanimaba a la volcánica afición local.
El triple de Abrines
El encuentro entró en un último cuarto infernal en el que el Barça se fue a un fundido a negro que casi le cuesta la victoria. Justin Anderson y Punter eran los únicos que acertaban en la canasta contraria, mientras que el Partizan empezó a sumar de tres en tres, con Duane Washington, Frank Ntilikina y Aleksej Pokusevski anotando desde los 6,75 y Lungberd metiendo sus cinco primeros puntos para el 79-80 a falta de 1:40.
Pero entonces, apareció de nuevo Punter -máximo anotador del choque con 18 puntos- para sacar su carácter de MVP y también Alex Abrines, autor de un triple desde la esquina para aniquilar definitivamente la reacción local.
En las 42 ediciones que disputó la ACB (como tal, desde 1983) sólo dos veces un español acabó máximo anotador, coto vedado a las estrellas americanas. La rareza, de forma consecutiva, ocurrió en plena época dorada, los dos cursos siguientes al oro Mundial de Saitama. Entonces, Juan Carlos Navarro promedió 17,3 puntos con el Barça y en la 2007/2008 Rudy Fernández subió la puja con el Joventut y sus 21,2.
Ahora lo pleno es la crisis del jugador nacional, cada vez más escaso y huidizo, con las garras y los millones de la NCAA al acecho de los jóvenes. Y, sin embargo, entre la maleza brotan las flores. Un canto de reivindicación con nombres propios. En el arranque de la Liga Endesa, hasta cinco españoles están entre los 20 mejores anotadores y tres entre los seis con mayor valoración (ambas listas con el veterano Gio Shermadini al comando).
Se frota las manos Chus Mateo con Santi Yusta, Pep Busquets, Jaime Fernández o Francis Alonso. Porque en la convocatoria de su debut, la de los duelos de finales de noviembre en Copenhague y Tenerife, contra Dinamarca y Georgia, de clasificación para el Mundial 2027, el técnico no podrá contar ni con jugadores Euroliga (Jaime Pradilla es uno de los grandes protagonistas de octubre, con 14,5 puntos de media y un llamativo 57,1% en triples con el Valencia) ni por supuesto NBA o NCAA. Y en las estrecheces, al fondo de la clase se alzan las manos.
Yusta, capitán del Zaragoza, debutó este verano con España en un gran torneo. En el fatídico Eurobasket, fue el antepenúltimo con menos minutos pero el sexto en puntos (6,2) de la selección. De todos los convocados por Sergio Scariolo, sería el único que podría repetir ahora. En sus tres últimas temporadas ha estado por encima de la decena y fue el mejor cañonero nacional en la pasada. Y, sin embargo, siempre estuvo lejos del Top 10. Ahora, pura confianza y más libertad con Jesús Ramírez en el banquillo, dispara sus promedios. El madrileño lanza mucho (10 tiros por partidos) y, sobre todo, lanza bien: un 70% en tiros de dos, un 36,8% en triples además de un 90,5% en libres. Con 17 puntos por partido, es el cuarto mejor de la ACB y el quinto en valoración (21,3). «Estar con España me ha ayudado», aseguraba en pretemporada.
Busquets salió hace año y medio de la Penya en busca de crecimiento. Lo encontró en Girona, donde, a sus 26 años, su talento despega. Con 15,8 puntos, es, de largo, el máximo anotador del equipo que preside Marc Gasol. Amaneció con 26 en Burgos y no ha bajado de la decena. Y eso que sus porcentajes lucen lejos de la brillantez tanto desde el triple (21,4%) como desde el tiro libre (64,5). Pero su capacidad en las penetraciones...
Pep Busquets, del Girona.ACB Photo
Más meritorio todavía es el resurgir de Jaime Fernández. En marzo de 2024, el escolta se rompió los ligamentos de su rodilla. En enero de este año regresó a las canchas, nueve meses de peaje, y su inicio de curso con el La Laguna Tenerife, tras un verano de puesta a punto («he podido entrenar y descansar, he tenido tiempo para mí»), no puede ser más pletórico en el líder de la competición. 14,8 puntos por partido y eso que sólo disputa 18 minutos de media en los que le da tiempo, además, a repartir 4,3 asistencias. Y sin bajar el listón en Europa: en dos partidos de la Champions League, 36 tantos.
Jaime Fernández, con el La Laguna Tenerife.ACB Photo
El quinto nombre es el de Francis Alonso y en su caso, celebrando su vuelta a la ACB tras dos temporadas en Primera FEB con el Estudiantes. La apuesta del Rio Breogán de Luis Casimiro por el malagueño tiene respuesta: 14 puntos por duelo con un estupendo 45,5% desde el triple, su especialidad. El escolta, formado en la cantera del Unicaja y después en la NCAA, ya estuvo con la selección en unas Ventanas, a finales de 2020.
Francis Alonso, del Río BreogánACB Photo
Mención aparte, claro, merece Ricky Rubio. Pero quién se extraña. En poco más de 20 minutos de media, es ya el sexto jugador más valorado de la ACB (20,5), con 13,5 puntos, 6,8 asistencias... Y eso que su entrador, Dani Miret, avisó de que harían falta meses para volver a verle en plenitud. Es incógnita aún si el base estará dispuesto a volver con España.
Seis candidatos a algo que parece una quimera. No ya sólo igualar a Rudy o Navarro. Desde hace seis temporadas no hay dos españoles en el Top 10 de la liga. Entonces, Mirotic (tercero con 20 puntos por partido) y Darío Brizuela (10º con 13,5). Tampoco parece tan extraño con un porcentaje de españoles que ronda apenas el 20% en la competición.