Barcelona y Real Madrid, que disputarán el próximo 26 de abril la final de la Copa del Rey en el estadio sevillano de La Cartuja, dispondrán de 26.031 entradas cada uno, según les ha informado la Federación Española de Fútbol (RFEF) en la reunión celebrada este viernes.
De esta manera, según señala la RFEF en un comunicado, cada club dispondrá del 40 % del aforo del coliseo hispalense, al ceder el organismo federativo parte de su cupo para que puedan contar con el mayor número de localidades posible.
El precio de las entradas, por otro lado, oscilará entre los 72 y los 270 euros, apunta la RFEF, que ha informado así mismo de que la zona de aficionados del Barcelona se ubicará en la bancada anexa a la Avenida Carlos III y la del Real Madrid en la zona norte en el parking del Parque del Alamillo, reparto que se aplicará también a la grada del estadio.
Octavo clásico en una final
Barcelona y Real Madrid se reencontrarán en la lucha por el título copero 11 años después de que se midieran en Mestalla con triunfo del cuadro que dirigía Carlo Ancelotti por 2-1, con la icónica galopada de Gareth Bale en el gol de la victoria madridista.
Será la octava vez que ambos disputen la final de Copa, la primera en La Cartuja, donde el Barcelona ganó su último título en 2021 ante el Athletic (4-0) y el Real Madrid lo consiguió en 2023 frente a Osasuna (2-1). El título se resolverá en el estadio sevillano por sexto año consecutivo.
Había incertidumbre, había devoción, había miedo, había pasión, había mucha, muchísima emoción. Volvió Rafa Nadal a jugar al tenis y volvió en casa, en la pista donde creció y ante el público que aún lo recuerda de niño. En el Real Club de Tenis de Barcelona nunca se vivió un partido así. El lleno en las gradas superó cualquier final -había aficionados sentados en los pasillos, en los vomitorios, en cualquier sitio-, pero también el sentimiento. Aquí Nadal ganó 12 títulos y la electricidad siempre fue otra. Esta vez todo era un misterio: su tenis, su físico, su mentalidad. ¿Y si era su último partido?
"Pensaba que nunca volvería a verle jugar", comentaba una fan a centímetros de otra porque este martes donde había dos sillas cabían tres personas. Sólo en el segundo set, cuando su victoria en primera ronda del Conde de Godó ante el italiano Flavio Cobolli -6-2 y 6-3- ya era un hecho, la afición pudo resoplar y celebrar con él algún golpe, algún punto. Hasta entonces, todo el mundo vivió entre la emotividad de su regreso y el pavor a su despedida. Incluso el propio Nadal.
Su regreso fue exitoso en el resultado, pero apenas le permitió extraer conclusiones para los días que vendrán. Si el ganador de 22 Grand Slam está listo o no para competir con los mejores sigue siendo una incógnita. Más allá de los nervios del principio -con una doble falta en el primer punto, cosa rara-, Nadal estuvo algo lento y le faltó peligro con la derecha, es decir, Nadal no fue Nadal. Si brilló fue con el revés, una buena noticia, eso sí. En realidad tampoco fue culpa suya. La atmósfera en Barcelona asustó a Cobolli que, a sus 21 años, ante el mito, no supo jugar.
PAU BARRENAAFP
Basta decir que cometió 41 errores no forzados, una barbaridad. Basta decir que no llegó al 50% de primeros servicios. Para su primer partido, Nadal seguramente hubiera preferido un rival más hecho, que le activara las piernas después de tanto tiempo parado y que le exigiera más peso en sus golpes, pero Cobolli fue lo que fue. Posiblemente en segunda ronda del torneo, este miércoles no antes de las 16.00 horas ante Alex de Miñaur, el español encontrará más exigencia, lo que necesita.
Media hora de fotos
"Rafa, Rafa, Rafa", se escuchó en todo el club desde que llegó hasta que se fue. Más aclamado que nunca, perseguido por los pasillos por centenares de niños y aclamado en cada rincón del recinto de Pedralbes, Nadal mostró dos caras muy distintas. Antes del partido, al salir de los vestuarios y dirigirse a su pista, se le notaba tenso, muy tenso, con una leve sonrisa como única respuesta a la afición que le ovacionaba. Después del partido, en cambio, se entregó a los suyos.
En otras ediciones hubiera firmado unos cuantos autógrafos y se hubiera marchado a la ducha para prepararse para mañana, más teniendo en cuenta que este martes es día de Champions, pasión entre sus pasiones. Esta vez no. Pese a que su recuperación posiblemente se alargó hasta la noche, tardó más de media hora en llegar a la casa club, atendiendo a peticiones de fotos y de pelotas firmadas. "Eres mi ídolo desde pequeño", le gritaba al máximo volumen un adolescente por los pasillos y Nadal le miraba y se reía.
Al acabar el encuentro estaba feliz por el triunfo, pero más por haber vuelto a competir. De hecho, ante la prensa estuvo más elocuente que nunca. Ni una respuesta de trámite, ni un tópico. "Después de tanto tiempo parado no se me van a quitar las dudas en un día, sobre todo a nivel físico, tengo que jugar más", comentó y reconoció que había sacado con mucha precaución: "Tengo mucha ilusión, pero no puedo hacer cosas que salgan de la lógica. No voy a sacar como un loco, tengo que ir con cuidado".
Ante los micrófonos, antes de abandonar el Real Club de Tenis de Barcelona, Nadal admitió que el partido había estado marcado por el nivel de su rival y que los próximos encuentros serán distintos. "Yo he hecho lo que podía hacer, lo lógico, no he cometido errores de bulto. Él [en referencia a Cobolli] ha cometido más fallo, ha sido una buena primera ronda", comentó y añadió: "No sé cómo afronto el partido ante De Miñaur. Ni me lo he planteado. Voy día a día. Para mí mi cuerpo es una selva, no sé que me encontraré mañana. No sé si voy a poder mantener el ritmo".
El Cortador de CéspedOpinión
JULIÁN RUIZ
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