Al día siguiente de ser condenado a pagar una multa de 10.800 euros por agresión sexual a Jenni Hermoso, Luis Rubiales ha conocido que el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) ha rechazado la apelación que presentó a los tres años de inhabilitación con que fue sancionado por la FIFA tras el episodio de la final del Mundial.
El máximo organismo del fútbol mundial le había castigado con esa suspensión de tres años para realizar “cualquier actividad relacionada con el fútbol” por haberse comportado de manera contraria a los principios del Código Disciplinario de la FIFA.
“La Formación Arbitral del TAS determinó que la sanción impuesta al Sr. Rubiales por la FIFA es razonable y proporcional”, explica el tribunal internacional en una nota de prensa hecha pública este viernes. “El Sr. Rubiales apeló contra la decisión dictada el 16 de enero de 2024 por la Comisión de Apelación de la FIFA (“Decisión Apelada”), que confirmó la sanción de tres años de suspensión impuesta por un comportamiento contrario al Código Disciplinario de la FIFA (art.13) durante la final de la Copa Mundial Femenina de la FIFA Australia y Nueva Zelanda 2023″.
La apelación perseguía anular la sanción o, subsidiariamente, anularla parcialmente. Sin embargo, el Tribunal ha dictaminado que el comportamiento de Rubiales durante la final dejó “múltiples y graves infracciones al Código Disciplinario de la FIFA (art.13) y consideró que no existía motivo alguno para considerar la sanción desproporcional. Por lo tanto, se rechaza la apelación del Sr. Rubiales y se confirma la Decisión Apelada”.
Carlos Alcaraz jugará las semifinales de Indian Wells por tercer año consecutivo. El argentino Francisco Cerúndolo fue un rival digno pero insuficiente para contrarrestar el dulce momento de juego que atraviesa el murciano, que cada vez tiene más cerca la gesta de la triple corona que solo Federer y Djokovic han logrado antes en el Masters 1.000 californiano, considerado el 'quinto grande' del circuito ATP. El de El Palmar se llevó el encuentro por 6-1 y 7-6 (4) y llega pletórico de confianza a la recta final de un torneo donde se siente como en casa.
Cerúndolo, número 26 del ranking y metido en los cuartos de final de Indian Wells por primera vez en su carrera, le planteó un partido exigente al campeón de Roland Garros, especialmente en el segundo set, forzando el tie break y dejando momentos memorables de tenis en la hora y 43 minutos que estuvieron en pista.
Una sola vez se habían cruzado antes y fue sobre la hierba del torneo de Queens que sirve siempre de antesala de Wimbledon. Alcaraz se impuso en dos mangas por 6-1 y 7-5. En esta ocasión, sin embargo, el argentino de 26 años venía cargado de confianza tras derrotar a uno de los jugadores más en forma del circuito, Alex de Minaur, y con seis victorias sobre siete en sus anteriores enfrentamientos con los Top Ten del circuito.
Por segundo día consecutivo tuvo que lidiar el murciano con una condiciones incómodas sobre la pista, con rachas de viento y un frío inusual para Indian Wells, con las montañas de Santa Rosa cargadas de nieve como fondo de paisaje. Frente a Dimitrov no le alteró el pulso en absoluto, pero las sensaciones de inicio frente a Cerúndolo fueron muy distintas, incómodo, indeciso y sin la determinación de otros días para dominar los puntos durante los primeros juegos.
El porteño lo supo aprovechar. Logró en dos minutos lo que Dimitrov no pudo hacer en todo el partido: tres pelotas de break consecutivas. El murciano las levantó todas para evitar una crisis temprana, pero no andaba fino, con una racha de errores no forzados que no se había permitido en todo el torneo. Se vio obligado a superar pelotas de break en sus tres primeros juegos al servicio, muy lejos del nuevo superlativo que había exhibido en las tres rondas anteriores.
Todo eso hasta el séptimo juego. Fue entonces cuando Alcaraz decidió darle un giro repetino de guion al encuentro. Se sacudió la indecisión y el frío de encima y empezó a golpear desde el fondo de la pista como en días anteriores. Cerúndolo pasó de posible amenaza a una víctima propiciatoria más del español, borrado del set en cuestión de minutos (6-3).
Por las gradas de la pista central del Indian WellsTennis Center empezó a planear la etérea sensación de que el choque estaba liquidado, pero Cerúndolo traía otra idea. Esperó su momento, sin perderle la cara al partido, y finalmente, sobre la novena pelota de ruptura que logró forzar, se hizo con el control de la segunda manga (4-1), un justo premio a su determinación y buen juego.
Poco le duró la ventaja, eso sí. Alcaraz, obligado a remontar por primera vez en el torneo, metió una marcha más y se llevó los tres siguientes juegos, dejando destellos de su enorme talento por el camino.
En semifinales le espera el británico Jack Draper, a quien se ha enfrentado en cuatro ocasiones, con un balance de 3-1 a favor. Rune y Medvedev se disputarán la otra plaza en la final, en la que se antoja que podría ser una reedición de las dos anteriores que se llevó Alcaraz con autoridad.
El vigilante de seguridad de la Ciutat Esportiva del Barcelona se levanta de golpe del asiento, sorprendido, al ver aparecer, todavía en la oscuridad, a Hansi Flick. Son las siete de la mañana. No será la primera vez. También lo hacen otros de los trabajadores más madrugadores de la ciudad, una hora antes, al cruzarse al entrenador alemán mientras pasea a su perro por la Diagonal. Si alguien lo identifica, no regatea una sonrisa. Nada más.
Flick escogió vivir en una zona céntrica, nada de una casa a las afueras, a orillas del mar, como buena parte de los jugadores, para tener fácil salida hacia Sant Joan Despí, donde se ubica la Ciutat Esportiva, y acceso rápido a Montjuïc o el Camp Nou. Flick no pide a nadie llegar a las siete de la mañana, pero exige que todos los jugadores estén preparados cuando aparece para dirigir el entrenamiento. Un retraso, por mínimo que sea, implica el correctivo que más duele. Nada de multas que en los vestuarios de élite se abonan entre risas para después pagar una comilona. No. Lo que duele es la suplencia. Que se lo pregunten a Koundé o Iñaki Peña. Lo que podría parecer el castigo propio de un sargento de hierro, de un líder inmovilista, es, según el alemán, todo lo contrario, una forma de cohesionar al grupo, porque llegar tarde es una falta de respeto con el trabajo y con los compañeros.
La norma es la primera piedra del ecosistema emocional construido por este alemán de 60 años en muy poco tiempo, y que es la base del éxito del mismo equipo que tenía Xavi Hernández, salvo por la llegada de Dani Olmo, con un rol, por ahora, circunstancial. Los mismos jugadores, entonces adocenados y pasivos, juegan, hoy, poseídos por un frenesí incontenible. La norma es la armadura del respeto, con el respeto aparece el diálogo y el buen diálogo permite liberar las pasiones. Son los elementos clave en esta reconstrucción de Flick, con la aportación de una preparación física ad hoc, y un sistema táctico de riesgo que sólo es posible ejecutar si se cree en el entrenador sin fisuras. En la Línea Maginot del alemán, una duda es un gol.
Los antecedentes del Bayern
El castillo de las emociones edificado en Montjuïc reproduce en buena parte la obra de Flick en el Bayern. Si a Barcelona llegó para sustituir a un entrenador confundido y desbordado, a Múnich lo hizo para relevar a otro, Nico Kovac, distanciado y enfrentado a los futbolistas. Conquistó el triplete en su primer año (Bundesliga, Copa y Champions), y al siguiente año completó la obra con las dos Supercopas y el Mundial de Clubes. El Inter le ha privado de reproducir ese primer año en Barcelona.
Segundo de Joachim Löw en la selección alemana desde 2008, cuando vio desde el banquillo cómo el gol de Torres decantaba la Eurocopa para España, hasta el título mundial, en Brasil, el parecer de internacionales como Neuer o Müller, enfrentados a Kovac, allanó su llegada al Bayern. En semanas, la atmósfera cambió. «La puerta del míster siempre está abierta. Tiene una manera muy positiva de liderar al equipo, nunca había visto nada igual», declaró Alaba, actual jugador del Madrid, a Kicker. La relación despertaba admiración, asimismo, puertas afuera. «Sabe cómo convencer a los jugadores y hacerlos sonreír», decía una leyenda, Lothar Matthäus.
Flick abraza a Raphinha tras el clásico.Joan MonfortAP
Esa parte de su trabajo había dejado huella en Alemania. Tanto es así que cuando Joan Laporta, convencido de que debía fichar a un técnico de la nueva escuela alemana tras su regreso a la presidencia, fue en busca del oráculo de Ralf Rangnick, hoy seleccionador austriaco, encontró la misma conclusión. Laporta le habló de Jürgen Klopp, Julian Nagelsmann, Thomas Tuchel y el propio Flick. Rangnick explicó que el juego ofensivo de todos ellos podía encajar en el Barça, pero distinguió una cualidad en Flick: la capacidad de construir equipos y trabajar con los jóvenes. Obligado a mirar a la cantera por la crisis, Laporta lo tuvo claro. Sin embargo, el presidente cedió ante un barcelonismo que se inclinaba por Xavi Hernández, el hijo pródigo, ante la nostalgia del paraíso perdido. Cuando, tres años después, tuvo que relevar al catalán, no dudó, favorecido, además, por la mala experiencia de Flick en la selección, donde le faltó el día a día con el jugador.
Tarde para Joao Félix
Cuando Deco y Bojan Krkic fueron a entrevistarse con el alemán, en Londres, la sorpresa fue que tenía una especie de archivo con los futbolistas azulgrana. Habría querido disponer de Joao Félix, al que creía que podía sacar partido, pero ya era tarde. Lo primero que trasladó es que para la velocidad que necesitaba el Barça no era adecuado Gündogan. Volvió al City.
Durante las negociaciones, Flick pidió llegar con sus ayudantes. El primero, Marcus Sorg, su segundo, que como seleccionador sub-19 ganó un Europeo después de eliminar a la España de Luis de la Fuente. También Heiko Westermann y Toni Tapalovic, durante más de 10 años preparador de porteros en el Bayern pero en el Barça dedicado a la táctica y jugadas de estrategia. Deco aceptó, pero le dijo que el club había tomado ya una decisión acerca de la preparación física. Se haría cargo Julio Tous, que había trabajado con Antonio Conte en la Juventus, el Chelsea y la selección italiana. El ritmo de los equipos de Conte era frenético. Flick aceptó. Tras el 7-0 al Valladolid, el 31 de agosto, llamó al director deportivo y le agradeció la decisión. «Es difícil encontrar a un técnico con el que tengas una sintonía tan grande y puedas influir en todo», dice, a su vez, Tous, que presume de hacer que sus jugadores corran como «caballos».
El día de ese 7-0, Flick tuvo un aparte con Héctor Fort para explicarle por qué no le había dado minutos, pese al marcador. Lo mismo ha hecho con Lamine Yamal o Gavi en otras situaciones, especialmente con los jóvenes. También con Iñaki Peña, que perdió su lugar por Szczesny. Manda y decide, pero explica las razones, y negocia si lo cree oportuno, como cuando Araujo y Raphinha, capitanes, le pidieron volver de la Supercopa en la misma noche del título, al contrario de lo planeado. Aceptó antes de jugar con el Madrid. Arrasaron. No han dejado de hacerlo, implicados en la aventura de un personaje camuflado en su inglés traducido puertas afuera, pero que entrena las emociones como ninguno.