En el repaso de la carrera de Novak Djokovic, siempre exitosa, también controvertida, quizá quede que se marchó abucheado del Grand Slam que más dominó, el Open de Australia. Si en Wimbledon se venera a Roger Federer y Roland Garros ha convertido a Rafa Nadal en un mito propio, el serbio nunca ha llegado a ser muy querido en Melbourne más allá de la numerosa afición serbia. Este viernes, en sus semifinales ante Alexander Zverev, esa animadversión se convirtió en ruido.
Djokovic tuvo que retirarse al final del primer set por la rotura en el aductor izquierdo que arrastraba desde los cuartos ante Carlos Alcaraz y, al hacerlo, recibió una sonora pitada. Hasta entonces lo había intentado todo, había peleado por llevarse ese primer set al tie-break, lo había alargado hasta la hora y 21 minutos, pero después de perderlo por 7-6(5) decidió que era mejor dejarlo.
“No silbéis a un jugador cuando se retira por una lesión, por favor. Sé que habéis pagado, pero es que Djokovic ha dado todo por el tenis durante 25 años. Ha ganado este título con una rotura en el muslo y en el abdominal. Mostrar un poco de amor hacia él”, le defendió Zverev mientras Djokovic se alejaba por el túnel de vestuarios. La entrada más barata para la semifinal rondaba los 350 euros y el mosqueo del público era comprensible, pero fue extraño la protesta contra quien allí fue campeón hasta en 10 ocasiones.
Una posible retirada
Djokovic, que en partidos anteriores se había encarado con la grada, esta vez sólo realizó un saludo y se fue sin más. Luego, en rueda de prensa, reconoció que le dolía “demasiado” y que esta vez no podía disimularlo, como sí hizo dos años atrás con una lesión parecida. “En cuartos sufrí una rotura muscular. Hace dos años lo gestioné mejor y en la pista no me molestó tanto. Esta vez no ha sido el caso”, aseguro Djokovic.
Un patinador alemán conoce a una patinadora inglesa en Canadá y ambos acaban haciendo historia por España. El patinaje sobre hielo es un deporte complicado. El alemán Tim Dieck y la inglesa Olivia Smart, nacionalizados por carta de naturaleza, serán en los próximos Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026 una de las dos parejas que representarán al país, en busca de su mejor resultado de siempre. En el último Mundial fueron sextos, una cota que ningún dúo español había alcanzado hasta ahora.
¿Cómo se formó la pareja?
Empezamos a patinar juntos hace dos años, en 2023. Olivia ya vivía en Montreal y llevaba muchos años compitiendo por España -desde 2017- junto a su antigua pareja, Adrián Díaz. Como pasa muchas veces, después de los Juegos Olímpicos de 2022 hubo mucho movimiento de parejas y ambos estuvimos un año sin competir. En cuanto entrenamos juntos vimos que podía funcionar. Lo consultamos con la Federación Española y se mostró dispuesta a ayudarnos en todo momento. A mí me abrazaron como si fuera español; me apoyaron mucho.
Dieck atiende a EL MUNDO desde Canadá, días después de volar a España para recibir el pasaporte. Su caso puede parecer extraño, pero en realidad está a la orden del día en su disciplina. En los últimos Juegos Olímpicos, Italia compitió con una francesa; Canadá, con una estadounidense y un danés; Japón, con una estadounidense que también había sido surcoreana y noruega... El vaivén de pasaportes es la fórmula con la que países sin mucha tradición, como España, mantienen cierta representación, aunque el patriotismo de los patinadores depende de las ganas que tengan de sentirlo.
Jurij Kodrun - International Ska
La mayoría entrenan en el epicentro canadiense del deporte, en Toronto o Montreal, como Smart y Dieck, y apenas pasan por sus países para disputar los campeonatos nacionales. Dieck, de 29 años, se esfuerza por hablar en castellano y descubrir nuevas ciudades.
¿Cuál es su relación con España?
Me encanta el país y su cultura. Estoy feliz de poder patinar por España. Mi comida favorita es el chorizo. Ya conocía bien el país antes porque mi familia tiene una casa en Mallorca y he estado en muchos sitios.
Su pasión por el tenis
Dieck empezó a patinar porque lo llevaba en los genes. Nacido en Dortmund y graduado en Ciencias de la Actividad Física por la Universidad de Bochum, sus abuelos ya patinaban; sus padres, Martina y Frieder, fueron entrenadores y jueces; y su hermana también compitió. Desde los cinco años el ahora español tuvo unos patines en los pies, aunque otro deporte estuvo a punto de desviarle del camino: el tenis.
¿Por qué?
Mi gran ídolo deportivo es Rafa Nadal. Durante unos años combiné ambos deportes y, a los 12, cuando ya no tenía tiempo para los dos, me quedé con el tenis. Dejé el patinaje. Mi familia me apoyó, aunque puedo imaginar que estaban decepcionados. Tres años después decidí volver al patinaje porque lo echaba de menos.
Y funcionó. Tras alternar varias parejas en su etapa júnior, a los 18 años empezó a entrenar con Katharina Müller, una patinadora alemana nacida en Rusia, y juntos alcanzaron la élite. Al año siguiente, ya subcampeones nacionales, debutaron en un Europeo. Temporada tras temporada progresaron hasta clasificarse para los Juegos Olímpicos de Pekín 2022.
Ahí llegó el desastre, la decepción. Mientras la pareja española formada por Adrián Díaz y Olivia Smart celebraba un diploma histórico —acabaron octavos—, Dieck y Müller ni siquiera pasaron al programa libre y terminaron en el puesto 21 de 23 posibles. El chasco obligó a reflexionar. Müller se retiró, Dieck encontró a Smart y ahora ambos brillan. Pero si las cosas hubieran ido peor, si el patinaje le hubiera expulsado, el alemán tenía un plan alternativo. Desde hace años es soldado-deportista de la Bundeswehr, el ejército de su país.
¿En qué consiste su trabajo?
Cuando eres deportista de élite en Alemania puedes entrar a formar parte del ejército. Es una oportunidad para tener un salario, aunque no tienes exigencias militares reales. Fuera de la temporada de patinaje, cada año tengo que hacer un entrenamiento militar de cuatro semanas. Pero no soy un soldado de verdad.
Hace tan sólo 10 días Gonzalo García vivió el mejor momento de su carrera deportiva. Con sólo 16 años se proclamó campeón del mundo de gimnasia estética con su club, el Gimnasia Cartagena, y recibió su recompensa a casi media vida de entrenamientos, desde que empezó a los diez años. En Tartu, ciudad de Estonia, sobresalió junto a las siete compañeras con las que empezó cuando sólo era un niño y venció a los equipos de Kazajistán y de Malasia. Pero la celebración, según admite, fue triste.
Desde el mismo momento en el que acabó el Mundial, una nueva normativa entró en vigor y ya no podrá competir más. Para hacerlo sólo le quedan dos esperanzas, pero ambas son remotas. La primera, muy complicada, sería que la Federación Internacional de Gimnasia Estética (IFAGG) rectificase, para lo que García ha abierto una petición en Change.org que ya acumula 18.000 firmas. Y la segunda, un milagro, sería que otro chico se apuntase a su club y que, por primera vez, tuviera un compañero en su equipo mayoritariamente femenino.
ABEL F. ROSARABA PRESS
"El año pasado la Federación Internacional creó una norma por la que, a partir de la temporada 2025, para competir en categoría mixta un equipo debe tener como mínimo dos hombres. Si sólo hay uno, queda descalificado. En teoría se busca reforzar los equipos mixtos, pero en realidad se crea una barrera para que entren chicos a este deporte. Yo tendré que dejarlo y otros como yo no podrán ni empezar", explica García en conversación con EL MUNDO para reclamar "una gimnasia igualitaria, donde no importe el género".
Sólo tres equipos en el Mundial
Como ha ocurrido en otros deportes de mayoría femenina como la gimnasia rítmica o la natación artística, la incorporación de los hombres en la gimnasia estética es conflictiva y los organismos no están por la labor de facilitarla, más bien todo lo contrario. En el Mundial de gimnasia estética, la categoría mixta es oficiosa, no oficial, y por eso apenas hay clubes que participen. En la pasada edición hubo 26 equipos que lucharon por el oro en categoría femenina mientras que en mixta se reducían a tres, el Cartagena, y los conjuntos kazajos y malayo. La simple presencia ya suponía una medalla.
En España, a nivel internacional, sólo compite otro club en categoría mixta, el Gimnasia Chinchilla, de Albacete, con Julián Navarro en sus filas y, de hecho, hace dos años, el Chinchilla fue campeón del mundo porque fue el único equipo que se presentó. "Sé que hay un chico en un club de Valencia y dos más en Murcia, pero son más pequeños. Es muy difícil que haya más de un hombre en un equipo de gimnasia estética", descubre García.
Pero... ¿Qué es la gimnasia estética?
Es como la gimnasia rítmica, pero sin los aparatos. Hacemos movimientos parecidos, pero no usamos cintas, aros o pelotas. También cambia el tamaño de los equipos porque en la estética suelen ser más grandes, de ocho personas, y así hacemos formaciones distintas o elevaciones. Pero el montaje de los números es igual en categoría femenina o en mixta, no hay diferencias.
"Había probado el baloncesto y la gimnasia rítmica, a través de una amiga. Me gustaba bailar y me lo recomendó. Pero en 2019 se celebró en Cartagena el Mundial de gimnasia estética, me gustó mucho y me quise apuntar. Entonces en el Cartagena ya había un equipo mixto que fue cuatro veces campeón del mundo con Santiago Rodríguez, pero él lo dejó cuando yo empecé", recuerda García, que estudia primero de Bachillerato y al que le gustaría encarar un doble Grado de Arquitectura y Diseño de Interiores.
¿Ha sufrido burlas por ser un chico en un deporte tan femenino?
Obviamente, pero tampoco he tenido muchos problemas. En la gimnasia estética, nada, y fuera, bueno, algún comentario, pero poco más.
Gonzalo García, en sus inicios en la Gimnasia Cartagena.ABEL F. ROSARABA PRESS
García continúa entrenando con su club y asegura que así seguirá "unos meses", aunque sin el incentivo de la competición y menospreciado por su propia disciplina, no durará mucho más. A su favor, haber sido capaz de movilizar a través de Change.org a miles de personas que difícilmente sabían de la existencia de la gimnasia estética antes de conocer su caso. En su contra, que al otro lado de la mesa no sabe si hay alguien.
Sin influencia en los despachos
La Federación Internacional (IFAGG) tiene sede en Helsinki, su presidenta es rusa y en su Junta Directiva no hay ningún representante español. De hecho, la gimnasia estética en España está agrupada dentro de la Federación Española de Gimnasia (RFEG), que por lógica centra sus esfuerzos en las disciplinas olímpicas -artística, rítmica y trampolín- y apoya en lo posible a las no olímpicas, como el parkour. Paradójicamente, la gimnasia estética está englobada por la RFEG en el cajón de sastre llamado gimnasia para todos, donde también hay modalidades inclusivas, por ejemplo. Su capacidad de influencia a nivel internacional es muy limitada.
"Sé que la gimnasia estética es un deporte pequeño y que los equipos mixtos no son muy comunes, pero es muy triste que en 2024 haya que estar luchando por la igualdad", finaliza García, un campeón del mundo que, si nadie ni nada lo remedia, ya no podrá competir más.
Un par de horas antes del partido, Carlos Alcaraz comía una pechuga de pollo en el restaurante Cambio de Tercio que hay dentro de la Rod Laver Arena, estudiaba el vaivén de los árboles del Melbourne Park a través de la enorme cristalera del local y reconocía lo que venía: no iba a ser fácil. El verano en el sureste de Australia es tan feliz como el verano en cualquier parte del mundo —no hay quien entienda a los amantes del frío—, pero hay días en los que se esconde. Se levanta un viento frío antártico y tú vas en pantalón corto. Se levanta un viento frío antártico y Alcaraz debe lidiar con ello sobre la pista.
Como en la primera ronda ante Adam Walton, su victoria en segunda ronda del Open de Australia frente a Yannick Hanfmann, por 7-6(4), 6-3 y 6-2, fue compleja, incómoda, antiestética. Todavía no ha disfrutado de un día tranquilo en el Grand Slam. Quizá llegue en tercera ronda, el viernes, ante Corentin Moutet.
O quizá no llegue en todo el torneo; también sería lógico. En su regreso tras dos meses de parón, Alcaraz está en busca de ese ritmo, ese feeling, ese no sé qué que te da la competición, y cuando lo encuentre se enfrentará a los rivales más poderosos. Ante Hanfmann apareció nervioso, perjudicado por el cambio de hora —debutó de noche y esta vez era mediodía— y molesto por el viento. Después de ciertos puntos ofreció gestos de extrañeza e incluso lanzó algún desaire; quejas al aire, nunca mejor dicho. En el primer set, un periodo que duró 78 minutos, empezó con problemas con su derecha que le llevaron a varios errores no forzados y muy pronto se descubrió con un break en contra. El 1-3 en el marcador era una amenaza.
Hubo un buen rato en el que a Alcaraz no le salía nada. Si hacía un malabarismo con la raqueta, se le caía. Si jugueteaba con las pelotas, se le escapaban. Pero la rotura de su servicio por parte de Hanfmann le obligó a reaccionar lo más rápido posible. En el juego siguiente recuperó el break y en el tie-break decisivo estuvo brillante. Su saque y su revés paralelo, los dos golpes que mejor le están funcionando en Australia, le dieron el triunfo, y el resto del encuentro fue de otra manera. Antes de empezar el tercer set, de hecho, Hanfmann se quedó con dolor abdominal y su juego se resintió.
Buen nivel de Hanfmann
Fue una pena para él. Porque hasta ese momento había merecido más, mucho más, como mínimo llevarse algún set. A sus 34 años, fuera del Top 100 del ranking ATP, el alemán se presentaba ante Alcaraz como un rival de vuelta de todo. Un tipo fuerte, uno de tantos, ya en declive. Ciertamente, el español podía incluso recordar cómo en 2019, cuando solo tenía 16 años, le venció en el challenger de Sevilla e imaginar un triunfo asequible. Pero Hanfmann proponía una reivindicación.
WILLIAM WESTAFP
Con una derecha deliciosa, muy parecida a aquella que dio gloria a Andy Murray, tomó todos los riesgos posibles y asedió a Alcaraz todo lo que pudo. Su resto, metido dentro de la pista, demostraba que, si tenía que morir, lo haría con las botas puestas. En la Rod Laver Arena, ante una audiencia millonaria, estaba decidido a probar que su tenis puede ser mejor de lo que indica su palmarés. Y con ello obligó al número uno a actuar como número uno. Entre el viento, los cambios de hora y la falta de ritmo, Alcaraz siguió en pie, que es, al final, lo único imprescindible.
"El público mira el ranking y pienso que será un partido sencillo. Pero cada rival es diferente y hay rivales que hacen sentir incómodo ne la pista. Además las condiciones cambian, el otro jugué de noche, hoy había viento... Estoy muy contento de haber superado el primer set y haber mejorado después", analizaba el español que, al final el encuentro, mandó un mensaje a las víctimas del accidente ferroviario de Adamuz: "Mucho ánimo a lo que está pasando en España".