A simple vista ya se advierten algunos cambios. Desde que empezó el Open de Australia, Carlos Alcaraz saca algo más suelto, su movimiento es ligeramente distinto, parece que lo hace más fácil. Pero el análisis mecánico descubre una infinidad de variaciones. Muchos tenistas nunca cambian la mecánica del servicio que aprendieron de niños o sólo lo hacen por obligación, por culpa de problemas físicos, como hizo Rafa Nadal en el tramo final de su car
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Si España está en la Final a Ocho de la Copa Davis, si desde este jueves (10.00 horas, Movistar) ante República Checa busca su séptima Ensaladera, es gracias a Pedro Martínez. Hace una eternidad, en febrero, ganó dos puntos en la primera ronda ante Suiza y, hace no tanto, en septiembre, hizo lo propio en la increíble remontada ante Dinamarca. En aquella eliminatoria salvó una bola de partido ante Holger Rune, número 15 del mundo, y recuperó un billete para Bolonia que ya estaba perdido. Ahora en el Bologna Fiere, más con la baja de Carlos Alcaraz, será una pieza clave. "Es una lástima, pero el ambiente del equipo es fantástico y todo se decide en la pista. También parecia imposible lo de Dinamarca", comenta Martínez, de quien no se debería olvidar su esfuerzo previo o, mejor dicho, su sacrificio.
Porque aquel éxito ante Dinamarca fue tan mayúsculo, tan tremendo fue el subidón, que desde entonces no ha vuelto a ganar un partido. Siete torneos —Bad Waltersdorf, Shanghái, Valencia, Bruselas, Basilea, París y Atenas— y siete derrotas en primera ronda. Ante un desconocido Marko Topo, ante Albert Ramos al borde de la retirada... Una crisis en toda regla. Hubo algunos problemas físicos, explica, pero sobre todo hubo un descubrimiento: qué difícil es bajar después de tocar el cielo.
¿Qué pasó?
No he jugado bien últimamente, esa es la verdad. Después de la victoria ante Dinamarca pegué un bajonazo de energía. Nunca había vivido emociones así: sacamos una eliminatoria que teníamos perdida, y en las semanas siguientes me faltaba la motivación. No sé. No era nada específico, pero me faltaba fuelle, no tenía muchas ganas. También se juntó con una pequeña pubalgia, que siempre es una lesión puñetera. Te permite jugar, pero nunca estás al 100%.
¿Y ahora cómo se siente?
Mejor, mejor. Físicamente me encuentro mejor porque he podido descansar y mentalmente me siento recuperado. Esta semana ya he entrenado con muchas ganas, quiero ayudar en lo que pueda en esta Davis y la temporada que viene estaré mejor. Tengo bastante ranking que recuperar, pero las sensaciones ya son otras.
Ha caído del número 36 al 93 del ranking ATP. ¿Vio peligrar su convocatoria para esta Copa Davis?
El capitán, David [Ferrer], siempre ha sido muy honesto con todos. Este año conseguí dos puntos, en individual y en dobles, tanto ante Suiza como ante Dinamarca, y él sentía que yo debía estar aquí. Es un premio por lo que hice en las eliminatorias. En ningún momento pensé que no estaría convocado.
Antes de la baja de Alcaraz, Alejandro Davidovich no fue llamado pese a ser el 14 del mundo y fue muy crítico con Ferrer.
El capitán es quien decide. Él considera quién llega mejor, quién llega peor, quién ha cumplido, quién no ha cumplido. Davidovich está jugando muy bien, con un tenis espectacular, y ha tenido buenos resultados, pero no ha jugado las dos eliminatorias previas. El capitán debe confiar en los tenistas que selecciona.
Ferrer era precisamente su ídolo de infancia.
Sí, claro, porque es de mi tierra. Crecí viéndole jugar y en mi etapa como júnior pude entrenar muchos días junto a él. Para mí siempre ha sido un referente y creo que sabe de la admiración que le tengo.
Usted forma parte de los olvidados, los tenistas españoles en el 'Top 100' de los que apenas se habla por el efecto Alcaraz.
No tengo claro si se hablaría más de nosotros si no estuviera Carlos o si se hablaría más de nosotros si fuéramos de otro país. No somos valorados, pero tampoco es algo que me preocupe. Es normal que Carlos atraiga los focos y el tenis, en general, vende poco a quienes no somos estrellas. Quizá la Davis sea una oportunidad para que más gente se aficione a otros tenistas.
Le patrocina OnlyFans. ¿Cómo es el acuerdo?
La plataforma me contactó porque querían que gente conocida abriera perfiles y lo vi como una buena oportunidad. En OnlyFans puedes compartir contenido de deporte, de cocina o de lo que tú quieras. Invito a que me siga quien quiera.
Hace nada estaba en su mejor momento tenístico y personal.
El año pasado me pasó un poco lo contrario que este año. Fui padre y eso me dio un chute de energía enorme: gané dos challengers, alcancé mi mejor nivel. Por resultados y por ranking, en 2024 viví mi mejor temporada. Esta temporada estuve bien hasta Wimbledon; luego tuve una roturita y, al final, el tema anímico.
Es de los tenistas que vive en Andorra. ¿Por qué?
Porque se vive bastante bien. Desde que llegué, hace cuatro años, han mejorado mucho las instalaciones y unos cuantos tenistas compartimos entrenamientos allí. Cuando tienes familia, hijos, ves que es un país muy seguro, que hay mucha tranquilidad. La gente va allí atraída por las condiciones fiscales, que son atractivas, dejan respirar, y se queda por la calidad de vida.
Carlos Alcaraz contra Jannik Sinner, el partido que todos los aficionados esperaban, el que más atención atrae hoy en día. Mi pronóstico es que ganará Alcaraz, creo que es favorito.
Habrá mucha igualdad, los dos están jugando de película, pero Alcaraz es más terrícola. Aunque su juego es agresivo, aunque no es tan defensivo como manda la tradición española, es una bestia físicamente y domina las dejadas, que son claves en la tierra batida. Alcaraz
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«Cuando explico lo que hago siempre me cae el mismo chiste. Me dicen: 'Tú sabes que hay ascensores, ¿no?'. Y lo sé, lo sé. Pero yo los uso solo para bajar», cuenta Marc Toda, que acepta la guasa porque lo suyo tiene guasa. Es un corredor de rascacielos, un tower runner. Su afición consiste en viajar de país en país para subir a toda velocidad los edificios más altos a través de sus escaleras de servicio.
¿La Shanghái Tower, tercera torre más alta del mundo? La ha conquistado. ¿El One Penn Plaza de Nueva York, que acompaña al mítico Madison Square Garden? También. La Lotte World Tower de Seúl, la Torre de Kuala Lumpur... Edificios que exigen entre 1.000 y 3.400 escalones de ascenso. Da igual. Todos los ha trepado desde la base hasta la cima a un ritmo de vértigo. En el top 30 del ranking mundial de la especialidad -primer español de la lista- el próximo sábado será uno de los favoritos en la Subida Vertical al Gran Hotel Bali de Benidorm, la prueba con más solera del país: ya cumple 20 ediciones.
¿Por qué?
No lo sé, la verdad [Se ríe]. Siempre había jugado al baloncesto en el club de mi ciudad, Valls, y llegué a Primera Catalana, pero luego me pasé a las carreras de asfalto y de montaña. En 2006, un amigo participó en la subida de la Torre de Collserola en Barcelona y me impactó. Allí estaban los mejores del mundo del trail: Kilian Jornet, Agustí Roc... Me pareció muy llamativo. En 2013 me fui a vivir por trabajo a Kuala Lumpur, disputé mi primera carrera y al volver a España empecé a seguir el circuito mundial.
De la Torre Eiffel a Asia
La historia de las carreras de rascacielos es confusa, pues existen precedentes muy dispersos. En 1905 ya hubo una en la Torre Eiffel -la organizó la revista Les Sports y la ganó el ciclista Eugène Forestier- y una prueba en el Empire State en 1978 devolvió la modalidad a los medios, aunque la aparición de un circuito mundial tuvo un motivo más práctico. Con la proliferación de edificios altísimos en Europa y especialmente en Asia, los bomberos empezaron a competir entre ellos en sus instalaciones de servicio; eso derivó en carreras oficiales y, finalmente, en un tour. Desde 2009 existe una gira reglada que pasa por Estados Unidos, Tailandia, México, China, Polonia o España, con la prueba de Benidorm.
«Aquí tenemos la carrera del Hotel Bali y alguna más, en Barcelona o Asturias, pero en general en Europa hay poca tradición. El tower running está creciendo especialmente en Asia. Allí tienen muchos rascacielos y la gente vive en ellos, lo que les facilita entrenar», explica Toda, cuya situación es diametralmente opuesta. Vive en una casa de dos plantas en Valls, cerca de Tarragona, con solo 15 escalones para subir o bajar. «Es muy difícil porque aquí no tenemos edificios tan altos y los que podría utilizar, en Barcelona, no me dan permiso para hacerlo. Algún día sí he intentado entrenar en casa: estuve subiendo y bajando mis 15 escalones durante una hora, pero aquello no tenía ningún sentido».
Por amor al arte
El tower running es agónico por definición. Los corredores salen en contrarreloj, uno cada medio minuto, y deben marcar su mejor tiempo. No hay tácticas ni descansos: solo subir escalones al máximo durante 20, 25 o 30 minutos. Llega un momento en que el ácido láctico ya no permite que las piernas se muevan con fluidez y entonces entran en juego los brazos y la ayuda de las barandillas. Nadie llega arriba de una pieza. «Hay un momento en el que solo ves paredes y te mareas un poco. Siempre digo que me gustan más las carreras de montaña por los ritmos y los paisajes, pero las carreras de rascacielos tienen algo distinto», apunta Toda.
¿Y dan para vivir?
No, no, qué van. Si estás entre los cinco o los diez primeros del ranking te pagan el viaje , el alojamiento y el dorsal y puede salirte a cuenta si te llevas el premio. Pero para el resto es un hobby. Yo soy entrenador personal y de clases dirigidas, y el tower running es mi manera de viajar, de conocer mundo. Es una excusa. Solo busco disfrutar de la experiencia y recorrer el máximo de lugares posible.