Kevin Punter silenció Belgrado con 26 puntos y una acción decisiva con robo y bandeja que impulsaron al Barça hasta la victoria en un partido trepidante frente al Estrella Roja. El acierto desde el perímetro de los azulgrana, con cuatro triples en la prórroga, acabó con las esperanzas del equipo local, que perdió su condición de invicto. [Narración y estadísticas (94-98)]
El ex escolta del Partizán, con un 6 de 7 en tiros de dos y un 4 de 6 en triples, se agigantó en un duelo ingobernable, con constantes alternativas, donde también encontró el apoyo de Jan Vesely (19 puntos). El equipo de Joan Peñarroya supo recuperarse de dos situaciones críticas y no se desquició con las controvertidas decisiones de los árbitros. Toda una muesta de carácter tras superar un 82-81 y posesión en contra a falta de 20 segundos y un 93-90 a falta de dos minutos del tiempo suplementario. En el cuadro serbio, invicto hasta este viernes, destacaron Yago dos Santos (23) y Nikola Kalinic (19).
Ajeno al estruendo de los más de 19.000 asistentes que colgaron el cartel de ‘Todo vendido’ en el Belgrado Arena, el Barça saltó a la pista muy concentrado y mantuvo el tipo pese a encadenar una serie de pérdidas y errores defensivos que espolearon a la hinchada serbia (39-33, min.16).
Interminables revisiones
El Barça regresó mejor del vestuario (49-54, min.24), pero el cuadro de Giannis Sfairopoulos devolvió el golpe con un parcial de 10-0 construido entre Mike Daum y Codi Miller-McIntyre (59-54, min.26). Fue la rebeldía de Darío Brizuela, con dos triples seguidos, la que apretó el encuentro al término del tercer cuarto (66-64).
El asombroso ritmo del partido sólo se vio frenado por las interminables revisiones arbitrales. A falta de 29 segundos y con 82-81, Robert Lottermoser, Michele Rossi y Vasiliki Tsaroucha sancionaron con lucha un lance entre Vesely y Joel Bolomboy, que ganó el segundo, y en la acción posterior pitaron técnica a Peñarroya por protestar. Isaiah Canaan falló el tiro libre y el Barça dibujó un aclarado para Punter, que clavó un triple a falta de nueve segundos. En la jugada postrera, una mala defensa permitió empatar a Dos Santos (84-84).
El Barça dispuso de un último tiro con 4.7 segundos en el crono, pero Punter falló un triple muy forzado. En la prórroga, los visitantes se mostraron más sólidos en defensa y muy acertados en el triple para llevarse un triunfo muy trabajado que certificó Punter con una canasta al contraataque a un segundo del final (94-98).
Hace tiempo que el calendario del baloncesto europeo es un rompecabezas imposible de encajar. Una amalgama de competiciones domésticas y continentales que estiran su chicle y desubican al espectador, todo aliñado con las ventanas FIBA de clasificación, instauradas en mitad del curso desde hace siete años. Hace tiempo también que los jugadores, los protagonistas, se cansaron de protestar (apenas las quejas sin repercusión de los sindicatos...). Y que los que rigen el cotarro, FIBA y Euroliga, no se van a poner nunca de acuerdo por mucho de que presuman de sus acercamientos. En enero, mes previo al 'parón' por la disputa de las Copas nacionales y los partidos de selecciones, la situación se suele volver extrema. Aunque nunca se vio lo de ahora: Real Madrid y Baskonia disputan esta semana cuatro partidos (seis en los próximos 13 días).
«Jugamos 11 partidos en enero, ahora viene una semana cuádruple y la siguiente es una doble... Que alguien me explique cómo un deportista puede estar sano y mantenerse al mismo nivel todos los días», protestó Chus Mateo el pasado viernes, tras la victoria del Madrid ante el Bayern en el primer partido del 2025. El inicio de un maratón. Del 3 de enero al 4 de febrero, 33 días, 13 duelos, siete de Euroliga y seis de ACB. Lo mismo, claro, que Barça y Baskonia (los tres españoles en Eurocup, Valencia, Gran Canaria y Joventut, 10 en enero, algo menos). «Es el único deporte en el que pasa. Se obliga a los jugadores a ser superhéroes», añadió el técnico.
La ruta, para ninguno de los tres, es llana. Pues la propia exigencia del calendario acentúa sus apuros y propicia los percances físicos en plantillas que, ya de inicio, cuentan con 13 ó 14 piezas. El Madrid, por ejemplo, afronta tres de los cuatro duelos de esta semana frenética a domicilio. Hoy lunes de Reyes visita Vitoria, de ahí a Granada (miércoles) y sin pausa a Kaunas (viernes), para cerrar el domingo en casa contra el Tenerife.
Lesiones
Tras cuatro triunfos seguidos en Europa, los de Chus Mateo, que perdió a Gaby Deck al menos dos meses por una una rotura del tendón conjunto de los isquiotibiales, respiran algo en la tabla (ya son octavos, en puesto de play-in) y en Liga Endesa acechan el liderato de Unicaja y Valencia. El técnico, que estuvo en el alambre tras «tocar fondo» contra el Zalgiris hace unos días, hizo una reflexión un tanto insólita sobre el camino. «Tenemos que normalizar la derrota. No es poner excusas, pero habrá que ser condescendientes a veces. Y saber que cuando llegue el momento de competir, estemos en la mejor forma y juntos, sin grietas. Y ojo ahí, que viene el Madrid. Que estos saben cómo ganar. No somos lo de otros años, pero vamos a ir a por ello», pronunció como declaración de intenciones.
Más empinado parece para el Barcelona y eso que pareció respirar ganando en París. Siete de sus 11 citas de enero son lejos del Palau. Joan Peñarroya ya perdió para todo el curso a Laprovittola y Raulzinho Neto apenas pudo disputar ocho minutos antes de rescindir su contrato por sus problemas físicos. Mientras sigue peinando el mercado a la caza de un refuerzo en la dirección tras el fiasco con Heurtel, buscan resolver sus apuros para sellar su clasificación copera (son novenos) y seguir escalando en Euroliga.
El Baskonia, que acaba de perder por lesión a su capitán Tadas Sedekerskis -se reforzó con Luka Samanic-, recibe hoy (20:30 h.) al Real Madrid asedidado por las urgencias: sólo le vale ganar para seguir pugnando por el billete copero a Gran Canaria. En Europa, pero aún, los de Pablo Laso son 14º: sólo hay tres equipos con peor balance. El propio técnico vitoriano alzó la voz hace un año sobre el abuso de partidos, cuando estaba en el Bayern: «Al final, estamos matando a los actores. De alguna manera, tenemos que gestionar el negocio», dijo cuando se especulaba sobre la posible expansión a Dubai que aún no se ha producido, aunque allí se disputará la próxima Final Four en mayo.
La locura de enero es el paradigma de temporadas que se pueden ir con normalidad por encima de los 90 partidos, de octubre a junio, para un jugador.
«Sólo pienso en el presente. He aprendido eso». Devontae Cacok (Chicago, 1996) repasa la historia de su vida y todo son giros inesperados. El penúltimo le llevó a Murcia, un campeón de la NBA en el modesto UCAM. A las órdenes de Sito Alonso se reencuentra consigo mismo, ese pívot de apenas dos metros, pura fiereza, que domina pinturas. Y que afronta la Copa (hoy, 21:00 horas, en cuartos contra el Barça), sin ningún complejo: ya han derrotado dos veces esta temporada a los azulgrana.
Cacok, padre haitiano, madre jamaicana, es el chico que se rompió la muñeca jugando al fútbol americano y acabó probando en el baloncesto, un deporte que desconocía. «Era malísimo, terrible. En mi primer año promedié 0,5 puntos», recuerda. Es el joven que, años después, recién salido de la Universidad de North Carolina-Wilmington y sin ser drafteado, se encontró encerrado en la burbuja de Disney World compartiendo existencia con LeBron James y ganando un anillo con los Lakers. El pívot que se destrozó la rodilla en un partido de Euroliga en Belgrado en 2023 y tardó 20 meses en volver a jugar. Es el padre y marido que se aficionó, durante la baja, a la fotografía y el vídeo (no se separa de sus cámaras) y que ha encontrado en la insospechada Murcia una ciudad desde la que volver a despegar.
«Sólo quiero demostrar a todos que se equivocan. Mucha gente dudó de mí cuando firmé, porque llevaba mucho tiempo sin jugar, lo cual es comprensible. Pero esa duda me motiva», desafía quien, todavía en la búsqueda de su nivel anterior a la lesión con la Virtus de Bolonia (no pasa de 17 minutos en pista), promedia 12,2 puntos y 4,8 rebotes, líder de valoración del grupo salvaje de Sito Alonso, un técnico al que venera. «Desde el primer momento en que lo conocí, supe que él y yo tendríamos una buena conexión. En un partido reciente estaba frustrado conmigo mismo, no defendía. Y me sustituyó. Y sabía exactamente por qué me estaba cambiando. No porque fallara mis tiros, sino porque no estaba defendiendo. Me gusta eso. Porque no le importa quién sea, nos hace responsables a todos por igual. Lo adoro, es mi hombre», elogia al técnico que obra el milagro del UCAM -«somos físicos, duros incómodos para el rival»- un equipo de presupuesto bajo que busca un perfil de jugador como Cacok. Tipo de los que el resto no se fían (DeJulius, Forrest, Raieste...).
Cacok acude desde un calvario. «En Murcia estoy agradecido y bendecido. Ver lo que estamos logrando, sabes que es más grande que el baloncesto. Porque ahora veo todo desde otra perspectiva. Ya no doy nada por sentado. Pasé por un enorme estrés: durante cuatro meses no podía hacer nada por mí mismo. Mi madre me tuvo que acompañar, no podía ni bañarme, ni caminar. Momentos duros», acude a aquel 28 de diciembre de 2023, cuando todo se detuvo en Belgrado. Momentos de incertidumbre hasta que le confirmaron el peor de los escenarios. «Lo más difícil para mí fue cómo me informaron sobre lo que me hice. Después del partido, sabía que tenía algo mal en la rodilla. Pero me hicieron una ecografía y dijeron que todo estaba bien, que podría jugar en un par de días. Les dije de hacerme una resonancia para asegurarnos y ahí me comunican que mi temporada ha terminado. Esa parte fue la más difícil. Era lo último que esperaba y me pilló desprevenido», pronuncia con amargura. El proceso con la Virtus, que a final de esa temporada dio por terminado su contrato, fue amargo: «sucedieron muchas cosas fuera de la cancha, fue muy frustrante». Tuvo que intervenir el Comité de Conciliación y Arbitraje de la Lega y Cacok se quedó sin equipo en plena fase de recuperación.
Fue el momento crítico de una carrera ya para presumir. Porque Devontae ya guarda en su memoria una experiencia de la que contar a los nietos. En su vitrina luce un anillo de la NBA. El anillo más especial de la historia, el de la burbuja de Florida en plena pandemia. «Era mi año de novato. Había pasado de una universidad pequeña a uno de los mercados más grandes del mundo, Los Ángeles. Estaba rodeado de LeBron, Anthony Davis, Rajon Rondo.... Fueron dos meses de locura, pero valió la pena», repasa. Cacok apenas disputó un encuentro ese curso, 20 más la temporada siguiente y otro puñado con los Spurs después. Pero en su retina guarda las vivencias con LeBron. «Fue surrealista. Nunca piensas que estarás jugando en el mismo equipo que Lebron James. Me costó acostumbrarme al principio, pero después de un tiempo, simplemente... ya sabes, son personas normales, también pasan por cosas normales, y simplemente observas, ves su ética de trabajo, ves cuánto esfuerzo requiere llegar a un nivel superior. Aprendí mucho de él: ser constante con tu cuerpo, con tu juego y ser duro».
Un pasado del que presumir, otro del que aprender. Giros y más giros. Por eso Devontae no quiere anticiparse a nada. Ni siquiera a escenarios que le devuelvan a la Euroliga. O a la propia NBA. "¿El futuro? Con mi lesión y todo eso, he decidido sólo mirar al presente. Hoy estoy en Murcia y voy a darlo todo. Seguiremos adelante y luego veremos qué pasa. Sé que mentalmente es bueno pensar así, sentir así y estar preparado. Lo que tenga que pasar, pasará".