Cinco alpinistas rusos murieron en Nepal cuando escalaban el Dhaulagiri, cuyo pico, la séptima cima más alta del mundo se eleva 8.167 metros sobre el nivel de mar, informó este martes una representante de la comunidad de alpinistas de Rusia, según Efe.
“Han encontrado a los chicos. Todos murieron al caer la cordada”, escribió en su página de Facebook la alpinista Anna Piunova, que precisó que el grupo inicialmente estaba integrado por seis escaladores.
El equipo de montañistas “se descolgó” cuando se encontraba a una altura de 7.700 metros, indicó a Afp Rakesh Gurung, del departamento de Turismo nepalí.
Explicó que uno de ellos, al que identificó como Valeri Shamalo, se sintió mal durante la ascensión y regresó al campamento, situado a 6.100 metros, desde donde fue evacuado a un hospital en helicóptero. Fue rescatado y hospitalizado en Katmandú, precisó Gurung.
Según la agencia oficial TASS, la embajada de Rusia en Nepal confirmó que fue informada de la muerte de los alpinistas, que trataban de coronar esta cima, con los que se perdió comunicación el domingo pasado, el mismo día que comenzaron la ascensión.
Los accidentes mortales en el Himalaya son frecuentes en Nepal, donde los ocho “ochomiles” atraen a visitantes del mundo entero. En 2023 murieron 18 personas, un récord.
Era un vuelo de Kansan al mundo. El pasado fin de semana, Wichita albergó por primera vez el Campeonato de Estados Unidos de patinaje sobre hielo y en los días posteriores, la Federación del país (US Figure Skating) aprovechó para organizar allí un campus con todos sus patinadores y entrenadores. La mayoría de ellos se marcharon el martes, pero los mejores, aquellos seleccionados para los campeonatos internacionales, se quedaron un día más para afinar sus programas. Después, todos abandonaron la ciudad.
A última hora de la tarde, un autobús llevó al aeropuerto Dwight D. Eisenhower de Wichita a a unos pocos que se dirigían a la costa oeste y a otros, los que más, que partían hacia la costa este. Según la propia US Figure Skating, en el vuelo 5342 de American Airlines que impactó contra un helicóptero en su maniobra de aterrizaje en Washington había numerosos miembros de ese grupo -según la agencia Reuters, unas 15 personas-, aunque todavía no se han hecho oficiales todos los nombres.
Por el momento, sólo se conocen cuatro. Según informó la agencia rusa TASS, dos ex campeones del mundo, Evgenia Shishkova y Vadim Naumov viajaban en el avión junto a su hijo, Maxim Naumov, al que entrenaban. Después de triunfar en los años 90, con un oro por parejas en el Mundial de 1994 y un cuarto puesto en los Juegos Olímpicos de Lillehammer 1994, la pareja recibió una oferta y decidió instalarse en el pueblecito de Simsbury, en Connecticut, donde nació su hijo en 2001.
Maxim Naumov, patinador desde niño, fue campeón de Estados Unidos junior en 2020 y estaba peleando por hacerse un hueco entre los profesionales. En la competición del pasado fin de semana acabó cuarto -como en 2023 y 2024- y había sido nombrado segundo reserva para el Mundial que el próximo marzo se celebrará en Boston.
La agencia TASS también publicaba que junto a ellos viajaba Inna Volyanskaya, otra ex patinadora rusa, tercera en el Campeonato de la URSS de 1980, que llevaba años trabajando como entrenadora en Estados Unidos y que, según su web, era la responsable del club de patinaje de Washington.
Un precedente devastador
Entre los representantes de US Figure Skating este jueves aparecieron recuerdos del accidente vivido en 1961 cuando el vuelo 548 de la compañía Sabena de Nueva York a Bruselas se estrelló causando la muerte de todo el equipo de patinaje artístico Estados Unidos. Entonces el conjunto, con figuras como la medallista olímpica Maribel Vinson, viajaba al Mundial que iba a celebrarse en Praga y que finalmente fue suspendido.
"US Figure Skating que tristemente varios miembros de nuestra comunidad estaban en el vuelo 5342 de American Airlines. Estos atletas, entrenadores y familiares regresaban a casa después del Campus de Desarrollo celebrado junto al Campeonato de Estados Unidos de patinaje artístico en Wichita, Kansas.
Estamos devastados por esta tragedia indescriptible y tenemos a las familias de las víctimas en nuestros corazones. Continuaremos monitorizando la situación y publicaremos más información a medida que esté disponible", publicó el organismo en 'X'.
"Estoy rezando por todos los pasajeros del vuelo de Wichita a DC. Entre los pasajeros había patinadores y entrenadores. Es absolutamente desgarrador", escribió por su parte el patinador Luke Wang, que venía de proclamarse subcampeón de Estados Unidos junior junto a su pareja, Olivia Flores.
Cuando Katie Ledecky entró por primera vez en La Défense Arena dijo que la piscina construida en una instalación donde habitualmente se juega al rugby le hacía sentirse pequeña, diminuta. Al salir de esa misma piscina, después de la final de 400 libre, no se sintió pequeña. Se sintió humana, de nuevo humana, frente al poder de una nadadora que avanza como un fueraborda. Es Ariarne Titmus, a la que sus compañeras de equipo empezaron a llamar Terminator. La razón es evidente. La australiana supo muy pronto, en el primer centenar de metros, que no iba a necesitar de lo más terrible de su apodo, no esta vez, porque Ledecky tampoco era Ledecky, no la que conocemos, y porque Summer McIntosh tiene todavía demasiado respeto a la jerarquía. Esas tres nadadoras, pasado, presente y futuro de la prueba, lo tenían todo para llevar la final al umbral del récord del mundo, en poder de Titmus. Para eso habría hecho falta una Ledecky inhumana. El primer encuentro con París la descubre más cerca de los mortales, pero con una gran obra todavía por delante.
La estadounidense podía temer la derrota. Estaba en sus cálculos. De hecho, ya la sufrió en Tokio o en Fukuoka frente a la misma nadadora, líder del equipo australiano que devoró la piscina nipona y ha empezado del mismo modo en París, donde también se hizo con el relevo 4x100 libre en la primera jornada. Ledecky nadó en Tokio en 3:57.36, más rápido de lo que lo hizo en París la vencedora (3.57.49). Aunque lo hubiera repetido, no le habría servido de nada, porque Titmus lo habría mejorado. Su superioridad fue incontestable de principio a fin. La norteamericana, en cambio, bajó a la barrera de los cuatro minutos (4.00.86), algo que no había hecho en grandes competiciones prácticamente desde que rompió ese muro y arrebató el récord a Federica Pellegrini. Era el cambio de era.
Esperando el fondo
Esta apertura por debajo del rendimiento esperado, no únicamente por el bronce, puede abrir interrogantes acerca del desafío que se ha planteado la estadounidense. A sus 27 años, pretende nadar también los 800, 1.500 y el relevo 4x200. Conforme aumenta la distancia, lo hace su dominio, al tratarse básicamente de una fondista. La Ledecky del pasado, desde su aparición con 15 años en lo más alto del podio de Londres 2012, no tiene oposición en las pruebas más largas. Veremos en París, donde mantiene su objetivo de convertirse en la deportista con más títulos olímpicos, no sólo la nadadora. En Mundiales, ya suma 16, uno más que Michael Phelps.
El bronce de los 400 libre es su medalla olímpica número 11, de las que siete son de oro. Si es capaz de añadir los del 800, 1.500 y 4x200, alcanzaría los 10 y superaría los nueve de la gimnasta ex soviética Larissa Latynina. El deseo de la nadadora de Washington DC, aunque actualmente se entrena en Florida, es llegar a los Juegos de los Ángeles 2028, en los que tendrá 31 años. Hasta entonces continuará con Anthony Nesty, su entrenador y primer nadador de raza negra en lograr un oro en la piscina olímpica, en Seul'88. No es una edad habitual en la natación, y más para especialistas tan precoces, pero Ledecky ha sabido profesionalizar su actividad, crear su personaje y hacer fortuna. Ha desarrollado una carrera a la medida, biografía incluida, a partir de una personalidad muy fuerte, alejada de la debilidad que ha afectado fuera del agua a otros campeones, como Phelps o Caeleb Dressel. Si alguien está en condiciones de reponerse de una derrota como la sufrida en París es precisamente Ledecky, y no únicamente por la fe que profesa.
A la imponente piscina de La Defénse salió como salen las estrellas, con pasos cortos, con tiempo para que la aclamaran. Es discreta y mantiene sus rutinas, pero no desprecia sus momentos de diva. Se lo ha ganado. Titmus o McIntosh lo hicieron como las demás. La norteamericana se dirigió a la australiana para decirle que se había equivocado de calle y de cubo donde dejar sus cosas antes de lanzarse al agua. Tuvo que recogerlos. Antes de subir a los poyetes, nadie quería mirarla. Titmus, pese a saberse superior, le dio la espalda. Ese respeto es el que se gana con el tiempo. Por ello, la australiana no quiso tenerla por delante en la piscina. Se lanzó a acabar con las dudas desde el primer 50.
Titmus, ante Ledecky, tras su victoria en los 400 libre.AFP
Titmus tenía 20 años cuando ganó a Ledecky en Tokio. Después volvió a hacerlo en más de una ocasión. En el Mundial de Fukuoka, el año pasado, lo hizo, además, con un nuevo récord del mundo (3.55.38), tesoro que se han alternado las tres nadadoras que subieron al podio de París, incluida la joven McIntosh, que cumplirá 18 años el próximo 18 de agosto, días después de que se cierren los Juegos. El duelo del futuro es el que tendrá con Titmus, por lo que Ledecky hará bien en orientar su carrera hacia el fondo, y más con la frontera de Los Ángeles.
La longevidad es más permisiva con la distancia que con la velocidad. Ledecky, pese a ello, había logrado ser la más rápida en 200 libre en los 'trials' de su país, pero sabía que eso no la convertía en una candidata al oro en la prueba, que seguramente volverá a devorar Titmus. Se encontrarán de nuevo en el relevo de 4x200. Un duelo trepidante y nada fácil para Ledecky y sus compañeras, que en la primera jornada ya vieron como las australianas dominaban el 4x100 libre y las relegaban al segundo peldaño del podio.
Claudio Ranieri, que llevó al Leicester City a ganar la Premier League en 2016, ha anunciado su retirada del fútbol a los 72 años. El último partido del italiano como entrenador fue la derrota del Cagliari en casa por 3-2 ante la Fiorentina el jueves, donde recibió una gran ovación de los aficionados en el Sardegna Arena, así como una guardia de honor de sus jugadores.
"Todo tiene un principio y un final. Es justo: cerrar el círculo de esta manera, donde había empezado, es algo con lo que soñaba y el sueño era maravilloso", declaró el jueves a la prensa Ranieri, que ya dirigió al Cagliari en 1988. El italiano, que ha dirigido a varios equipos de la Serie A, entre ellos la Juventus, el AS Roma y el Inter de Milán, es conocido sobre todo por haber llevado al Leicester a conquistar el título de la Premier League.
También dirigió al Chelsea, al Fulham y al Watford en la Premier League, así como al Valencia y al Atlético de Madrid en LaLiga española. "La suerte no te cae encima, hay que buscarla. Yo fui un hombre con suerte: quería ser futbolista y lo conseguí. Luego, a los 30 años, intenté entender si entendía de fútbol, lo intenté y lo conseguí", dijo Ranieri.
"Como futbolista no fui un gran campeón, pero como entrenador me divertí mucho. Para mí fue un honor estar en el mundo del fútbol", concluyó.