Cima de Ancares. León a un lado, Lugo al otro y, allá en el fondo, Madrid. Tan cerca. Tan lejos. Ben O’Coonor salvó el rojo. Ha transcurrido un día más. Madrid, en teoría, está más cerca. Ha transcurrido un día más, sí. Pero Madrid, en realidad, se aleja. O’Connor empezó la etapa con 3:16 de ventaja sobre Roglic. La concluyó con 1:21. Antes, culminando una escapada de 23 hombres que fue por el camino haciéndose jirones, Michael Woods, canadiense, veteranísimo (37 años), obtenía su tercer triunfo en la Vuelta a lo largo de sus distintas participaciones.
Había descolgado a Mauro Schmid y a un Marc Soler que gasta demasiadas energías en escaramuzas estériles. Es una fuerza de la naturaleza, pero nos asombra y duele tanto despilfarro en un deporte en el que dosificar los esfuerzos gana batallas y guerras. Él no los escatima. No es su táctica: es su naturaleza.
Woods, de paso, le proporcionaba al Israel su primer triunfo en la carrera. Su éxito era el zumo. La carne, la chicha, la sustancia estaba por detrás, en un pelotón que se quedó esquelético en la brutal subida de 7,5 kms., al 9,3% de media y unos cuantos picos del 15%, en la que sobrevivían en los puestos de cabeza, más o menos dispersos, los tenores de la prueba.
Y ninguno más afinado y con la voz más potente que Primoz Roglic. Un recital en tono y timbre. Le fue haciendo el coro Enric Mas hasta que enronqueció. Incluso lo superaron, sufriendo como perros, Landa y Carapaz. El mallorquín, en un terreno que le favorecía teóricamente, no dio la talla de ganador. Roglic le desnudó y los otros aspirantes al podio también le descubrieron sus limitaciones. Mas, al igual que Soler, es como es, es lo que es.
Queda mucha y muy importante Vuelta, y el ciclismo está lleno de lances inesperados, de giros copernicanos. Pero así, en principio, con todo lo que llevamos recorrido, él, Landa y Carlos Rodríguez, sexto ahora en la general, parecen destinados a luchar por los puestos secundarios del podio, con, incluso, dificultades para hacerse con una etapa. La pugna por el rojo es hoy por hoy un diálogo entre O’Connor y Roglic. El australiano va perdiendo la voz. El esloveno la va alzando, aproximándola al grito. No es descartable que OConnor, que anda en la pelea, pueda acabar sexto si sigue cediendo golpe a golpe, verso a verso
Roglic ha ido jornada a jornada comiéndole terreno y tiempo al australiano. Los periodistas hemos hablado y escrito de “mordiscos”, “bocados”, “dentelladas” y demás metáforas del reino animal muy del gusto del gremio y de los aficionados. Frecuentes recursos estilísticos perfectamente descriptivos, por otra parte. Pero Roglic no va pellizcando, ni mordiendo, ni tragando, ni devorando… Va royendo, como quien va desgastando un hueso hasta dejarlo en el tuétano. Roglic no es un carnívoro. Es un roedor. Eso sí, implacable. Se encamina, y mucho más con la contrarreloj final, hacia su cuarta Vuelta.
Este sábado tenemos una etapa larga, la más larga de la Vuelta (200 kms.), interesante, con un puerto de 3ª y otro de 1ª (Leitariegos), que acaba en Villablino. Pero destinada de hacer de puente entre la de Ancares y dos de las reinas de la carrera: la del Cuitu Negro el domingo y, tras el descanso del lunes, la de los Lagos de Covadonga. Nunca se sabe, la vida y el ciclismo te dan sorpresas. Pero, probablemente, quien salga de líder de Asturias llegará de líder a Madrid.
Dado el nivel de nuestra natación, tres medallas de oro y nada más que de oro en un Campeonato de Europa, en este caso en piscina corta, suenan a festival, a exhibición. Después de las obtenidas por Carmen Weiler (200 espalda) y Carles Coll (200 braza), la tercera corrió a cargo de Hugo González de Oliveira en los 200 estilos, con récord de España: 1:51.39, rebajando el de Carles Coll (1:52.11).
Y llegó, como las anteriores, de un modo rotundo, dominador, sin darles opción al italiano Alberto Razzetti (1:52.05) y el turco Berke Saka (1:52.25). Después de los tramos de mariposa y espalda, Hugo tomó la cabeza en la braza, el estilo que suele determinar los resultados en las pruebas combinadas. El tramo de "crawl" redondeó la indiscutida victoria del español, que, de algún modo, "resucita", después de no haberse clasificado este pasado verano para el Mundial de Singapur.
Ha pasado Hugo por varias vicisitudes a lo largo de su trayectoria, hasta el punto de, incluso, haberse planteado la retirada no hace tanto. No encontraba recompensa ni reconocimiento a sus esfuerzos y títulos. Campeón mundial de 200 espalda en Doha2024 y europeo de 200 estilos en Budapest2021 en piscina larga, de 50 metros, la olímpica, este oro lo recupera para el liderazgo de la natación española a una edad, 26 años, todavía de plenitud.
Hugo González, tras ganar.Wojtek JargiloEFE
Biológica y ambientalmente, Hugo es uno de esos productos "mestizos" que contribuyen a alcanzar alturas deportivas. Nacido en Palma de Mallorca, trasladado a Madrid, hijo de español y brasileña, entrenado y educado en Estados Unidos, en Auburn y Berkeley, estudiante de Ingeniería Informática, se mudó de California a Cataluña, a Terrassa en busca de, digamos, su definitiva entidad deportiva. Parece que la ha encontrado. O, mejor, recuperado.
Emma Carrasco, leridana de 19 años (cumplirá 20 con las campanadas del 31 de diciembre, campeona mundial y europea júnior, está en camino de instalarse en la suya, en la gran élite. Acabó sexta en los, también, 200 estilos (2:07.90), dominados por la favorita, Marritt Steenbergen, con récord de Europa: 2:01.83. Minutos después, la neerlandesa se impondría en los 100 libre con 50.42. Cuarto oro y cuarto récord de Europa para ella.
Había que frotarse los ojos para ver a dos españoles en la final de los 100 libre, la prueba reina. Es cierto que acabaron séptimo (Luca Hoek, 46.42) y octavo (Sergio de Celis, 46.43), lejos de Maxime Grousset (45.17). Pero ningún otro país presentaba un dúo en los poyetes.
Carles Coll está haciendo un Campeonato impresionante. Entró en la final de los 50 braza con récord de España (26.03), tras haberlo batido también en las series matinales (26.22).
Con el Mundial de fútbol como gran evento deportivo para 2026, el año traerá sus citas habituales e imprescindibles para los reyes del deporte mundial. Algunos de los más grandes deportistas actuales afrontan un calendario repleto de desafíos concretos que puedan seguir potenciando sus figuras y enriqueciendo todavía más su palmarés.
TADEJ POGACAR
Muy pocas veces un deportista domina el ecosistema de su profesión como el fenómeno esloveno (27 años) el ciclismo. La bicicleta gira a su alrededor como una reina sumisa a un rey de rostro aniñado que se eleva por encima de su propia época, a la que define, caracterizada por la presencia de estrellas de extraordinario brillo: Jonas Vingegaard, Primoz Roglic, Remco Evenepoel, Mathieu van der Poel, Wout van Aert...
Pogacar y Eddie Merckx.MUNDO
Gigante en las grandes rondas, coloso en las clásicas, Pogacar no es invencible. No puede ganar todas las carreras. Pero nadie gana tantas como él. Ni, cuando pierde, se queda tan cerca de la victoria. En 2025 obtuvo 20 triunfos, líder del año, en 58 días de competición y elevó a 108 su cifra total de triunfos.
En 2026 le esperan varios desafíos de primer orden, entre ellos vencer en San Remo y en Roubaix. Pero, sobre todo, hacerse con su quinto Tour de Francia. Sentarse a la misma mesa que Jacques Anquetil, Eddy Merckx, Bernard Hinault y Miguel Indurain. Y a partir de ahí...
LAMINE YAMAL
Lamine Yamal todavía no tendrá 20 años en 2026. En julio cumplirá 19. Pero, renovado hasta 2031, ya es alguien en completa disposición de aspirar a todos los trofeos individuales y liderar a sus equipos, el Barcelona y la selección nacional, en persecución de los colectivos.
Balón de Plata, por así decirlo, tras Dembélé, Premio Kopa al mejor jugador joven y triplemente homenajeado en los Globe Soccer Awards, sus metas ya están fijadas para 2026: La Orejona con el Barça. El Balón de Oro en el Barça. Y una estrella en la camiseta con, en y para La Roja.
Desde el otoño se vio limitado por una pubalgia de la que, a tenor de sus últimas actuaciones, parece recuperado. Según la lista de Transfermarket de diciembre, es el futbolista más valorado del planeta. Se le tasa en 200 millones de euros, los mismos que Kylian Mbappé y Erling Haaland. Pero su menor edad lo coloca por delante de tan distinguido dúo, que, pese a su juventud, no tiene tanto tiempo por delante.
CARLOS ALCARAZ
El año acabó con la sorprendente, dolorosa para el tenis, ruptura no aclarada del todo de Carlos Alcaraz con Juan Carlos Ferrero después de haber logrado juntos 24 torneos y seis Grand Slams. Ya sin Juanqui, Carlitos penetra en 2026 con el propósito de revalidar su número 1 mundial mientras se reencuentra de sopetón, a las primeras de cambio, con el Abierto de Australia, único Grand Slam que (aún) no ha ganado. Avanzando el año, abriga la intención de llegar hasta los 10 títulos, una cifra redonda y siempre provisional en su caso, de esos Grand Slams que marcan las jerarquías en el circuito y sitúan a los tenistas en los lugares más altos en la historia de la raqueta.
No le será fácil, naturalmente. No puede serlo. Pero, en todo caso, lo tendrá menos difícil que Rafa Nadal, que lidió durante muchos años con Roger Federer y Novak Djokovic (y ellos con Rafa). En el camino de Carlos sólo se interpone realmente Jannik Sinner. Y viceversa. Mejor para ambos. Peor para todos los demás.
LINDSEY VONN
En los Juegos Olímpicos de Vancouver, en 2010, Lindsey Vonn, la reina de la velocidad sobre unas tablas, obtuvo, en la prueba de descenso, su única medalla olímpica de oro (acompañada por el bronce en el eslalon supergigante). En Pyeongchang, en 2018, ya veterana y machacada por las lesiones, accedió casi milagrosamente al bronce en el descenso. Aquel oro solitario, magra recompensa para tan excelsa esquiadora (83 triunfos y 143 podios en la Copa del Mundo), buscará, 16 años después, una eternidad en el deporte, compañero de color y brillo, en febrero, en los Juegos de Milán-Cortina dAmpezzo.
Lindsey Vonn.Pier Marco TaccaAP
No es ninguna utopía para la estadounidense. A sus 41 años y con su prótesis de titanio en una rodilla, esta temporada ganó el primer descenso de St.Moritz. En otras pruebas ocupó una segunda posición, dos terceras y una cuarta. Está en una condición asombrosa. Inimaginable a su edad. En enero tendrá tres descensos y tres supergigantes antes de los Juegos.
MARC MÁRQUEZ
En 2020, tras su caída en Jerez, Marc Márquez, ya campeón de Moto GP por cuarta ocasión consecutiva con Honda, vivió en el purgatorio de las lesiones y las operaciones, tan lejos del infierno de la retirada como del cielo de los triunfos. Salía del quirófano, se subía a una moto, se caía, regresaba al quirófano, tornaba a cabalgar la máquina y a caerse. Muchos le daban por muerto.
En 2025 resucitó. Ha continuado, como todo piloto sobre dos ruedas, cayéndose y encaramándose de nuevo a la moto, esta vez una Ducati al rescate del campeón en apuros bajo el ojo escéptico del aficionado. Y 2.184 días después de su último título mundial, el octavo, alcanzó el noveno (séptimo en MotoGP). Lo hizo, además, matemáticamente, a falta de cinco carreras para el final del Campeonato. Todavía convaleciente de su última intervención, tres meses después del percance que la motivara, ya piensa en ascender en 2026 al cielo de los 10 títulos, allí donde sólo moran Ángel Nieto y Giacomo Agostini. Para empezar, ya se ha subido a la Ducati de cross, la Desmo 450 MX.
LANDO NORRIS
En la Fórmula 1, en la fusión hombre-coche, es imposible saber qué porcentaje del éxito o del fracaso corresponde a uno u otro. Depende, se supone, de, entremezcladas en distinta proporción, las concretas e independientes calidades de la persona y la máquina. En cualquier caso, mucha gente piensa que en la adjudicación del título de campeón del mundo en 2025 han pesado más las bondades del vehículo en cuestión, el McLaren, que las de su conductor, Lando Norris.
El piloto británico (26 años) superó a Max Verstappen y su netamente inferior Red Bull por sólo dos puntos: 423 contra 421, la diferencia más escueta en términos absolutos en la historia de la Fórmula 1. Fue el triunfo de la regularidad. Norris acopió siete victorias, una menos que Verstappen, pero pisó tres podios más. Es una estrella y, a la vez, un meritorio que aspira en 2026 a convencer al entero universo de las cuatro ruedas de que es un campeón legítimo. Cuenta para ello con su talento y, claro, con su McLaren. ¿Quién le deberá más a quién?
JORDAN DÍAZ
El 9 de agosto de 2024, Jordan Díaz se proclamó campeón olímpico de triple salto. Desde entonces, estorbado por lesiones recurrentes, ni graves ni leves, en la rodilla y el cuádriceps, sólo realizó, en 2025, un salto en el Campeonato de España, suficiente para ganar, antes del Mundial de Tokio. Y en la capital japonesa, en el primer intento de la calificación, se volvió a lesionar. En resumen, Díaz sólo ha hecho dos saltos en casi año y medio. Así que 2026 se anuncia esperanzadoramente como el regreso al aplazado presente de un saltador excepcional. Un superdotado que cumplirá 25 años el 23 de febrero y que con 18,18 de marca, récord de España, amenaza el mundial de Jonathan Edwards (18,29), que data del año 1995.
Otros deportistas afrontan sus propios desafíos y cultivan sus propias ilusiones. Aitana Bonmatí piensa en su cuarto Balón de Oro consecutivo. Y, aunque en 2026 no hay Mundial ni Juegos Olímpicos, Sydney MaLaughlin (47.78 en 2025), en romper el récord del mundo de los 400 metros (47.60), en poder de Marita Koch desde 1985. Léon Marchand ganó en París el oro en los 200 braza, los 200 mariposa y los 200 y 400 estilos. Es el plusmarquista mundial en estas dos últimas pruebas. Y quiere el récord en las otras dos para cerrar el cuádruple círculo.