Corre, corre. Y corre, corre. Y corre, corre. Y Carlos Alcaraz dijo: “Ya está, para”.
Cuando acabó su partido de cuartos de los Juegos Olímpicos de París con victoria sobre Tommy Paul por 6-3 y 7-6(7), se encerró en el gimnasio que hay en Roland Garros -en las plantas bajas de la Philippe Chatrier- y tardó casi dos horas en salir. Hasta ayer, después de cada triunfo olímpico, le tocaba ducharse rápido, fotografiarse con los fans que le esperaban e
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En el verano de 2023, justo antes de ganar su primer Wimbledon, Carlos Alcaraz se entrenó en las pistas de atletismo Monte Romero, en el campus de la Universidad de Murcia. ¿Quería mejorar sus sprints sobre el tartán? ¿Quería fortalecer sus golpes lanzando jabalinas? Nada de eso. Alcaraz sólo buscaba pisar hierba natural, correr sobre hierba natural, saltar sobre hierba natural y el campo central del recinto era el lugar más cercano a su casa para hacerlo. Su éxito en Roland Garros en los dos últimos años ha reducido su calendario y su preparación sobre el verde se ha centrado en el ATP 500 de Queen’s, pero aquellas sesiones en Murcia subrayan la rareza: en Wimbledon domina un tenista de un país donde apenas hay pistas de hierba natural.
Si avanza a partir de su debut hoy ante Fabio Fognini (14.30 horas, Movistar) y el próximo 13 de julio Alcaraz logra su tercer título consecutivo, se convertirá en el español más laureado en el Grand Slam inglés y creará una tradición prácticamente de la nada. "La hierba es para las vacas", proclamaba Manolo Santana, campeón en 1966. Y empieza a no ser así. Aunque tampoco parece que se vaya a convertir en la superficie favorita para los españoles.
El milagro de Mallorca
"En España el mantenimiento de las pistas de hierba es especialmente difícil. Se necesita más agua, más cuidados, es un proceso costoso. Para nuestras pistas viene un experto de Wimbledon, que lo supervisa todo", cuenta Benito Pérez Barbadillo, responsable de comunicación del ATP 250 de Mallorca finalizado este sábado -con Tallon Griekspoor campeón-, un oasis de hierba en el desierto de tierra batida y cemento que es España. Gracias al torneo, en el Mallorca Country Club sobreviven las únicas seis pistas de hierba natural que hay en todo el país.
Hace una década el circuito ATP decidió separar una semana más Roland Garros de Wimbledon y eso abrió la opción de crear nuevos torneos. El grupo alemán E|motion, que ya había alquilado el antes llamado Tennis Country Club Santa Ponça para una competición WTA, creyó que era una buena oportunidad y de ahí el milagro de que actualmente haya algo de tenis sobre hierba en España. "Muchos jugadores prefieren quedarse entrenando en Wimbledon, pero los que necesitan ritmo de partidos aprecian mucho poder venir a Mallorca. En Inglaterra la lluvia es impredecible y puede afectar a tu preparación; aquí eso no pasa. El problema es que nos cuesta atraer a empresas españolas. Es nuestro reto. Casi todos los patrocinadores son alemanes o del circuito ATP", expresa Pérez Barbadillo, que ha visto en las distintas ediciones del torneo mallorquín a Novak Djokovic -en dobles-, Daniil Medvedev o Stefanos Tsitsipas.
Dos experimentos fallidos
Antes de que se creara el Mallorca Championships, España había estado muchos años sin una sola pista de hierba natural y varios experimentos habían fracasado. En 1994, por ejemplo, el Real Club de Tenis López-Maeso de Madrid inauguró sus pistas verdes con un evento de veteranos donde estuvieron Björn Borg, Ilie Nastase, Guillermo Vilas, José Luis Clerc o el propio Santana. La idea era atractiva: había una pista de DecoTurf, la superficie dura del US Open, y otra de hierba Wimbledon. Pero el coste superó al beneficio. La construcción costó 10 millones de pesetas, se necesitaron tres intentos para que la hierba se asentase y un par de años más tarde se abandonó la apuesta.
Las pistas del Villanueva Golf.E.M.
En 2014, otro caso, el Villanueva Golf de El Puerto de Santa María inauguró tres pistas de hierba natural y la propuesta duró todavía menos. El ambiente de Wimbledon que se creó alrededor -sólo se podía jugar de blanco, se vendían fresas...- no logró atraer a los clientes necesarios para asumir el mantenimiento.
Antes que Alcaraz
"Fui a Wimbledon, me reuní con Neil Stubley, el head groundskeeper del Grand Slam, el encargado de la hierba del torneo, y me dijo que en Cádiz no aguantaría el césped, que era muy árido, que era imposible. Hicimos una mezcla distinta del raigrás, el césped inglés, y lo teníamos impecable. Necesitaba su agua, su cóctel, su mantenimiento, pero atraía a mucha gente, especialmente turistas. Por desgracia, la dirección de las instalaciones decidió cerrar las pistas", rememora Oliver Günther, impulsor del proyecto gaditano que incluso planeaba la creación de un torneo Challenger en el lugar. Tanto el Real Club de Tenis López-Maeso de Madrid como el Villanueva Golf se ofrecieron a los tenistas españoles para sus entrenamientos, pero pocos se interesaron.
Antes de Alcaraz, sólo Santana, Conchita Martínez (1994), Nadal (2008 y 2010) y Garbiñe Muguruza (2017) habían vencido en Wimbledon y, de hecho, apenas cinco más habían levantado otros trofeos. En Eastbourne vencieron Andrés Gimeno y Feliciano López -también doble campeón en Queen's-, en Newport celebró Arantxa Sánchez Vicario y en Hertogenbosch, David Ferrer y Roberto Bautista. Nada más. En Wimbledon domina un tenista de un país donde apenas hay pistas de hierba natural. Menuda rareza.
Jim Courier siempre ha sido un tipo intenso. Cuenta la leyenda que, cuando acababa los partidos, salía a correr en lugar de ir a la ducha para demostrar a sus adversarios que podía haber aguantado más. Entre 1991 y 1993 ganó cuatro Grand Slam y fue número uno del mundo, y en Melbourne se le recuerda especialmente porque celebró sus dos Open de Australia bañándose en el contaminado río Yarra.
"Lo volvería a hacer, pero no fue cosa mía. Fue idea de mi entrenador entonces, Brad Stine, que me retó y me acompañó. Sufrimos con aquello", recuerda en conversación con EL MUNDO desde su nuevo rol. Hoy Courier forma parte del equipo de expertos de HBO Max y Eurosport, el canal que emite el primer Grand Slam del año, y agarra el micrófono como agarraba la raqueta. Quizá no sea el más fino ni el más estético, pero las devuelve todas.
Lleva ya 20 años comentando tenis en televisión. Parece una vida dulce.
Lo es. Disfruto mucho comentando partidos, pero también le pongo mucha dedicación. Me dejo la piel, no sale solo. Recuerdo las primeras entrevistas con jugadores como Roger [Federer], Andy Roddick o Marat Safin... buf, un desastre. Tuve suerte porque me ayudaron. El público no sabe el esfuerzo que hay detrás de una retransmisión de televisión. Es un trabajo en el que también sientes presión. Cuando era tenista no tenía ni idea.
¿Nunca quiso ser entrenador?
No. Con la televisión viajo unas cuantas semanas al año, pero entrenar a un tenista exige dedicación total y no quiero eso. Es un sacrificio familiar, más que personal, y tengo dos hijos pequeños, de 11 y nueve años.
En una entrevista explicó que no quiere que sus hijos vean sus trofeos.
Los tengo guardados en cajas. Mis hijos saben quién soy a través de sus amigos del colegio, o mejor dicho, de los padres de sus amigos. Pero yo no les he explicado mucho. No quiero que crezcan con presión, a la sombra de nadie. Su madre y yo somos personas normales, como el resto de padres, y ellos pueden dedicarse a lo que quieran. Aun así, estoy orgulloso de esos trofeos.
¿De cuál más?
El primer Grand Slam es el que te cambia la vida, así que supongo que debo decir Roland Garros 1991. Pero guardo grandes recuerdos de todos.
El momento de Alcaraz
Ya ha empezado el Open de Australia. ¿Le sorprendió el divorcio previo entre Carlos Alcaraz y Juan Carlos Ferrero?
Muchísimo. Cuando todo va bien no parece lógico cambiar. Los tenistas cambian de entrenador por tres razones: resultados, luchas por el control o dinero. No fue un problema de resultados, eso seguro. Así que debe de haber un poco de los otros dos motivos. Será interesante ver a Carlos en este Open de Australia, aunque no creo que su decisión provoque un efecto inmediato en su juego.
¿Por qué?
Antes, en mi época, los equipos eran mucho más pequeños y el impacto de un cambio de entrenador era mayor. No solo cambiabas de técnico, cambiabas de psicólogo, de compañero de viajes, de todo. Ahora los jugadores como Carlos tienen mucha más ayuda y, con Samu López, tiene continuidad en su banquillo.
¿Qué rol debe tener un entrenador de tenis? ¿Debe controlar o dejar hacer?
Depende muchísimo del jugador. Algunos tenistas necesitan un jefe y otros prefieren serlo ellos mismos. El nivel de control fuera de la pista depende mucho de la dinámica de cada pareja. En el caso de Carlos, todos podemos imaginar que cuando era adolescente Juan Carlos le decía lo que tenía que hacer y ahora, a los 22 años, con seis Grand Slam, prefiere no tener que responder ante nadie. La relación entre entrenador y jugador debe cambiar para que dure, igual que un matrimonio o una amistad. A mí me pasaba igual: cuando era joven quería que la gente me dijera qué hacer y luego solo buscaba ayuda técnica.
El año pasado dijo que Alcaraz podía batir uno de sus récords: usted es el más joven en llegar a la final de los cuatro Grand Slam. Por edad todavía puede hacerlo.
Y creo que lo hará este año. De hecho, tiene una gran oportunidad para completar el Career Grand Slam, para ser el más joven en ganar los cuatro 'grandes'. Lo veremos en dos semanas.
La mejoría de Sinner
¿Ve a Sinner favorito aquí en Australia?
Debe superar a Alcaraz, que es su mayor obstáculo. Los veo muy parejos. Pero creo que el año pasado Sinner evolucionó muchísimo, más de lo que se reconoce. Sabemos que su juego se basa en dominar, pero ahora se puede adaptar más al juego de Alcaraz, a sus dejadas, a sus 'slices', a sus cambios de ritmo. Alcaraz es muy completo pero Jannik también. No tienen los agujeros que tuvieron otros campeones como Sampras y McEnroe en Roland Garros o Lendl en Wimbledon. Eso también les da mucha seguridad.
En su época había grandes rivalidades: Sampras, Agassi, Lendl, Becker... ¿Qué le parece la amistad entre Alcaraz y Sinner?
Me parece una amistad real. Y se puede tener amistad y rivalidad a la vez; no me parece un problema. El tenis no es un deporte de vestuarios separados, es un circo itinerante en el que todos viajan juntos constantemente. Entiendo que la gente quiera animadversión, pero no es necesaria. Evert y Navratilova o Federer y Nadal nos demostraron que se puede mantener una amistad y, al mismo tiempo, querer arrancarle la cabeza al otro en la pista.
¿Cree que falta un tercer aspirante a los Grand Slam?
Estaría muy bien, pero lo que tenemos ahora ya es increíble. Dos grandes rivales que pelean por todo, que evolucionan el uno con el otro... Si llega un tercero, mejor aún. Pero esta época ya es increíble. Lo importante es que no haya un solo dominador en el tenis, sino rivalidades constantes.
En su debut en Roland Garros, Novak Djokovic hace una dejada y el juez de línea grita: «¡Out!». La bola se ha ido fuera. El juez de silla advierte la marca de la pelota sobre la tierra batida, baja a asegurarse y rectifica a su colega: ha botado sobre la lateral, ha entrado dentro. El rival afectado, Mackenzie McDonald, se queja, el árbitro da explicaciones, Djokovic interviene y se desata una discusión. ¿Fuera o dentro? La escena es tan típica que los aficionados ni atienden, pero en realidad debería sacar todos sus cámaras e inmortalizar el momento: quizá nunca más vuelva a ocurrir.
Roland Garros es el último torneo grande que renuncia a la tecnología de arbitraje y mantiene sus jueces de línea, aunque no por mucho tiempo. La Galia está acorralada. El Grand Slam francés recibe presiones para adaptarse a los tiempos y entregarse al llamado Electronic Line Calling Live (ELC Live), la evolución del Ojo de Halcón. 18 cámaras que siguen la bola y, en sólo una décima de segundo, generan con Inteligencia Artificial una imagen en 3D para avisar si va fuera. ¿Cómo resistir al avance? Pues hay motivos. Y de todo tipo.
La petición de Djokovic
«Nuestra voluntad es mantener a los jueces de línea el mayor tiempo posible. Pero son los jugadores los que deciden. Si mañana vienen y nos dicen por unanimidad que no jugarán sin la tecnología tendremos que ceder a sus exigencias», reconocía el presidente de la Federación Francesa de Tenis (FFT), Gilles Moretton, que remataba: «Pero, de momento, eso no pasa. Los jugadores no han expresado una única opinión».
Algunos como Djokovic han pedido que Roland Garros dé el paso que dieron el US Open y el Open de Australia en 2020 y que dará Wimbledon este mismo 2025. «Estoy a favor de la tecnología. Es más precisa y ahorra tiempo. Ha habido muchas ocasiones en las que los jugadores han chocado con un juez de línea» comentaba sin especificar que varias de esas ocasiones las protagonizó él, como aquel pelotazo en el US Open de 2020. Pero otros tenistas han defendido que se mantenga la presencia de los árbitros en las pistas del Bois de Boulogne. «Las dos opciones son buenas, pero en tierra batida prefiero que haya jueces porque se puede valorar el bote de la bola, dialogar con el árbitro», respondía Alcaraz este miércoles a pregunta de EL MUNDO. «La precisión de la tecnología no es la misma en tierra batida. No estoy seguro de que esté totalmente perfeccionada en esta superficie, añadía el francés Ugo Humbert y abría el debate.
DIMITAR DILKOFFAFP
En raras ocasiones el ELC Live ha recibido quejas en los torneos de pista dura en los que se utiliza -la primera prueba fue en las Next Gen ATP Finals de 2017-, pero sobre arcilla ha generado malestar. El hecho de que la pelota deje una marca visible sobre la superficie siempre invita a la reclamación. Pero hay más razones. En tierra batida, la pelota se mancha, eso dificulta la correcta calibración del sistema, y hay más errores.
La foto de Zverev
En el Mutua Madrid Open, en su partido ante Alejandro Davidovich, Alexander Zverev protestó por un bote que el sistema señaló como dentro mientras la marca estaba claramente fuera. Para mostrarlo al mundo, llegó a sacar su teléfono, hacerle una foto y colgarla en Instagram. Ante el evidente fallo, la ATP se vio obligada a investigar lo ocurrido y aceptar que el ELC Live tiene «un margen de un milímetro de error». «Un mismo tiro puede dejar marcas diferentes dependiendo de las condiciones de la superficie, como la humedad, la densidad del suelo y cuándo se barrió la cancha por última vez», reconoció entonces Ali Nili, responsable de los árbitros del circuito, que luego sacó pecho: «Este año se ha utilizado el ELC Live en seis torneos de tierra batida, con 486 partidos, más de 75 000 puntos y más de 300.000 botes. Sólo en 76 casos un jugador cuestionó la marca, con pocas controversias».
En la eliminación de los jueces de línea también hay que contar con un posible fallo del sistema, que obligaría a cancelar los partidos, y con los puestos de trabajo que se perderían. En este Roland Garros hay 320 jueces, la amplía mayoría locales. La FFT defiende que muchos se convertirán en jueces de silla y que, sin ese paso intermedio, es posible que el tenis se quede sin árbitros. De momento Roland Garros resiste, pero el avance de la tecnología, con todo lo que conlleva, parece imparable.