Su primera hora en Roland Garros fue angustiosa: le dolía la espalda, no sentía fuerza en las piernas, quería irse. Pero ahora, superada la adversidad, entregada a las infiltraciones, Paula Badosa está disfrutando de un momento dulce. Como en el pasado Masters 1000 de Roma, la española ha recuperado su mejor tenis, su capacidad de dominar, su lectura de juego, y está en disposición de llegar lejos en Roland Garros.
Su amargura es que en tercera ronda se enfrentará a su amiga Aryna Sabalenka, la número dos del ranking ATP, y la victoria se antoja complicada. No es imposible: este abril ya le arrebató un set en Stuttgart antes de retirarse. Pero es complicada.
Para tener opciones, Badosa deberá volver a poner su talento y, sobre todo, su carácter como hizo este jueves en segunda ronda ante la kazaja Yuliya Putintseva. Como le pasó en primera ronda ante la británica Katie Boulter, la española entró al partido muy fría, parada, lenta, pero al contrario que entonces supo mantenerse a flote. Cedió el primer set, pero huyó de la angustia y en los periodos restantes fue indomable. Ni las interrupciones por la lluvia le tumbaron su ánimo salvaje. Al final venció por 4-6, 6-1 y 7-5 con un nivel excelente en la última y decisiva reanudación.
“¡Vamos, vamos!”, gritaba al público de la pista 8, una de las pequeñas pistas a los pies de la Suzanne Lenglen, mientras agitaba su raqueta. En constante discusión con su equipo, como es habitual, Badosa fue construyendo su partido entre el cabreo y la decisión. “¡No me digáis nada!”, llegó a reclamarle a su entrenador, Jordi Verdaguer, para acto seguido conectar una derecha ganadora muy propia. Tiene el tenis para llegar lejos en Roland Garros, ahora también el carácter, sólo le obstaculiza el cuadro.
JAVIER SÁNCHEZ
@javisanchez
Barcelona
Actualizado Martes,
24
octubre
2023
-
23:12El Barcelona descubre en el adolescente, convocado para el partido de Champions de...
Ir a nadar paseando junto a una muralla romana ya es un privilegio, pero este verano los socios del Club Natació Tarraco tenían otro: a su disposición, como profesor de técnica, Carles Coll, el mejor nadador español en la actualidad. Durante varias semanas en agosto, el vigente campeón del mundo en piscina corta de los 200 metros braza ofrecía sus conocimientos en clases particulares a 80 euros la hora o 50 euros la media hora. Fue un exitazo. Nadadores y triatletas de la zona de Tarragona llegaron a formar grupos para atender a sus explicaciones y no le quedó ni un hueco libre en la agenda. Hubo muchas preguntas específicas, pero también algunas personales: «¿Necesitas estar dando clases particulares?»
«La verdad es que no lo hice por lo económico. Había competido en el Mundial, estuve de vacaciones con un amigo por Indonesia y, al volver a casa, tenía unas semanas libres. A nadie le va mal ganar un poco de dinero, pero las clases me sirvieron sobre todo para volver al agua y compartir todo lo que sé sobre natación. Me parecía guay resolver dudas, dar consejos, ayudar a otros a mejorar», comenta Coll en conversación con EL MUNDO desde Blacksburg, una pequeña ciudad de Virginia, en Estados Unidos, adonde ya ha vuelto a entrenar para prepararse para el año que viene.
El espectáculo del último Mundial
Recientemente graduado en Nutrición en la Universidad de Virginia Tech, hace unos meses valoró otros futuros posibles, como irse a entrenar a Australia, pero en el último Mundial confirmó que la mejor opción era seguir en Virginia a las órdenes del entrenador español Sergi López. En el campeonato más importante, en la final de los 200 metros braza, Coll salió a un ritmo por debajo del récord del mundo y así se mantuvo durante media prueba, aunque al final se desfondó y llegó el último. El resultado no fue el mejor. Pero las sensaciones, ¡guau!
«Ahí aprendí que ya estoy en el top mundial. Ahí vi que, puliendo algunos detalles, puedo ganar cualquier competición. De aquí a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028 me centraré completamente en la natación para intentar ganar una medalla. Aunque ya no estudio, sigo entrenando con el mismo equipo universitario, sigo con Sergi y sigo haciendo el mismo tipo de entrenamientos. Es el camino que me funciona», reconoce Coll, que en 2024 ya había ganado el oro en la misma prueba en piscina corta, la hermana pequeña de la natación.
Al acabar sus estudios en la universidad de Virginia Tech, ¿no valoró regresar a España?
La verdad es que no. En España sólo se puede mantener el alto nivel en un Centro de Alto Rendimiento y no me veo entrenando en un sitio así. Ya lo hice entre los 15 y los 17 años y sería como volver a la adolescencia. Hay varios motivos por los que España no consigue montar más grupos de natación de alto nivel, y uno de ellos es que, a los 18 años, hay que elegir entre natación y estudios. No se puede compaginar. Si no me hubiera ido a Estados Unidos, yo también lo habría dejado. Es lo normal.
Progenitores en la piscina
Los éxitos de Coll nacen en un pasado anterior a su propio nacimiento. Ahora recibe los consejos de López, que fue bronce en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988 en su misma prueba, los 200 braza, pero antes ya contaba con asesores expertos. Su padre, Adolf Coll, fue velocista: llegó a nadar en la final del relevo 4x100 estilos del Mundial de 1991 junto al propio López, Martín López Zubero y Josele Ballester, y su madre, Mireia Martí, era especialista en espalda. Por ellos Coll se lanzó a la piscina en el Reus Ploms y el Tarraco antes de pasar por el CAR de Sant Cugat y emigrar a Estados Unidos.
Cuenta que durante algunos años el fútbol le tentó, pero que la mayor amenaza para su carrera fue realmente un problema en los escafoides que le obligó a pasar por quirófano poco después de llegar a Virginia. Aquello le dejó sin la posibilidad de clasificarse para los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, por ejemplo, aunque tras la rehabilitación recuperó el tiempo perdido. Ya cuenta con varios récords de España, medallas internacionales y, a la espera de Hugo González, es el líder de la selección para este ciclo olímpico. Menudo currículum para un profesor de clases particulares.