Se van agotando las fechas y crece el sentido de urgencia y necesidad en muchos de los partidos de la ACB, llegando la tensión a su máximo, en la jornada de ayer, con el último partido, el de Málaga: tras haber vencido el Real Madrid en Zaragoza por la mañana, el Unicaja debía ganar para recuperar el primer puesto de la clasificación, pero aún llegaba con mayor presión el Baskonia, noveno y amenazado de exclusión de los ‘playoffs’, algo inusitado
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La selección española femenina de baloncesto logró el pase a las semifinales del Eurobasket, donde se enfrentará contra Francia, tras imponerse a la República Checa (88-81) en un duelo donde necesitó dar lo mejor de sí en la segunda mitad para superar una desventaja de once puntos al descanso.
Tras su buena fase inicial, finiquitada con pleno de victorias, el equipo de Miguel Méndez tenía que jugarse su primer cruce a todo o nada con la ausencia de la joven y talentosa Iyana Martín y ante un contrario correoso, que vivió su época dorada como selección en el baloncesto continental femenino a principios del siglo XXI y que ahora tiene en los clubes nacionales su mejor escaparate.
Más allá de sacar a punta a las virtudes de sus jugadoras, lo que el bando checo pareció tener claro desde el arranque era que si quería ganar debía minimizar las de su oponente. Y en ello se afanó hasta el descanso para desesperación de España, incapaz de anotar puntos a la contra y de dar continuidad y velocidad a su juego de ataque.
Un parcial de salida de 0-5 fue mal augurio. Sin ser una renta excesiva, esa pequeña ventaja permitió a la República Checa entrar con confianza y, sobre todo, ir siempre por delante durante la primera parte. Ayudó a ello la puesta en escena de Eliska Hamzova, solvente en la dirección y muy acertada de cara al aro, con 11 puntos en los primeros ocho minutos y medio.
Su aportación como elemento desequilibrante en el plano individual vino complementada con una gran superioridad en el rebote. Todo ello unido a los flojos porcentajes de tiro de un conjunto español donde solo despuntaba Raquel Carrera, y a un duro parcial de 0-8 en el segundo cuarto con seis puntos seguidos de Natalie Stoupalova, hizo que la diferencia al intermedio se elevase por encima de la decena (33-44, m.20).
El contexto complejo para España necesitaba de liderazgo en el parqué. No renunció a él Carrera, muy fina toda la tarde en el lanzamiento, especialmente cuando le tocó viajar a la línea de tiros libres. Y se le acabó sumando, siempre al rescate, Alba Torrens. Autoras de 16 de los primeros 23 puntos de las suyas en la segunda mitad, entre ambas levantaron al equipo hasta llevarle a liderar el marcador por primera vez a los 26 minutos después de un parcial de 12-3.
El subidón de las de Miguel Méndez se frenó durante algunos instantes en los que Petra Holesinska, campeona de la Copa de la Reina este curso con el Hozono Global Jairis, revivió a las centroeuropeas y las situó siete arriba al filo de la media hora como colofón a un cuarto de mucha puntuación (61-66, m.30).
No le quedaba más remedio a España que entrar con autoridad en el cuarto decisivo. Y lo hizo con un 6-0 que la ubicó de nuevo al frente y permitió entrar al enfrentamiento de nuevo en el territorio de los pequeños detalles. Ahí no perdonaron las vigentes subcampeonas continentales ante un rival que dejó de contar por cinco faltas personales con un referente como Julia Reisingerova.
Con la aportación vital de Aina Ayuso, doce puntos en los últimos diez minutos, y la perfección en los tiros libres de Raquel Carrera, que se despidió con diecinueve de diecinueve; el equipo exhibió una vez más el espíritu competitivo que caracteriza al baloncesto español para meterse en la lucha por las medallas y de paso cerrar la clasificación para el próximo Mundial, un torneo ideal para que sume kilómetros una generación dispuesta a renovar la gloria de su predecesora.
Fue una noche delirante en Bratislava, un desenlace como no se recuerda, la agonía y lo asombroso elevado a su máxima potencia. España, bloqueada en la recta de meta, lo tuvo completamente perdido, pero Yusta se inventó dos triples en el final de la primera prórroga, el segundo, puro milagro, tras un robo sobre saque de fondo cuando quedaban cuatro décimas. La canasta de su vida para una victoria ante Eslovaquia que es mucho más que un alivio. [72-76: Narración y estadísticas]
El "momento crítico" lo había llamado Scariolo, consciente de que ya no queda espacio para la relajación, aunque el rival no asuste a priori. Un toque de atención que no sirvió para mucho en Bratislava, donde la selección protagonizó una segunda parte espantosa y se salvó de la hecatombe por un cúmulo de guiños del destino. Al cabo, un triunfo que es un paso de gigante hacia el Eurobasket, allá donde España, pese a su nueva realidad, no puede faltar. Por tradición y por competitividad: no se ausenta desde 1957 y defiende el oro de Berlín.
Y eso que la puesta en escena fue esperanzadora, especialmente en defensa. Sin NBA, ni NCAA ni Euroliga, Scariolo exigió "energía, agresividad, rebote, ritmo". Todo eso lo cumplieron los 'veteranos', especialmente de estas ventanas, y los noveles. En una tarde que quedará como la del debut oficial de Izan Almansa, Mario Saint-Supéry y Sergio de Larrea, tres perlas.
Recibió la selección 10 puntos en el primer acto y 15 en el segundo. No hay mejor pilar desde el que paliar las propias carencias ofensivas. Se apoyó en el absoluto dominio del rebote (nueve ofensivos), en los puntos fáciles en la pintura de Fran Guerra (también se hizo fuerte ahí Almansa). Y, aunque tardó en llegar el primer triple en un equipo sin especialistas, pronto también acudió la confianza desde el perímetro, especialmente con dos seguidos de Yusta que agrandaron la distancia justo antes del descanso (25-38).
Todo parecía controlado, pero a la vuelta de vestuarios había susto. Ya un 7-0 de salida que cabreó, cómo no, al seleccionador. Mal síntoma. Un toque de atención y vuelta al tajo, algo de concentración recobrada y un triple de López-Aróstegi, la que era la primera canasta del capitán, para que la ventaja se mantuviera. España había controlado al único jugador eslovaco de nivel, pero Brodziansky despertó de pronto con siete puntos consecutivos para encender todas las alarmas justo antes del cuarto final (46-48). El del UCAM Murcia iba a ser una pesadilla.
De repente, el duelo dio un vuelco y España no supo mantener su pujanza, pese a un primer intento de reacción de Alocén, que encontró en un buen compinche en Almansa. A falta de cuatro minutos, Brodziansky puso por primera vez por delante a los locales, para delirio de las tribunas, y en duelo entró en una locura de desenlace. Respondió Pradilla y ya todo fueron fallos y más fallos (intimidados por el gigante Fusek y sus seis tapones), incluido un mate del propio jugador del Valencia y dos tiros libres de Yusta. También erró Brodziansky a falta de cuatro segundos y en la última posesión los árbitros obviaron una clarísima falta sobre Pradilla con empate a 59.
Nadie era capaz de anotar tampoco en la prórroga, el puro fango. Pero cuando Krajcovic (otro demonio) clavó su tercer triple, todo pareció sentenciado. Sumando los últimos cuatro minutos de partido y la prórroga, España había sido incapaz de anotar una canasta en juego en Bratislava. Hasta que Yusta se inventó dos triples a la desesperada, el segundo tras robo en línea de fondo a falta de un suspiro.
En la segunda prórroga, para frotarse los ojos, todo fue de nuevo una moneda al aire. Otro triple de Krajcovic, respondido esta vez por Salvó, otro héroe después sentenciado con los tiros libres. La más absoluta de las agonías escondía un premio final.