La manera más cruda de darse cuenta de algo es ver un ejemplo en directo. Todo el mundo sabe que la Federación Española se mueve bajo parámetros puramente clientelares, pero observar a Pedro Rocha, un tipo sin discurso (es difícil identificar su voz, pues no habla nunca), sin proyecto (no se sabe qué quiere hacer en la Federación) y acosado por las sospechas en tanto que mano derecha de Luis Rubiales, observar, decíamos, cómo alguien así es capaz
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Desde hace seis años, las listas de convocados de los seleccionadores nacionales las anuncian ellos mismos mediante un vídeo. Esta vez ha sido diferente. La tragedia vivida en Valencia ha dejado el anuncio de los convocados en un emotivo vídeo con imágenes de los estragos causados por la DANA y la voz en off del seleccionador. "No nos podemos olvidar de todas las familias afectadas ni de los miles de niños que ahora no pueden practicar su pasión. No os vamos a fallar. Jugaremos por vosotros", dice Luis de la Fuente en el vídeo antes de que en la pantalla aparezcan los nombres de los citados.
En ese listado, dos nombres por encima de todos como novedad. Marc Casadó (Barcelona) y Samu Omorodion (Oporto). El mediocentro y el delantero son las grandes caras nuevas para los partidos que cierran el grupo de la Liga de Naciones, el viernes 15 en Copenhague contra Dinamarca y el lunes 18 en Tenerife contra Suiza.
Casadó encuentra su hueco después de estar completando una temporada increíble bajo el mando de Hansi Flick en el Barça. La baja prolongada de Rodri obliga al seleccionador a buscar un sustituto a Zubimendi, titular indiscutible en esa posición de pivote. En el caso de Samu, ya estuvo a punto de entrar en la lista del pasado mes de octubre, pero ha sido ahora, cuando tiene asombrada a toda Europa (11 goles en 12 partidos). Todavía hay otra novedad: Aitor Paredes, central del Athletic de Bilbao, que debutará.
Samu compartirá el puesto de delantero centro con el capitán, Álvaro Morata, que pese a haber pasado la noche en un hospital por un golpe en la cabeza durante el entrenamiento del jueves, no tendrá problemas para estar en Madrid el lunes. Tampoco Bryan Zaragoza, al que su temporada en Osasuna ha premiado con la citación.
Por lo demás, De la Fuente mantiene el bloque que le viene dando un año 2024 inmaculado. Recupera a lesionados como Nico Williams o el propio Lamine Yamal. El resto, los de siempre.
Conviene, en estos torneos, romper a sudar. Y España todavía no había roto a sudar desde que llegó a Alemania. Un poquito contra Croacia, si acaso, y otro porquito contra Italia, pero paren de contar. Ayer sudó, y sudó bien sudado, pues pese a la holgura final, España pasó un mal rato ante Georgia, a la que sólo doblegó a falta de un cuarto de hora después de tener que remar contra la corriente durante 75 minutos para terminar, sí, goleando y con la sensación de que el torneo, por fin, ha empezado. El viernes, a las seis de la tarde, espera Alemania en Stuttgart en los cuartos de final, y allí llegará España sudada, que es como hay que llegar a esas citas. [Narración y estadísticas (4-1)]
Georgia es una selección menor. Con el veneno de quien juega por algo más que una victoria, con el vigor nacido en un sentimiento nacional de rebeldía, con el brío de quien lucha por su gente, que no por su Gobierno. Con la sensación, en fin, de poder lograr mucho más que un estúpido acceso a los cuartos de final de una Eurocopa, de lograr, por qué no, cambiar la historia de su país. Con todo eso, sí, pero Georgia es una selección menor.
De hecho, de no ser por la parafernalia que acompaña a los partidos en un gran torneo, con sus controles de seguridad, sus perímetros exagerados, su colorido en las calles por la mañana y sus 52 tipos calentando en el campo, podría pasar por cualquiera de esos choques que juega España contra un rival inferior en cualquier capital de provincia un sábado de octubre camino de alguna fase final como esta. Georgia es una selección menor, pero hizo sudar a España la gota gorda porque, llegados a este punto del torneo, la ausencia de red provoca vértigo, y durante mucho tiempo España temió caerse y perder contra una selección menor.
De repente, el caos
De la Fuente no tocó el once, para qué, y en la primera jugada Nico Williams encaró a Kakabadze y sacó un centro. En la segunda Carvajal centró también tras una conducción de Lamine. Los dos primeros intentos de contragolpe de Georgia murieron en su propio campo y el primer balón que le llegó a Unai Simón lo paró y lo jugó sin riesgos para Rodrigo. Eran los primeros cinco minutos y todo tenía muy buena pinta, una de esas noches en las que lo único por lo que se puede apostar es en por el minuto en el que llegará el primer gol. En este caso fue en el 17 y fue de Le Normand, pero como fue en propia puerta, lo cambió todo. En el primer pasillo que encontró Georgia, el lateral derecho, de nuevo Kakabadze, llegó al lateral del área y su centro, muy tenso, golpeó en el central español para meterse en la portería.
Y de repente, el caos. Pedri no era capaz de domar un balón, Carvajal se resbalaba, Rodrigo entregaba melones en lugar de balones, los contragolpes de Georgia salían bien a dos o tres toques... Era el momento de medir el cuajo de la selección española, a la que de momento en este torneo le había ido todo de cara, jugando bien como contra Italia, regular como contra Croacia y regular también como contra Albania con los suplentes. Era el momento de calibrar esas otras cosas que no son exactamente fútbol: saber controlar la ansiedad, no dejarse atrapar por los nervios, jugar con la presión de quedarse fuera... Y durante unos minutos España no dio sensación de sobreponerse al gol.
El zurdazo de Rodri para el 1-1 en Colonia.AFP
Había rematado Fabián, y el propio Pedri, los dos por arriba, pero el balón ya no fluía, las piernas pesaban y los ojos no veían bien. Conforme pasaba el tiempo, peor pinta tenía. La sombra del partido de Inglaterra, disputado antes, empezó a sobrevolar Colonia. Por suerte para España lo evitó Rodrigo, ayer más impreciso de lo habitual, pero quirúrjico en un disparo con la zurda desde la frontal (hasta ahí permitía controles Georgia, aculada sobre Mamardashvili en eso que los modernos llaman bloque bajo y que en realidad se llama poner el autobús). La posición de Morata, en fuera de juego y en la trayectoria del balón, dejó alguna duda, pero el VAR dio el visto bueno y España llegó aliviada al descanso. Que no era poco.
Dani Olmo por Pedri
A la vuelta del refrigerio no hubo tiempo para demasiadas cosas. En una jugada de esas que definen las diferencias entre esta España y otras recientes, Lamine tiró una diagonal, y eso terminó con una falta en la frontal que él mismo lanzó. El paradón de Mamardashvili dio origen a una segunda jugada en la que, de nuevo Lamine, puso un centro maravilloso de fuera a dentro que Fabián, metido a delantero centro, remató para poner por delante a la selección, a la que Luis de la Fuente le metió una alternativa: quitó a Pedri, bastante oscuro toda la noche, y metió a Dani Olmo. Había más de media hora por delante, y aunque el equipo ya mandaba en el marcador, ni de lejos tenía el partido solventado.
En esos minutos perdonó Lamine el tercero, y De la Fuente quitó a Morata para meter a Oyarzabal y a Cucurella para meter a Grimaldo. El cansancio de los georgianos, un equipo bastante veterano en su estructura, también ayudó lo suyo. El árbitro anuló el tercero a Lamine por un fuera de juego bastante claro, pero justo después se activó la otra motocicleta de la que dispone España. Fue Fabián el que, nada más recuperar la pelota en un ataque nada benévolo del rival, lanzó un balón largo a la carrera de Nico Williams. El extremo todavía del Athletic arrancó desde su campo, se plantó en la frontal, regateó y la puso arriba, imposible para Mamardashvili.
Quedaba un cuarto de hora y, ahí sí, respiró España, definitivamente en calma con el cuarto, obra de Dani Olmo. Vivió plácido el final la selección, mirándose la camiseta y sabiendo que, ahora sí, una vez que empiezas a sudar, las cosas van mejor. Un susto, si se solventa, ayuda en el futuro.
A Rodrigo Hernández Cascante (Madrid, 28 años), flamante Balón de Oro, le dejaron marchar del Atlético de Madrid cuando era juvenil porque era «muy bajito». Así le definían los entonces jefes de la cantera rojiblanca, Julián Muñoz y Carlos Aguilera, que habían sustituido en ese 2012 a José María Amorrortu, el hombre que le había fichado cinco años antes, cuando el muchacho sólo tenía 11. Así que, como era bajito, en el verano de 2013 se fue al Villarreal y, tras ser puesto en el escaparate por Marcelino (le hizo debutar con el primer equipo), al Atlético le tocó pagar 25 millones para recuperarle con 21 años, cuando ya enseñaba esos 192 centímetros que ha lucido este lunes, pese a las muletas, en el Teatro Chatelet de París, donde ha recogido su Balón de Oro.
Es la culminación de una carrera que tuvo su punto de inflexión en 2019. Tras solamente un año a las órdenes de Simeone, ambos, él y el argentino, se convencieron de que lo mejor era separarse. Al Cholo le gustaba Rodri, sí, pero vaya, que tampoco se moría por él. Y a Rodri le gustaba el Cholo, pero más casi como persona que como entrenador, y cuando recibió la llamada de Guardiola no lo pensó. En este puzle, no conviene olvidar la necesidad que tenía -y tiene todos los veranos- el Atlético de ingresar dinero. Fueron 70 millones los que pagó el City.
Y, desde ahí, el crecimiento de Rodri ha sido exponencial. Se ha convertido en la cláve de bóveda del equipo que mejor ha jugado al fútbol en el último lustro, es uno de los jugadores mejor pagados del mundo y ha ganado cuatro Premier y una Champions, al margen de otros títulos. Al mismo tiempo, ha visto cómo el tapón que tenía en la selección española también desaparecía después de la Eurocopa de 2021. El adiós de Sergio Busquets, bajo cuya sombra estuvo desde su debut en 2018, le abrió las puertas de la titularidad, pero ahí se encontró con otro obstáculo: las genialidades de Luis Enrique. Al asturiano le pareció una idea brillantísima ponerle como central en el Mundial de Qatar. El resultado, ya conocido, lo rumió el jugador al día siguiente de la eliminación con Marruecos en la terraza del restaurante Tatel de Qatar junto a Laura, su pareja de toda la vida.
Rodrigo HernándezAFP
La llegada de Luis de la Fuente, que lo conocía de las categorías inferiores, le abrió las puertas del cielo y de los títulos. Empezó con la Liga de Naciones en 2023 y siguió este verano con la Eurocopa, de donde salió coronado como campeón y como mejor jugador del torneo. Su papel en el torneo es elogiado por todos los que estuvieron con el equipo durante los 46 días de convivencia que tuvo el equipo hasta la final de Berlín. Es un líder con mayúsculas, una pareja de hecho con Morata en ese papel, aunque, desde que ha llegado a la selección, una de sus compañías más habituales es Vivian, acaso por el gusto de ambos por la lectura.
Faltan muchos meses para que vuelva a jugar, pues está empezando la rehabilitación de su ligamento cruzado roto, y será ahora cuando sea más visible todavía su negativa a tener redes sociales. Será el Balón de Oro más anónimo de toda la historia, otra peculiaridad más en la vida, peculiar, de Rodri, el futbolista que alguien despreció por bajito y que hoy mide 1,92, el futbolista que juega con la camiseta por dentro de los pantalones, el futbolista, en fin, que por no tener no tiene ni un bonus por ser Balón de Oro en el contrato con la marca que le proporciona las botas. Y tampoco tiene, claro, tatuajes él, Graduado en Dirección y Administración de Empresas, cuyo TFG (Trabajo de Fin de Grado) defendió 'online' en entre el primer y el segundo partido de la Eurocopa de 2021.