Chicho Ibáñez Serrador se preguntaba en su mejor película quién puede matar a un niño. Sus protagonistas, una pareja británica de luna de miel en España, descubrían con espanto que en la isla que creían idílica imperaba el imperio del terror, estable
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Vishy Anand cumple hoy 55 años. El ex campeón, todavía en activo, es la gran inspiración del ajedrez indio, que ha estado a punto de celebrar otra jornada histórica en la penúltima partida del Mundial de Ajedrez. Gukesh Dommaraju venía de perder el día anterior, pero su entrada en la sala de juego -"como un ciclón", según los testigos directos- hacía presagiar una lucha a muerte. Así fue.
Con un margen para la reacción cada vez más pequeño, el campeón del mundo, Ding Liren, se agarró al estrechísimo camino hacia la salvación que supo encontrar en sus eternos apuros de tiempo. El gran maestro chino demostró una vez más lo engañosa que es su fragilidad exterior. Acabó "muy cansado", pero mañana tendrá una oportunidad de oro, con blancas, para mantener la corona en su poder. "No creo que veamos unas tablas rápidas", anunció un tipo que no se caracteriza por decir ni una palabra de más.
En todo caso, la partida número 14 será la primera sin vuelta atrás. El marcador refleja un empate a 6,5 y para ganar el título solo hay que llegar a 7,5 puntos. Quien venza se proclamará campeón. En caso de tablas, se disputarían cuatro partidas rápidas de desempate al día siguiente, con 15 minutos para cada jugador más un pequeño incremento por jugada. El ritmo estipulado por el nuevo reglamento es casi el doble de rápido que en campeonatos anteriores. Huelga decir que tanto en la partida de mañana como en los probables desempates, la fortaleza mental será el factor determinante.
Optimismo a prueba de balas
En ese sentido, cada uno en su estilo, ambos han demostrado que merecen el título de campeón. Ding Liren porque, a pesar de todos sus problemas, nunca tira la toalla. Sus recursos defensivos son extraordinarios, aunque este miércoles no atinó con los mejores planes de la defensa francesa, que por fin se atrevió a afrontar Gukesh. El indio, de sólo 18 años, ya es un ajedrecista de récord por estar en la final, donde exhibe cada día una valentía como no se ha visto en las últimas décadas.
El aspirante es un gran maestro con un optimismo a prueba de balas y lo demuestra de varias maneras distintas. En primer lugar, ataca siempre que puede, porque siempre piensa que su posición lo permite. Cuando la situación es igualada, tampoco se conforma con las tablas. Piensa que no está en peligro y que puede seguir intentádolo, pese a los inevitables riesgos. Por último, después de estrellarse contra el muro de Ding, no se viene abajo. Sabe mejor que nadie que se la ha escapado una oportunidad de oro, pero hoy ha vuelto a declararse satisfecho por su juego. Lejos de lamentar no haber resuelto antes el campeonato, celebra tanta emoción: "Es apropiado que el Mundial llegue a la última partida, porque ambos hemos demostrado mucho espíritu de lucha y jugado un ajedrez muy entretenido".
Lo cierto es que las máquinas pensaron que ganaría, pero el indio eligió mal entre dos opciones que parecían equivalentes. La respuesta de Ding, que encontró un recurso defensivo increíble pese a la enorme presión del reloj, probó que Gukesh se había equivocado al elegir ese camino. Cualquier otro habría perdido igual, pero contra el chino solo se puede triunfar sin cometer ni un error.
Ding, durante la decimotercera partida en Singapur.FIDE
¿Qué ocurrirá en la última partida? Gukesh podría arriesgar, pese a llevar las negras, si considera que es cierto que no sería el favorito a un ritmo más rápido. Es improbable que Ding se la juegue, pese a jugar con blancas. Magnus Carlsen sentó un precedente cuando en situación similar jugó a hacer tablas contra Fabiano Caruana, sabedor de su superioridad aún mayor cuando hay menos tiempo en el tablero. Pero como se comenta más arriba, Ding no espera unas tablas rápidas. Quizá su mejor opción sea plantear una lucha compleja y confiar en que su menos experimentado rival colapse antes que él.
Pase lo que pase, la recuperación del campeón es una gran noticia. Se había dicho que si perdía la corona abandonaría el ajedrez, pese a que sólo tiene 32 años, una edad ideal para estar en la cúspide de su carrera. Ayer aseguró que seguirá jugando, aunque quizás participe en menos torneos. Y como Carlsen, elegiría más competiciones de partidas rápidas y relámpago y menos duelos a cinco horas. Como sabe bien Carlsen, en esos niveles el ajedrez clásico es una trituradora.
Los errores son contagiosos en ajedrez. Después de un inicio muy prometedor, el Campeonato del Mundo que se disputa en Singapur ha caído por una pendiente peligrosa, una pequeña pandemia de juego que con suerte pasará pronto. En la quinta partida y con el marcador empatado a dos, los dos grandes maestros que luchan por el título colapsaron, cada uno a su modo. Las tablas con las que terminó su aventura no reflejan el drama que se vivió.
El aspirante, Gukesh Dommaraju, planteó de entrada una apertura muy pobre, como si sus entrenadores le hubieran querido amputar la agresividad para evitar posibles efectos secundarios, ya conocidos. En una nueva defensa francesa que le tra malos recuerdos, eligió la llamada variante del cambio, poco incisiva. Luego cambió damas a las primeras de cambio, con lo que se llegó a una posición en la que jugar a ganar parecía una quimera. En las dos partidas que había jugado con blancas hasta ahora, Ding Liren había sido sometido a grandes presiones, aunque el chino se las arregló para ganar la primera. En el tercer intento, Gukesh erró el tiro por completo. Luego reconoció que, aunque la apertura elegida le sigue pareciendo buena, «es verdad que no sirvió para crear demasiados problemas al campeón».
Hasta ahí, más allá de la pequeña decepción del público sediento de sangre, todo fue hasta ciento punto normal, pero ese primer error de estrategia desencadenó otros en cadena. Lo mejor es que el espectador cambió un espectáculo aburrido a un pequeño carrusel de emociones, aunque la mayoría fueran negativas.
El punto débil
El indio de 18 años es un tigre nacido para atacar y estaba incómodo por el guion que él mismo estaba escribiendo. En cuanto pudo, provocó un giro inesperado en busca de la adrenalina que parece necesitar en sus partidas. Lo encontró, hasta donde era posible, pero luego cometió un error y se quedó al borde del abismo. Esa impaciencia en algunos momentos o esa ambición no siempre bien medida es la que justifica la actitud de Ding, quien sin embargo debe estar más atento para aprovechar sus opciones, como ya le advirtió Magnus Carlsen.
Como mínimo, parecía que veríamos un largo final en el que el campeón trataría de hacer valer su ventaja, lo que tampoco era sencillo. Ding, sin embargo, se dejó igualar con una facilidad pasmosa, como si en su cabeza no cupiera otra posiblidad que lograr las tablas. Minutos después, cuando comprobó en plena rueda de prensa las opciones que había desperdiciado, se mostró arrepentido. «El resultado no es ideal porque tuve algunas oportunidades. Hoy tenía alguna ventaja y no la aproveché. Necesito mejorar», admitió poco después cuando le pidieron un balance de las cinco primeras partidas del Mundial. Tenía el aspecto de un escolar en un examen oral, inseguro e incluso asustado.
La pentacampeona mundial Susan Polgar resumió el sentir general durante la quinta partida: «Parecía que Ding estaba contento con un empate en lugar de presionar y hacer sufrir a Gukesh. Si Magnus jugara esa posición, torturaría a Gukesh durante varias horas».
FIDE
La actitud de Gukesh ofrecía otros matices. Con la voz casi ronca y menos firme de lo habitual, el indio admitió que se sintió aliviado, aunque cree que no llegó a estar perdido y que podía sostener su posición. Reconoció también que se dio cuenta muy rápido de su error, pero aseguró que nunca entró en pánico. No sabemos cómo están los dos ajedrecistas por dentro, si hay tanta diferencia entre los candidatos al título como aparentan en el exterior, pero en ese tablero el aspirante sigue siendo claro favorito.
Ambos han comprobado ya que en un Campeonato del Mundo es difícil dar lo mejor de uno mismo, que la tensión es tremenda y que en la posición más sencilla se puede colapsar. No es casualidad que Carlsen, que justo este sábado cumplía 34 años, decidiera alegarse de esta presión tóxica del ajedrez de primer nivel.
Quedan siete partidas y cada vez será más difícil recuperarse de un error, por lo que el sistema nervioso será el factor más importante, con clara ventaja sobre los conocimientos técnicos o la preparación de aperturas. Gukesh, de hecho, comentó en la rueda de prensa que lleva varios meses trabajando para mejorar su preparación mental y que para él esa faceta es «muy importante». Que no se confíe en exceso, porque Ding ya demostró que es capaz de ganar la corona con la casa de sus pensamientos en llamas.