Mathieu van der Poel es invencible en esta temporada de ciclocross: 10 victorias en 10 carreras.
En la cita de la Copa del Mundo en Benidorm protagonizó otra exhibición de máximo calibre y nula oposición. Lo escoltó durante casi una vuelta el campeón neerlandés, Tibor del Grosso (VDP no participó en el Campeonato Nacional), su compañero de equipo en el Alpecin.
Detrás, el campeón de Bélgica, Thibau Nys, y el de España, Felipe Orts, se enzarzaron por los siguientes puestos del podio. Nys se alzó con el segundo. Imponente tercero, Orts, que había atacado en la quinta vuelta y separado del grupito principal, hizo una carrera magnífica frente a un elenco selecto y se consolida en esa élite que persigue, sin lograr atraparlos, a Van der Poel y Wout van Aert, ausente a causa de una operación de fractura de tobillo y vencedor en Benidorm en 2024. Es la última carrera que ha perdido Van der Poel, que chocó entonces contra una farola y concluyó quinto.
Ante 16.000 espectadores, en un recorrido duro por la lluvia caída horas antes y la proliferación de tablones, Mathieu aceleró brutalmente antes de concluir la primera de las ocho vueltas y descolgó a un Del Grosso que fue perdiendo comba paulatinamente, se recuperó al final y acabó en la cuarta posición.
Van der Poel y Orts competían en casa alicantina. El neerlandés vive en invierno en Moraira, y Orts nació en Villajoyosa. Van der Poel gana de un modo rutinario y con una táctica repetida. Se coloca en cabeza rápidamente, alcanza una ventaja de, más o menos, un minuto que lo sitúa a salvo de cualquier percance y, también más o menos en la última vuelta, afloja un tanto la marcha y permite que sus ¿rivales? no pierdan tanto.
La campaña de ciclocross afronta sus últimos compases. Quedan dos citas de la Copa del Mundo, los días 24 y 25. Y, el 31, el Campeonato del Mundo. Todavía en la primera mitad de febrero, y ya de modo residual, se celebrarán cinco carreras de las otras tres categorías de la especialidad: Superprestige, X20 y Exact Cross.
Cayó en el Campeonato, en las semifinales de los 200 metros estilos, el primer récord del mundo a manos del mejor, del más completo nadador del planeta Tierra, del planeta Agua: Léon Marchand. No lo batió. Lo desintegró. Devorando el agua en 1:52.69, una marca "disparatada", mandó al baúl de los recuerdos, por no decir, por respeto, al desván del olvido, el registro de 1:54.00 que Ryan Lochte mantenía desde 2011.
De una sola tacada, el francés se ha saltado las matemáticas, amerizando en 1:52 sin pasar por el 1:53. Si decimos que, probablemente, estamos ante la marca más valiosa de la natación, no exageramos.
Pararíamos aquí, emocionalmente saciados, si no tuviéramos que contar que Luca Hoek rompió por dos veces el récord nacional de los 100 libre. Primero en las series, con 48.23. Más tarde, en la semifinal, con 48.04. Era, con diferencia, con 17 años, el más joven de los semifinalistas.
Le sacan tres años los dos "monstruos" de la disciplina, los dos últimos plusmarquistas mundiales: David Popovici y Zhanle Pan, veinteañeros, pero no ya adolescentes. Hoek, enormemente ambicioso, sin miedo ni complejos, pasó primero en su semifinal por los 50 metros. Acusó el esfuerzo y no pudo sostener en envite. Terminó en la decimocuarta posición general. El corte para el acceso a la final se produjo en 47.64. Luca aún está algo lejos. Pero se halla en camino.
Volviendo a Marchand, recordemos que su récord se ha producido en una semifinal. Que pueda mejorarlo aún más en la final se ha convertido en una de las grandes preguntas para una de las grandes respuestas de la competición.
Escaños y podios. Los ciudadanos europeos votaban en sus respectivos países. Y, en Roma, donde se firmó en 1957 el Tratado constitutivo de la Comunidad Económica Europea, embrión de, en 1993, la Unión Europea, los atletas del continente se esforzaban, en sus respectivas pruebas para alcanzar sus metas. Los políticos estaban a merced de la decisión de los ciudadanos, de las urnas, para llegar a las suyas. Los deportistas dependían de sí mismos.
Dentro de la incertidumbre de toda competición, Ana Peleteiro, en su superioridad teórica, dependía especialmente de sí misma en el triple salto. Ella ganaba o ella perdía. Su mano mecía la cuna y aferraba las riendas. Las rivales estaban a sus expensas, por no decir a su merced. Ganó, pero penando un poco. Desde el primer salto pareció dejar las cosas en su sitio: 14,37, aunque batió a 21 centímetros de la tabla. Luego no hizo más que ampliar las diferencias. En el segundo, 14,46. El camino se le despejaba. Y, de pronto, la turca Tugba Danismaz, de modo insospechado, con récord nacional, se fue hasta 14,57.
Peleteiro, en el salto con el que consiguió el oro en Roma.ANNE-CHRISTINE POUJOULATAFP
Ana cambió de expresión, que mudó de serena a preocupada. Departió con Iván Pedroso. Se tambaleó su seguridad, pero no su determinación. Respondió a la turca con 14,52. Mejor, pero insuficiente. En el cuarto dio carpetazo al asunto: 14,85, a dos centímetros de su récord nacional, el del bronce olímpico. Ya campeona, el quinto intento, nulo, y el sexto, largo, pero no tanto, remataron, en conjunto, una serie espléndida. El oro se le rindió, enamorado, para proporcionar a España el metal más precioso posible, el auténticamente diferenciador. Los otros son siempre bien recibidos, pero mucho menos celebrados. Ana refuerza su moral de cara a los Juegos Olímpicos, en los que a ausencia de Yulimar Rojas abre el abanico para todas. También para Ana, que ya debe afrontar directamente, sin titubeos ni complejos, la barrera de los 15 metros, la frontera de las elegidas. A los 28 años, Ana, en su madurez, los contempla cada vez más cerca.
Entre ocho atletas en los 800 metros, la presencia de tres españoles ofrecía un prometedor cálculo de probabilidades para agarrar una medalla. Casi era imposible no acceder a, al menos, una. Fue, sí, una. De plata a cargo de Mohamed Attoui. Y quizás hubiera sido de oro si Attoui no hubiera hecho un esfuerzo extra adelantando como un poseso por el exterior, en la última curva. Corrió unos cuantos metros de más. Debería haber estado mejor colocado antes para no padecer ese esfuerzo suplementario. Pero sería injusto y absurdo reprocharle nada. Su 1:45.20 sólo se inclinó ante el 1:44.87 del francés Gabriel Tual. Álvaro de Arriba fue cuarto (1:45.64) y Adrián Ben, posiblemente perjudicado por un tropezó y un traspié al comienzo de la prueba, acabó sexto (1:46.54). Los tres defendieron con solvencia y provecho el prestigio del mediofondo español. Son dignos representantes de una larga tradición de medallas, marcas y buenos puestos.
Attaoui, entre Gabriel Tual y Catalin Tecuceanu.ANDREAS SOLAROAFP
Ana, regresamos a ella, es ahora Ana Peleteiro-Compaoré. Ha adoptado el apellido de su marido, el también triplista Benjamin Compaoré, con quien contrajo matrimonio en septiembre de 2023. Pero ha tenido la deferencia de situarlo en, digamos, segunda posición para no despistar. Generalmente, las atletas que se casan anteponen al suyo el apellido de su esposo y llaman a la confusión. Quizás más de uno ha reparado en este Campeonato en el sorprendente parecido de la vencedora en el lanzamiento de disco, la croata Sandra Elkasevic con Sandra Perkovic, bicampeoa olímpica y mundial, y siete veces europea. Son, obviamente, la misma persona. Compaoré, en justa y amorosa reciprocidad, es ahora Benjamin Compaoré-Peleteiro. El matrimonio está bien avenido.
Compaoré es un atleta francés de gran nivel, campeón europeo en 2014. Pero ya, 10 años después, a los 37, que cumplirá en agosto, en retroceso y que se clasificó con apuros para la final del martes, con 16,72. No pasó ningún apuro Jordan Díaz, imponente en su estreno con España. Después de un salto nulo, se plantó en 17,52, casi un metro más de lo que se pedía para pasar a esa final, y eso que se dejó 18 centímetros en la tabla.
Rozó su marca, con un único intento, Pedro Pablo Pichardo (17,48), el campeón olímpico, amén de otros laureles. Ambos comparten una historia. Nacieron en Cuba, pero uno se marchó-fugó a Portugal, y el otro se exilió-refugió en España. Parece que no se llevan del todo bien y se lanzaron unas pullitas que no vienen a cuento en un deporte como el atletismo. Bueno, y en ningún otro. El triple salto puede ser la prueba bendecida para España.
Por la mañana, en el medio maratón femenino, el equipo español había arrancado por un único segundo -contaban los tiempos, no los puestos- un bronce colectivo que también pesa, pero no brilla mucho viendo las posiciones. Laura Luengo, duodécima con 1:10:54, Esther Navarrete, decimotercera con 1:11:08 y Azzahraa Ouhaddou, decimocuarta con (1:11:14), puntuaron. Los hombres fueron cuartos.