Boris BeckerGanador de seis Grand Slam y actual comentarista de Eurosport
Ganador de seis Grand Slam y actual comentarista de Eurosport
Rafael Nadal se ha retirado oficialmente del tenis. Cuando escuché el vídeo fue como un golpe en el estómago, aunque creo que la decisión es la correcta. ¿Qué no ha ganado Nadal ya?
Fue número uno del mundo durante 209 semanas. Terminó el año como número uno en cinco ocasiones. Entre sus 22 Grand Slam había unos impresionantes 14 títulos de Roland Garros. También ganó al menos dos veces cada uno de los otros Grand Slams. No hay números reales que
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La noche estaba montada en torno a Vinicius, en una especie de reivindicación brasileña y disculpa española por los inadmisibles gritos racistas que ha recibido en varios campos de este país. Ocurre que la figura del futbolista del Real Madrid ha llegado a un punto de desencuentro en el que no se admiten matices. Ni sus detractores reconocen la gravísima, y obvia, realidad que sufre siendo objeto de insultos racistas, ni sus defensores asumen su otra realidad, incuestionable, esa que habla de un deportista inaceptable por su actitud ante rivales, árbitros y aficiones contrarias. Reflejo probablemente de una sociedad, la española, proclive a la polarización extrema, Vinicius no admite diálogo. O se le elogia todo, o se le censura todo. Da igual. [Narración y estadísticas].
Conviene no olvidar tampoco que él mismo se ha atribuido, o alguien se lo ha asignado, un papel, el de icono contra esta lacra, para el que quizá no esté preparado. Un chico tan joven, al que le pasan tantas cosas y tan rápido, difícilmente está capacitado para asumir el liderazgo en algo de semejante envergadura. Bien haría él, o quien está cerca de él, en orientarle para que la lucha que ha emprendido, legítima, necesaria, imprescindible, se ajuste a la realidad de un chaval de 23 años que, simplemente, juega muy bien al fútbol. Sus lágrimas, como su fútbol, no admiten matices, por muchas cámaras de televisión, y de cine, que le apunten desde hace bastante tiempo.
Asumidas todas las aristas de Vinicius, tomadas las fotografías con el lema Una sola piel y habiéndole sido otorgado el privilegio de ser capitán en su partido, fue el turno de la pelota, escenario del que parte Vinicius y al que, cuando vuelve, entrega una versión, esta sí, única e indiscutible. Es un jugador fantástico, por mucho que ayer estuviera, como el resto de su equipo, con la tensión por los suelos. Una carrera por su banda, salvada por Le Normand, a la media hora, fue todo lo que pudo ofrecer.
En medio de un ambiente amable, casi pasota con lo que ocurría en el terreno de juego, el brillo fue para Lamine Yamal, otro futbolista distinto, descomunal. Un tipo diferencial de esos que no sobran y menos a un equipo como el español. Suya fue la noche, un rosario de regates y amagues, de fintas y mentiras, de engaños y de ilusionismo. Un show que terminó en empate gracias a dos penaltis para los locales inventados por el árbitro, un portugués de nombre Antonio que colaboró lo suyo y que en el último instante compensó un poco a los brasileños señalando otra pena máxima para dejarlo todo en tablas.
Vinicius agradece la ovación del público.PIERRE-PHILIPPE MARCOUAFP
España puso más porque era su obligación, jugaba de local y aunque fuese por aquello del qué dirán, debía mostrarse al menos interesado. Dispuso Luis de la Fuente un equipo que se parece mucho al titular que iniciará la Eurocopa y entre eso, la dimisión brasileña y un árbitro amigo, firme al señalar el punto de penalti en un piscinazo de Lamine Yamal, la selección se puso muy pronto por delante. En el aire, sin embargo, siempre flotó la sensación de que no es lo mismo contragolpear con Rodrygo o Vinicius que con Nico Williams o Morata. Sin desmerecer a nadie, la calidad individual en el último tercio del campo vestía de amarillo, salvo Lamine. A esta España no le va a costar dominar los partidos porque tiene jugadores de mucho talento en el medio, pero sí va a sufrir cuando los partidos los decidan los grandes jugadores. Ella sólo tiene uno. Muy bueno, pero uno.
Quiso Dani Olmo desmetir esto último con un gol increíble, fruto de un caño y un recorte deliciosos en un par de metros, con una definición perfecta al palo largo en el 2-0. Tiene calidad España, sí, pero no tiene esa calidad diferencial que da títulos más allá del juego, salvo, conviene insistir, mirando de reojo al DNI, a Lamine. Un regateador puro, de una calidad sublime, capaz de salir por los dos costados, de amagar, de engañar, de driblar... Un jugador diferencial de verdad.
En todo caso, con dos goles de ventaja era el momento de la selección, a la que sin embargo se acercó Brasil sin querer, gracias a un exceso de confianza con Unai Simón, que se marchó al vestuario sonriendo, quitándole importancia o asumiento que esto, regalarle un balón a Rodrygo, forma parte del juego. El caso es que ese gol, poco antes del descanso, dio paso a otro, poco después de ese descanso, que dio el empate a Brasil, un equipo, ahí sí, mucho más intenso, más agresivo, con toda la viveza que le había faltado en el arranque. Acertó Endrick, otro de esos niños deslumbrantes. Tras ese impetuoso inicio de segundo tiempo, la cosa se calmó y todo devino en el mundo al revés, con pitos a Morata, dueño de una noche nefasta, y aplausos a Vinicius, que tras 70 minutos de intrascendencia decía adiós a su partido bajo una ovación intensa. Se quedaba en él, en el partido, Lamine Yamal, eclipse de todo lo que ocurrió anoche, menos del racismo.
Hay al menos dos imágenes de Cristina Martín-Prieto (Sevilla, 1993) que quedarán en la memoria de la Eurocopa de España. La primera, su salto para conectar un testarazo perfecto a un centro de Salma Paralluelo que fue el quinto gol ante Portugal. El otro, su baile de la Macarena antes del duelo ante Bélgica en el césped del estadio de Thun que la UEFA viralizó. La delantera de mayor envergadura de España, una 9 pura que se fijó siempre en el instinto en el área de Raúl González, es la sonrisa perpetua de esta selección.
«Mi hermano dice que soy la Pepe Reina, porque decir Joaquín siendo bético...», bromea ella, de corazón sevillista. A los 32 años está viviendo su momento más dulce desde que Montse Tomé, en noviembre, la llamó por primera vez. Ahora se prepara para el duelo ante Alemania donde Esther González, la goleadora a la que conoce desde niña porque han compartido categorías inferiores y la selección andaluza, ya les da «datos» sobre la portera Ann-Katrin Berger, con quien juega en el Gotham.
Martín-Prieto trata de estar lista para cuando le toque jugar, porque vive un sueño en Suiza. «Es un privilegio estar aquí. A día de hoy me sigo pellizcando porque no me lo creo», confiesa. Y es que su historia es pura superación. «Yo vengo del barro, como se suele decir, y me pongo a imaginar si me hubiera cogido esto con cuatro añitos menos...», cuenta. «Esto» no es la selección ni la Eurocopa, es el fútbol profesional: «Veo a compañeras como Vicky López, con 18 años, disfrutar y vivir del fútbol, y me alegro, porque es brutal». Su camino ha tenido más curvas.
«Sacaba fuerzas de donde no las tenía»
En 2017 se marchó a jugar al Granadilla Tenerife, donde con el fútbol no le bastaba para mantenerse en la isla. Le ofrecieron tres trabajos: en un supermercado, en el aeropuerto o como camarera de hotel. Eligió el supermercado, pero fue duro. «Ninguno era muy compatible para una deportista. Para trabajar y jugar sacaba fuerzas de donde no las tenía», confiesa. Cuando se firma el convenio entre la Liga F y las jugadoras para que todas cobren el salario mínimo, se volcó en el fútbol. «No daba más que para sobrevivir, pero ya era algo», cuenta, orgullosa de su historia, «que ha sido bonita». «He pasado de un supermercado a jugar y marcar en una Eurocopa. Bienvenido sea», insiste con una sonrisa que contagia a quien la mira.
Lo suyo con el fútbol le viene por vía materna. Empezó jugando con sus hermanos en equipos mixtos -«con el pequeño llegué a jugar en el mismo», recuerda- y ya destacaba por su envergadura: 1,73 metros y corpulencia para el choque en el área. «Desayunábamos mucho petit-suisse», bromea. De familia sevillista, «aunque hay algún lunar de los otros», dice con sorna, a su padre no le gustaba nada el fútbol. «Cuando empecé a jugar hizo por enterarse de lo que era un fuera de juego. Ahora hasta dice que no le gusta el VAR y lo discute», cuenta la jugadora, que hoy tiene en él a su mejor fan. «Vimos la convocatoria juntos y fue muy especial vernos las caras. La camiseta del debut y el primer gol ha sido para él», desvela. De momento, no han podido viajar a Suiza. Lo harán si llegan a la final, y para eso ella se esforzará. Todo el vestuario está conjurado para vencer a Alemania.
Pegada a Aitana
En el grupo ha encajado a la perfección, pese a ser de las últimas. Primero, por edad y madurez, «pero también porque no tengo vergüenza», reconoce. Uno de los apoyos ha sido Aitana Bonmatí, a la que cuidó mucho tras la meningitis. «Nos conocíamos de la Liga y teníamos un respeto mutuo. En la concentración de octubre se me acercó y me abrió camino, me tendió la mano. Ahora ha sido jodido que le pasara [la meningitis] y qué menos que estar a su lado para apoyarla en todo eso», asegura.
Pasado el susto, el fútbol se abre camino y Martín-Prieto quiere coronar una temporada soñada. En su primer año en el Benfica, ha sido elegida la mejor jugadora de la Liga. «Pensaba que iba a ser un poco menos competitiva y que iba a relajarme, pero al final ha tocado pelear», vuelve a bromear. Además, esta jugadora, que se define como «casada con el área», ha roto su techo, por ejemplo, en goles de cabeza como el que le hizo a Portugal: «A veces me faltaba potencia, porque la gastaba en el salto, o al revés. Ya no diré más que es mi hándicap». Lo que espera es poder volver a mostrarlo, si hace falta, ante las alemanas.