La esquiadora italiana Matilde Lorenzi ha muerto este martes a los 19 años en el hospital de la ciudad Bolzano, donde había sido ingresada un día antes tras sufrir una caída entrenando en una pista de los Alpes.
Lorenzi formaba parte del equipo deportivo del Ejército italiano, especializada en pruebas de velocidad, y la pasada temporada había destacado ganando el campeonato italiano de esquí absoluto y en la modalidad supergigante en Sarentino.
El Ministerio de Defensa ha confirmado el fallecimiento esta mañana de esta esquiadora “promesa del esquí nacional” y ha transmitido su pésame a sus allegados.
Lorenzi, natural de Turín, habría cumplido 20 años el próximo 15 de noviembre pero su vida se truncó este lunes al sufrir una grave caída mientras entrenaba descendiendo una de las pistas de la estación de Val Senales, en Alto Adige.
El ministro de Exteriores, Antonio Tajani, también ha lamentado su muerte y recordado su “talento cristalino roto por el destino”.
La Federación Internacional de Esquí también ha emitido un comunicado de pésame en X. “FISI está de luto, junto a su familia, amigos y todos los que amaron a Matilde, honrando su memoria hoy y siempre”.
Temporada 2024-25. Con el eslalon gigante femenino arrancó el esquí en el tradicional feudo tirolés austriaco de Sölden. El triunfo de Mikaela Shiffrin en la primera manga pareció anunciar el 98º de la estadounidense, una cifra casi impensable. El segundo asalto, sin embargo, contempló una actuación extrañamente floja de la reina rubia del circo blanco. Mikaela, sin punch ni el necesario pulso, acabó quinta en la general final, por detrás incluso de su compatriota Katie Hensien.
El triunfo, el segundo en Sölden y el 28º de su carrera, sonrió a la expresiva y enérgica italiana Federica Brignone. La acompañaron en el podio la fiable neozelandesa Alice Robinson y la austriaca Julia Scheib, en su primer podio en la Copa del Mundo y de regreso de distintas lesiones. Fue baja de última hora Lara Gut, la mejor en gigante la temporada pasada, a causa de molestias en una rodilla, que le vienen de la pretemporada en Sudamérica. Prefirió no arriesgar.
Esperar la victoria número 100 de Shiffrin (29 años), que sin duda llegará más temprano que tarde redondeando un historial todavía creciente, es el principal atractivo de una campaña que tiene al suizo Marc Odermatt en la cima masculina, y a su país en lo más alto del escalafón de naciones, por delante de Austria, el otro gigante alpino. Ese viejo duelo entre naciones, con otras entrometiéndose de modo estimulante en el duopolio, pertenece al mejor catálogo del esquí histórico.
Mikaela, casada este verano con una de las grandes estrellas del circuito, el noruego Alekxander Aamodt Kilde, está cerca también, en eslalon, de su noveno Globo de Cristal. Un récord que superaría el compartido con ocho de Ingemar Stenmark en eslalon y en gigante, y Lindsey Vonn en descenso. La temporada está presidida, en la primera quincena de febrero, por los Mundiales de Saalbach (Austria). Las finales de la Copa del Mundo las acogerá, ya en marzo, la estación estadounidense de Sun Valley (Idaho).
El calendario masculino comienza asimismo en Sölden. Y, como el femenino, en una excesiva pausa, se trasladará, ya muy entrado noviembre, a Levi (Finlandia).
La esquiadora María Castellví relata una experiencia propia y común: en lo suyo, el freeride, el esquí fuera de pistas, es un rito de iniciación.
«Fue el año pasado en una canal, en Argulls, en el Valle de Arán. Había estudiado el parte de aludes y no había peligro, pero hice dos o tres curvas máximo, empecé a encarar los esquís, frené un poco y noté una fuerza que me tiraba para abajo. Bajé toda la canal rodando. Intenté salir como podía del alud, estabilizarme, ponerme de pie, pero no había manera. Hubo momentos muy angustiosos de verlo todo negro. Por suerte no me llegó a enterrar del todo y cuando llegué abajo pude levantarme».
A sus 20 años, antes de debutar con la élite en el Freeride World Tour (FWT), Castellví ya ha sufrido un alud, un trance por el que también pasaron otros referentes españoles, Aymar Navarro, Abel Moga o Nuria Castán.
«No es una norma, no quiero que lo sea, pero al final es lo que hacemos. Por estadística te puede pasar, eso está claro. Siempre hay peligro. Espero que no me toquen más veces», reclama la esquiadora, que en 2024 dominó el FWT Qualifier, la tercera división mundial, y este año competirá en el segundo escalón, el FWT Challenger, y debutará entre los mejores en Baqueira-Beret entre el 16 y el 21 de enero.
Pero si no hay una salida y una meta, si no hay puertas que pasar... ¿Quién gana en el esquí fuera de pistas?
Eso es lo que más le llama la atención a la gente. El freeride no se basa en la velocidad. Es un deporte con un jurado que mide tu creatividad, tu técnica, tu control, tu fluidez y tu estilo. Te envían una foto de un trozo de montaña y tienes que inventarte la bajada. No puedes esquiar allí en los días previos a la competición, así que primero debes estudiarlo todo bien con fotos y vídeos y luego, cuando ya estás allí, inventarte un descenso original, meterle saltos y hacerlo todo de una vez, sin pararte.
Precocidad en contra de las reglas
«Soy de Cambrils, que es un pueblo de la costa de Tarragona, lejos de la montaña, pero mis padres siempre han esquiado y tenemos una casa en el Valle de Arán. Empecé a esquiar a los tres años, hice un grupo de amigos, pero cuando crecimos empezaron a competir en esquí alpino y a mí no me llamaba la atención. No quería estar todo el día bajando la misma pista, quería ver montaña, vivir aventuras, hacer cosas diferentes. Un día, con los monitores, salimos de pista y empezamos a flotar, a saltar, y pensé: 'Esto está guay'. Tenía 10 años», recuerda Castellví, que obligó a cambiar una norma.
En su club, el Club Esquí CEVA de Vielha, no se permitía el esquí fuera de pistas antes de los 14 años, pero con ella tuvieron que hacer una excepción. «Siempre iba con los mayores y al final me dejaron. Ahora los niños ya pueden hacer 'freeride', ha cambiado el enfoque», cuenta quien después descubrió que en el freeride hay competición y que, de hecho, existe todo un mundo competitivo.
Un deporte a las puertas de los Juegos
El Freeride World Tour, con sus tres categorías, celebrará el año próximo su decimonovena temporada y se acaba de crear el Mundial, cuya primera edición tendrá lugar en Andorra, en Ordino-Arcalís, del 1 al 6 de febrero.
Al contrario que en otras disciplinas, aquí la mayor parte de la atención se la llevan los snowboarders, con figuras como el francés Victor de le Rue, aunque a los esquiadores no les faltan patrocinadores.
La ambición del freeride es entrar en los Juegos Olímpicos de Invierno y no es una utopía. En busca del público más joven, el Comité Olímpico Internacional (COI) ya ha aprobado la intención de hacerle un hueco a partir de los Juegos de los Alpes Franceses 2030, aunque como le ha pasado al skimo, es posible que se pierda algo de autenticidad por el camino.
«Estaría bastante bien que el freeride fuera olímpico porque sería más fácil obtener ayudas. Ahora las federaciones lo tienen complicado para dar oportunidades», reconoce Castellví, que compagina sus estudios de Negocios Internacionales y Marketing en la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona con sus entrenamientos en Baqueira-Beret, siempre fuera de pistas, aceptando el riesgo.
«Cuando me pilló el alud, ese mismo día ya esquié. Me tomé 20 minutos para tranquilizarme y volví. Es muy difícil que se me quiten las ganas de esquiar», finaliza Castellví.
Lo hizo. Lo volvió a hacer. Contribuyendo aún más a su leyenda en vida, Lindsey Vonn se impuso en el descenso de Zauchensee (Austria), logrando su segundo triunfo de la temporada.
Se renuevan y multiplican los adjetivos para saludar a una mujer que, a los 41 años y tres meses, acrecienta su superioridad actual e histórica en el descenso, la prueba reina de las modalidades alpinas. Una reina para otra reina: Vonn obtuvo su victoria número 84 en la Copa del Mundo (45 en descenso). Ninguna mujer, salvo Mikaela Shiffrin —otra estadounidense—, ha subido tantas veces a lo más alto de un podio (106). Ni, por otra parte, ningún hombre, con la excepción de Ingemar Stenmark (86).
A causa de las condiciones meteorológicas —con la nieve cayendo copiosamente desde días antes e interfiriendo en los entrenamientos, suspendidos el viernes—, se recortó el recorrido de la prueba, que se resolvió en poco más de un minuto.
Vonn, técnicamente perfecta, arriesgó en la bajada y detuvo el cronómetro en 1:06.24, por delante de la noruega Kajsa Vickhoff Lie, a 37 centésimas, y de la estadounidense Jacqueline Wiles. Buen día para las sobrinas del Tío Sam.
Malo para la austriaca Magdalena Egger, evacuada en helicóptero con cortes en el rostro tras una caída que también afectó a su rodilla.
Vonn refuerza así, con mayor razón si cabe, su candidatura al oro olímpico en los próximos Juegos de Milán-Cortina. Ya fue campeona en Vancouver 2010, hace 16 años. Una eternidad en el deporte, pero no tanto para una esquiadora que, sin ser eterna, lo parece.