La dupla Lionel Messi – Donald Trump superó los más salvajes sueños de los argentinos, que ya es decir mucho. El paso del 10 por la Casa Blanca disparó el entusiasmo de aquellos que adoran la versión trumpista del campeón del mundo y la decepción y el rechazo de los que no podían creer lo que estaban viendo.
Y en el medio, dos nombres, dos historias: Diego Maradona y Joe Biden.
“Te necesitamos, Diego”, dijo una periodista horrorizada en una señal de noticias afín al kirchnerismo. Añoraba al ídolo, muerto en 2020, al hombre que solía ponerse del lado de los más débiles y cuestionar al poder, muy especialmente a los Estados Unidos, aunque también adorara a dos dictadores como Fidel Castro y Hugo Chávez. Maradona y Messi, tan zurdos como diferentes.
¿Y qué habrá pensado Biden? El ex presidente estadounidense lucha hoy contra un cáncer y es despreciado y ridiculizado por su sucesor, pero el veterano líder demócrata bien puede pensar que Messi llegó 14 meses tarde a la Casa Blanca.
En enero de 2025, Biden esperaba a Messi para entregarle la Medalla Presidencial de la Libertad, un altísimo honor civil con el que lo había honrado el presidente en el tramo final de su mandato. Junto con Messi, también fueron distinguidos Hillary Clinton, George Soros, Erwin “Magic” Johnson, Ralph Lauren, Anna Wintour, Bono, Denzel Washington y Michael J. Fox, entre otros.
Pero Messi no fue. Y no solo no fue, sino que ni siquiera designó un representante para recoger la condecoración que en el pasado habían recibido Martin Luther King, la Madre Teresa de Calcuta, Albert Sabin y Muhammad Ali. La misma medalla que una semana más tarde recibiría el Papa Francisco, con grado de “distinción”, tres meses antes de morir.
Para el entorno cubano y ultra republicano del Inter de Miami, ver a Messi con Biden era impensable, recibir el premio de un demócrata, una muy mala idea. Y así fue que Messi se quedó de vacaciones en Rosario y desairó a todo un presidente de los Estados Unidos. Tanto fue así, que el nombre de Messi no se escuchó en aquella ceremonia. La Casa Blanca, ofendida por el desaire, borró a Messi y simplemente le envió por correo la medalla.
Pasaron 14 meses y Messi visitó finalmente la Casa Blanca para ser protagonista de un evento junto a Trump, en la recepción del presidente de Estados Unidos al Inter de Miami como campeón de la MSL. No a Biden y sí a Trump. ¿Habrá existido en Messi y en el resto de sus compañeros de equipo la duda, al menos la reflexión, acerca de mostrarse con un presidente que acaba de desatar una guerra que buena parte de la dirigencia mundial considera ilegal? Es probable que no, o que al menos no haya sido un dilema de calado. No abunda en los futbolistas de hoy, en general, conciencia y audacia política. Aquellos tiempos de la democracia corinthiana, liderada por el brasileño Sócrates en plena dictadura militar en su país, quedan muy pero muy lejanos.
Lejos de las actitudes de Maradona
Tampoco son los tiempos de Maradona. Más allá de las groseras contradicciones que el 10 tenía al defender dictaduras, solía situarse en el rincón del débil, junto a los débiles y frente a los poderosos: quería vender el oro del Vaticano y descalificar groseramente a George Bush (hijo).
Las imágenes de Messi junto a Trump dispararon en las redes sociales un aluvión de videos de Maradona criticando a Estados Unidos y desarrollando su particular visión de las relaciones internacionales: “¿Por qué pensás que hacen la guerra en Irak? Por el petróleo. ¿Por qué pensás que no van a Yugoslavia? Porque ahí solo encuentran piedras”.
Nadie esperaría esas reflexiones de Messi, que recientemente admitió como un error no haber estudiado inglés y quizás por eso sonreía y aplaudía en la Casa Blanca un discurso en el que el presidente hablaba de bombardeos y guerra, de Venezuela, de Irán y de mil cosas más. Gonzalo Paz, argentino, es profesor e investigador en Relaciones Internacionales y Ciencias Políticas en la Universidad de Georgetown, una de las más prestigiosas del mundo. En los días finales de febrero de 2024, el gobierno de Biden lo convocó a la Casa Blanca para escuchar su visión acerca de la relación bilateral con Argentina. Paz habló bastante e hizo dos propuestas: que un astronauta argentino se sumara a una de las misiones de la NASA y que Messi recibiera la Medalla de la Libertad. Las dos cosas sucedieron, aunque una salió bastante mejor que la otra.
“Propuse que le dieran la Medal of Freedom a Lionel Messi. Por varias razones, por ser Messi uno de los deportistas más grandes de la historia mundial y porque está viviendo en Estados Unidos. Lo que hace tiene un impacto múltiple en muchas áreas”, dijo Paz a EL MUNDO. “Y hacerlo en el año previo al Mundial y en el año de la Copa América, los dos torneos en Estados Unidos, era algo relevante”.
La Casa Blanca le hizo caso a Paz, pero Messi ignoró a la Casa Blanca. Hasta este jueves, cuando ingresó al East Room de la sede del gobierno de Estados Unidos junto a Trump y Jorge Mas, propietario del Inter de Miami y figura connotada del exilio cubano. Sonriente, Mas celebraba el doble éxito: su club y el que es quizás el mejor jugador de la historia estaban, al fin, donde él había soñado. En el momento y lugar justo: cerca de Trump y muy lejos de Biden.




