Chicho Ibáñez Serrador se preguntaba en su mejor película quién puede matar a un niño. Sus protagonistas, una pareja británica de luna de miel en España, descubrían con espanto que en la isla que creían idílica imperaba el imperio del terror, estable
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Hasta que se consolide el nuevo supermundial que apoya Haaland, el ajedrez clásico sigue siendo el rey, y pocos torneos se pueden comparar con el Candidatos, aunque solo sea porque solo importa quedar en primera posición. Si la guerra lo permite, el día 28 empezará en Chipre una edición que vuelve a ser doble. Ocho candidatos masculinos y ocho femeninas lucharán por la única plaza que dará derecho a retar a los actuales campeones, el indio Gukesh Dommaraju y la china Ju Wenjun.
La india Humpy Koneru, la única intrusa en el monopolio chino del top 6 mundial, ya ha anunciado que no quiere participar, por miedo a una escalada bélica en Oriente Medio: «Tras una profunda reflexión, he tomado la difícil decisión de retirarme», explica. «Ningún evento, por importante que sea, puede anteponerse a la seguridad y el bienestar personal. A pesar de las garantías ofrecidas, no me siento completamente segura en las circunstancias actuales. Es una decisión dolorosa pero necesaria». Hay un precedente inquietante: en 2020, Teymour Radjabov se apeó de un Candidatos que empezó cuando se extendía la pandemia. La FIDE lo ignoró y luego tuvo que parar la competición, cuando estaba en su ecuador, durante casi un año. El azerbaiyano fue compensado con una plaza directa para Madrid 2022.
En Chipre, el Gobierno de Estados Unidos ha elevado el riesgo al nivel 3, mientras que el organizador alemán Wadim Rosenstein se ha ofrecido a albergar el torneo, sin costes y de un día para otro, si es preciso. La inercia y los lazos comerciales de la FIDE la han llevado a ignorar la oferta, de momento.
En Chipre también hay cierta polémica por la lista de participantes del cuadro masculino, sobre toto. Los caminos para clasificarse han evolucionado, pero alguno es casi inescrutable, con sistemas de desempate cercanos al bingo. Al Candidatos se puede llegar ganando el circuito de la Federación Internacional, por subir al podio en la Copa del Mundo, como primero o segundo en el Gran Suizo y por puntos Elo, pero hay otros requisitos que han demostrado cierta fragilidad. A Nakamura, por ejemplo, le faltaba cumplir el número mínimo de partidas y lo completó en torneos casi de pueblo. La norma para impedirlo llegó tarde.
Candidatos
Hikaru Nakamura (EEUU, número 2 del mundo, 2810 puntos Elo, 38 años)
Carlsen dice que «los viejos americanos» son los grandes favoritos. Naka aportaría dinero y popularidad. Él mismo gana más con sus 'streamings' que jugando, por lo que ya solo lo hace si está muy motivado. Otro aliciente es que suele comentar cada partida esa misma noche, un gasto de energía insólito en la élite. Para muchos, es su último tren, aunque en Barcelona me comentó que espera tener más oportunidades.
Fabiano Caruana, en 2022.
Fabiano Caruana (EEUU, 3, 2793, 33)
El italoamericano es el gran favorito para ganar el torneo, como hizo en 2018. Luego, empató las 12 partidas contra Carlsen y perdió el título en las rápidas de desempate. Tiene la edad ideal para un nuevo asalto, que sin el noruego como rival sería menos difícil.
Wei Yi (China, 8, 2754, 26)
Cuando aún era un adolescente, el GM chino era la mayor promesa mundial, pero entonces se centró en sus estudios económicos. Una vez terminados, ha vuelto con fuerza, quién sabe si suficiente.
Anish Giri (Países Bajos, 9, 2753, 31)
Empresario y «tuitstar», siempre parece un escalón por debajo de los favoritos. Su edad es perfecta, aunque hace una década deslumbraba más. Al menos ha corregido su fama de tablífero. Es su tercer Candidatos y sabe bien qué hace falta para ganar.
Javokhir Sindarov (Uzbekistán, 11, 2745, 20)
El ganador de la Copa del Mundo es el más joven, aunque solo con unos meses. Si Gukesh no fuera aún más precoz, la edad podría ser considerada un obstáculo. Pese a todo, su victoria sería una sorpresa.
Praggnanandhaa Rameshbabu (India, 12, 2741, 20)
Desde niño, es un ejemplo de dedicación absoluta. Nunca tuvo Netflix ni videojuegos, lo que según su entrenador le daba una ventaja definitiva frente a los occidentales. Es valiente hasta la imprudencia y para Magnus es el tercer favorito, con gran diferencia respecto al resto.
Andrey Esipenko (Rusia, 32, 2698, 24)
El ruso (con bandera de la FIDE) trata de seguir el consejo de su compatriota Ian Nepomniachtchi, antiguo aspirante al título: no darle demasiada importancia al torneo. Él cree que hay igualdad entre los ocho participantes.
Matthias Bluebaum (Alemania, 34, 2695, 28)
El segundo mejor alemán (Keymer es un gran ausente) cuenta tan poco en las apuestas que eso mismo ya es una ventaja. Como Wei Yi, antepuso sus estudios y quizás por eso no destacó antes, pero como buen matemático suma puntos tan bien como el mejor.
Candidatas
Zhu Jiner (China, 4, 2554, 23 años)
Una de las dos opciones para asegurar el monopolio chino, que ya dura más de una década. Agresiva y en pleno ascenso, su único punto débil podría ser la inexperiencia.
Zhu Jiner, en 2025, en Qatar.Noushad Thekkayil/NurPhoto via Getty Images
Tan Zhongyi (China, 6, 2535, 34)
La china más veterana ha ganado dos veces el torneo y las dos cayó luego ante Ju Wenjun. Seguro que tiene ganas de comprobar si es verdad lo de la tercera.
Alexandra Goryachkina (Rusia, 7, 2534, 27)
La rusa, durísima, asusta por su mezcla de veteranía y juventud. Ya ganó una vez el Candidatos y luego perdió el título por la mínima.
Anna Muzychuk (Ucrania, 8, 2522, 36)
Sustituta a última hora de Humpy Koneru, en 2018 fue muy aplaudida por negarse a jugar un Mundial de rápidas en Arabia Saudí. Un año antes perdió el Mundial clásico en las partidas de desempate.
Divya Deshmukh (India, 10, 2509, 20)
Es la más joven, pero acumula oros olímpicos y parece tocada por alguna varita.
Bibisara Assaubayeva (Kazakistán, 9, 2516, 22)
En pleno ascenso, parece aún algo tierna para conseguir la victoria final.
Kateryna Lagno (Rusia, 11, 2508, 36)
La segunda más veterana y la segunda rusa (nacida en Ucrania) es otra víctima de Ju Wenjun, asesina de toda una generación. Parece al comienzo de su declive.
Vaishali Rameshbabu (India, 19, 2470, 24)
Explotó más tarde que su hermanito, uno de los favoritos, pero en forma no entiende de números Elo. Si sale cara, su estilo hiperagresivo puede ser letal.
Después de las tres primeras jugadas de una partida de ajedrez (tres movimientos blancos y tres negros), hay unos 60 millones de posiciones posibles. Un movimiento más y ya hablamos de miles de millones de opciones. Como se ha repetido tanto, el número final supera al de átomos del Universo; no intenten calcularlo en casa. Lo importante es que en esa jungla inabarcable para la memoria humana e incluso para los discos duros de las máquinas, los ajedrecistas intentan orientarse aprendiendo unas pocas rutas exploradas, las llamadas aperturas. A menudo llegan muy lejos, más allá de la jugada 20, pero por cada camino que conoce un gran maestro hay un millón de veredas por descubrir.
En el mejor de los casos, tarde o temprano el jugador está solo ante al tablero, sin ayudantes ni inteligencia artificial en la que apoyarse. En esos instantes en los que se asoma a lo desconocido, el ajedrecista debe fiarlo todo a su instinto y a sus conocimientos, calcular lo mejor posible y elegir una jugada, todo ello en un tiempo limitado. En Singapur, un chico de 18 años y un veterano de 32, con el ánimo por recuperar, viven cada día ese drama con un título mundial en juego.
Ding Liren superó al muchacho en la primera partida, pese a que se vio ante ese abismo de lo ignoto, abrumado además por la escasez de tiempo. En la segunda hicieron tablas, sin tantos riesgos. En la tercera, Gukesh volvió a plantear problemas casi irresolubles en los minutos que dura una partida de ajedrez.
El indio confesó después que había preparado hasta la jugada 13, sin duda más que su rival. Su cerebro, más tierno y esponjoso, parece más capaz de memorizar esas cosas, pero sobre todo parece mucho más duro, aunque Ding volvió a dar muestras de la genialidad que lo llevó a ganar el Campeonato del Mundo.
Pese a caer en el primer asalto, Gukesh Dummaraju no ha pedido la confianza en sí mismo. Amante del yoga y la meditación, desveló que después de su inicial y sorprendente derrota su ayudante le dijo unas palabras mágicas con las que recuperó la confianza, que probablemente sea una de las mayores cualidades de este joven impasible.
Gukesh sabe que el primer día hizo algunas cosas mal, pero está satisfecho con su juego en general y orgulloso de lo conseguido este miércoles. "Estaba contento con mi juego los dos primeros días y hoy ha sido incluso mejor. Me siento bien en el tablero y simplemente he conseguido superar a mi rival, lo que siempre es agradable", declaró en la rueda de prensa posterior. Tampoco se sintió dolido por las críticas de Magnus Carlsen, número uno: "Perdí una mala partida, pero estaba bien... Siempre supe que cuando me asentara recuperaría el ritmo", respondió.
Ding Liren, temeroso
El marcador está ahora empatado a un punto y medio, después de tres días de juego y en vísperas de la primera jornada de descanso. A Ding Liren le preguntaron cómo encajará su primera derrota y respondió que el resultado quizá le influya en sus emociones "el resto del día". Si el problema no se extiende más allá del jueves, todo irá bien. La clave será comprobar si es capaz de seguir al mismo nivel. En esos bosques ignotos a los que lo lleva su enemigo, está demostrando una capacidad increíble para tomar las mejores decisiones, pero consume demasiados minutos en cada encrucijada.
En la tercera partida, volvió a consumir océanos de tiempo en fases demasiado tempranas. Ding aún no confía lo suficiente en sus posibilidades y a veces se queda como paralizado. De hecho, perdió la partida por tiempo. No fue capaz de hacer 40 jugadas en las dos horas asignadas. Cuando llegan a esa frontera, los jugadores reciben una pequeña inyección de media hora, pero ganarse la prórroga requiere haber hecho esos 40 movimientos en plazo. En realidad, el gran maestro chino ya estaba perdido cuando su reloj se agotó, pero no puede seguir gastando 20 o 30 minutos en algunas jugadas.
Cuando le quedaban unos pocos minutos, los comentaristas alertaban en varios idiomas del drama que se avecinaba. Ding Liren parecía congelado. Los políticos y nosotros mismos podemos aplazar las decisiones más difíciles e incluso inhibirnos del todo y asumir (o no) las consecuencias, pero en el tablero hay que elegir, aunque sea mal. No es posible pasar y ceder el turno. Gukesh explotó ese factor con la sabiduría de un viejo zorro y siguió planteando problemas a Liren, quien deberá mejorar esa faceta si quiere mantener la emoción del duelo.
Quizá tenga algo más que mejorar. En la crónica anterior alabábamos el desapego del ajedrecista chino por el dinero, pero su juego ha pecado hoy de materialista. Primero envió a uno de sus alfiles a una misión de caza que resultó ser una emboscada. Logró un rescate milagroso, pero luego lanzó su torre a por otro peón y esta aventura ya fue excesiva. Le costó la vida a su alfil y a la postre la partida. En el intercambio, logró dos peones y el sueño de poder resistir, pero Gukesh demostró ahí que, pese a su juventud, sería (¿será?) un dignísimo campeón del mundo.