Enrique Riquelme bromeaba estos días con que le iban a echar de casa «porque estamos trabajando 24/7» en la candidatura para presidir el Real Madrid. Enrique Riquelme ha ido dejando detallitos, mensajitos, en la última semana, primero en un torneo de pádel en el que apareció como el que no quiere la cosa, después en el Foro Internacional de Expansión, ayer tras la Junta de Accionistas de su empresa, Cox, en Sevilla… Enrique Riquelme, en fin, ha estado dándole forma, no sin sudor, a lo que presentará ante la Junta Electoral.
Porque después de todas estas escaramuzas, o pinceladas, ahora empieza lo realmente serio, si es que finalmente consigue firmar el aval con el banco andorrano. Mejor escrito, con su filial española, pues los estatutos ideados por Florentino Pérez obligan a que el aval proceda de una entidad registrada en el Banco de España.
La operación también está apoyada por ScotiaBank, banco canadiense con el que Riquelme ha trabajado en el pasado en varias operaciones. Ni BBVA ni Santander, dos de las entidades con las que ha estado negociando el empresario estos días, se decidieron a concederle el aval. Según fuentes del sector, no era un problema de garantías. La negativa tiene más que ver con la figura de Florentino, presidente y máximo accionista de ACS, y la apuesta de las dos entidades por mantenerse neutrales en la contienda que se avecina. O, traducido, la apuesta de las dos entidades por no enfrentarse a Pérez.
Con el aval del 15% del presupuesto del Real Madrid conseguido no se acabarán, sin embargo, los quebraderos de cabeza para Riquelme. De hecho hoy, con la presentación de toda la documentación ante la Junta Electoral si finalmente se produce, comienzan las 48 horas decisivas. Tras el dinero, viene la confirmación pública de quiénes formarían parte de su Junta Directiva, donde habría apellidos del madridismo más tradicional como Boluda o Fernández Tapias. Su mano derecha, si nada cambia, sería David Mesonero, director de Desarrollo Corporativo de Iberdrola y yerno de Ignacio Sánchez Galán.
Enrique Riquelme, este viernes en SevillaEFE
Y luego está el tema deportivo. Como era fácilmente imaginable, a una persona sin demasiada vinculación con el fútbol hasta la fecha le está costando muchísimo llegar a los entornos de los grandes nombres que resuenan en la cabeza de todos pensando en un futuro proyecto. De hecho ayer, en Sevilla, cuando atendió a los medios de comunicación, el propio Riquelme dejó una frase muy llamativa: «Espero que el nombre ilusionante sea Enrique Riquelme», lo que viene a ser un reconocimiento implícito de que, con tan poco tiempo y margen, es difícil que aparezca de la mano de una gran figura.
Consciente, quizá, de que ganarle unas elecciones a Florentino a la primera es muy difícil, Riquelme ha optado por ir con mucha prudencia, sin una palabra más alta que otra y poniendo el foco, eso sí, en las cuestiones más difíciles de explicar para el actual presidente. «Estamos trabajando en una candidatura para devolverle al socio el club, ponerlo en el foco y, sobre todo, con todo el respeto para todas las partes. Hay que generar ilusión y que se recuperen los valores del club, que algunos de ellos se han deteriorado en los últimos años», insistió ayer, un día después de poner el foco en evitar «la privatización del club», denominación que él le da a la intención de Florentino de articular de algún modo (no lo ha explicado) la entrada de capital privado en el Madrid.
A todo esto, de su rival, del presidente que todavía lo es, nada se sabe. Sigue en silencio el curso de los acontecimientos y prepara, casi en solitario, la opción de enfrentarse a alguien por primera vez desde 2004.







