“Cómo puede cambiarte la vida en tan poco tiempo”. En esa reflexión sobre sí mismo de Aday Mara tras su majestuoso partido de semifinales (26 puntos, nueve rebotes…), en el que llevó a Michigan a la final de la NCAA que después conquistaría ante UConn, se resume un frenético cuento de hadas. De las expectativas del unicornio del baloncesto español a la repentina y tajante frustración, y de ese abismo al reencuentro con el éxito. A lo grande.
Para saber más
Aday el pionero. Aday Historia. Campeón de la NCAA, lo que ningún español hizo jamás (sólo ellas, Helena Pueyo y Marta García, habían pisado una Final Four universitaria). En el Lucas Oil Arena de Indianápolis, un maño para siempre. El mismo chico que hace nada vio cómo su carrera se estampaba contra un muro, se comprobaba en su primera cima de tantas. Del olvido en UCLA con Mick Cronin al éxito en Michigan con Dusty May. Un trampolín hacia lo inevitable, la NBA. “Ha sido una carrera difícil, pero he tenido paciencia y sabía que mi tiempo iba a llegar. Gracias a todos los que creyeron en mí”, admitía en las celebraciones.
Su despliegue en la lucha por el título conseguido brillantemente por los Wolverines, multiplicando su rendimiento y sus números quien ya fue nombrado jugador defensivo de la temporada en su conferencia, la Big Ten, le sella el pasaporte hacia la mejor liga del mundo. Será, junto a Santi Aldama y Hugo González (quizá alguno más como Baba Miller), el tercer español allí el curso que viene, pues sus credenciales en el próximo draft se sitúan ahora entre las 20 primeras elecciones. El destino de quien estaba predestinado.
No sólo por su altura (2,21 metros y casi 2,30 de envergadura). Ni siquiera por los genes heredados de su padre, Javi (2,01 de quien fue jugador profesional) y, sobre todo, de su madre, la canaria Geli Gómez (1,90), leyenda del voleibol nacional. También por una intuición precoz en las canastas, una facilidad que bien temprano le hizo saltar todos los radares. Luis Arbalejo, actual director deportivo del Valencia Basket, fue quien reclutó a Aday para la cantera del Basket Zaragoza, alertado por las palabras de Pedro Enériz, gerente del club: “Hay un niño altísimo…”. “Fuimos a verle al colegio. Le sacaba una cabeza al resto (con ocho años ya medía casi 1,70). Era muy tímido, muy apegado a sus padres como hijo único. Al principio le costó”, rememoraba en este periódico sobre un chaval con el que tener “paciencia”: “Todos éramos conscientes de que estábamos ante un gran proyecto, pero le costaba competir, correr la pista, hasta el contacto con los rivales. No era capaz de superar a nadie en el uno contra uno. No podíamos permitir que entrara en procesos que le causaran frustración”.
Pero su eclosión fue impactante. En octubre de 2022, con 17 años, Martin Schiller le hizo debutar en ACB en el Príncipe Felipe (ya había tenido algún minuto en competición europea el curso anterior, a las órdenes de Jaume Ponsarnau), contra el Baskonia: en su primera acción completó un pick and roll de manual con un mate a dos manos. En los siguientes cuatro minutos, firmó ocho puntos sin fallo. En el repertorio, un alley-oop con la izquierda y un triple llegando en carrera. Con el Casademont serían un total de 22 partidos, después con Porfi Fisac en el banquillo.
Aday Mara, en su etapa con el Casademont Zaragoza.
El verano anterior se había presentado al planeta con la plata mundial lograda con la sub 17 en Málaga, sólo eclipsado por el MVP de Izan Almansa. Allí promedió 12,6 puntos, cinco rebotes y 1,9 tapones. Jorge Sanz, director de Operaciones Baloncestísticas de la Universidad de Gonzaga, y asistente de esa España que sólo perdió contra EEUU, recuerda la final, “todo el desparpajo y la dureza que mostró contra EEUU [16 puntos, 7 rebotes, 3 asistencias, 5 tapones…] y su personalidad «sin complejos»: “Los que son tan altos suelen ser un poco tímidos. Él acepta su cuerpo. Le da igual, es un jetilla, un guasón», admitía a EL MUNDO. “Me llamó mucho la atención su tolerancia a la frustración. Siempre, hasta en los momentos de adversidad competitiva, era capaz de trabajar con una sonrisa», recordaba Javi Zamora, el seleccionador.
Tras los 22 partidos con el Casademont, el destino era, otra vez, inevitable: la NCAA. Aunque no sin conflicto. Mara rompió unilateralmente su vinculación con el club maño y el asunto sigue en los tribunales. Pero lo que iba a ser la continuación de una historia de crecimiento, en UCLA devino en pesadilla. En la prestigiosa universidad para la que jugaran Kareem Abdul-Jabbar, Bill Walton o Reggie Miller, entre otros, Aday se enredó en un entrenador que no creía en él. Con los Bruins, a las órdenes de Cronin, disputó 61 partidos pero solo nueve de titular: cinco puntos, 3,1 rebotes y 1,2 tapones… Y puñados de recelo. “Tenía miedo al fallo, miraba a ver si me iban a cambiar”, admitía estos días en Drafteados.
El cambio de universidad fue un cambio de vida. Y May el entrenador al que tanto le deberá su carrera. Mara ha multiplicado sus números durante la temporada en un equipo poderosísimo que sólo ha perdido tres partidos. Y ha ido a más en el March Madness y con el remate de la Final Four. “Su evolución ha sido muy buena. Este año está siendo lo importante que no había sido los dos anteriores en UCLA. Michigan ha confiado en él desde el principio. Tiene el balón, juega minutos de muchísima calidad y suma de muchas maneras: reboteando, asistiendo, anotando desde el poste bajo, incluso un poquito más alejado y taponando. Sobre todo, taponando, que es una virtud enorme y realmente a nivel defensivo es un factor diferencial”, explicaba Chus Mateo, presente en Indianápolis, a EL MUNDO. Pronto, el siguiente paso. De nuevo, inevitable, su debut con la selección.









