Es mediodía y Florent guía la fiesta. Bandera en mano (francesa) grita: «Allez, allez» (Vamos). Junto a él, una decena de personas ataviadas con las camisetas azules de Paris 2024, le secundan. Han puesto la música a todo trapo y bailan en mitad del recinto, despidiendo al público que acaba de asistir a la final de escalada masculina, en Le Bourget, barrio al norte de París. Florent lleva así, aunque alternando escenarios y competencias, desde el
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Eran la esperanza del taekwondo español: Los adrianes, Adriana Cerezo y Adrián Vicente, 20 y 25 años, madrileños ambos y con hambre de oro. Los cuartos de final en París rebajaron las expectativas de obtener medalla, al quedar eliminada ella, mientras que él, que competía en la categoría de menos de 58 kilos, lograba acceder a la repesca. Al final, y tras ganar un combate más, cedió en el combate por el bronce ante el tunecino Khalil Jendoubi, número 1 mundial.
Las reglas de este deporte permiten optar al bronce a los que han sido derrotados en cuartos siempre y cuando sus respectivos rivales pasen a la final. Esto dio esperanzas a Vicente, bronce en el campeonato mundial de 2023 ante un público, el del palacio del Gran Palais, que le coreaba. Durante un rato, el taekwondo soñó con evitar el fiasco en su gran día. No lo logró.
La jornada arrancó amarga con la derrota de Adriana Cerezo, que fue plata en los Juegos de Tokio con sólo 17 años. Soñaba desde entonces con llevarse a casa el metal dorado en estos de París y llegaba como una de las opciones de medalla más claras de toda la delegación española. Llevaba días diciendo que estaba preparada y que iba a por todas, pero perdió frente a la iraní Mobina Nematzeadeh. La madrileña arrancó mal y se quedó fuera en el primer asalto.
El hecho de ir con el marcador en contra ya la lastró. Ella misma reconoció que la dejó tocada: «No estoy contenta. No tengo sensaciones muy claras de lo que ha pasado en el combate, pero no he hecho lo que tenía que hacer», dijo la española.
A los pocos minutos, casi como si fuera víctima de esa mala inercia, le sucedió lo mismo a Adrián Vicente. Se enfrentaba al azerbayano, Gashim Magomedov. Su combate estuvo más igualado e intentó llegar a la cabeza del contrincante a la desesperada, pero finalmente fue derrotado. En el taekwondo, los participantes hacen un gran uso de las piernas, porque si dan un puñetazo en el tronco del adversario con la pierna, vale dos puntos, pero son tres puntos si alcanzan con el pie la cabeza. Si, además, hay un giro previo al golpe, se añaden puntos.
Vicente intentó, como él mismo explicó después, agotar al rival para poder pillarle en un momento de renuncio. «Sabía que era muy explosivo, y la idea era mantener el ritmo hasta cansarlo, pero él ha estado muy bien», señaló al acabar la prueba. Además de la afición española, el Rey Felipe VI, que había acudido al Grand Palais, el palacio de cristal donde se celebra el taekwondo, había estado animándolos minutos antes de que comenzaran a competir. Pero nada salió bien.
Vicente venía a París con credenciales: un bronce en el Europeo de este año, otro en el Mundial de 2023 y el oro en los Juegos Europeos 2023. El madrileño había quedado noveno en los Juegos de Tokio, pero estos eran sus Juegos... Debían serlo.
Como los de Cerezo, que no tuvo ni la opción de optar al bronce en la repesca, dado que fue eliminada también su rival iraní. Con la mentalidad de ganadora que tiene, este salvavidas tampoco le convencía: «Me da rabia depender del trabajo de otra persona para optar a un bronce», había dicho la española, antes de la derrota de la iraní.
Desde que llegó a París, Cerezo se había mostrado confiada en sus capacidades para llevarse el oro, sobre todo después del rendimiento que demostró en los Juegos de Tokio. Los pudo disputar gracias a la pandemia, que obligó a retrasarlos. Ella tenía entonces 17 años. Hizo una competición soberbia y sólo cayó en la final, contra la tailandesa Panipak Wongpattanakit, por un despiste en los últimos segundos. Siempre ha dicho que, desde que empezó a hacer taekwondo, ha querido ganar un oro y ser la mejor del mundo.
Tendrá que esperar, aunque tiene tiempo. Con sólo 20 años tiene una larga carrera por delante, pero ayer nada de eso era consuelo. «No sé qué ha pasado», repetía. Y el taekwondo español asentía apesadumbrado.
«He cumplido mis sueños de niño: llegar a unos Juegos, conseguir una medalla y ahora un diploma olímpico». Ojalá todo el mundo asumiera la decepción como Ray Zapata. El gimnasta español, de 31 años, se mostraba sinceramente satisfecho con el séptimo puesto en la final de suelo celebrada ayer en París. No logró la tan ansiada medalla, la que diera continuidad a la plata conseguida en Tokio, pero sonreía. «Venía de una lesión, pero he creído en mí,
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Desde el pasado jueves, disfrutar de un paseo por el Sena o cruzar de un lado a otro del río por alguno de los puentes, a pie o en coche, es un desafío gigantesco. La semana pasada se activó el perímetro de protección antiterrorista en París de cara a los Juegos Olímpicos que arrancan el viernes y la zona donde se va a celebrar la ceremonia de apertura (en el Sena, por primera vez fuera de un estadio) está blindada, vallada e inaccesible.
Sólo las personas que han solicitado un permiso puede pasar con un código QR. «Está la zona roja, la zona gris... Es un lío, ya no sabes por dónde puedes moverte, y encima la mitad de las paradas de metro están cerradas. Esta semana esto va a ser un caos», protesta Marie, que trabaja en una tienda cerca de la Asamblea Nacional y ha tenido que modificar su itinerario habitual para poder llegar a su destino cada día.
París es estos días una ciudad blindada, hiper vigilada por tierra y aire, con militares y policías en cada esquina. Se han instalado unas 44.000 rejas en la zona del Sena, normalmente llena de turistas pero hoy tan poco transitada que recuerda al confinamiento durante la pandemia: no hay apenas tráfico ni ruido. Un silencio inusual. Han empezado las restricciones en la red de metro, de manera que hay que estar recalculando trayectos.
Los tiempos se dilatan más de lo normal y cruzar de un lado del río al otro, si no es en el suburbano, es complicado. Muchos parisinos se han ido de la ciudad. Los que viven en las zonas acotadas y los comerciantes han tenido que pedir la autorización, a través del citado QR, para moverse.
Varios policías en la orilla del Sena.AP
A cinco días del comienzo de los Juegos Olímpicos en París, hay un fervor contenido por el evento y, sobre todo, mucha inquietud por la seguridad. Los preparativos y las molestias generadas por el protocolo antiterrorista añaden irritación a una población que ha ido perdiendo entusiasmo. El 60% de los franceses se alegra de que París acoja los Juegos, según un sondeo realizado por Odoxa esta semana. En septiembre era casi un 80% de apoyo, pero va cayendo a medida que se acerca la fecha.
En la zona del Sena, los comerciantes se quejan del impacto de las restricciones en sus negocios. Los hoteles pensaban forrarse, pero en los últimos meses habían elevado tanto los precios que han acabado disuadiendo al turista y a última hora han visto que no tienen el lleno como pensaban. «No hay casi turistas, la actividad ha bajado mucho desde que se activaron las restricciones. Esto parece el confinamiento», insiste Laurent, en una tienda de regalos de la zona.
Si esta semana muchos parisinos han aprovechado para irse, otros son conscientes de que es una vez en la vida. «Siempre hay inconvenientes con este tipo de eventos, pero son sólo unos días y la experiencia merece la pena. ¿Cuándo vas a vivir una cosa así en tu ciudad? Solo una vez», explica Khaled, camarero de un bar cerca de la Asamblea Nacional, zona afectada por las restricciones.
Las obras han acabado y ahora empiezan a desmontarse los andamios, se han creado zonas verdes en muchas calles, ahora peatonales, y en los puentes del Sena se han instalado tribunas para ver la ceremonia, que transcurrirá a lo largo de seis kilómetros del río. Todas las calles están llenas de banderines olímpicos y en los parques se han acotado zonas para celebrar. Se ha reclutado a un total de 45.000 voluntarios para estas semanas. Lo que más preocupa es la seguridad: el 68% de los franceses está inquieto por los problemas que pueda haber en los transportes o en las zonas más turísticas, por el peligro de un ataque. Hace tres semanas que se han triplicado las patrullas en el metro. En las fanzone se esperan unas 50.000 personas. El 65% tiene miedo de acudir. Francia está en nivel máximo de alerta terrorista y el día de la ceremonia habrá 45.000 miembros de las fuerzas del orden desplegados. Además, hay unos 18.000 soldados movilizados, 10.000 en la región de París. Nunca la capital ha estado tan protegida. El día de la ceremonia habrá una burbuja aérea.
Gasol, junto al presidente del CIO, Thomas Bach, en la Villa Olímpica.AFP
«Estamos preparados, y lo estamos durante todo el periodo olímpico, gracias a las fuerzas de seguridad», ha dicho el presidente, Emmanuel Macron, que visitó ayer la villa olímpica, construida en Saint Denis, uno de los barrios populares de la periferia parisina. Macron ha destacado que la seguridad «es la prioridad» y para ello se ha desplegado un dispositivo como nunca antes. Han llegado refuerzos extranjeros, entre ellos centenares de policías y guardias civiles españoles.
Sólo el 40% de franceses quiere que la ceremonia de apertura se mantenga. Había un plan B, en Trocadero, mucho más reducida y sin la espectacularidad que supondrá ver desfilar los barcos por el Sena. También un plan C, en el Estadio de Francia, en caso de amenaza extrema. París, además, acoge estos juegos en medio de una tormenta política, tras la decisión de Macron de adelantar las elecciones legislativas, que han dejado un Parlamento dividido en tres bloques y ninguno con mayoría suficiente como para formar Gobierno. El que había está en funciones, precisamente para poder gestionar los juegos.
El París de antes y después será muy distinto. Además del nuevo barrio de Saint Denis, donde hoy está la villa olímpica, la posibilidad de bañarse en el Sena cambiará la ciudad para siempre.