Juan Carlos Ferrero, que inicia una nueva etapa profesional con el golfista Ángel Ayora, reconoció que le resulta duro ver sentado en una silla, por televisión, como Carlos Alcaraz, al que ha entrenado durante siete años, compite en el Abierto de Australia.
“Es difícil ver a Carlos competir y a todo tu equipo sentado en la silla. No es fácil lo que sientes”, dijo en una entrevista Ferrero en Ten Golf. “Estoy muy contento con su juego, porque está ganando y aún no ha perdido ningún set. Está a un gran nivel. Darle la enhorabuena y que siga”, dijo.
Sobre su nuevo proyecto, Ferrero destacó que necesitaba “un cambio de aires. Recibí ofertas para seguir en el tenis, en los circuitos ATP y WTA pero surgió la oportunidad de trabajar con Ángel en un mundo que conozco y me gusta”, dijo Ferrro que rechazó comparar a Alcaraz con Ángel Ayora.
“Ángel acaba de empezar y Carlos ya lleva varios años. Alcaraz es más extrovertido. Son caracteres diferentes. Carlos está entre los mejores y Ángel puede llegar muy arriba”, añadió el exentrenador de Alcaraz.
“El tenis es mi vida y va a seguir siéndolo porque sigo trabajando en mi academia”, aclaró Ferrero que afronta como “un período experimental” su paso al golf.
"No sé si fue mi mayor éxito, pero estoy seguro de que fue el Grand Slam en el que me sentí más presionado. Después de aquello estaba completamente en paz conmigo mismo, ya no necesitaba nada más en mi carrera". Roger Federer hablaba con esa grandilocuencia de un logro que le llegó cuando tenía 27 años, cuando ya era Roger Federer. En 2009 ya había convertido el tenis en arte y el arte en gloria en el Open de Australia, Wimbledon y el US Open, pero en Roland Garros solo encontraba derrotas. Hasta tres veces había chocado en la final contra el muro de Rafa Nadal, y ahí podía quedarse por los siglos de los siglos, atrapado en una frustración histórica.
Uno de los ídolos de infancia del suizo había sido Pete Sampras, y este nunca llegó a triunfar en París. ¿Y si le sucedía lo mismo? Para su fortuna, aquel 2009 un sorprendente Robin Söderling eliminó a Nadal en octavos de final y, pese a toda la presión acumulada durante años, le abrió las puertas del cielo: el llamado Career Slam, el pleno en los cuatro Grand Slam, una barrera derribada al fin.
Sirve el sufrimiento de Federer para poner en valor lo conseguido por Carlos Alcaraz este domingo. Después de derrotar a Novak Djokovic en la final del Open de Australia, el español se convirtió, con 22 años y 274 días, en el tenista más joven en dominar los cuatro grandes. El récord anterior lo poseía su amigo y compatriota Rafa Nadal, también presente en la Rod Laver Arena, con 24 años y 101 días, una evidencia de la precocidad de ambos y de una generación que reescribió los plazos. A Nadal, el Grand Slam que más le costó fue el US Open, cuando aún estaba pendiente su transformación en un jugador verdaderamente polivalente, pero igualmente celebró el pleno en sus inicios.
Antes de ellos dos, el Career Slam suponía la culminación de toda una carrera, un colofón, el cierre definitivo de un palmarés. Solo nueve hombres lo han conseguido en toda la historia y la mayoría lo hicieron rondando o superando la treintena, cuando el tiempo ya pesaba. La lista es la siguiente: Fred Perry, Don Budge, Roy Emerson, Rod Laver, André Agassi, Roger Federer, Rafa Nadal, Novak Djokovic y ahora, sí, Alcaraz.
Nadal, durante la final entre Alcaraz y Djokovic.AFP
"¿Firmarías ser campeón aquí y no volver a ganar un Grand Slam en toda la temporada?", le preguntaron en la previa, y su respuesta fue clara: "Sí, este año sí lo firmaría". Alcaraz sabe que su pleno a edad temprana le define en la comparación entre leyendas. Pase lo que pase a partir de ahora, alcance la veintena de Grand Slam de Djokovic, Nadal y Federer o no, quedará que fue quien más rápido se adaptó a todas las superficies y contextos del juego moderno. Al serbio, derrotado ayer, por ejemplo, le costó un mundo. Como le sucedió a Federer, en Roland Garros tropezó una y otra vez contra Nadal e incluso contra Stan Wawrinka antes de conseguir su título. Cuando lo logró ya tenía 29 años, igual que André Agassi, mientras que los clásicos, como Laver, lo hicieron con más de 30 años y con cierta fortuna.
El tenista más laureado que nunca alcanzó el Career Slam es Sampras, pero hay una larga lista de grandes campeones con algún agujero en su palmarés. Björn Borg nunca ganó el US Open; a Jimmy Connors le faltó Roland Garros; Ivan Lendl no pudo triunfar en Wimbledon; John McEnroe falló en Australia y Roland Garros; Mats Wilander en Wimbledon; Stefan Edberg, Boris Becker, Guillermo Vilas o Jim Courier tampoco completaron el pleno. Manolo Santana nunca llegó a viajar a Melbourne y Sinner todavía sueña con reinar en París, una asignatura pendiente del presente.
"Obviamente es un gran logro para mí. Era el objetivo que me había marcado esta temporada", aceptaba Alcaraz, que además eleva su cuenta de Grand Slam a siete. Ya tiene los mismos que McEnroe y Wilander, apenas uno menos que Connors, Lendl y Agassi. De nuevo, el récord es suyo, aunque ya está acostumbrado: es el más joven en alcanzar esa cifra. Cuando Nadal llegó a siete Grand Slam acababa de cumplir 24 años; Federer estaba en camino de los 25 y Djokovic ya había celebrado su 27 aniversario.
A sus 22 años, a Alcaraz le queda toda una carrera por delante, pero ya acumula récords, consecuciones y adjetivos. Nunca hubo un tenista tan precoz y nunca hubo un tenista tan versátil; solo el futuro dirá si tampoco hubo nunca un tenista mejor.
Los genios tienen estas cosas: un día sin inspiración es un día perdido. Le pasa al pintor y al escultor, pero también al triplista cuando se le cierra el aro. Toca esperar un soplo de inspiración o dejar que otros hagan el trabajo. El problema de Carlos Alcaraz es que, si se le escapa la musa, no puede suspender un partido ni dejárselo a otro. Le toca resignarse, despertar y ponerse a la tarea. Este viernes, en semifinales de Roland Garros ante Lorenzo Musetti, la varita mágica no le funcionaba y pese a ello supo remontar para ganar por 4-6, 7-6(3), 6-0 y retirada y clasificarse para la final.
Durante un buen rato, casi dos horas, estuvo cabreado con el mundo, llegó a patear su propio banquillo, pero finalmente entendió que si no se tranquilizaba se marchaba para casa. En la previa explicó que ya se sentía más maduro porque cuando se enfadaba por culpa de los errores, sabía calmarse. Su victoria este viernes le da la razón, aunque antes hay que olvidar algunos ratos del segundo set.
Y es que el encuentro tenía más peligro del que parecía por dos razones. La primera era que Alcaraz venía de una actuación majestuosa contra Ben Shelton en cuartos de final, quizá su mejor encuentro en Roland Garros, y lucía muchísima confianza. Y la segunda, que Musetti había perdido sus dos enfrentamientos previos esta primavera, la final de Montecarlo y las semifinales de Roma, y sabía qué tenía que hacer para incordiarle. Ambos factores se unieron para situar al español ante un escenario que no se esperaba.
La amenaza de Musetti
En el primer set desplegó un juego tan alegre como desafinado. Su derecha sonó a látigo, como había sonado ante Shelton, pero falló un par de voleas, algunas dejadas, varios reveses cruzados. Punto a punto se encabritaba. Alcaraz buscaba sus golpes y mientras tanto Musetti le devolvía todo, le mareaba cuando podía, le respondía. Con sólo una bola de rotura, el italiano se llevaba el periodo y se presentaba: "Aquí estoy yo, una amenaza".
JULIEN DE ROSAAFP
Era un día gris, encapotado en París, tanto que la organización decidió cubrir la Philippe Chatrier y el ánimo de Alcaraz se fue retorciendo. Quejas a su equipo, suspiros y, al final, la patada a su banco. Hasta dos veces pudo resucitar antes, dos breaks consiguió, y sin embargo necesitó llegar a la tercera, el tie-break, para hacerlo. Ahí, sí. En la muerte súbita, aprovechó la rabia que le consumía para hacerse con el partido. Todos los golpes que antes fallaba, la volea, la dejada, el revés cruzado, le entraron y voló hacia el triunfo.
En ese momento se acabó la historia. Al perder su oportunidad, Musetti desapareció. Sin haber dado muestras antes, en el tercer set empezó a notar ciertos problemas físicos y en el cuarto se retiró. Hubo una pequeña parada para que le atendiera el fisioterapeuta y por sus explicaciones no parecía grave, pero finalmente no le dejó terminar el encuentro. Alcaraz, ya reconciliado con su inspiración, espera en la final al ganador del duelo entre Jannik Sinner y Novak Djokovic.
Nadie está a la altura de Carlos Alcaraz y Jannik Sinner. Si el último Masters 1000 de Roma dejó una conclusión fue esa: los dos son favoritísimos para el Roland Garros que arranca este domingo. Pero el camino de uno y otro puede decidir el título. El desgaste será determinante si ambos alcanzan la final y, a priori, después del sorteo celebrado este jueves, el español empieza con ventaja.
Número uno y dos del ranking ATP, mientras el italiano se podría medir con rivales como Alejandro Davidovich -en tercera ronda-, Arthur Fils, Jack Draper,Jakub Mensik, Alex de Miñaur y, ya en semifinales, Alexander Zverev o Novak Djokovic, el español los evitará a todos. En su lado del cuadro las amenazas son pocas: Casper Ruud en cuartos de final y Taylor Fritz o Lorenzo Musetti en semifinales.
Antes no se advierte un rival capaz de derrotar a Alcaraz, aunque aparecen nombres más que conocidos. De hecho, el vigente campeón del torneo debutará el lunes o el martes contra un tenista que llegó a ser finalista en Madrid o Montecarlo, aunque muy venido a menos. Kei Nishikori, a sus 35 años y mermado por las lesiones, será el primero al que se enfrente y luego se podría encontrar con jóvenes como Luca Nardi o Giovanni Mpetshi Perricard, antes de un duelo de octavos de mayor nivel
Allí le esperan Ben Shelton, Lorenzo Sonego o incluso Stefanos Tsitsipas, finalista del torneo hace no tanto, en 2021. En ediciones anteriores su presencia en el cuadro hubiera espantado, pero el griego arrastra una racha nefasta, ha caído al número 20 del ranking mundial y en esta gira de tierra batida no ha pasado de cuartos de final en ningún torneo.
Apoyo al PSG
«Tengo un gran nivel de confianza ahora mismo. Está siendo una gira de tierra batida muy buena, pero este torneo es otra cosa, es el más importante de la gira y uno de los más importantes del año. El año pasado llegué aquí de una manera completamente diferente, sin haber jugado prácticamente partidos en arcilla, pero esperemos que el resultado sea el mismo», comentó Alcaraz en el sorteo del cuadro, donde la mano inocente fue el futbolista Ousmane Dembélé.
En la ceremonia se habló en varias ocasiones de la próxima final de la Champions League que enfrentará al PSG y al Inter de Milán el sábado 31. Alcaraz aseguró que vería el partido "100% seguro" y que animaría al conjunto francés. "Gracias", le contestó Dembélé en castellano.
Badosa, un estreno duro
El azar que sonrió a Alcaraz no fue tan benévolo con la otra tenista española con opciones al título, Paula Badosa. Aún con problemas en la espalda, la actual número 10 del mundo debutará contra Naomi Osaka, una dura rival pese que también acumula dificultades físicas. La japonesa nunca ha alcanzado la cuarta ronda en París, pero el año pasado estuvo muy cerca de batir en segunda ronda a Iga Swiatek, a la postre campeona.
Si vence a Osaka, eso sí, Badosa no deberá medirse a la propia Swiatek o a Aryna Sabalenka hasta una hipotética final. En su camino podría toparse con Mirra Andreeva en cuarta ronda, Jessica Pegula en cuartos de final y Coco Gauff o Madison Keys en semifinales.