César Luis Menotti nos ha dejado. Deportivamente, en una carrera modesta como jugador e irregular como entrenador, permanece de él, por encima de todo, un título mundial en mitad de una sanguinaria dictadura. Esa mezcla de historia futbolística y tragedia humana coexistiendo, entre el júbilo y el horror, en un país mutilado por el dolor sin cura y anestesiado por el balón, preside su biografía.
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España consiguió su victoria número 100 en un campeonato europeo tras aplastar a la selección de Reino Unido (70-85), a la que llegó a ganar hasta por 34 puntos en el tercer cuarto, en su encuentro perteneciente al grupo D del Eurobasket 2025, que se disputa en Grecia, Italia, Alemania y República Checa hasta el 29 de junio.
Las de Miguel Méndez no mostraron piedad ante las británicas, que llegaban al duelo sin haber ganado ni un solo encuentro de preparación, para iniciar con un triunfo su andadura en este campeonato mostrándose como un bloque sólido y alejado de individualidades.
El acierto de España
España comenzó de mejor manera el encuentro, con un juego muy abierto para aprovechar las penetraciones de sus jugadoras exteriores y de situaciones dentro para Awa Fam, que, desde el principio, tuvo que fajarse en la pintura ante la británica Temi Fagbenle.
Los rápidos ataques de Reino Unido fueron contestados por la presión en línea de pase de las españolas, que forzaron seis pérdidas y obtuvieron ocho puntos gracias a la recuperación de balón. Sólo el rebote ofensivo parecía dar rédito a las británicas, que conseguían no despegarse del marcador en los primeros diez minutos (13-18).
En el siguiente cuarto, España continuó en la misma línea y provocó dos pérdidas en la reanudación gracias a Iyana Martín, autora de 11 puntos en la primera parte con 3/4 desde el perímetro, que generaron la primera gran ventaja a favor de 'La Familia' en el partido (15-25) y obligaron al primer tiempo muerto de Anna Montañana.
Reino Unido no dio síntomas de mejora, mientras que la segunda unidad española cimentaba su defensa mediante actividad, ayudas y cambios tras cada bloqueo directo, lo que, sumado al buen porcentaje en el lanzamiento -76,5 en tiros de campo y un 80 en el triple- y el pobre balance en cancha propia de las británicas, dejaba al descanso la máxima diferencia del choque (25-48).
La nula reacción de Reino Unido
Las excelentes sensaciones del segundo cuarto continuaron tras el paso por vestuarios. Reino Unido era incapaz de conectar a sus piezas interiores y caía una y otra vez en la red defensiva de las de Miguel Méndez, que volaban sobre el parqué.
Sólo las británicas Catriona Henderson y Sam Ashby insistían en no capitular tan temprano. Gracias a su empeño y al dominio del rebote, redujeron la sangría en el marcador, que llegó hasta los 34 puntos de diferencia en este periodo, y maquillaron el resultado para llegar el último cuarto con un desfavorable pero menos catastrófico 49-68.
Con Fagbenle en el banquillo, la pívot Cheridene Green asumió galones y surgió como la solución interior en el juego de Reino Unido, que terminó ganando los dos últimos cuartos y reduciendo la desventaja hasta el 70-85 final, ante una coral España que acabó con Helena Pueyo, con 18 tantos, como jugadora mejor valorada del partido, y con el regreso de Raquel Carrera, que sumó minutos con el equipo tras su lesión de tobillo.
Cuando Olga Carmona soltó un zurdazo en el minuto 29 de la final del Mundial que sorprendió a la portera inglesa Mary Earps, España volvía a hacer historia. Eran campeonas del mundo contra viento y marea, gracias al talento de sus jugadoras, que ya acumulaban tres Balones de Oro, y su capacidad de guardar bajo la alfombra los desprecios. Muy poco había cambiado desde que, un año antes, un grupo de ellas levantara la voz contra unas condiciones de trabajo inmerecidas. Algunas estaban en Sídney, en un ejercicio de resiliencia y olvido forzado; otras estaban en casa. Pero aquello que apartaron para jugar al fútbol lo sacudió un beso, una agresión sexual de Rubiales a Jenni Hermoso que escandalizó al mundo. «Se acabó». Una frase de Alexia Putellas que fue principio y final de todo.
En Sídney nació la España campeona que hoy volverá a pelear por un título que no tiene, la Eurocopa, de nuevo ante Inglaterra, dejando un reguero de elogios por su fútbol y su talento. Pero el legado supera al hecho histórico. «Sabéis todo lo que hemos pasado, todo lo que hemos luchado, siempre manteniendo el foco en el fútbol. Y eso es muy complicado. Esta Eurocopa ha sido muy tranquila, cosa que agradecemos, y creo que eso también ha ayudado a sacar nuestra mejor versión. Siempre es más difícil jugar cuando tienes cosas externas», reflexiona Aitana. Esa resiliencia, que por momentos no fue eso sino un amargo trágala, les hizo más fuertes. «Este equipo es mucho más maduro, tiene mucha más experiencia y sabe competir en los partidos», añade la jugadora.
Montse Tomé tiene claro por qué España merece ganar la Eurocopa, y va más allá del fútbol. «Somos un equipo, una selección, unas jugadoras, que llevan luchando, trabajando y esforzándose con mucha energía en muchos lugares. Y ahora hemos sido capaces de que la tuvieran en lo importante, que es el fútbol», sentenció la seleccionadora.
Una reconstrucción difícil
«Esto ha hecho tener un bagaje increíble de todas y que todos los que acompañamos a la selección podamos disfrutar de la profesión pura. Que pueda sentarme aquí y que todas las preguntas sean de fútbol es de las cosas más grandes que habla del cambio que estamos consiguiendo. Por todo el esfuerzo, el equipo se lo merece», añadió.
El camino de reconstrucción no ha sido fácil. El despido de Jorge Vilda y la inhabilitación de Luis Rubiales -en medio de un clamor político y social sin precedentes que terminó también en una condena judicial-, no cerraron las heridas. Con un presidente interino, Pedro Rocha, sin demasiada capacidad de maniobra y con desconfianza absoluta en Montse Tomé, segunda de Vilda, la selección echó a andar tras una larga noche de reproches y compromisos en el salón de un hotel de Oliva. Todo era tóxico menos el fútbol de España, que dos días después ganó a Suecia y goleó a Suiza en la Nations League.
La campeona se exhibió en la nueva competición, la ganó y, por primera vez, se plantó en unos Juegos Olímpicos. Tomé resistía la pregunta constante sobre las convocatorias de Jenni Hermoso, las que iba y las que no, y fue trabajando un equipo que necesitaba muchos cambios en el staff y algunos en el terreno de juego.
Aitana, Martin-Prieto y Esther, durante el último entrenamiento en Basilea.AFP
La RFEF, inmersa en una crisis de imagen, se vio abocada a un camino que imponía la igualdad, el respeto y la atención a sus jugadoras, a las que debía dotar de todos los medios posibles para seguir haciendo su trabajo. El modelo lo tenían en Inglaterra y, más cerca, en el Barcelona. Media docena de jugadoras pasaba de un club hiper profesionalizado, entre los mejores de Europa, a una selección precaria. El fichaje de Markel Zubizarreta empezó a poner en marcha un cambio que, ya sin él, aceleró la llegada a la presidencia de Rafael Louzán. Sólo había que acompañar.
A Montse Tomé, cuyo contrato acaba el 30 de agosto, le han permitido dotarse de un cuerpo técnico amplio y preparado, capaz de analizar rivales y transmitir a las jugadoras dónde están sus puntos débiles, como que Berger se adelanta. Luego Aitana, pura inteligencia en el campo, lo interpreta y lleva a España a una final. Porque en la élite, los detalles marcan diferencias.
a golpe de meritocracia
Tomé ha sabido manejarse con un grupo de jugadoras que desconfiaban de ella, pero a las que ha ido convenciendo. En tres años ha ido moldeando al equipo, primero con las convocatorias, renovando el grupo a golpe de meritocracia sin subvertir el orden natural del vestuario. Dejó en sus manos las capitanías, que volvieron a Irene Paredes y Alexia, y ha ido sumando al centro de mando a nuevas jugadoras que garantizan la cohesión. El bloque no ha cambiado demasiado, salvo la irrupción de jóvenes como Vicky López y Jana y el premio a veteranas como Martín-Prieto.
El legado en el campo es tan fuerte que puede servir para conquistar un título que completaría una triple corona inédita: España sería la primera vigente campeona del mundo que también gana la Euro, pero, además, suma una Nations que puede revalidar en noviembre. En el campo siempre quieren más. «Hemos hecho historia, pero somos ambiciosas, queremos ganar y competir al máximo», recuerda Alexia, brillante de nuevo en este campeonato.
Lejos del césped la huella es casi igual de profunda. Igualdad, respeto, audiencias millonarias... el fútbol femenino ha ganado visibilidad en el deporte y seguimiento. Aunque el impulso a la Liga F ha sido limitado, estas jugadoras son iconos nacionales y mundiales. Empezando por Alexia y Aitana, las dos balones de Oro, y siguiendo por aquellas que han dado el salto a otras competiciones, como Esther o Mariona, cuyas experiencias enriquecen la selección. Es el círculo virtuoso de un éxito que se labró en Sídney con un gol y muchas lágrimas.