“He vuelto”. Con esas dos palabras ha anunciado el mito Manny Pacquiao que vuelve a los 46 años de su retiro para enfrentarse al estadounidense Mario Barrios por el cinturón WBC del peso wélter. No es la primera vez que el filipino regresa, ya lo hizo para pelear contra Ugas en 2021. Ahora se volverá a poner los guantes el 19 de julio en Las Vegas, informa Afp. “¡Hagamos historia!”, ha escrito en X.
Pacquiao, que ganó 12 títulos mundiales en ocho categorías de peso distintas, no ha luchado desde perder en los puntos contra el cubano Yordenis Ugas por el cinturón WBA de peso wélter en agosto de 2021.
Las normas WBC permiten a un excampeón solicitar un combate por el título mundial tras volver del retiro.
En su carrera, Pacquiao presenta un balance de 62 victorias y ocho derrotas, con dos empates y 39 nocaut.
Desde su retirada de los cuadriláteros se implicó en política e intentó sin éxito conseguir la presidencia de Filipinas.
Hace apenas tres años, Tania Álvarez peleaba ante miles de personas en el Madison Square Garden, el templo del boxeo, en el corazón de Nueva York. Era la cuarta mejor del mundo, la vigente campeona de Europa, era Sweet Álvarez, era imparable. Pero fuera del ring, la ansiedad que le generaba la competición, la presión de su entorno y los trastornos alimenticios la martirizaban. Al final, decidió dejarlo todo para cuidarse. Ahora da clases de salsa y tonificación en la academia Breathe de Castellbisbal -el estudio que comparte con su madre, donde recibe a EL MUNDO-, escribe un libro y prepara un documental sobre salud mental.
El pasado diciembre, justo antes de cumplir los 24 años, anunció su retirada en Instagram. ¿Recibió muchas llamadas?
Algunas, pero la gente de mi alrededor ya sabía lo que estaba viviendo. Hice bien en anunciarlo entonces porque yo ya había reflexionado mucho sobre mi carrera y había pasado todo el proceso de duelo. Ahora estoy mucho mejor.
¿Cómo fue ese proceso de duelo?
Muy malo, muy duro. Me costó mucho aceptar qué era lo que yo necesitaba. En realidad, lo hacía todo por complacer a los demás. No me atrevía a decir a nadie que me planteaba dejar el boxeo por miedo a lo que la gente pudiese pensar o decir. Me intentaba centrar en objetivos como ganar mi cuarto Europeo y convertirme en la primera mujer en conseguirlo. Pero sufría muchísima ansiedad y no paraba de pensar: '¿Y si lo dejas, Tania?'. Al final supe entender que necesitaba un descanso y que me lo iba a dar.
¿Hubo un día en el que dijo basta?
Hubo un día, sí. Aunque fue después de muchos meses acumulando malestar. En junio del año pasado, poco después de mi último combate [victoria ante la británica Katie Healy], había subido un poco de peso y mi equipo quiso que me pesara. Ahí fue cuando dije que no. Sabía que si me subía a la báscula y todos veían el número tendría que volver a la dieta, al sacrificio, a dejarme la vida en el gimnasio. Y en ese momento decidí que iba a parar, que no podía más, que no quería volver a ese sufrimiento. Exploté.
¿Su equipo lo entendió?
Hubo gente que lo entendió y gente que no. Hubo quienes comprendieron que una deportista de élite, en situaciones extremas y tras mucho tiempo sin descansar, puede llegar a este punto de agotamiento. Pero también hubo quienes veían que yo tenía una posición privilegiada y no entendían cómo, estando al nivel que estaba, lo dejaba todo.
Admititó que toda esa ansiedad le había provocado un trastorno alimenticio.
Tuve conductas poco saludables, y lo peor vino cuando decidí parar. Lo había dejado todo por el boxeo: me mudé a un piso al lado del gimnasio, no me iba de vacaciones, casi no veía a mi familia, estaba bastante sola. Y cuando dejé de boxear, mi ansiedad aumentó. Dejé de tener los días organizados, la comida, el descanso, y me costó mucho adaptarme. También pensaba que, si no boxeaba, igual ya no valía para nada. Por suerte, como decía, ahora estoy mucho mejor. Sigo trabajando con psicólogos para seguir recuperándome, y también estoy en proceso de reconciliarme con la comida y con mi propio cuerpo, intentando dejar atrás las secuelas de los cortes de peso.
En sus mejores años hizo un crowdfunding para poder cubrir económicamente su preparación. ¿Esa falta de apoyo económico también influyó en su malestar?
Totalmente. Al final todo se juntó: me sacrificaba en los entrenamientos, hacía dieta, no tenía ni un día de descanso e igualmente no me podía ganar bien la vida. Siempre pensaba en buscar patrocinadores, en hacer entrevistas. No podía relajarme ni un solo momento. No ayudó a la situación.
Ahora se ha pasado al pilates.
En este centro que hemos abierto con mi madre aquí en Castellbisbal doy clases de pilates y tonificación y me gusta. También doy clases de salsa y de heels [una modalidad de baile en gimnasio utilizando tacones altos]. Pero no me veo haciendo algo así en el boxeo, siendo entrenadora como tal. Lo que sí he hecho es dar charlas en ayuntamientos y eventos sobre mi experiencia. En la parte mental sí me veo ayudando, pero enseñar a alguien cómo pegar, eso no.
Está grabando un documental sobre su experiencia.
Para TV3, Televisión Española y La Xarxa. También estoy escribiendo un libro e intentando crecer en redes sociales. Proyectos hay muchos; todavía no he finalizado ninguno y tampoco tengo claro qué es exactamente lo que quiero hacer con mi vida. Pero al menos voy probando. He vuelto a entrenar haciendo pesas y artes marciales mixtas [MMA].
Es decir, ha vuelto a boxear un poco. ¿Su retirada tiene vuelta atrás?
Nada es blanco ni negro. Lo único que sé es que llegó un momento en el que necesitaba parar. Hace unos meses no me quería ni poner los guantes, no quería ni acercarme a un gimnasio, y ahora, al menos, hay días en que tengo ganas de ir y pegarle al saco. Si me preguntas ahora mismo si volveré a pelear, te digo que no, pero al menos tengo ganas de entrenar, que hace un tiempo no tenía ni eso. No sé. Nunca se sabe qué pasará mañana.
¿Ha vuelto a disfrutar viendo combates de boxeo?
De momento no he visto ninguno. He trabajado en algunas veladas de MMA, pero con el boxeo como tal no tengo relación.
Sandor Martín (Barcelona, 1993) dio su primera hostia oficial cuando apenas tenía seis años. Lo tuvo que hacer en Francia, donde el reglamento para los deportes de contacto en categoría infantil estaba más desarrollado. Desde entonces, son 25 años ininterrumpidos (o casi) zurrando contrincantes con mayor o menor suerte, más lo primero que lo segundo, en el cuadrilátero. "El boxeo es mi ADN, me entra por las venas 24/7 y lo voy a llevar hasta el día que me muera, es mi gran amor", apunta el púgil a EL MUNDO.
Un amor interrumpido durante más de un año por circunstancias y cancelaciones extrañas. "Hay gente que se podría haber venido abajo con la espera, pero yo me lo he tomado con filosofía, paciencia y resiliencia y ahora a por el objetivo", revela. En diciembre de 2023, Sandor mandaba a la lona a Marcouchi en el cuarto asalto en su último combate oficial. Era la victoria 42 de su carrera, pero sería una de sus tres derrotas, la que sufriría contra Teofimo López en Nueva York un año antes, la que le colocaría como aspirante al campeonato mundial de superligero en junio de 2023. "Ahora ya sé cómo respira Nueva York y puedo hacerla bailar a mi son", cuenta el boxeador sobre aquel combate en el que el mundo del boxeo coincidió en que le robaron.
Así, más de dos años después de esa derrota por decisión dividida y casi uno y medio desde su último duelo en el ring, el púgil catalán aspira esta madrugada del sábado al cinturón del Consejo Mundial de Boxeo (CMB) en categoría superligero. "A veces da vértigo soñar tan alto porque los sueños se cumplen y estoy muy cerca de hacerlo", apunta sobre su duelo contra el imbatido Alberto la Avispa Puello (23-0-0) en el que vivirá los "45 minutos más importantes de su existencia". "A día de hoy vivo por y para esa pelea", añade.
El cinturón de la CMB en disputa.David RamirezAraba
Quizás se podría decir que Sandor nació para ese combate o al menos, para momentos como este. Hijo de un entrenador de boxeo y de una propietaria de una tienda deportiva, el camino hacia los guantes parecía estar marcado desde niño. "Jamás lo hice obligado, pero sí condicionado por ser el negocio familiar y luego, a base de trabajo y constancia, sin ningún secreto, se me dio bien", afirma el actual campeón de Europa desde 2019 tras vencer a Andrea Scarpa en Barcelona y haber defendido su título con éxito en dos ocasiones.
Fue bajo la estricta batuta de su padre, Rafa, propietario del gimnasio KO Verdún y actual entrenador, el que le mantuvo enfocado en el colegio, en una vida ordenada, alejado de malas compañías y centrado en una filosofía de trabajo y disciplina aplicada al deporte y a la persona que es a día de hoy. "Si lo miramos con perspectiva, pues creo que la inversión ha sido positiva", admite el boxeador.
Martín guantea con su padre.David RamirezAraba
Sandor es y siempre ha sido un tío tranquilo, pese a que su rápida zurda en el cuadrilátero dé la impresión de ser la mordedura de una víbora. El boxeador catalán dice haber siempre evitado los problemas y hace poco reveló cómo, en un intento de atraco en Barcelona, prefirió correr a enfrentarse a su agresor. «Tijera contra puño, gana tijera», bromea sobre una situación que, por desgracia, se está volviendo más habitual en su ciudad. De hecho, el púgil critica las políticas que permiten que haya más delincuencia en la capital catalana y le preocupa por el futuro que vaya a vivir su hija de 18 meses.
Un bebé que llegó casi cuando fue nombrado aspirante al título mundial y que ha visto a su padre más veces en el gimnasio que en casa. Es su mujer y su familia quienes se ocupan de ella para que Sandor pueda estar centrado. "Yo, muy agradecido y ahora toca devolvérselo con una victoria", apunta sobre la dureza del largo campamento que ha tenido que afrontar para esta cita, casi siete meses, y de la importancia del descanso como pilar para una buena preparación física. "No es lo mismo dormir ocho horas que cuatro y cuatro y levantarte tres veces", y añade con media sonrisa: "Si por no haber dormido te llevas cuatro hostias, la cosa se complica". Como reafirma el púgil, perder un partido para un futbolista es un daño menor a perder un combate, ya que en el boxeo no suele haber segundas oportunidades.
El púgil catalán practica con el saco.David RamirezAraba
A él le va a llegar la suya algo tarde, 31 años, la misma edad con la que se hizo con su primer título mundial Javier Castillejo, el Lince de Parla. Fue en 1999, una época en la que el boxeo no tenía que competir contra la pujanza mediática de las MMA y la figura de un Ilia Topuria que es un fenómeno planetario. "El boxeo es un gigante dormido", explica Sandor sobre un deporte que dice que sólo en Cataluña realiza más veladas que las Artes Marciales Mixtas en toda España. Pide más transparencia y un cambio en su estructura para devolverle el brillo de antaño.
Y eso él lo conoce bien porque además de deportista de élite también es promotor de combates de boxeo con su empresa Barcelona Boxing Nights y colabora con Ibai Llanos en la organización de La Velada del Año. Asegura que mucha gente se apunta a gimnasios enganchados por los eventos del streamer y que hoy se dedican al boxeo. Además, afirma que este tipo de eventos ayuda a eliminar la "estigmatización" que, dice, vive hoy el deporte que se lo ha dado todo.
El bucal que llevará el boxeador en la pelea con Puello.David RamirezAraba
Le queda subir un escalón más, el que le convertiría en el Guerrero numero 13, es decir, el decimotercer campeón mundial español masculino. Hay 15 entre los dos sexos. Será en Brooklyn, un lugar que estará más con Puello, pero en el que no espera ninguna encerrona. "Siempre me ha motivado pelear fuera, el ambiente hostil y la gente en contra es como más a gusto me siento", apostilla un boxeador que esta madrugada no duda que volverá a España con el título de la CMB de superligero en su cintura.
El ex campeón de peso pesado Mike Tyson se enfrentará al youtuber convertido en boxeador Jake Paul en una pelea que será transmitida por Netflix el 20 de julio. La pelea será en el estadio AT&T en Arlington, Texas, el hogar de los Dallas Cowboys de la NFL, promotores del evento.
Tyson, considerado uno de los mejores boxeadores de peso pesado de todos los tiempos, dijo que sería divertido enfrentarse a Paul, que tiene 27 años y un récord de 9-1 con seis KO.
'Iron Mike', que tiene un récord de 50-6 con 44 KO, tendrá que quitarse el "óxido" de encima, ya que tendrá 58 años cuando la pelea se lleve a cabo, en un estadio con capacidad para 80.000 personas.
"Tengo muchas ganas de subir al ring con Jake Paul", dijo Tyson en un comunicado. "Ha crecido significativamente como boxeador a lo largo de los años, por lo que será muy divertido ver qué pueden hacer la voluntad y la ambición de un 'niño' con la experiencia y aptitud de un GOAT (el mejor de todos los tiempos).
Es un momento en el que se cierra el círculo y que será más que emocionante de ver, ya que yo le inicié en su andadura en el boxeo en la cartelera de mi pelea con Roy Jones y ahora pienso acabar con él".
A sus 57 años, Mike Tyson se mantiene en forma, aunque no lo tendrá fácil, ya que Paul está intentando en conseguir ser el actual campeón en el mundo del boxeo.
"Es una locura pensar que en mi segunda pelea profesional me volví viral por noquear a Nate Robinson en la cartelera de Mike Tyson", dijo Paul. "Ahora, menos de cuatro años después, voy a enfrentar a Tyson yo mismo para ver si tengo lo necesario para vencer a uno de los peleadores más notorios y a uno de los mayores íconos del boxeo".