Conmoción mundial por el drama de Lindsey Vonn, la estrella mediática del esquí

Conmoción mundial por el drama de Lindsey Vonn, la estrella mediática del esquí

Estalló la tragedia rota en llanto incontenible y gritos desgarradores. Llanto de dolor físico, exterior, y de dolor sentimental, interior. Gritos de rabia, de reproche contra el azar y de acusación contra el destino. Estalló la tragedia como estalla una bomba, como estalla una pena inconsolable que se desborda e inunda el corazón y el cerebro. Sobrecogidos, los miles de espectadores presentes cayeron en un silencio absoluto, y millones más en sus casas contemplando por televisión otro de esos tristes capítulos que hacen del deporte una metáfora de la vida. Muchos in situ y en sus domicilios se cubrían el rostro con las manos.

Se celebraba el descenso de los Juegos Olímpicos, la prueba reina del esquí alpino, la más rápida, la más espectacular, la más excitante, la más peligrosa. Y en ella, Lindsey Vonn, la más conocida, la más admirada, la más perseguida. Salía en el lugar número 13 de las participantes. Y, súbitamente, nada más arrancar, 12 segundos más tarde (¿o eran también 13?), probablemente a causa de sus ganas de triunfo y de recortar milésimas en cada movimiento, se enganchó con una puerta. Se desequilibró y voló ya con las alas quebradas. Y cayó rodando, botando, rebotando con todo el cuerpo, con toda el alma, sin control, como una muñeca de trapo, desarbolada, descoyuntada. Fue atendida largamente en la pista, convertida en una trampa, y evacuada, colgando en una camilla, en helicóptero, transformado en un vehículo deportivamente mortuorio.

Era el fin para la esquiadora, una de esas estrellas mediáticas que trascienden el deporte para alcanzar la altura de figura pública, de referente social. Especialmente en Estados Unidos, donde su popularidad se eleva a cotas hollywoodienses. Pero también en los países en los que el esquí y los esquiadores desatan pasiones. E incluso en aquellos en los que uno y otros interesan menos. Dotada de un innegable atractivo físico, complementario del talento deportivo, dos virtudes irresistibles para el público y la prensa, yacía sobre la helada y dura nieve, en la que sólo faltaba la sangre para completar una escena de una dureza atroz.

Prótesis de titanio

Era, sí, el final para ella no sólo de los Juegos Olímpicos, sino de toda una carrera reemprendida a los 40 años para, a los 41, reengancharse a una senda victoriosa, que había abandonado en 2019, obligada por todas las fracturas que había padecido. «Mi cuerpo está roto sin posibilidad de reparación», declaró. Se había roto en diferentes momentos el cruzado de la rodilla derecha, la tibia, el tobillo, el brazo, el menisco... El oro de Vancouver 2010 estuvo repleto de analgésicos. Pero, bueno, quizás no reparado, pero sí zurcido, remendado y sostenido por una voluntad tan fuerte como el titanio de la prótesis de la rodilla derecha, ese mismo cuerpo le había permitido esta temporada obtener, en ocho competiciones, siete podios, entre ellos dos victorias. Precisamente en Cortina, donde ha vencido en 12 ocasiones, se ha detenido su tiempo. Lindsey ya no volverá. This is the end.

Nacida Lindsey Kildow en Saint Paul (Minnesota) el 15 de octubre de 1984, mantiene, curiosamente, el apellido de Thomas Vonn, también esquiador, con quien estuvo casada entre 2007 y 2013. Cuando se la relacionó con Tiger Woods, formó una pareja de ensueño para quienes desean que los mitos se emparejen con los mitos, en una especie de divina decisión para con sus elegidos.

La conmoción producida por su accidente es equivalente a la admiración despertada por una figura que reúne todos los requisitos para ser considerada una moderna heroína, una mujer de, también, unas dimensiones literarias que se han incrementado con el cinematográfico dramatismo de su accidente. Su historial habla de tres medallas olímpicas (una de ellas de oro), de 84 victorias en la Copa el Mundo (y 143 podios), sólo por detrás de Mikaela Shiffrin (108) e Ingemar Stenmark (86). De cuatro clasificaciones generales de la Copa del Mundo, de ocho Globos de Cristal en descenso y cinco en supergigante. De los Premios Príncipe de Asturias y Laureus...

Vonn, trasladada en helicóptero al hospital de Treviso.

Vonn, trasladada en helicóptero al hospital de Treviso.AFP

Cuando pocos días antes del comienzo de los Juegos se rompía, en su novena competición del curso, el ligamento cruzado de la rodilla izquierda en el descenso de Crans Montana, añadió al nombre y al título un aura fatalista de burlona y definitiva tragedia. A su edad y en sus condiciones, ahí se acababa la historia. El presente se detenía de golpe para Lindsey y el futuro quedaba exento de cualquier tipo de incógnita. Ya no existía. Un epílogo innecesariamente cruel que cortaba de un modo excesivo, pero de indiscutible grandeza teatral, una carrera gloriosa, prolongada hasta lo inimaginable. Y, en cierto modo, magnificándola por su dimensión de doliente épica. Se entonaron los correspondientes réquiems, porque ninguna otra pieza musical podía serle aplicada a su persona.

Pero no era el fin. No, al menos, el que ella aceptaría. Pocas horas después del cataclismo, Lindsey desplegaba su seductora sonrisa y sostenía que «el sueño olímpico no se ha acabado para mí». Pero sí se ha acabado. Ahora sabemos que el sueño degeneró en pesadilla y que tenían razón quienes tildaron de locura el empeño. Pero fue una locura grandiosa en su desafío a la Medicina y a la razón.

Se la atendió en primera instancia en un hospital de Cortina y trasladada posteriormente a otro de Treviso, donde fue operada para estabilizar una fractura en la pierna izquierda. Se espera parte médico a mediodía.

Breezy Johnson se cuelga un oro de homenaje para Vonn

Breezy Johnson se cuelga un oro de homenaje para Vonn

Para muchos aficionados, el descenso olímpico dejó de tener interés e importancia cuando Lindsey Vonn y sus sueños rodaron por la nieve. Pero la vida seguía, aunque no igual. Estábamos en los Juegos Olímpicos, en la cúspide del esquí. La competición perdía su mayor atractivo personal, es cierto, pero no un ápice de su trascendencia suprema, que siempre está por encima de las individualidades, aunque éstas le proporcionen su leyenda a través del tiempo.

En el momento del holocausto de Vonn, su compatriota Breezy Johnson, la segunda estadounidense en la jerarquía de la velocidad, marcaba el mejor tiempo de las participantes: 1:36.10. Ya no lo abandonaría. Y la alemana Emma Aicher, el segundo, a sólo cuatro centésimas, un pestañeo. Tampoco lo dejaría. La prueba se reanudaría muchos, interminables y angustiosos minutos después del drama que contribuirá a recordar los Juegos. Le dio cuerda de nuevo la austriaca Mirjam Puchner. Y, sobre todo, la estrella italiana, una de las grandes damas históricas del descenso: Sofia Goggia.

Fiel a su estilo, Goggia esquió a lo bestia, alternando pequeños errores con instantes inigualables. Pudieron más los errores de cara al oro y la plata, y la de Bérgamo, de 33 años, se quedó en el bronce, a 59 centésimas de la vencedora. Campeona en Pyeongchang'2018 y subcampeona en Pekín2022, no era del todo profeta en su tierra, pero una medalla siempre sabe dulce y nadie se la va a recriminar. Al contrario. Era mitad esperada y mitad no. Aunque Goggia ha ganado en esta campaña el supergigante de Val dIsère, su temporada está careciendo de la brillantez habitual. Pero, en dos días, Italia tiene su tercera medalla y primera femenina.

Expresión rara

Breezy (Breanna Noble Johnson), nacida en Wyoming, posee el sentido de la oportunidad. Aunque ha coleccionado ocho podios, no ha ganado todavía ninguna prueba de la Copa del Mundo a los 30 años recién cumplidos. Pero es la vigente campeona mundial y ahora la olímpica. Tenía una expresión rara. No sabía si dar rienda suelta a su alegría o controlarla pudorosamente por respeto y cariño a Vonn.

En cualquier caso, le ha rendido homenaje con su triunfo y le ha proporcionado al país de ambas un oro precioso. Se perdió los Juegos de Pekín a causa de una lesión de rodilla (¡las rodillas de las esquiadoras!). Y tiene un borroncillo es su trayectoria. En 2024 aceptó una sanción de 14 meses por no estar localizable en tres controles antidopaje en los últimos 12 meses.

El apellido Johnson es muy afortunado en los descensos olímpicos. Bill Johnson se coronó sorprendente campeón en 1984, en Sarajevo. Fue un deportista con buena suerte y un hombre con mala. Falleció con 55 años a causa de un derrame cerebral.

Lindsey Vonn se cae en el descenso olímpico de Cortina

Lindsey Vonn se cae en el descenso olímpico de Cortina

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Estalló la tragedia rota en llanto incontenible y gritos desgarradores. Llanto de dolor físico, exterior, y de dolor sentimental, interior. Gritos de rabia contra el azar y de acusación contra el destino. Estalló la tragedia como estalla una bomba, como estalla una pena inconsolable que se desborda. Nada más tomar la salida, probablemente a causa de sus ganas, Lindsey Vonn, se enganchó con un brazo en la puerta. Se desequilibró y salió volando, y cayó rodando, botando, rebotando con todo el cuerpo, con toda el alma, sin control, como una muñeca de trapo, desarbolada, descoyuntada. Fue atendida largamente en la pista, convertida en una trampa, y evacuada en helicóptero, devenido en ambulancia. Era el fin. No sólo de esa competición, sino de toda una carrera reemprendida triunfalmente el pasado año, rebasados los 40 años y que ahora, con 41, había regresado a la senda del triunfo. Rota por fuera y por dentro, Lindsey Vonn, la reina estadounidense del mundo, había dicho adiós para siempre a su vida deportiva. Para los supersticiosos, llevaba el dorsal 13.

Se hizo el silencio entre los millares de aficionados presentes, sobrecogidos. Y en millones de espectadores por televisión. Muchos se cubrían el rostro con las manos. También Breezy Johnson, compatriota de Lindsey, mejor tiempo hasta ese momento y vencedora a la postre por delante de la alemana Emma Aicher y la italiana Sofia Goggia.

En el deporte existen los milagros (o esos episodios inexplicables que denominamos así para describirlos, ya que no para entenderlos). Lindsey Vonn personalizaba uno de ellos en su permanencia en la cima del esquí a los 41 años, con la rodilla derecha reconstruida con titanio y los meniscos y los cartílagos tundidos y degenerados. Pero esta vez no se produjo. Por desgracia, tuvieron razón quienes tildaban de locura la decisión de Lindsey.

El helicóptero evacúa a Lindsay Vonn tras caerse en la prueba de descenso.

El helicóptero evacúa a Lindsay Vonn tras caerse en la prueba de descenso.Jacquelyn MartinAP

El esquí entero, los Juegos al completo estaban pendientes de la estadounidense con una oleada de admiración y simpatía que trataba de protegerla a la vez que la animaba. Incluso Italia hubiera aceptado con una cierta amable resignación la derrota de sus esquiadoras, también formidables especialistas en descenso.

No podía existir mayor expectación ni un interés más generalizado. Lindsey Vonn se había convertido en la figura más atrayente de los Juegos. Era un nombre y un título. Su propietaria mostraba una rebeldía frente a la adversidad que la designaba como una heroína moderna.

Cuando pocos días antes del comienzo de la competición se rompía el ligamento cruzado de la rodilla izquierda en el descenso de Crans Montana, añadió al nombre y al título un aura fatalista de burlona y definitiva tragedia. A su edad y en sus condiciones, ahí se acababa la historia. Lara Gut-Behrami, la campeona olímpica de supergigante, había sufrido, en noviembre, durante un entrenamiento, la misma lesión en la misma rodilla y se había despedido de la temporada. Y eso que era más joven (34 años) y estaba menos machacada. El presente se detenía de golpe para Lindsey y el futuro quedaba exento de cualquier tipo de incógnita. Ya no existía. Un epílogo innecesariamente cruel que cortaba de un modo excesivo, pero de indiscutible grandeza dramática, una carrera gloriosa, prolongada hasta lo inimaginable. Y, en cierto modo, magnificándola por su dimensión literaria.

Instante en el que Vonn gira en el aire antes de caer sobre lapista.

Instante en el que Vonn gira en el aire antes de caer sobre lapista.RTVE

¿El fin?... Nada de eso. Pocas horas después del accidente, del cataclismo, Lindsey desplegaba su seductora sonrisa y sostenía que "el sueño olímpico no se ha acabado para mí". Aunque ahora sabemos que el sueño devino en pesadilla, el esquí acogió con incredulidad y alarma, pero también con esperanza, esa afirmación que amenazaba con empeorar el estado de la esquiadora hasta, quien sabe, dejarla coja para siempre o algo por el estilo. No se podía esquiar, y menos un descenso olímpico, con un ligamento roto que dejaba esa rodilla sin estabilidad y en trance de repercutir en la otra con una fractura del hueso en el que se fija la prótesis. Lindsey podía quedar coja de por vida y con severas limitaciones en su normal desempeño cotidiano. Ellos y todos los demás conteníamos el aliento cuando Lindsey tomó la salida.

Y ellos y todos los demás deseamos ahora que Lindsey sea más fuerte que todos nosotros y pueda hacer una vida corriente de persona normal después de habernos regalado la inigualable existencia profesional de una mujer extraordinaria.

Sorpresa en el descenso: Odermatt, fuera de las medallas en la primera alegría de Italia

Sorpresa en el descenso: Odermatt, fuera de las medallas en la primera alegría de Italia

Sorpresas. Primera sorpresa: Marco Odermatt, el suizo de platino, no fue de oro. Segunda sorpresa: no fue de plata. Tercera sorpresa: no fue de bronce. El mejor esquiador de velocidad, el líder de la Copa del Mundo de la especialidad (y de la general) no conquistó medalla alguna en el descenso. Fue cuarto a 0,70 del vencedor, su compatriota Franjo von Allmen. La plata y el bronce recayeron en dos italianos: Giovanni Franzoni, a 20 centésimas, y Dominik Paris, a 50. Dos enormes alegrías iniciales para el país organizador.

Para saber más

Sorpresas, sí, aunque siempre relativas en una prueba decidida a menudo por un parpadeo y en la que la imposibilidad humana de la perfección decide dónde colocar a cada cual en un momento determinado. Odermatt es el mejor, pero no lo puede ser sin interrupción, y, después de todo, Von Allmen, debutante olímpico, pero campeón mundial, lleva ganados esta temporada dos descensos de la Copa del Mundo y obtenido dos segundos puestos (por detrás de Odermatt en ambos casos).

En cuanto a Giovanni Franzoni, una revelación, se apuntó uno. Siempre es una baza potencialmente ganadora. Dominik Paris 'resucitó' con un segundo puesto en Crans Montana, el último descenso antes de los Juegos (por detrás de Von Allmen). Llegaba en forma y, además, ha ganado seis veces en esa pista. Tiene con ella una especie de idilio.

Estos son los Juegos Olímpicos y eso era el descenso masculino, un comienzo explosivo del esquí alpino, el eterno rey de blanca barba y áurea corona. Una sola prueba sujeta a la suerte casi tanto como al talento. El oro y las demás medallas se juegan en una sola partida a una sola carta. Como en tantas otras competiciones. Pero estos son los Juegos y una sola carta vale por cien en una sola partida que cuenta por mil.

Trayecto largo, de casi dos minutos, tiempo de sobra para que las piernas, aunque mudas, aúllen de dolor. Saltos de 50 metros antes de reencontrar los esquíes la nieve. Pista diabólica, de las más difíciles del mundo, con muchos sectores, en Bormio, en el Stelvio, de inolvidables resonancias ciclistas. En un momento dado, el podio era por entero suizo con Von Allmen, Odermaatt y Alexis Monney. Los italianos le dieron casi por completo la vuelta. Desplazaron a Odermatt y Monney, pero no pudieron con Von Allmen, 24 años, 1,83 de estatura de compacto esquiador de velocidad con nombre de aristócrata o de general prusiano.

La vertiginosa velocidad masculina regresará el miércoles con el eslalon supergigante. Otra oportunidad para todos. Pero especialmente para Odermatt, también líder de la Copa del Mundo de la especialidad. Pase lo que pase, el suizo, que no interviene en eslalon, ya no podrá acceder a tres oros, como Toni Sailer en Cortina56 y Jean-Claude Killy en Grenoble68. El austriaco y el francés ganaron el descenso, el gigante y el eslalon, llamado entonces especial. No existía aún el supergigante.

...Y ahora, en la fiesta dominical, el descenso femenino con Lindsey Vonn. Sobran las palabras. Narraremos los hechos.

Von Allmen y los italianos Franzoni y Paris dejan fuera del podio de la prueba de descenso al favorito Odermatt

Von Allmen y los italianos Franzoni y Paris dejan fuera del podio de la prueba de descenso al favorito Odermatt

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Sorpresas. Primera sorpresa: Marco Odermatt, el suizo de platino, no fue de oro. Segunda sorpresa: no fue de plata. Tercera sorpresa: no fue de bronce. El mejor esquiador de velocidad, el líder de la Copa del Mundo de la especialidad (y de la general) no conquistó medalla alguna en el descenso. Fue cuarto a 0,70 del vencedor, su compatriota Franjo von Allmen. La plata y el bronce recayeron en dos italianos: Giovanni Franzoni, a 20 centésimas, y Dominik Paris, a 50. Dos enormes alegrías iniciales para el país organizador.

Sorpresas, sí, aunque siempre relativas en una prueba decidida a menudo por un parpadeo y en la que la imposibilidad humana de la perfección decide dónde colocar a cada cual en un momento determinado. Odermatt es el mejor, pero no lo puede ser sin interrupción, y, después de todo, Von Allmen, debutante olímpico, pero campeón mundial, lleva ganados esta temporada dos descensos de la Copa del Mundo y obtenido dos segundos puestos (por detrás de Odermatt en ambos casos).

En cuanto a Giovanni Franzoni, una revelación, se apuntó uno. Siempre es una baza potencialmente ganadora. Dominik Paris "resucitó" con un segundo puesto en Crans Montana, el último descenso antes de los Juegos (por detrás de Von Allmen). Llegaba en forma y, además, ha ganado seis veces en esa pista. Tiene con ella una especie de idilio.

Estos son los Juegos Olímpicos y eso era el descenso masculino, un comienzo explosivo del esquí alpino, el eterno rey de blanca barba y áurea corona. Una sola prueba sujeta a la suerte casi tanto como al talento. El oro y las demás medallas se juegan en una sola partida a una sola carta. Como en tantas otras competiciones. Pero estos son los Juegos y una sola carta vale por cien en una sola partida que cuenta por mil.

Trayecto largo, de casi dos minutos, tiempo de sobra para que las piernas, aunque mudas, aúllen de dolor. Saltos de 50 metros antes de reencontrar los esquíes la nieve. Pista diabólica, de las más difíciles del mundo, con muchos sectores, en Bormio, en el Stelvio, de inolvidables resonancias ciclistas. En un momento dado, el podio era por entero suizo con Von Allmen, Odermaatt y Alexis Monney. Los italianos le dieron casi por completo la vuelta. Desplazaron a Odermatt y Monney, pero no pudieron con Von Allmen, 24 años, 1,83 de estatura de compacto esquiador de velocidad con nombre de aristócrata o de general prusiano.

La vertiginosa velocidad masculina regresará el miércoles con el eslalon supergigante. Otra oportunidad para todos. Pero especialmente para Odermatt, también líder de la Copa del Mundo de la especialidad. Pase lo que pase, el suizo, que no interviene en eslalon, ya no podrá acceder a tres oros, como Toni Sailer en Cortina56 y Jean-Claude Killy en Grenoble68. El austriaco y el francés ganaron el descenso, el gigante y el eslalon, llamado entonces especial. No existía aún el supergigante.

...Y ahora, en la fiesta dominical, el descenso femenino con Lindsey Vonn. Sobran las palabras. Narraremos los hechos.

El tráfico ferroviario del norte italiano, gravemente ralentizado por un supuesto sabotaje

El tráfico ferroviario del norte italiano, gravemente ralentizado por un supuesto sabotaje

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El tráfico ferroviario en el norte de Italia, en concreto en la ciudad de Bolonia, se ha visto este sábado muy ralentizado por varias incidencias simultaneas que las autoridades investigan como sabotaje por los Juegos Olímpicos de Invierno.

Los retrasos en la estación de Bolonia han llegado hasta los 150 minutos en trenes regionales y de alta velocidad que debían llegar a grandes capitales norteñas como Turín, Milán, Venecia o Brescia, según ha confirmado el ente público 'Ferrovie dello Stato'.

La primera incidencia se ha registrado a las 8:30 hora local (7:30 GMT) con el hallazgo de unos cables arrancados en la red ferroviaria a la altura de la localidad boloñesa de Castel Maggiore.

Posteriormente se ha localizado un artefacto explosivo en las vías entre Bolonia y Padua y se ha registrado un incendio en una cabina eléctrica en la estación de Pesaro.

Las autoridades, según los medios locales, lo investigan como supuestos sabotajes de origen anarquista, no como hechos aislados, y sospechan que tratan de afectar al desarrollo de los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán y Cortina inaugurados ayer viernes.

Por esa razón, por la hipótesis de que puedan ser hechos dolosos, además de la policía ferroviaria han intervenido agentes de la Digos, la unidad policial de operaciones especiales.

Los saltos de esquí, en el disparadero olímpico: trajes al milímetro, inyecciones en el pene y túneles del viento

Los saltos de esquí, en el disparadero olímpico: trajes al milímetro, inyecciones en el pene y túneles del viento

Durante las últimas pruebas de la Copa del Mundo de Saltos de Esquí, algunos especialistas repararon en un detalle del traje de Domen Prevec, último ganador del Torneo de los Cuatro Trampolines. El mono del esloveno presentaba una llamativa holgura en la zona de la entrepierna, que se inflaba cuando abría sus esquíes en el momento del vuelo. A aquellas suspicacias se suma ahora otro rumor, que ha venido a enturbiar el comienzo de los Juegos Olímpicos. En Milán-Cortina d'Ampezzo, los mejores saltadores del mundo podrían haber recurrido a una inyección de ácido hialurónico para aumentar el tamaño de su pene, mejorando de este modo sus resultados.

Un miembro viril más grande representa una ventaja significativa durante los controles de la Federación Internacional de Esquí (FIS), que escanea los monos y los cuerpos de los saltadores con técnicas 3D. Cuanto mayor sea la medida del pene, el saltador recibiriá un mono más grande. Y esa holgura resultará crucial en pleno vuelo, cuando el traje actúe como una vela al viento. Según un reciente estudio de la revista Frontiers, una holgura de dos centímetros representaría una mejora de 5,8 metros en la longitud del salto.

La controversia del ácido hialurónico aumentó de tono el jueves, a propósito de una información del diario alemán Bild. "El salto de esquí es muy popular en mi país, así que les prometo que voy a investigar esto", aseguró horas más tarde Witold Banka, presidente de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA). Entre los 50 inscritos para la cita de Milán-Cortina d'Ampezzo figuran tres saltadores polacos. Uno de ellos, Kamil Stoch, de 38 años, cuenta con tres oros olímpicos, distribuidos en Sochi 2014 y Pyeongchang 2018.

"hay gente que hace locuras"

"Nuestra especialidad se ha profesionalizado mucho y hay gente que hace locuras, pero no doy demasiada credibilidad a lo de las inyecciones", comenta a EL MUNDO Bernat Solà, dos veces olímpico en saltos de esquí (Sarajevo 1984, Calgary 1988). "Igual que algunos apuntan a la entrepierna, también podría hacerse con la zona de las axilas, donde se liberaría más anchura en el mono. Sin embargo nadie habla de eso", explica el saltador barcelonés.

El pasado 15 de enero, dos técnicos y el jefe de equipamiento de la selección noruega fueron castigados con 18 meses de suspensión tras descubrirse que habían manipulado los trajes durante el Mundial de Trondheim. Ese escándalo salpicó a dos medallistas olímpicos, Johann Andre Forfang y Marius Lindvik, inscritos ahora por su federación para este certamen de Milán-Cortina d'Ampezzo.

"Una vez homologado el mono, los noruegos lo descosían y metían unas varillas para endurecerlo, para que mantuviera más la forma, con el aire y todo. De este modo no sufría tantas oscilaciones, parecía más rígido", analiza Solà. Según las Especificaciones para el Equipo de Competición, aprobadas hace unos meses por la FIS, el grosor del traje "no debe superar los seis milímetros ni ser inferior a los cuatros milímetros". Asimismo, se precisa que el tejido constará de cinco capas: tejido exterior, espuma, membrana elástica, espuma y forro. La urdimbre del tejido exterior consta de dos hilos: 81% poliamida y 19% elastano, el material popularmente conocido como licra.

El rumano Cacina se prepara para saltar el jueves en Predazzo.

El rumano Cacina se prepara para saltar el jueves en Predazzo.AFP

El texto de la FIS establece que los componentes del traje se laminarán entre sí "mediante un proceso de termofusión". Todo con el fin de garantizar un valor constante en la permeabilidad al aire, que se establece en 40 l/m²/s. Una enrevesada jerga sobre la que Solà arroja algo de luz: "No pueden pasar más litros de aire por delante que por detrás del traje. Si fuese al contrario, el mono se hincharía, con el consiguiente efecto globo que proporcionaría un salto más largo".

Aun pareciendo de vanguardia, las polémicas en torno al material en los saltos de esquí se remontan décadas atrás. De ello puede dar fe Ángel Joaniquet, saltador olímpico con España en los Juegos de Sarajevo. "Durante mis comienzos en la Copa del Mundo, la FIS ya realizaba pruebas en St. Moritz, donde arrancaba la temporada. Te ponían un sello de plomo en la parte de atrás del traje y sin ese remache no podías saltar", rememora para este periódico.

"En una ocasión, Colmar me proporcionó unos monos con una membrana gomosa, de un milímetro de espesor, aproximadamente. Iba cosida por toda la zona lateral y trasera, no por los brazos. Me hacía saltar 10 metros más de los que me tocaban", recuerda Joainiquet, de 63 años. Durante una prueba en Eslovenia, su progresión vino a truncarse de golpe cuando la marca italiana le reclamó su prenda. "Me devolvieron el mono por la noche y la membrana había desaparecido por completo", revela.

El cálculo de la parábola

Según las actuales Directrices para el Procedimiento de Medición y Control, aprobadas el pasado otoño por la FIS, el traje de los saltadores se mide por la superficie exterior. "Debe estar estirado y plano, sin pliegues. Se marcará y medirá el traje en el punto seleccionado, y luego se marcará y medirá al atleta en la posición corporal correspondiente", aclara el texto. Durante la medición de la entrepierna, los pies deberán estar separados 30 centímetros y las piernas, completamente extendidas. "La altura de la entrepierna medida debe coincidir con la altura de la entrepierna medida en el cuerpo de las mujeres y +3 centímetros en los hombres", detalla la FIS.

Para saber qué posición es la más aerodinámica se cuida cada detalle, incluido el uso de túneles de viento, cámaras para filmar detenidamente la trayectoria de cada esquí, para calcular con exactitud la parábola del vuelo o la posición del cuerpo del saltador. "Tampoco debemos olvidar que no todas las morfologías son iguales, porque hay saltadores más altos o más delgados. En cualquier caso, pondría muy en duda que se haya llegado a estos extremos de las inyecciones en el pene", puntualiza Solà.

Joaniquet amplía estas dudas a que el aumento de superficie en el traje sirva para ganar ventaja en el salto. A su juicio, en ocasiones puede resultar "contraproducente". Para argumentar su tesis emplea un ejemplo muy básico. "Si salgo un poco tarde de la mesa del trampolín, me van a caer los pies hacia abajo, de modo que mi perpendicular respecto a la entrada de aire va a ser un poco más vertical, por lo un traje más grande me va a frenar más. Sin embargo, si logro salir muy bien y ya estoy volando por encima del primer tercio del vuelo, a partir de ese momento empiezo a bajar y con más velocidad, ahí sí que puede ayudar".

España, por primera vez favorita a un oro en unos Juegos Olímpicos de invierno: "Si pensamos nos puede dar vértigo"

España, por primera vez favorita a un oro en unos Juegos Olímpicos de invierno: “Si pensamos nos puede dar vértigo”

Han pasado cuatro telediarios desde que España se presentara en los Juegos Olímpicos de invierno de Vancouver 2010 sin ninguna opción de medalla y se marchara de la misma manera: de vacío, incluso lejos de los diplomas. Era lo habitual hasta entonces. Un país de sol y playa que no podía competir en ninguna modalidad de hielo y nieve si no era gracias a algún milagro, como los protagonizados por los hermanos Fernández Ochoa, con el oro de Paquito en 1972 y el bronce de Blanca en 1992. Había estaciones de esquí y aventuras divertidas en disciplinas como el bobsleigh, pero no había cantera, tradición ni ayudas: no había casi nada.

Ahora es distinto. España ha creado desde cero una selección de snowboard de prestigio, ha formado a jóvenes en el esquí de fondo que se están quitando de encima el fantasma de Johann Mühlegg, ha nacionalizado talento para mantener el legado de Javier Fernández en el patinaje artístico y domina por completo una nueva disciplina olímpica, el esquí de montaña. En los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina d'Ampezzo, que empiezan este viernes, un cero en el medallero sería un fracaso.

"Debemos centrarnos en el día a día porque, si pensamos en el futuro, nos puede dar vértigo", asegura con cautela a EL MUNDO el entrenador Andrés Arroyo, consciente de que su pupilo Oriol Cardona es una rareza en el deporte español. Nunca en su historia el país se había presentado en unos Juegos Olímpicos de invierno con el máximo favorito al oro. Los cinco medallistas hasta el momento —los Fernández Ochoa décadas atrás, Regino Hernández y Javier Fernández en 2018 y Queralt Castellet en 2022— eran outsiders: no eran candidatos a la victoria, más bien todo lo contrario. Hernández, por ejemplo, no aparecía en ninguna quiniela y ahí está, disfrutando de su feliz jubilación con su bronce.

Dos oportunidades

Cardona, en cambio, puede ganar, debe ganar, va a ganar. Es el vigente campeón del mundo de esquí de montaña y el dominador de la Copa del Mundo con claridad. "Lo gestiono como puedo, sin pensar mucho en ello. Sé que puedo ser el primer campeón olímpico del esquí de montaña, pero intento evadirme de todo lo que se habla", reconoce a este periódico quien, además, tiene dos oportunidades. El jueves 19 competirá en la prueba individual y el sábado 21 lo hará en el relevo mixto junto a Ana Alonso, otra clara opción de medalla.

El año pasado, a estas alturas, Alonso estaba tan cerca de la gloria como su compañero Cardona, pero el pasado septiembre el conductor de un todoterreno decidió no frenar cuando se cruzó con ella en bicicleta cerca de Sierra Nevada y perdió muchas opciones. Por suerte. Porque pudo perder la vida. En el Hospital de Granada comprobaron que, además de otros golpes, se había roto el ligamento cruzado anterior y el ligamento lateral interno de la pierna izquierda, y se le empezó a buscar un reemplazo. Era imposible que en cuatro meses estuviera recuperada. Hasta que fue posible.

Como Cardona, el jueves 19 estará en la lista de salida individual y, llegado a este punto, ya puede conseguir cualquier cosa. "Había que luchar, había que intentarlo. Desde el accidente, Ana puso toda su energía vital en la curación, la cicatrización y la recuperación. Ahora ya ha pasado por todo y es más fuerte que nunca", comenta su entrenador, Javier Argüelles.

Después de todo, en el esquí de montaña debería haber como mínimo una celebración, pero España también cuenta con otros candidatos. Con un equipo de 20 deportistas, viene de lograr una medalla —la plata de Queralt Castellet— y tres diplomas más en los Juegos de Pekín 2022, y esa inercia todavía se nota. La propia Castellet, a sus 36 años, ya no debería optar al podio compitiendo en el halfpipe contra rivales a las que duplica la edad, pero en los últimos X Games se colgó el bronce y otra medalla es posible el jueves 12

También en snowboard y también el jueves 12, Lucas Eguibar volverá a perseguir su momento en el boardercross, muy bien acompañado por el joven Álvaro Romero. Y todavía hay más. En el esquí acrobático, Javier Lliso viene de ser sexto hace cuatro años; en el patinaje artístico, la pareja española formada por la británica Olivia Smart y el alemán Tim Dieck también aspira al diploma; e incluso no habría que descartar a Jaume Pueyo en el esquí de fondo. En definitiva, muchas oportunidades para no irse de vacío de los Juegos de Milán-Cortina d'Ampezzo. Lo que antes era lo normal y ahora sería un fracaso.

Nora Cornell, la snowboarder española que creció en Hawai y el accidente que se complicó: “Sufrí una sobredosis por fentanilo”

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Nora Cornell sale disparada de una rampa de 50 metros y da una vuelta, y dos, y tres antes de aterrizar con su snowboard sobre la nieve. Luego vienen los aplausos y la puntuación del jurado. Atrás queda el miedo a lo que pasará allí arriba, en el aire, donde una imperfección te lleva directa al hospital.

«Hay que convivir con ello. Antes de cada salto practico mucho con un airbag, que es una colchoneta enorme donde caigo, y no lo ejecuto hasta que estoy segura de que voy a caer de pie. Pero igualmente sientes miedo, todo el mundo lo hace, es parte de mi deporte», comenta a sus 20 años la especialista española en Big Air y Slopestyle que competirá en los Juegos Olímpicos de invierno de Milán-Cortina d'Ampezzo que empiezan el viernes.

A algunos pasos de las mejores en la Copa del Mundo, en principio no peleará por las medallas, pero en su especialidad nunca se sabe porque todo está en manos de los jueces. Todo. «Es totalmente subjetivo, queda todo a su criterio. No es como la gimnasia o el patinaje artístico. Antes se trataba de dar vueltas como una peonza y ahora valoran también otras cosas, como los diferentes ejes. Pero a veces piensas que los has hecho super bien y te dan una puntuación super baja», reconoce Cornell.

Su vida en Maui

¿Cómo empezó en eso de saltar por una rampa gigantesca?
Mi camino es un poco raro. Empecé con el skate cuando era muy pequeña en Girona, me mudé unos años a Estados Unidos con mi familia y llegué a competir. Pero al volver a España, mis padres me llevaban a La Molina los fines de semana y me aficioné al snow. Como se parecía al skate se me dio bien rápido. Y probé varias disciplinas, como el boardercross, pero siempre preferí mucho la adrenalina del Big Air y el Slopestyle.
¿Por qué se mudó con su familia a Estados Unidos?
Estuvimos unos años viviendo en Maui, una isla de Hawai. Mis padres trabajaban en verano, tenían negocios en la Costa Brava, y el resto del año nos íbamos allí. Les gustaba el windsurf y así yo aprendía inglés y la cultura de allí.
¿Al volver a España no quiso competir en skate?
Lo hice durante un tiempo. Tenía unos 10 años y no había chicas; competía con los chicos. Recuerdo que en mi primera competición en España hice podio junto a dos chicos de 20 años. Y yo ahí con mis 1,20 metros. Pero todavía era muy pequeña y no quise seguir. Me gustaba ir al skatepark a patinar, no a entrenar y dejé de disfrutarlo. Además el suelo estaba muy duro al caerme.

Huesos rotos

Pese a sus inicios tardíos en el snow, Cornell destacó pronto. Con 14 años, en 2020, debutó en una competición de la Federación Internacional de esquí y snow (FIS) y ganó. Al año siguiente ya estaba entre las mejores en el Mundial junior y en 2024 aparecía por primera vez en la Copa del Mundo. Su mejor puesto ha sido decimonovena, pero todo se andará. De momento disfruta, como todas. Como en el skate o el surf, en el snow las competiciones son relajadas: todas se ríen, todas se animan, todas se lo gozan.

«Es un deporte pequeñito, somos pocas, y viajamos por el mundo juntas. Nos perdemos las amistades de instituto o de universidad, pero tenemos a nuestras amigas en las pistas. Además divertirse es clave en el deporte. No lo hacemos obligadas, nos lo pasamos bien», cuenta la española, aunque también hay sus malos momentos.

Su carrera es corta, pero la lista de huesos rotos ya es larga: «El húmero, el radio, el cúbito, dedos...». El año pasado, a final de temporada, Cornell sufrió una caída y acabó ingresada con un neumotórax, la rotura de un pulgar y la sospecha de que podía ser algo todavía más grave.

Los médicos temían que tuviera afectada alguna vértebra así que le pincharon fentanilo para que no se moviera. No funcionó y recibió una segunda dosis. Al final fue peor el remedio que la enfermedad. «Tuve una mala reacción, hubo complicaciones. No lo recuerdo muy bien porque estaba medio inconsciente. Por suerte estaba en el hospital, estaba controlada y se quedó en el susto», recuerda Cornell antes de su debut olímpico.

Los dos abanderados españoles y una polémica: "Decían que yo no debería llevar la bandera"

Los dos abanderados españoles y una polémica: “Decían que yo no debería llevar la bandera”

El Comité Olímpico Español tenía un buen lío a la hora de escoger a los abanderados para los Juegos Olímpicos de invierno de Milán-Cortinad'Ampezzo, que empiezan hoy. Si seguía su criterio de premiar a los más laureados, Lucas Eguibar tendría que repetir y Queralt Castellet sería la portadora ¡por tercera vez! Nadie lo pondría en duda, pero resultaría extraño. Por eso decidió cambiar la mirada y, en lugar de premiar los éxitos, premiar la longevidad: en su tercera participación olímpica, el esquiador Quim Salarich y la patinadora Olivia Smart serán los encargados de llevar la bandera en una ceremonia de inauguración que se espera italiana, muy italiana.

«Cuando me lo dijeron estaba en el aeropuerto, a punto de embarcar hacia Canadá. Me quedé con la emoción más de siete horas, sin poder hablar con nadie, sola con mis pensamientos. Fue un vuelo muy bonito», asegura Smart, reunida con Salarich en conversación con EL MUNDO.

Pregunta. ¿Creen que España siempre va a los Juegos Olímpicos de invierno con complejo de inferioridad?

Salarich. No hablaría de inferioridad, pero vemos los deportes de invierno como un hobby. No hay mucha cultura competitiva en deportes como el esquí alpino o el snowboard. Es uno de los hándicaps que tenemos. Si un niño se apunta al fútbol, al baloncesto o al tenis sabe que disputará partidos, pero con el esquí solo va a entretenerse.

Smart. En mi deporte, el patinaje, seguramente sí existía esa inferioridad antes de Javier Fernández. Ahora nuestro trabajo es mantener su legado y eso no es fácil. Después de su retirada hubo un bajón en España y ahora Tim [Dieck] y yo [compiten en dúo] intentamos que vuelva a ir hacia arriba.

P. Ninguno de los dos entrena en España.

Salarich. Es parte de lo que hablábamos. Como no hay cultura de competición, cuesta mucho que nos preparen las pistas para nosotros. Necesitamos que sean un espejo, una placa de hielo, y eso a las estaciones no les sale rentable. El esquí, en general, es un deporte muy caro y ahí también hay una barrera, eso está claro.

Smart. En el patinaje pasa lo mismo: no hay muchas instalaciones. Los mejores grupos de entrenamiento del mundo están en Canadá, también Javier Fernández entrenaba allí y por eso vivimos allí nosotros. Cuando salió la noticia de que yo iba a ser la abanderada de España leí a gente que hablaba mal de mí por ello. Decían que yo no debería llevar la bandera: soy inglesa, compito junto a un alemán y entreno en Canadá. Pero estoy muy orgullosa de que me hayan concedido este honor.

P. Olivia, ¿cuál es su relación con España?

Smart. De pequeña, con mis padres, veraneaba mucho en España, especialmente en Tenerife, y cuando hice pareja con Adrián [Díaz, su anterior compañero] empecé a competir por el país. Cuando Adrián lo dejó y me uní a Tim existía la posibilidad de representar a Alemania -también Tim es militar alemán-, pero en mi mente y en mi corazón no quería representar a ningún otro país que no fuera España. La Federación Española nos recibió con los brazos abiertos y estamos muy felices.

P. Olivia hablaba de Javier Fernández. Quim, ¿se mantiene en el esquí el legado de Paquito Fernández Ochoa?

Salarich. Te diría que sí, incluso más fuera de España que dentro. En los Mundiales y en la Copa del Mundo todavía me encuentro a gente que me pregunta si lo conocí. Yo, por edad, no llegué a vivirlo, pero para mí siempre será un referente porque demuestra que un español puede ser campeón olímpico de esquí alpino. Podemos pensar que era otra época o lo que sea, pero hay que recordar que fue campeón olímpico.

P. ¿Con qué resultado acabarían satisfechos estos Juegos Olímpicos?

Smart. Mi sueño es una medalla olímpica y sabemos que en una final puede pasar cualquier cosa. El año pasado, en el Mundial, acabamos terceros en el programa libre, así que no estamos tan lejos. Va a ser muy difícil, pero en el Top 10 estamos todos muy cerca. El primer objetivo es asegurar el diploma olímpico y luego, a soñar.

Salarich. Te diría un poco lo mismo. Ahora sé que puedo ser competitivo. No parto como favorito, pero he estado delante en una Copa del Mundo; hace poco me caí cuando iba tercero... Cualquier cosa puede pasar. Tengo experiencia, ya he vivido la presión y voy con muchas ganas.

P. Una última cuestión. Antes de que les presentaran como abanderados no se conocían. ¿Cómo es posible?

Salarich. Los deportes de nieve y los deportes de hielo siempre van por separado. Durante la temporada cada uno tiene sus competiciones, pero es que en los Juegos Olímpicos suele haber dos villas olímpicas, en los actos casi nunca coincidimos... En los Juegos Olímpicos de verano coinciden mucho los deportistas de diferentes disciplinas, pero nosotros no tanto.