Ilia Malinin asombra hasta a Novak Djokovic para ganar su primer oro en los Juegos Olímpicos tras ejecutar un mortal 'prohibido'

Ilia Malinin asombra hasta a Novak Djokovic para ganar su primer oro en los Juegos Olímpicos tras ejecutar un mortal ‘prohibido’

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El Dios del Cuádruple dejó anonadado a uno de los mejores tenistas de todos los tiempos en los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina.

Ilia Malinin salió al hielo la noche del domingo sabiendo que la medalla de oro en patinaje artístico por equipos descansaba sobre sus hombros. Estados Unidos estaba empatado con Japón y solo quedaba el programa libre masculino. El joven de 21 años procedió a realizar otra actuación impresionante, llena de sus característicos saltos cuádruples, y lo remató todo con un salto mortal hacia atrás que aterrizó solo con una cuchilla.

Fue ese momento el que hizo que Novak Djokovic se pusiera de pie, con la boca abierta.

"He oído de todos que después de que aterricé mi salto mortal hacia atrás, él estaba allí de pie, con las manos en la cabeza, y yo pensé, 'Oh Dios mío, eso es increíble'", dijo Malinin. "Es un momento único en la vida ver a un famoso tenista viendo mi actuación".

Malinin ha estado recibiendo el trato de estrella durante los Juegos de Invierno. El actor Stanley Tucci estuvo en las gradas y el rapero Snoop Dog lo visitó en un entrenamiento.

La estrella del hockey Alex Ovechkin incluso le regaló a Malinin un par de sus cordones de patines amarillos característicos para usar en los Juegos Olímpicos.

Ninguno de esos encuentros con la fama parece desconcertar a Malinin, sin embargo, porque él mismo ha sido una estrella desde hace mucho tiempo.

Irrumpió en la escena poco después de que quedara fuera del equipo para los Juegos de Beijing de manera controversial, cuando el patinaje artístico de Estados Unidos optó por el más experimentado Jason Brown. No ha perdido un título nacional desde entonces, ha ganado oro en el prestigioso Grand Prix Final los últimos tres años, y ha ganado los dos últimos títulos mundiales sin que nadie se acerque siquiera a vencerlo.

De hecho, Malinin no ha sido vencido en sus últimas 14 competiciones completas, un período que se ha extendido por más de dos años.

"No le diría a la gente que soy intocable. Quiero lo contrario. Quiero que la gente se relacione conmigo", dijo Malinin a The Associated Press. "Sí, estoy haciendo todas estas locuras en el hielo que desafían la física de alguna manera. Aún quiero que vean que todos nosotros, los patinadores, somos seres humanos".

La realidad es que Malinin estuvo lejos de ser perfecto durante la prueba por equipos y en la final del domingo no intentó el axel cuádruple, el salto de cuatro revoluciones y media que solo él ha aterrizado en competición.

Quizás lo esté guardando para la prueba individual, probablemente el programa libre, que concluye la competencia el viernes por la noche.

"Ver lo que Ilia ha hecho en los últimos tres años ha sido alucinante", dijo Kristi Yamaguchi, la campeona olímpica de 1992. "Nunca pensamos que viviríamos para ver un cuádruple axel realizado y aterrizado en competición, y aquí viene Ilia, simplemente haciéndolo como si no fuera nada. Bastante asombroso. Hay tantos factores que intervienen en crear este mundo perfecto para hacer lo que él ha hecho".

Kagiyama promete ser el mayor rival de Malinin en el evento masculino en Milán. Shun Sato, quien casi lo igualó en el programa libre por equipos, también podría influir en la competencia. Pero lo más probable es que los compañeros de equipo japoneses estén luchando por la medalla de plata.

Malinin incluso ha sugerido que su mayor competencia es él mismo.

"Ser perfeccionista es como, ese rival soy yo", explicó Malinin. "Tienes ese lado rival de querer ser perfecto, de querer que todo salga exactamente como quiero. Creo que esa es la mayor lucha que tengo, es solo con la perfección misma".

El mensaje de Lindsey Vonn: "No me arrepiento; la vida es demasiado corta como para no arriesgarse"

El mensaje de Lindsey Vonn: “No me arrepiento; la vida es demasiado corta como para no arriesgarse”

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La estadounidense Lindsey Vonn, que el domingo sufrió una dura caída en el descenso de esquí alpino de los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina 2026, desveló que sufre una fractura múltiple de tibia que requerirá más operaciones aparte de la ya efectuada y que su lesión en el ligamento cruzado de la rodilla izquierda no tuvo nada que ver en su trágica despedida.

"Ayer mi sueño olímpico no terminó como había soñado. No fue un final de cuento de hadas, solo fue la vida. Me atreví a soñar y trabajé muy duro para lograrlo. Porque en el esquí alpino la diferencia entre una línea estratégica y una lesión catastrófica puede ser tan pequeña como 12 centímetros", comentó en una publicación en su Instagram.

Vonn, que compitió a sus 41 años pese a tener la rodilla derecha de titanio y haber sufrido una rotura del ligamento cruzado anterior de la izquierda en el descenso de la Copa del Mundo de Crans Montana (Suiza) la semana pasada, sufrió un aparatoso percance a los 13 segundos de esta cita olímpica.

"Simplemente me quedé 12 centímetros demasiado cerca de la línea cuando mi brazo derecho se enganchó en el interior de la puerta, lo que me hizo girar y causó la caída. Mi ligamento cruzado anterior y mis lesiones anteriores no tuvieron nada que ver con mi caída", aclaró.

"Desgraciadamente, sufrí una fractura compleja de tibia que actualmente está estable, pero que requerirá múltiples operaciones para curarse correctamente", desveló.

La esquiadora de St. Paul (Minesota), que cuenta 84 victorias en la Copa del Mundo, 45 de ellas en descenso, no se arrepiente de su decisión.

"Aunque ayer no terminó como esperaba, y a pesar del intenso dolor físico que me causó, no me arrepiento. Estar ayer en la puerta de salida fue una sensación increíble que nunca olvidaré. Saber que estaba allí con la oportunidad de ganar fue una victoria en sí misma. También sabía que competir era un riesgo. Siempre ha sido y siempre será un deporte increíblemente peligroso", comentó.

"Y al igual que en las carreras de esquí, en la vida también asumimos riesgos. Soñamos. Amamos. Saltamos. Y a veces caemos. A veces nos rompen el corazón. A veces no logramos los sueños que sabemos que podríamos haber tenido. Pero esa es también la belleza de la vida: podemos intentarlo. Lo intenté. Soñé. Salté", añadió.

La Premio Princesa de Asturias de los Deportes en 2019, dueña de 11 medallas en grandes eventos, incluido un oro olímpico en Vancouver (Canadá) y dos oros mundiales, acabó con un mensaje a sus seguidores.

"Espero que si sacáis algo en claro de mi trayectoria, sea que todos tengáis el valor de atreveros a hacer grandes cosas. La vida es demasiado corta para no arriesgarse. Porque el único fracaso en la vida es no intentarlo. Creo en vosotros, igual que vosotros creísteis en mí", finalizó.

Vonn, dos operaciones y una polémica: "La gente que dice que no debería haber competido no conoce a Lindsey"

Vonn, dos operaciones y una polémica: “La gente que dice que no debería haber competido no conoce a Lindsey”

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Acostumbrada a hacer posible lo imposible, ¿quiso ir Lindsey Vonn demasiado lejos? La estrella estadounidense del esquí alpino se fracturó la pierna izquierda en el descenso de los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina, el domingo, tras llegar ya con la rodilla izquierda gravemente lesionada.

El último desafío de Vonn, que soñaba a los 41 años con añadir un segundo título olímpico a su inmenso palmarés, se estrelló contra la nieve en 13 segundos.

La pista Olimpia delle Tofane, una de sus preferidas y donde venció 12 veces en la Copa del Mundo, no fue esta vez talismán: la Speed Queen perdió el equilibrio en el segundo bache de la pista y tras dar con una de las puertas del recorrido, golpeó violentamente contra la pista con sus esquíes, que no se desprendieron de sus pies a pesar del fuerte impacto.

Después de una larga intervención de los servicios médicos en plena pista, la campeona olímpica del descenso de Vancouver 2010 fue transportada en helicóptero al hospital de Cortina, y de allí a otro de Treviso, donde fue sometida a "una intervención quirúrgica ortopédica para consolidar la fractura de la pierna izquierda", explicó el hospital Ca'Foncello.

Medios italianos informaron que Vonn ha sido operada una segunda vez de la pierna dañada el domingo.

Para muchos, la que es considerada una de las mejores esquiadoras de la historia, cometió simple y trágicamente un error en su elección de trayectoria. "Hay un pequeño error técnico", estima en declaraciones a la AFP el francés Luc Alphand, ganador de la Copa del Mundo en 1997 y actualmente comentarista para la televisión pública de su país.

"En el momento en que vuelve a subir la pendiente, se inclina un poco con los hombros (...) y como hay un desnivel, sigue intentando esquiar y sube directamente hacia la puerta. Ahí mete el brazo en la puerta, eso es lo que le hace girar", analiza Alphand.

"Como no lleva bastante velocidad, los esquís no saltan (...) El efecto palanca de los esquís es enorme, son de 2,15 metros y son pesados. Eso provoca daños", sentencia.

¿La lesión explica la caída?

Vonn había sufrido nueve días antes otra grave caída, en Crans Montana (Suiza), y allí se había roto el ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda, pero en todo momento pareció convencida de poder participar en los Juegos Olímpicos.

El doctor Bertrand Sonnery-Cottet, cirujano ortopédico consultado por numerosos futbolistas y otros deportistas víctimas de esa lesión, no ve "a priori" ningún nexo entre la rodilla dañada y el motivo de la caída.

También descarta la idea de la compensación para aliviar su rodilla lesionada, en una posición que le habría llevado a un eventual error de trayectoria.

Lindsey Vonn, tras su traslado en helicóptero al hospital.

Lindsey Vonn, tras su traslado en helicóptero al hospital.FELICE DE SENAAFP

"Después uno puede hacer legítimamente la pregunta de saber si la férula (que Vonn llevaba para consolidar su rodilla izquierda) agravó la fractura o impidió una agravamiento de las lesiones de ligamentos de la rodilla".

Pese a no tener acceso a su historial médico, el doctor Sonnery-Cottet rechaza la idea de que Vonn, varias veces lesionada en las rodillas en su carrera y acostumbrada a gestionar ese tipo de lesiones, estuviera mal aconsejada por sus médicos.

"Siempre es el deportista el que decide, teniendo perfecta consciencia de los riesgos de una decisión así. Ella lo intentó todo, pero esto demuestra que los milagros y los superhéroes no existen", afirma.

¿Hay que prohibir asumir riesgos?

Ante el caso Vonn, algunos expertos sugieren que un esquiador lesionado debería recibir la autorización de un médico independiente antes de poder tomar parte en una carrera.

Es una hipótesis que el presidente de la Federación Internacional de Esquí (FIS), Johan Eliasch, no se lo plantea: "Es trágico, pero así es el esquí de competición (...) La gente que dice que no debería haber corrido hoy no conoce a Lindsey", dijo el mismo domingo.

De vuelta incluso tras una grave lesión en la pierna izquierda (doble fractura tibia-peroné), la italiana Federica Brignone resume el sentimiento general del mundo del esquí: "Nadie puede decirte lo que debes hacer, es una decisión que solo una persona debe tomar, el deportista".

Von Allmen logra para Suiza un oro en la combinada por equipos y sigue adornando su palmarés

Von Allmen logra para Suiza un oro en la combinada por equipos y sigue adornando su palmarés

Después del triunfo del descenso del sábado, obtuvo Franjo von Allmen su segunda medalla de oro como componente del dúo formado con Tanguy Nef en la combinada por equipos. Ambos, el primero en el descenso y el segundo en el eslalon, constituían Suiza 2. Hubo dos platas en el empate, a 99 centésimas de los vencedores, entre Austria 1 y Suiza 1.

Veinticuatro horas después, los Juegos seguían conmocionados por el drama de Lindsey Vonn. Operada de urgencia el domingo para estabilizar la gravemente fracturada rodilla izquierda, la esquiadora, según un parte del hospital, permanecía "bajo observación estrecha en la Unidad de Cuidados Intensivos" para garantizar su privacidad y con un seguimiento constante de su evolución inmediata". Al parecer, Vonn ha sido intervenida dos veces por cirujanos plásticos y ortopédicos a fin de prevenir posibles complicaciones inflamatorias y relacionadas con el flujo sanguíneo. Según Aksel Lund Svindal, entrenador de Vonn y leyenda del esquí noruego y mundial, Lindsey tuvo la entereza y la deferencia, en sus terribles circunstancias, de felicitar a su compañera Breezy Johnson por su triunfo en el descenso.

La combinada por equipos ha sustituido modernamente a la combinada individual. En ésta, un mismo esquiador se enfrentaba al descenso y el eslalon. Era algo casi "contra natura" y con el relativo interés de ver a los esquiadores fuera de su hábitat. Los "suicidas" del descenso penaban en el zigzagueante eslalon. Y los "virgueros" del eslalon las pasaban canutas en el vertiginoso descenso. El espectáculo se resentía doblemente. Con buen criterio, se optó por formar equipos con especialistas puros en cada una de las modalidades. Se suman los tiempos y el resultado es una atractiva mezcla de estilos que provoca una considerable emoción.

Las grandes potencias (Suiza, Austria, Italia, Francia) presentaban cuatro equipos con sus estrellas entremezcladas para crear el mayor equilibrio posible. El descenso lo dominó Italia 1 con Giovanni Franzoni, plata en la prueba individual, por delante de Suiza 3 (Alexis Monney) y Suiza 1 (Marco Odermatt). Un poco más allá, Suiza 2 (Franjo von Allmen, el oro individual) e Italia 2 (Dominik Paris, el bronce).

Parte de la emoción de la prueba reside en que, en el eslalon, los esquiadores salen en orden inmerso a la clasificación en el descenso. El primer tiempo a considerar llegó con Austria 2 (Fabio Gstrein, compañero de Stefan Babinski). Lo mejoró Austria 4 (con Mario Matt, "partenaire" de Raphael Haaser). Cedió el liderato ante Austria 1 (Manuel Feller, la pareja de baile de Vincent Kriechmayr).

Los austriacos aguantaron el envite de Francia 1 e Italia 2. Pero no el de Suiza 2 (Von Allmen y Nef). Salvaron la plata con ese empate cronométrico frente a Suiza 1 (Odermatt y Loïc Meillard). Italia 1 no pudo acceder a medalla alguna. Luego del primer puesto de Paris en el descenso, la actuación de un desolado Alex Vinatzer en el eslalon, la envió al séptimo lugar. Odermatt, cuarto en el descenso individual del sábado, una sorpresa, ya tiene una medalla. Poca cosa la plata para él, mucho más si es compartida con un colega y, además, con otro país. Pero estaba visible y lógicamente contento. Una medalla es una medalla para todos: para la persona y para el país. Suma por partida doble.

El martes está reservado para la combinada femenina. El equipo lo habrían formado quizás Lindsey Vonn y Mikaela Shiffrin, las dos grandes entre las grandes. No fue posible ni ya lo será nunca.

Conmoción mundial por el drama de Lindsey Vonn, la estrella mediática del esquí

Conmoción mundial por el drama de Lindsey Vonn, la estrella mediática del esquí

Estalló la tragedia rota en llanto incontenible y gritos desgarradores. Llanto de dolor físico, exterior, y de dolor sentimental, interior. Gritos de rabia, de reproche contra el azar y de acusación contra el destino. Estalló la tragedia como estalla una bomba, como estalla una pena inconsolable que se desborda e inunda el corazón y el cerebro. Sobrecogidos, los miles de espectadores presentes cayeron en un silencio absoluto, y millones más en sus casas contemplando por televisión otro de esos tristes capítulos que hacen del deporte una metáfora de la vida. Muchos in situ y en sus domicilios se cubrían el rostro con las manos.

Se celebraba el descenso de los Juegos Olímpicos, la prueba reina del esquí alpino, la más rápida, la más espectacular, la más excitante, la más peligrosa. Y en ella, Lindsey Vonn, la más conocida, la más admirada, la más perseguida. Salía en el lugar número 13 de las participantes. Y, súbitamente, nada más arrancar, 12 segundos más tarde (¿o eran también 13?), probablemente a causa de sus ganas de triunfo y de recortar milésimas en cada movimiento, se enganchó con una puerta. Se desequilibró y voló ya con las alas quebradas. Y cayó rodando, botando, rebotando con todo el cuerpo, con toda el alma, sin control, como una muñeca de trapo, desarbolada, descoyuntada. Fue atendida largamente en la pista, convertida en una trampa, y evacuada, colgando en una camilla, en helicóptero, transformado en un vehículo deportivamente mortuorio.

Era el fin para la esquiadora, una de esas estrellas mediáticas que trascienden el deporte para alcanzar la altura de figura pública, de referente social. Especialmente en Estados Unidos, donde su popularidad se eleva a cotas hollywoodienses. Pero también en los países en los que el esquí y los esquiadores desatan pasiones. E incluso en aquellos en los que uno y otros interesan menos. Dotada de un innegable atractivo físico, complementario del talento deportivo, dos virtudes irresistibles para el público y la prensa, yacía sobre la helada y dura nieve, en la que sólo faltaba la sangre para completar una escena de una dureza atroz.

Prótesis de titanio

Era, sí, el final para ella no sólo de los Juegos Olímpicos, sino de toda una carrera reemprendida a los 40 años para, a los 41, reengancharse a una senda victoriosa, que había abandonado en 2019, obligada por todas las fracturas que había padecido. «Mi cuerpo está roto sin posibilidad de reparación», declaró. Se había roto en diferentes momentos el cruzado de la rodilla derecha, la tibia, el tobillo, el brazo, el menisco... El oro de Vancouver 2010 estuvo repleto de analgésicos. Pero, bueno, quizás no reparado, pero sí zurcido, remendado y sostenido por una voluntad tan fuerte como el titanio de la prótesis de la rodilla derecha, ese mismo cuerpo le había permitido esta temporada obtener, en ocho competiciones, siete podios, entre ellos dos victorias. Precisamente en Cortina, donde ha vencido en 12 ocasiones, se ha detenido su tiempo. Lindsey ya no volverá. This is the end.

Nacida Lindsey Kildow en Saint Paul (Minnesota) el 15 de octubre de 1984, mantiene, curiosamente, el apellido de Thomas Vonn, también esquiador, con quien estuvo casada entre 2007 y 2013. Cuando se la relacionó con Tiger Woods, formó una pareja de ensueño para quienes desean que los mitos se emparejen con los mitos, en una especie de divina decisión para con sus elegidos.

La conmoción producida por su accidente es equivalente a la admiración despertada por una figura que reúne todos los requisitos para ser considerada una moderna heroína, una mujer de, también, unas dimensiones literarias que se han incrementado con el cinematográfico dramatismo de su accidente. Su historial habla de tres medallas olímpicas (una de ellas de oro), de 84 victorias en la Copa el Mundo (y 143 podios), sólo por detrás de Mikaela Shiffrin (108) e Ingemar Stenmark (86). De cuatro clasificaciones generales de la Copa del Mundo, de ocho Globos de Cristal en descenso y cinco en supergigante. De los Premios Príncipe de Asturias y Laureus...

Vonn, trasladada en helicóptero al hospital de Treviso.

Vonn, trasladada en helicóptero al hospital de Treviso.AFP

Cuando pocos días antes del comienzo de los Juegos se rompía, en su novena competición del curso, el ligamento cruzado de la rodilla izquierda en el descenso de Crans Montana, añadió al nombre y al título un aura fatalista de burlona y definitiva tragedia. A su edad y en sus condiciones, ahí se acababa la historia. El presente se detenía de golpe para Lindsey y el futuro quedaba exento de cualquier tipo de incógnita. Ya no existía. Un epílogo innecesariamente cruel que cortaba de un modo excesivo, pero de indiscutible grandeza teatral, una carrera gloriosa, prolongada hasta lo inimaginable. Y, en cierto modo, magnificándola por su dimensión de doliente épica. Se entonaron los correspondientes réquiems, porque ninguna otra pieza musical podía serle aplicada a su persona.

Pero no era el fin. No, al menos, el que ella aceptaría. Pocas horas después del cataclismo, Lindsey desplegaba su seductora sonrisa y sostenía que «el sueño olímpico no se ha acabado para mí». Pero sí se ha acabado. Ahora sabemos que el sueño degeneró en pesadilla y que tenían razón quienes tildaron de locura el empeño. Pero fue una locura grandiosa en su desafío a la Medicina y a la razón.

Se la atendió en primera instancia en un hospital de Cortina y trasladada posteriormente a otro de Treviso, donde fue operada para estabilizar una fractura en la pierna izquierda. Se espera parte médico a mediodía.

Breezy Johnson se cuelga un oro de homenaje para Vonn

Breezy Johnson se cuelga un oro de homenaje para Vonn

Para muchos aficionados, el descenso olímpico dejó de tener interés e importancia cuando Lindsey Vonn y sus sueños rodaron por la nieve. Pero la vida seguía, aunque no igual. Estábamos en los Juegos Olímpicos, en la cúspide del esquí. La competición perdía su mayor atractivo personal, es cierto, pero no un ápice de su trascendencia suprema, que siempre está por encima de las individualidades, aunque éstas le proporcionen su leyenda a través del tiempo.

En el momento del holocausto de Vonn, su compatriota Breezy Johnson, la segunda estadounidense en la jerarquía de la velocidad, marcaba el mejor tiempo de las participantes: 1:36.10. Ya no lo abandonaría. Y la alemana Emma Aicher, el segundo, a sólo cuatro centésimas, un pestañeo. Tampoco lo dejaría. La prueba se reanudaría muchos, interminables y angustiosos minutos después del drama que contribuirá a recordar los Juegos. Le dio cuerda de nuevo la austriaca Mirjam Puchner. Y, sobre todo, la estrella italiana, una de las grandes damas históricas del descenso: Sofia Goggia.

Fiel a su estilo, Goggia esquió a lo bestia, alternando pequeños errores con instantes inigualables. Pudieron más los errores de cara al oro y la plata, y la de Bérgamo, de 33 años, se quedó en el bronce, a 59 centésimas de la vencedora. Campeona en Pyeongchang'2018 y subcampeona en Pekín2022, no era del todo profeta en su tierra, pero una medalla siempre sabe dulce y nadie se la va a recriminar. Al contrario. Era mitad esperada y mitad no. Aunque Goggia ha ganado en esta campaña el supergigante de Val dIsère, su temporada está careciendo de la brillantez habitual. Pero, en dos días, Italia tiene su tercera medalla y primera femenina.

Expresión rara

Breezy (Breanna Noble Johnson), nacida en Wyoming, posee el sentido de la oportunidad. Aunque ha coleccionado ocho podios, no ha ganado todavía ninguna prueba de la Copa del Mundo a los 30 años recién cumplidos. Pero es la vigente campeona mundial y ahora la olímpica. Tenía una expresión rara. No sabía si dar rienda suelta a su alegría o controlarla pudorosamente por respeto y cariño a Vonn.

En cualquier caso, le ha rendido homenaje con su triunfo y le ha proporcionado al país de ambas un oro precioso. Se perdió los Juegos de Pekín a causa de una lesión de rodilla (¡las rodillas de las esquiadoras!). Y tiene un borroncillo es su trayectoria. En 2024 aceptó una sanción de 14 meses por no estar localizable en tres controles antidopaje en los últimos 12 meses.

El apellido Johnson es muy afortunado en los descensos olímpicos. Bill Johnson se coronó sorprendente campeón en 1984, en Sarajevo. Fue un deportista con buena suerte y un hombre con mala. Falleció con 55 años a causa de un derrame cerebral.

Lindsey Vonn se cae en el descenso olímpico de Cortina

Lindsey Vonn se cae en el descenso olímpico de Cortina

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Estalló la tragedia rota en llanto incontenible y gritos desgarradores. Llanto de dolor físico, exterior, y de dolor sentimental, interior. Gritos de rabia contra el azar y de acusación contra el destino. Estalló la tragedia como estalla una bomba, como estalla una pena inconsolable que se desborda. Nada más tomar la salida, probablemente a causa de sus ganas, Lindsey Vonn, se enganchó con un brazo en la puerta. Se desequilibró y salió volando, y cayó rodando, botando, rebotando con todo el cuerpo, con toda el alma, sin control, como una muñeca de trapo, desarbolada, descoyuntada. Fue atendida largamente en la pista, convertida en una trampa, y evacuada en helicóptero, devenido en ambulancia. Era el fin. No sólo de esa competición, sino de toda una carrera reemprendida triunfalmente el pasado año, rebasados los 40 años y que ahora, con 41, había regresado a la senda del triunfo. Rota por fuera y por dentro, Lindsey Vonn, la reina estadounidense del mundo, había dicho adiós para siempre a su vida deportiva. Para los supersticiosos, llevaba el dorsal 13.

Se hizo el silencio entre los millares de aficionados presentes, sobrecogidos. Y en millones de espectadores por televisión. Muchos se cubrían el rostro con las manos. También Breezy Johnson, compatriota de Lindsey, mejor tiempo hasta ese momento y vencedora a la postre por delante de la alemana Emma Aicher y la italiana Sofia Goggia.

En el deporte existen los milagros (o esos episodios inexplicables que denominamos así para describirlos, ya que no para entenderlos). Lindsey Vonn personalizaba uno de ellos en su permanencia en la cima del esquí a los 41 años, con la rodilla derecha reconstruida con titanio y los meniscos y los cartílagos tundidos y degenerados. Pero esta vez no se produjo. Por desgracia, tuvieron razón quienes tildaban de locura la decisión de Lindsey.

El helicóptero evacúa a Lindsay Vonn tras caerse en la prueba de descenso.

El helicóptero evacúa a Lindsay Vonn tras caerse en la prueba de descenso.Jacquelyn MartinAP

El esquí entero, los Juegos al completo estaban pendientes de la estadounidense con una oleada de admiración y simpatía que trataba de protegerla a la vez que la animaba. Incluso Italia hubiera aceptado con una cierta amable resignación la derrota de sus esquiadoras, también formidables especialistas en descenso.

No podía existir mayor expectación ni un interés más generalizado. Lindsey Vonn se había convertido en la figura más atrayente de los Juegos. Era un nombre y un título. Su propietaria mostraba una rebeldía frente a la adversidad que la designaba como una heroína moderna.

Cuando pocos días antes del comienzo de la competición se rompía el ligamento cruzado de la rodilla izquierda en el descenso de Crans Montana, añadió al nombre y al título un aura fatalista de burlona y definitiva tragedia. A su edad y en sus condiciones, ahí se acababa la historia. Lara Gut-Behrami, la campeona olímpica de supergigante, había sufrido, en noviembre, durante un entrenamiento, la misma lesión en la misma rodilla y se había despedido de la temporada. Y eso que era más joven (34 años) y estaba menos machacada. El presente se detenía de golpe para Lindsey y el futuro quedaba exento de cualquier tipo de incógnita. Ya no existía. Un epílogo innecesariamente cruel que cortaba de un modo excesivo, pero de indiscutible grandeza dramática, una carrera gloriosa, prolongada hasta lo inimaginable. Y, en cierto modo, magnificándola por su dimensión literaria.

Instante en el que Vonn gira en el aire antes de caer sobre lapista.

Instante en el que Vonn gira en el aire antes de caer sobre lapista.RTVE

¿El fin?... Nada de eso. Pocas horas después del accidente, del cataclismo, Lindsey desplegaba su seductora sonrisa y sostenía que "el sueño olímpico no se ha acabado para mí". Aunque ahora sabemos que el sueño devino en pesadilla, el esquí acogió con incredulidad y alarma, pero también con esperanza, esa afirmación que amenazaba con empeorar el estado de la esquiadora hasta, quien sabe, dejarla coja para siempre o algo por el estilo. No se podía esquiar, y menos un descenso olímpico, con un ligamento roto que dejaba esa rodilla sin estabilidad y en trance de repercutir en la otra con una fractura del hueso en el que se fija la prótesis. Lindsey podía quedar coja de por vida y con severas limitaciones en su normal desempeño cotidiano. Ellos y todos los demás conteníamos el aliento cuando Lindsey tomó la salida.

Y ellos y todos los demás deseamos ahora que Lindsey sea más fuerte que todos nosotros y pueda hacer una vida corriente de persona normal después de habernos regalado la inigualable existencia profesional de una mujer extraordinaria.

Sorpresa en el descenso: Odermatt, fuera de las medallas en la primera alegría de Italia

Sorpresa en el descenso: Odermatt, fuera de las medallas en la primera alegría de Italia

Sorpresas. Primera sorpresa: Marco Odermatt, el suizo de platino, no fue de oro. Segunda sorpresa: no fue de plata. Tercera sorpresa: no fue de bronce. El mejor esquiador de velocidad, el líder de la Copa del Mundo de la especialidad (y de la general) no conquistó medalla alguna en el descenso. Fue cuarto a 0,70 del vencedor, su compatriota Franjo von Allmen. La plata y el bronce recayeron en dos italianos: Giovanni Franzoni, a 20 centésimas, y Dominik Paris, a 50. Dos enormes alegrías iniciales para el país organizador.

Para saber más

Sorpresas, sí, aunque siempre relativas en una prueba decidida a menudo por un parpadeo y en la que la imposibilidad humana de la perfección decide dónde colocar a cada cual en un momento determinado. Odermatt es el mejor, pero no lo puede ser sin interrupción, y, después de todo, Von Allmen, debutante olímpico, pero campeón mundial, lleva ganados esta temporada dos descensos de la Copa del Mundo y obtenido dos segundos puestos (por detrás de Odermatt en ambos casos).

En cuanto a Giovanni Franzoni, una revelación, se apuntó uno. Siempre es una baza potencialmente ganadora. Dominik Paris 'resucitó' con un segundo puesto en Crans Montana, el último descenso antes de los Juegos (por detrás de Von Allmen). Llegaba en forma y, además, ha ganado seis veces en esa pista. Tiene con ella una especie de idilio.

Estos son los Juegos Olímpicos y eso era el descenso masculino, un comienzo explosivo del esquí alpino, el eterno rey de blanca barba y áurea corona. Una sola prueba sujeta a la suerte casi tanto como al talento. El oro y las demás medallas se juegan en una sola partida a una sola carta. Como en tantas otras competiciones. Pero estos son los Juegos y una sola carta vale por cien en una sola partida que cuenta por mil.

Trayecto largo, de casi dos minutos, tiempo de sobra para que las piernas, aunque mudas, aúllen de dolor. Saltos de 50 metros antes de reencontrar los esquíes la nieve. Pista diabólica, de las más difíciles del mundo, con muchos sectores, en Bormio, en el Stelvio, de inolvidables resonancias ciclistas. En un momento dado, el podio era por entero suizo con Von Allmen, Odermaatt y Alexis Monney. Los italianos le dieron casi por completo la vuelta. Desplazaron a Odermatt y Monney, pero no pudieron con Von Allmen, 24 años, 1,83 de estatura de compacto esquiador de velocidad con nombre de aristócrata o de general prusiano.

La vertiginosa velocidad masculina regresará el miércoles con el eslalon supergigante. Otra oportunidad para todos. Pero especialmente para Odermatt, también líder de la Copa del Mundo de la especialidad. Pase lo que pase, el suizo, que no interviene en eslalon, ya no podrá acceder a tres oros, como Toni Sailer en Cortina56 y Jean-Claude Killy en Grenoble68. El austriaco y el francés ganaron el descenso, el gigante y el eslalon, llamado entonces especial. No existía aún el supergigante.

...Y ahora, en la fiesta dominical, el descenso femenino con Lindsey Vonn. Sobran las palabras. Narraremos los hechos.

Von Allmen y los italianos Franzoni y Paris dejan fuera del podio de la prueba de descenso al favorito Odermatt

Von Allmen y los italianos Franzoni y Paris dejan fuera del podio de la prueba de descenso al favorito Odermatt

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Sorpresas. Primera sorpresa: Marco Odermatt, el suizo de platino, no fue de oro. Segunda sorpresa: no fue de plata. Tercera sorpresa: no fue de bronce. El mejor esquiador de velocidad, el líder de la Copa del Mundo de la especialidad (y de la general) no conquistó medalla alguna en el descenso. Fue cuarto a 0,70 del vencedor, su compatriota Franjo von Allmen. La plata y el bronce recayeron en dos italianos: Giovanni Franzoni, a 20 centésimas, y Dominik Paris, a 50. Dos enormes alegrías iniciales para el país organizador.

Sorpresas, sí, aunque siempre relativas en una prueba decidida a menudo por un parpadeo y en la que la imposibilidad humana de la perfección decide dónde colocar a cada cual en un momento determinado. Odermatt es el mejor, pero no lo puede ser sin interrupción, y, después de todo, Von Allmen, debutante olímpico, pero campeón mundial, lleva ganados esta temporada dos descensos de la Copa del Mundo y obtenido dos segundos puestos (por detrás de Odermatt en ambos casos).

En cuanto a Giovanni Franzoni, una revelación, se apuntó uno. Siempre es una baza potencialmente ganadora. Dominik Paris "resucitó" con un segundo puesto en Crans Montana, el último descenso antes de los Juegos (por detrás de Von Allmen). Llegaba en forma y, además, ha ganado seis veces en esa pista. Tiene con ella una especie de idilio.

Estos son los Juegos Olímpicos y eso era el descenso masculino, un comienzo explosivo del esquí alpino, el eterno rey de blanca barba y áurea corona. Una sola prueba sujeta a la suerte casi tanto como al talento. El oro y las demás medallas se juegan en una sola partida a una sola carta. Como en tantas otras competiciones. Pero estos son los Juegos y una sola carta vale por cien en una sola partida que cuenta por mil.

Trayecto largo, de casi dos minutos, tiempo de sobra para que las piernas, aunque mudas, aúllen de dolor. Saltos de 50 metros antes de reencontrar los esquíes la nieve. Pista diabólica, de las más difíciles del mundo, con muchos sectores, en Bormio, en el Stelvio, de inolvidables resonancias ciclistas. En un momento dado, el podio era por entero suizo con Von Allmen, Odermaatt y Alexis Monney. Los italianos le dieron casi por completo la vuelta. Desplazaron a Odermatt y Monney, pero no pudieron con Von Allmen, 24 años, 1,83 de estatura de compacto esquiador de velocidad con nombre de aristócrata o de general prusiano.

La vertiginosa velocidad masculina regresará el miércoles con el eslalon supergigante. Otra oportunidad para todos. Pero especialmente para Odermatt, también líder de la Copa del Mundo de la especialidad. Pase lo que pase, el suizo, que no interviene en eslalon, ya no podrá acceder a tres oros, como Toni Sailer en Cortina56 y Jean-Claude Killy en Grenoble68. El austriaco y el francés ganaron el descenso, el gigante y el eslalon, llamado entonces especial. No existía aún el supergigante.

...Y ahora, en la fiesta dominical, el descenso femenino con Lindsey Vonn. Sobran las palabras. Narraremos los hechos.

El tráfico ferroviario del norte italiano, gravemente ralentizado por un supuesto sabotaje

El tráfico ferroviario del norte italiano, gravemente ralentizado por un supuesto sabotaje

Actualizado

El tráfico ferroviario en el norte de Italia, en concreto en la ciudad de Bolonia, se ha visto este sábado muy ralentizado por varias incidencias simultaneas que las autoridades investigan como sabotaje por los Juegos Olímpicos de Invierno.

Los retrasos en la estación de Bolonia han llegado hasta los 150 minutos en trenes regionales y de alta velocidad que debían llegar a grandes capitales norteñas como Turín, Milán, Venecia o Brescia, según ha confirmado el ente público 'Ferrovie dello Stato'.

La primera incidencia se ha registrado a las 8:30 hora local (7:30 GMT) con el hallazgo de unos cables arrancados en la red ferroviaria a la altura de la localidad boloñesa de Castel Maggiore.

Posteriormente se ha localizado un artefacto explosivo en las vías entre Bolonia y Padua y se ha registrado un incendio en una cabina eléctrica en la estación de Pesaro.

Las autoridades, según los medios locales, lo investigan como supuestos sabotajes de origen anarquista, no como hechos aislados, y sospechan que tratan de afectar al desarrollo de los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán y Cortina inaugurados ayer viernes.

Por esa razón, por la hipótesis de que puedan ser hechos dolosos, además de la policía ferroviaria han intervenido agentes de la Digos, la unidad policial de operaciones especiales.