La leyenda del equipo olímpico español de bobsleigh que nunca existió: "Éramos unos desgraciados"

La leyenda del equipo olímpico español de bobsleigh que nunca existió: “Éramos unos desgraciados”

¿De dónde sacaban los trajes para el hielo?
La madre de uno de los miembros del equipo compró tela, nos los cosió y nosotros pusimos encima unas pegatinas que nos dio la Federación Española. Pero no teníamos uniforme ni nada, íbamos por las estaciones con ropa de calle.
¿Y los cascos?
Utilizábamos unos cascos de moto que el entrenador sacó de la BMW y nos regaló. No eran homologados, nunca lo fueron.
¿Y el bobsleigh?
El equipo austriaco nos alquilaba uno que tenían viejo, que llevaba sin utilizar más de una década. Como ya no era reglamentario le tuvimos que hacer arreglos como soldarle unos bloques de plomo.

España sólo ha participado en bobsleigh en los Juegos Olímpicos de invierno en dos ocasiones. En Cortina d’Ampezzo 1956 se quedó cerca de ganar una medalla con el Marqués de Portago como líder y mecenas y en Grenoble 1968 se presentaron varios equipos a propuesta de Juan Antonio Samaranch. Pero estuvo clasificada una tercera vez y nadie la recuerda. Un conjunto de seis chavales enviados a un colegio mayor de Austria a aprender cómo era aquello de tirarse montaña abajo con un trineo consiguió un billete para Albertville 1992 y justo después se separó, fue eliminado, se evaropó. Hace cinco años ‘La Vanguardia’ recuperó la historia del llamado ‘equipo invisible’, cuyos miembros conversan ahora con EL MUNDO después de la clausura de los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina.

"Fue una iniciativa que salió de los estudios de INEF de varias ciudades de España. Algunos que habían participado en los Juegos Olímpicos décadas atrás organizaron un casting, nos hicieron pruebas y montaron un equipo. Yo no estudiaba INEF, hacía Derecho, pero venía del atletismo y quedé segundo", recuerda Joan Manel Esclasans, uno de los protagonistas de la versión española de la película ‘Elegidos para el triunfo’, que relata los éxitos de Jamaica con el bobsleigh. "¡Aquellos jamaicanos eran amigos nuestros! Nosotros éramos unos desgraciados y caíamos bien a todo el mundo. Ellos tenían muchos más medios", apunta Esclasans, hoy de 56 años, informático, sobre aquel año de locura en su juventud. Junto a él se apuntaron Xavi Núñez, que venía de jugar al fútbol americano en los ya desaparecidos Diesel Eagles de Vilafranca o Luis Lisazo, que era subcampeón de España de lanzamiento de disco.

Una paella en Mónaco

"La Federación Española aceptó el proyecto, pero luego se sorprendió del éxito y nunca llegó a apostar. Se tomaba el bobsleigh a cachondeo. Nos enviaron a Innsbruck a entrenar y sólo nos cubrían alojamiento y manutención. Para el resto teníamos que usar el dinero de la beca ADO, que eran unas 75.000 pesetas -unos 450 euros-, o pedir ayuda a nuestras familias. Era todo muy precario. Teníamos un entrenador que venía con nosotros de vez en cuando, pero ni preparador físico, ni fisioterapeuta, ni médico, ni nada. De hecho si nos hacíamos daño nos atendían los médicos del equipo soviético porque teníamos buena relación con ellos", cuenta Esclasans.

En su palmarés, hasta siete participaciones en la Copa del Mundo de 1991 en lugares como Cortina d’Ampezzo o La Plagne y el Preolímpico previo a Albertville 1992, donde superaron el proyecto de Mónaco con su príncipe Alberto como uno de sus integrantes. "También teníamos buena relación con él. Nos invitó en verano a una competición de salidas que hacía en el Principado y le preparamos una paella", recuerda el miembro del bobsleigh que pasó de la gloria a la desaparición en un instante.

¿Qué ocurrió?
No se esperaban que nos clasificáramos para unos Juegos Olímpicos y no querían gastarse el dinero que tocaba. Nos dijeron que no nos iban a inscribir, que el presupuesto se lo llevaba Blanca Fernández Ochoa -bronce en esquí alpino en aquella edición- y nos enviaron para casa sin más.
¿Qué hicieron?
Nos sentimos engañados, nos tomaron el pelo. Yo había dejado Derecho, por ejemplo. Estuvimos más de un año fuera de casa y no sirvió para nada. Éramos muy jóvenes, teníamos muchas ganas y nos lo tomábamos muy en serio. Íbamos a ver cómo entrenaban los austriacos y les copiábamos en todo, estábamos ocho o nueve horas en el hielo. Con otros gestores hubiera sido un proyecto bonito.
¿Mantienen la relación?
La verdad es que no. Cada uno hizo su vida y ya está. Estaría bien reencontrarnos algún día.
La dramática confesión de Lindsey Vonn: "Mi médico me salvó de que me amputaran la pierna"

La dramática confesión de Lindsey Vonn: “Mi médico me salvó de que me amputaran la pierna”

Actualizado

La esquiadora estadounidense Lindsey Vonn reveló este lunes que estuvo a punto de perder la pierna izquierda tras su accidente en el descenso femenino de los Juegos Olímpicos de Milán Cortina, en el que sufrió la lesión "más extrema y dolorosa" a la que se ha enfrentado "en 100 vidas".

"El doctor Tom Hackett me salvó de que me amputaran la pierna. Ha sido, de lejos, la lesión más extrema, dolorosa y desafiante a la que me he enfrentado en 100 vidas. No puedo llegar a expresar cómo de doloroso y duro ha sido", explicó Vonn en un vídeo de casi cinco minutos que subió a Instagram, con voz entrecortada y casi entre lágrimas.

Las lesiones de Vonn fueron mayores que la fractura de tibia en la pierna que se lastimó inicialmente tras rozar una puerta y salir despedida de la trayectoria apenas 13 segundos después de iniciar su descenso el pasado 8 de febrero.

Vonn, de 41 años, explicó que el traumatismo del accidente le provocó un síndrome compartimental en la pierna. El síndrome compartimental implica una acumulación excesiva de presión dentro de un músculo, ya sea por sangrado o por hinchazón. La presión alta restringe el flujo sanguíneo y puede causar una lesión permanente si no se trata con rapidez.

"Cuando tienes tanto traumatismo en una zona del cuerpo que hay demasiada sangre y se queda atrapada, básicamente se aplasta todo. Todo estaba hecho pedazos", señaló Vonn.

Vonn atribuyó al doctor Tom Hackett, un cirujano ortopédico que trabaja para Vonn y para el equipo de Estados Unidos, la operación de una fasciotomía para salvarle la pierna.

"La abrió por completo, la dejó respirar y me salvó", describió la atleta olímpica.

La atleta señaló que Hackett sólo estaba en Cortina porque ella estaba compitiendo después de sufrir la rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda poco antes de los Juegos Olímpicos.

"Si no hubiera pasado eso, Tom no habría estado allí y no habría podido salvarme la pierna", indicó.

"Estoy prácticamente inmóvil, en silla de ruedas. También me rompí el tobillo derecho, así que estaré con muletas al menos dos meses", agregó Vonn, que ya tiene el alta médica del hospital.

Vonn, sin embargo, dijo que no se arrepiente de nada y que, pese a que hubiera deseado "terminar de otra forma", en la vida "hay que tomar los puñetazos como vienen, y este me ha noqueado", concluyó la legendaria esquiadora, que agradeció el apoyo a los aficionados y al cuerpo médico.

Oriol Cardona: "Di un cambio radical a mi vida para conseguir estas dos medallas"

Oriol Cardona: “Di un cambio radical a mi vida para conseguir estas dos medallas”

«Estaba muy cansado, muy cansado. Nos organizaron una celebración con las familias e intenté aguantar, pero me retiré pronto. A la una de la madrugada ya estaba en la cama; caí redondo. Ya lo celebraré de verdad cuando vuelva a casa», cuenta Oriol Cardona a EL MUNDO en la furgoneta que le lleva a la ceremonia de clausura que ayer cerró los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina.

En solo 48 horas, el esquiador de montaña se colgó un oro en el sprint y un bronce en el relevo mixto para convertirse en el deportista español más laureado en invierno, y ayer seguía en una nube. «Después de la final del relevo estuve toda la tarde de un lado para otro y casi no pude ni hablar con mis padres. Esto de los Juegos Olímpicos es una locura; se nota que hay mucha más gente pendiente», aseguraba, con una nueva vida por delante a sus 31 años.

¿Qué momento de estos Juegos recordará toda la vida?
Cuando subí al podio al ganar el oro. Ahí me emocioné bastante. Tuve una mezcla de sentimientos que todavía no he podido valorar. Tardaré un tiempo en hacerlo. Mucha felicidad, mucho orgullo, mucho alivio... En el podio me sentí súper liberado. Antes de los Juegos había ganado el Mundial y la Copa del Mundo y sentía bastante presión mediática. Me quedé muy tranquilo: ya había hecho lo que tenía que hacer.
Y, en cambio, solo lloró después de conocer la sanción en el relevo y darse cuenta de que era bronce.
Sí, sí, fue raro, eh. Fue la primera vez en mi vida que lloraba después de una carrera. No me había pasado nunca. Es que fue un momento tenso, duro para todos. Vine a estos Juegos a por los dos oros y, al ver que estaba cerca de quedarme fuera del podio... ¡Uf! Hubo mucha carga emocional y me salió por los ojos.
¿Le queda la espina de no conseguir dos oros?
Me hubiese gustado luchar por el oro en el relevo. La gestión de la carrera no fue la mejor y con suerte quedamos en ese tercer puesto. Pero no me queda ninguna espina, qué va. Me pongo una valoración de 10 y a Ana [Alonso, su compañera], igual. Son dos medallas en unos Juegos y estoy muy contento. Venía con unas expectativas muy altas y creo que todos hemos hecho un muy buen trabajo.

Gabriele FacciottiAP

Decía Kilian Jornet, mito y uno de sus entrenadores, que cuando era joven le costaba creérselo. Que usted mismo se hacía de menos.
Quizá sí, no lo sé. Hace unos años, cuando di el paso y empecé a ganar carreras en la Copa del Mundo, posiblemente me faltaba creérmelo más. No estaba tan seguro de mí mismo. Pero en los últimos dos o tres años he sido consciente de mi potencial, de hasta dónde podía llegar. Ha sido una de las claves de todos estos éxitos.
¿Cuáles son el resto de claves? ¿Qué le diferencia de sus rivales?
No hay ningún secreto. Me encantaría decir que lo hay y que me lo guardo para mí, pero no es así. Son muchos años haciendo lo mismo: entrenar, entrenar y entrenar. Cuando el esquí de montaña entró en los Juegos Olímpicos aposté por ello y, al final, han llegado los resultados.
¿Cómo apostó por ello?
Fue un cambio radical en mi vida. Me fui a vivir a Font Romeu y lo paré todo: estudios, incluso el ocio. Con ese estilo de vida también te alejas de gente que aprecias; te quedas un poco solo. Pero había algo que realmente me importaba, algo que de verdad me interesaba, y lo aposté todo. El esquí de montaña en los Juegos Olímpicos era mi plan A y no tenía ningún plan B. Tenía que funcionar sí o sí.
Antes trabajó como ayudante de bombero forestal.
Un par de años, sí, cuando era más joven. Pero luego ya me dediqué al 100% a mi carrera deportiva.
Al ganar el oro en el sprint se acordó de su abuelo paterno. ¿Fue él quien le enseñó a esquiar?
No, no tenía nada que ver con eso. De hecho, no tenía ninguna relación con el deporte. Pero mi abuelo Pere era una bellísima persona, la persona más buena que he conocido nunca, y siempre he sentido mucha pena por perderlo tan pronto. Se lo dediqué a él porque es mi referente como persona.

DIMITAR DILKOFFAFP

¿Ahora su vida será distinta?
No lo sé. Tal como venga, lo aceptaré con los brazos abiertos e intentaré aprovechar el momento.
De repente, un esquiador de montaña en prime time en televisión.
Ojalá pase, la verdad. Tengo que aprender de esas cosas, quizá ser más expresivo, pero me siento preparado para lo que venga. Lo más difícil era ganar dos medallas como hemos hecho en estos Juegos; lo demás será bienvenido.
¿El esquí de montaña cambiará mucho de aquí a los Juegos Olímpicos de los Alpes 2030?
Habrá más competencia, eso seguro, aunque no sé de dónde vendrá. Quizá de Estados Unidos y Canadá, quizá de Noruega y Suecia, quizá de Asia... No lo sé. Pero estoy seguro de que llegará más gente, habrá más interés y más medios. Y a mí me parece genial, eh; quiero que mi deporte siga creciendo.
¿Qué capricho se dará por haber ganado las dos medallas?
No tengo muchas cosas pensadas. Comer bien, dormir bien y ya veremos. Pienso, por ejemplo, en comerme unos cruasanes de chocolate de Cal Flequer, que es una panadería de mi pueblo, Banyoles. Pero, por lo demás, solo estar con la familia y los amigos.
¿Tiene ganas de dejar los esquís en el armario una temporada?
No, no, qué va. De aquí a 15 días hay un Europeo en Azerbaiyán y no iré, pero antes de que acabe la temporada volveré a competir, seguro. Y en verano me gustaría correr alguna carrera corta de trail running. Llevo tres años sin correr para no hacerme daño y lo echo de menos.
Klaebo y Brignone, los reyes de unos Juegos en los que claudicaron Lindsey Voon y Malinin

Klaebo y Brignone, los reyes de unos Juegos en los que claudicaron Lindsey Voon y Malinin

Tres medallas logradas por dos personas en una sola modalidad, el esquí de montaña, resumen la mejor participación española en unos Juegos Olímpicos de Invierno. Oriol Cardona, oro, y Ana Alonso, bronce en sprint, y bronce ambos en relevos mixtos, hicieron que en Milán-Cortina se elevase a ocho el número total de nuestras recompensas invernales.

En el plano internacional destacó Johannes Klaebo. Aspiraba a seis oros en el esquí de fondo, el deporte rey en Noruega, y con seis oros se volvió a casa, contribuyendo más que nadie al rotundo liderato noruego en el medallero. A los 29 años, suma 11 oros y una plata y un bronce en tres Juegos. Sus actuaciones han superado en su país el 90% de audiencias televisivas.

El esquí alpino, la joya de la corona nevada, que se recordará por el accidente de Lindsey Vonn en el descenso, entronizó al suizo Franjo von Allmen, oro en descenso, en supergigante y en la combinada por equipos. Su compatriota Marco Odermatt, la máxima estrella masculina, con dos platas y un bronce, mostró cómo, paradójicamente, se puede triunfar y fracasar a la vez. Según las personas, sus aspiraciones y sus posibilidades, el éxito y el fracaso son relativos. Mikaela Shiffrin rompió su maleficio de Pekín2022, y se llevó el eslalon. Pero, mucho más que profeta en su tierra, Federica Brignone, oro en gigante y en supergigante después de las gravísimas lesiones sufridas en abril de 2025, formó con Von Allmen la pareja ideal alpina.

La gran sorpresa de los Juegos la constituyó el descalabro de IIia Malinin (USA) en el patinaje artístico. No podía ser más favorito. Pero, aplastado por semejante presión, se despeñó hasta el octavo puesto. Por contraste, la pareja japonesa formada por Riku Miura y Ryuichi Kihara, quinta en el programa corto, protagonizó, en el libre la exhibición más perfecta que se haya contemplado jamás. Tanto, que catapultó al binomio al oro con un total de 231.24 puntos, récord del mundo.

Un guiño al ámbito del espectáculo y un homenaje al deportivo. El día que cumplía 35 años, Francesca Lollobrigida, sobrina nieta de la célebre actriz Gina Lollobrigida, uno de los emblemas cinematográficos de Italia y "sex symbol" universal en los 50 y comienzos de los 60, se impuso en los 3.000 metros del patinaje de velocidad. Y contribuyendo aún más al formidable papel de la anfitriona Italia, conquistó un segundo oro al vencer en los 5.000. Arianna Fontana, también italiana y también de 35 años, oro en relevos mixtos en patinaje de velocidad, conquistó su decimocuarta medalla (tres de oro) en seis Juegos consecutivos.

El esloveno Domen Prvec, la figura cimera en los saltos de trampolín, no pasó del sexto lugar en el trampolín normal, pero ganó en el largo y en equipos mixtos en el normal. En el cuarteto figuraba su hermana pequeña Nika, plata, a su vez, en el normal individual y bronce en el largo.

Nika tiene 20 años. Le dobla la edad el austriaco Benjamin Karl. En una disciplina, el snowboard, en la que la media de edad de los practicantes es, precisamente, 20 años, revalidó su título en el gigante paralelo.

Sin rusos, y 12 años después de la última aparición olímpica de los jugadores de la NHL (National Hockey League), Estados Unidos se llevó el oro ante Canadá, en uno de esos duelos que se suceden y prolongan históricamente. El "partido de los partidos" cerró la competición de unos magníficos Juegos.

La fina línea que casi deja a España sin bronce y una tensa espera: "Ha sido fallo mío"

La fina línea que casi deja a España sin bronce y una tensa espera: “Ha sido fallo mío”

Ana Alonso estaba destrozada, tumbada en la nieve. Después de su segundo y último turno, pensaba que las opciones de España de celebrar una medalla en el relevo mixto del esquí de montaña de los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina se habían terminado por su culpa. Agotada, exhausta, lastrada por las secuelas del grave accidente que sufrió hace cinco meses, había caído hasta el quinto puesto y, lo que es peor, había cometido una infracción. En la transición final se había pasado la línea reglamentaria. No se detuvo donde tocaba, lo hizo dos metros más allá.

Luego Oriol Cardona remontaría hasta el tercer puesto e incluso se acercaría al segundo, pero ni uno ni el otro tenían claro qué pasaría al cruzar la meta. De hecho, no celebraron ni se abrazaron; únicamente se colocaron contra una valla mirando al videomarcador y esperaron. Esperaron, esperaron y esperaron. Un segundo que pareció una hora, dos, tres. Al cabo de un rato apareció: «¡Que pone tres segundos!», gritaba Alonso, y Cardona rompía a llorar. Esperaban un castigo de 10 o incluso 20 segundos y solo fueron tres. El bronce era suyo.

Ya eran dobles medallistas olímpicos, ya eran historia de España: ningún otro deportista del país había subido al podio dos veces en los Juegos Olímpicos de invierno. Ellos lo consiguieron. Después del oro de Cardona y el bronce de Alonso en la distancia sprint del pasado jueves, se colgaron otro bronce en los relevos por parejas, solo por detrás de los franceses Thibault Anselmet y Emily Harrop y los suizos Jon Kistler y Marianne Fatton.

«Estoy abrumado, estoy jodido, me duele la cabeza y todo», reconocía Cardona justo al cruzar la meta, en una mezcla de emociones extraña. La tensión por la sanción se unía a la alegría por la medalla y todo se mezclaba con la ambición de quien quería más. «Es un bronce, no es un oro, pero hay que valorarlo también. En vista de cómo ha ido la carrera, hubiera podido ser peor», confirmaba el esquiador y, a su lado, su compañera corroboraba sus sensaciones: «Veníamos a pelear el oro porque siempre habíamos quedado primeros o segundos. Es la primera vez que quedamos terceros. Pero bueno, así añadimos un nuevo color a las medallas».

Gabriele FacciottiAP

«Ha sido un fallo mío. No me he dado cuenta de que me pasaba de la línea; me lo han dicho cuando ya le había dado el relevo a Oriol, y la cosa es que no sabíamos cuánto tiempo nos pondrían de penalización. Nos ha tenido en vilo hasta que hemos visto que eran tres segundos», relataba Alonso, que durante la carrera sufrió de lo lindo. En su primera vuelta ya tuvo que pelear de menos a más para entregar el relevo a Cardona en cuarto puesto, pero en la segunda se desfondó. Su cara, puro sufrimiento, advertía del error que cometería después.

La celebración de los medallistas

En todo caso, las consecuencias no fueron graves, ni hubo reclamación. Estados Unidos, que acabó en cuarta posición con Cameron Smith y Anna Gibson, quiso que el castigo se reevaluara, pero presentó su solicitud fuera de plazo y la Federación Internacional de Esquí de Montaña (ISMF) ya no tocó los resultados.

Después de las 48 horas más intensas de su vida, Cardona y Alonso ya podían irse a celebrar: la vida les había cambiado para siempre. Cuando subieron al podio, apenas unos minutos después de la prueba, todavía se les veía el susto en la cara, pero después se desató la fiesta. Con las familias de ambos desplazadas a la estación de esquí de Stelvio, organizaron una merecida cena después de todas las obligaciones de los medallistas, entre ellas una rueda de prensa.

«Estas medallas son una recompensa a todo el camino recorrido por nosotros y por la gente que nos rodea. Hay personas que han estado en nuestras vidas y que han dejado de estar que nos han ayudado a estar aquí», aseguraba Cardona, más emocionado que dos días antes, con su abuelo fallecido en mente. «Lo hemos intentado con todas nuestras fuerzas y hemos hecho historia para nuestro país», resumía Alonso, que, como Cardona, ya pensaba en el futuro: «En 2030 volveremos a por el oro».

Oriol Cardona y Ana Alonso completan su semana histórica con un bronce en el relevo mixto de los Juegos Olímpicos

Oriol Cardona y Ana Alonso completan su semana histórica con un bronce en el relevo mixto de los Juegos Olímpicos

Llegarán noruegos, suecos, alemanes, chinos o japoneses a un deporte que hasta ahora desconocen y habrá que explicarles quién manda aquí: el esquí de montaña es de España. En los primeros Juegos Olímpicos de la especialidad, tres medallas como tres soles, un hito. Después del oro de Oriol Cardona y del bronce de Ana Alonso el jueves en la distancia sprint, este sábado ambos se unieron para conseguir un bronce en el relevo mixto y confirmarse como la referencia en invierno.

Para su país, son los campeones a cuidar, a reconocer y, por supuesto, a financiar. Hasta esta semana España había sumado sólo cinco medallas olímpicas en toda su historia invernal y ahora ya tiene ocho. Para el resto del mundo son los ejemplos en los que mirarse si quieren crecer en la nueva disciplina. Su preparación, su técnica y su mentalidad sentarán las bases de los campeones que vendrán, sean de donde sean.

En la final de este sábado, la pareja superó numerosos problemas para subir nuevamente al podio. Alonso, atropellada hace sólo cinco meses, autora de una recuperación milagro, pagó el desgaste de la prueba al sprint y se desfondó en sus dos turnos. En la primera, de menos a más, entregó el relevo a Cardona en cuarto puesto por culpa de una mala última transición. Y en la segundo, cayó hasta la quinta posición, completamente exhausta, y se colocó las últimas pieles de foca fuera de la zona correspondiente. A Cardona le tocó remontar en ambas ocasiones.

GUILLAUME HORCAJUELOEFE

La sanción de tres segundos

Con la pareja francesa formada por Thibault Anselmet y Emily Harrop en cabeza con mucha ventaja, el español se fue a por el conjunto suizo de Marianne Fatton y Jon Kistler para tratar de asaltar la plata, pero las fuerzas no le llegaron para más. Mucho hizo con alejarse del conjunto estadounidense, cuarto, y salvar los tres segundos de sanción por el error de Alonso. De hecho en sus dos turnos hizo el mejor tiempo.

"Hemos luchado mucho. Hemos salido a por el oro, lo hemos intentado con todas nuestras fuerzas y hemos conseguido una medalla que es historia de nuestro deporte", asumía Alonso en la meta en los micrófonos de Televisión Española, quien en los momentos críticos nunca dejó de creer en Cardona, su compañero. "Estoy abrumado por todo, tengo dolor de cabeza y todo", añadía el ya doble medallista olímpico. Durante la prueba, Cardona creyó que la sanción podría ser mayor, pero en cuanto se confirmó que se quedaba en tres segundos, se abrazó a su compañera y ambos rompieron a llorar. Una pareja para la historia.

Ella de Granada, entrenando en Sierra Nevada y él de Banyoles, entrenando en los Pirineos franceses, su unión parecía extraña cuando empezaron a competir juntos, en el Europeo de 2022, pero con los años se hizo más y más lógica. Los dos tienen 31 años, los dos vienen de familias amantes del esquí y los dos comparten un temperamento tranquilo.

Después del accidente de Alonso el pasado septiembre, Cardona pudo buscar otra compañera para encarar el último tramo de la preparación olímpica, pero ni tan siquiera lo pensó. «Hubiera entendido perfectamente que Oriol buscara otra opción. Era lo normal viendo cómo estaba yo. Nuestro éxito siempre se ha basado en la confianza mutua, el uno con el otro», confesaba Alonso en la previa. Esa confianza les ha llevado al éxito; el esquí de montaña es de España.

Cardona y Alonso vuelven a por otro oro tras cuatro años juntos y absoluta fidelidad tras el grave accidente: "Hubiera entendido que buscara a otra pareja"

Cardona y Alonso vuelven a por otro oro tras cuatro años juntos y absoluta fidelidad tras el grave accidente: “Hubiera entendido que buscara a otra pareja”

En la presentación de las parejas que precede a todas las carreras de relevos mixtos, hay muchas que tienen preparado un gestito sincronizado, un saludo raro hacia cámara e incluso una suerte de bailecito, como suelen hacer los estadounidenses Gibson y Smith. Oriol Cardona y Ana Alonso, nada de eso. Se juntan, se cogen de los hombros, sonríen para el público y al lío.

Él es de Banyoles y entrena en los Pirineos; ella es de Granada y entrena en Sierra Nevada; pero juntos forman un dúo con mucha lógica. De 31 años ambos, hijos de pioneros en el esquí de montaña los dos, comparten un carácter reservado y, desde hace cuatro temporadas, una confianza absoluta el uno en el otro. «La ganaremos», aseguraba ayer Cardona cuando hablaba con los medios de comunicación y alguien le preguntaba: «¿Ganaréis otra medalla?». Después de su oro y el bronce de Alonso en el sprint de los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina, en los relevos mixtos de este sábado (13.30 horas, Teledeporte y Eurosport) son favoritos pese a las diferencias entre ambas distancias.

Si en el sprint solo recorrían 700 metros y cada ronda duraba unos tres minutos, en los relevos mixtos cada uno dará dos vueltas a un circuito exigente de 1.500 metros -de manera alterna, mujer, hombre, mujer, hombre- y competirán casi media hora en una única final. La pareja francesa formada por Anselmet y Harrop y la pareja suiza de Kistler y Fatton serán sus rivales, pero a ambas ya las han derrotado en múltiples ocasiones.

Cuatro años juntos

Porque Cardona y Alonso apostaron juntos en 2022 por el oro olímpico y juntos continúan. Entonces los relevos mixtos se acababan de crear y solo se conocían de breves conversaciones en los campeonatos, pero su unión era lógica. Por edad, por estilo y porque eran los dos españoles que más brillaban en la Copa del Mundo. Cardona todavía no dominaba y a Alonso le costaba entrar en las finales; de la mano irían creciendo. En su primera carrera, el Europeo de Boí Taull de 2022, acabaron cuartos; en 2023 celebraron sus primeras victorias y en el Mundial de 2025 se colgaron la plata -precisamente por detrás de Anselmet y Harrop-.

Que se presentarían como pareja en Milán-Cortina no estuvo en duda ni cuando atropellaron a Alonso en Granada el pasado septiembre. De entre las primeras llamadas que recibió, la de Cardona. «Hubiera entendido perfectamente que Oriol buscara otra opción. Era lo normal viendo cómo estaba yo. Nuestro éxito siempre se ha basado en la confianza mutua, el uno con el otro», aseguraba Alonso en la previa, cuando definía su relación con Cardona: «Es como jugar con Messi, me encanta porque me obliga a dar mi mejor versión. Hemos crecido mucho juntos, nos entendemos muy bien y sabemos que podemos luchar con cualquiera». «Lo que ha hecho Anita es increíble. Viniendo de donde venía con la lesión, es indescriptible. Se merece todo lo que llegue ahora», contaba el esquiador español, ya campeón olímpico.

Este año, en la Copa del Mundo, acabaron segundos -nuevamente detrás de Anselmet y Harrop- pese a que Alonso esquió con una enorme rodillera para evitar dolores y Cardona tuvo que remontar varias posiciones en sus dos turnos. Este sábado en los Juegos Olímpicos la pareja de la confianza buscará redondear unos días de ensueño.

De Paquito Fernández Ochoa a Oriol Cardona: 54 años de diferencia entre dos pioneros

De Paquito Fernández Ochoa a Oriol Cardona: 54 años de diferencia entre dos pioneros

Le hubiera encantado abrazar a Oriol Cardona. La foto no tendría precio. Paquito Fernández Ochoa cumpliría el próximo miércoles 76 años. Han tenido que transcurrir 54 para que otro español sea campeón olímpico en unos Juegos de Invierno. Mucho tiempo, demasiado, y, además, contar con la cooperación de una modalidad nueva en el programa. Si no, imposible. Oriol Cardona ya es otro de nuestros insignes pioneros. Y lo es por partida doble: por terminar primero en una disciplina novedosa entre nosotros y porque esta disciplina es, como él, debutante en unos Juegos. Oriol también se ha convertido en un pionero internacional.

Ha partido de cero. O de un mundo desconocido para el gran público. Con toda probabilidad, para el público, a secas. Antes de Paquito, la gente no era ajena, o no completamente, a la presencia del esquí en el panorama deportivo nacional. Los interesados sabían de su existencia. También los indiferentes, porque no eran del todo ignorantes ante el hecho de que el esquí ocupaba un espacio en las informaciones periodísticas.

Paquito tuvo en España algunos precursores que abrieron un camino que nuestro campeón en 1972 completó para superarlos y hacer historia. Antes de Paquito y con Paquito, que se estrenó olímpicamente en Grenoble68 antes de ganar en Sapporo72, todos estos nombres representaron a España en los Juegos de Invierno, desde los celebrados en Saint Moritz en 1948: José y Luis Arias, Thomas Moravitz, José Vila, Juan Armiñán, Juan Poll, Ramón Blanco, Francisco Viladomat, Luis Moliné, Jaime Talens, Manuel García Morán, Luis Sánchez, Luis Viu, Juan Garriga, Javier Masana, Jorge Rodríguez, Francisco Prat, Aurelio García, Luciano del Cacho, Antonio Campaña y Carlos Adsera.

Oriol Cardona, durante la final de este jueves.

Oriol Cardona, durante la final de este jueves.AFP

Oriol no ha tenido a nadie en quién mirarse en tales alturas, aunque en Cataluña existe una cierta tradición en este deporte. A diferencia de Paquito, era favorito desde su condición de campeón del mundo. Paquito fue una sorpresa. La sorpresa, en el caso de Oriol, habría sido que no hubiese ganado. Si existen milagros en el deporte español, éste es uno de ellos. Y no porque Oriol sea fruto de una inopinada y favorable concatenación de circunstancias gozosamente imprevistas, sino por todo lo contrario: porque no ha necesitado de «ayudas divinas», de factores inexplicables o ilógicos para alcanzar la cima. Su oro no es el producto de la alquimia, el de la manipulación de elementos dispares. Es el de la naturaleza. No hay química falsificadora en los quilates. Hay física pura, sin procesos mixtificadores de probetas y alambiques.

Su medalla, de máximo valor, debe ser unida, junto a la también suprema de Paquito, a la plateada de Queralt Castellet en halfpipe, en Pekín2022. Y a las broncíneas de Blanca Fernández Ochoa, en la misma prueba que su hermano, en eslalon, en Albertville1992, Javier Fernández en patinaje artístico y Regino Hernández en snowboard, ambas en Pyeongchang2018. Y ahora, Ana Alonso en, también, esquí de montaña.

Después de Paquito, el esquí alpino español no se quedó huérfano de nombres en, aparte de los Juegos, la Copa del Mundo. Todos femeninos. Blanca ganó cuatro pruebas (tres eslalons y un gigante). María José Rienda, seis gigantes. Y Carolina Ruiz, un descenso. Fueron buenos tiempos.

No sabemos qué ocurrirá entre nosotros a partir de ahora con el esquí de montaña y, por afinidad, con otras modalidades invernales. Es de desear que toda esta popularidad promocional nacida del oro produzca un interés entre los jóvenes que desemboque en un aumento de practicantes. Ojalá este oro sea sólido y no se derrita, como la nieve, al llegar el verano.

Los detalles que dieron las medallas, de las escaleras de Cardona a las pieles de Alonso: "No me lo podía creer"

Los detalles que dieron las medallas, de las escaleras de Cardona a las pieles de Alonso: “No me lo podía creer”

Cuenta Joan Cardona que en casa tienen una tradición cada vez que su hijo pequeño Oriol logra una medalla. En la cena, reunidos todos, debe sacar el metal de donde lo tenga escondido, mostrarlo y recibir un aplauso de los suyos. No es vanidad ni chulería. Es todo lo contrario. Si fuera por Cardona guardaría todos sus oros y pasaría a otra cosa: no los mostraría ni a los suyos. Por eso deben recordarle que hay que celebrar los logros y recibir halagos cuando los merece.

«Con estas cosas es un poco frío», reconocía este jueves su padre, presente en la estación de esquí de Stelvio, y lo mismo aseguran sus amigos, entre ellos Kilian Jornet: «Es muy tímido, muy introspectivo. Se queda mucho para él». Después de ganar el oro en la carrera al sprint de los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina, ese carácter quedó a la vista. A falta de tres curvas para llegar a la meta, echó un vistazo atrás, confirmó que ni el ruso Nikita Filippov -plata- ni el francés Thibault Anselmet -bronce- le atrapaban y levantó los brazos. Fue lo máximo que se concedió. El festejo se quedó ahí. Como mucho hubo besos para sus padres y para su pareja, la actriz Amaia Aberasturi, pero ya está.

Preguntado por EL MUNDO, aseguró que ni tan siquiera se permitiría un postre por el oro, ni un tiramisú, ni un helado, porque todavía no ha acabado el trabajo. Este sábado, en el relevo mixto (13.30 horas), él y Ana Alonso, también medallista, deben regresar al podio. «Queremos estar centrados hasta el relevo. No celebraremos nada, no haremos nada fuera de lo normal», decía Cardona, que dejó una imagen icónica para la historia del deporte español. En plena subida, con las pulsaciones ya disparadas, se puso a saltar las escaleras de dos en dos mientras sus rivales se resbalaban y caían escalones abajo a su estela. Ahí se decidió su victoria.

John LocherAP

Las condiciones para la final no eran las mejores en los Alpes italianos, donde todas las competiciones se realizaron bajo una intensa nevada, pero «era lo que había». «Yo prefiero sol, como todos los españoles, pero en peores plazas hemos toreado», aseguraba el campeón olímpico, que pasa sus vacaciones en la playa y reconocía su orgullo pese a su calma: «Cuando he girado la última curva y he visto toda la grada ha sido un momento de felicidad enorme, nunca había sido tan feliz. Es un oro para España, que ya era hora, pero también para mi familia, mis amigos y mi equipo».

"Fui totalmente dependiente"

A su lado durante toda la ceremonia posterior a las finales, Ana Alonso trataba de igualar su tranquilidad, con el relevo mixto como objetivo compartido, pero en su caso se intuía la emoción a flor de piel por el bronce obtenido. Cinco meses atrás estaba tirada en una carretera de Granada después de haber sido embestida por un todoterreno y este juevesestaba en la gloria, en la mismísima gloria.

«Vengo de meses muy duros. Además de la rotura en la rodilla tenía lesiones en el hombro y en el tobillo, así que durante varias semanas fui totalmente dependiente. Me tenían que ayudar para cocinar, hasta para ducharme. En noviembre pensaba que era una locura, que tenía que dejarlo, pero no quería que llegaran los Juegos y pensar que no lo había intentado todo», contaba Alonso, que como Cardona aún no había reflexionado sobre cómo el éxito les cambiará la vida: «Lo que tenga que venir, vendrá. Lo recibiremos con los brazos abiertos».

GUILLAUME HORCAJUELOEFE

De 31 años los dos, tanto a Cardona como a Alonso la inclusión del esquí de montaña en los Juegos Olímpicos les pilló algo tarde, pero la aprovecharon al máximo. Horas después del logro de su vida ya hablaban de seguir incluso más allá del relevo mixto: de llegar a los Juegos Olímpicos de los Alpes 2030, de no parar ya nunca más.

Si en la final de Cardona las escaleras fueron decisivas, el momento de Alonso fue la última transición. Llegó cuarta arriba del todo de la subida, allí donde se cambian las fijaciones y se quitan las pieles de foca para empezar la bajada, pero salía tercera. Por detrás de la suiza Marianne Fatton y la francesa Emily Harrop, en la última transición la francesa Margot Ravinel se hizo un lío y le entregó el tercer puesto. «No me podía creer que fuera tercera, he tenido que mirar varias veces atrás», reconocía Alonso al acabar un día de gloria para el deporte español.

¿Quién es Oriol Cardona, el nuevo campeón olímpico? Pianista aficionado, el carnet de camión, pinitos como modelo y la influencia de su padre Joan

¿Quién es Oriol Cardona, el nuevo campeón olímpico? Pianista aficionado, el carnet de camión, pinitos como modelo y la influencia de su padre Joan

"Sólo sé tocar tres canciones", contaba Oriol Cardona a EL MUNDO meses antes de proclamarse campeón de los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina, cuando también reconocía que no sabe leer una partitura y que aprendió viendo tutoriales de Youtube. El piano, qué tranquilidad. En su habitación, dentro del humilde apartamento de Font-Romeu en el que vive, el esquiador de montaña colocó un teclado para olvidarse de la presión. "Me ayuda mucho a calmarme, a estar concentrado en otra cosa que no sea esquí", explicaba entonces con su propio método de relajación.

Desde que en 2021 el Comité Olímpico Internacional (COI) introdujo el esquí de montaña como modalidad olímpica, Cardona sabía que estaba ante su gran oportunidad. Antes, según cuentan sus allegados, nunca se lo había llegado a creer del todo. Hijo de uno de los pioneros del esquí de montaña en los Pirineos catalanes, Joan Cardona, y hermano pequeño de todo un subcampeón del mundo por equipos, Nil Cardona, en su juventud había sufrido por la obligación de igualar los resultados de sus mayores. En las carreras de montaña, el deporte al que más se dedicó en sus inicios, ganó carreras importantes en Catalunya como la Olla De Nuria y llegó a ser quinto en Zegama, pero siempre estaba a un paso del profesionalismo.

Cardona, durante los Juegos Olímpicos.

Cardona, durante los Juegos Olímpicos.FABRICE COFFRINIAFP

Corredor en verano, esquiador en invierno, estudió la licenciatura en Ciencias de la actividad física y el deporte en la Université Perpignan y un máster de entrenamiento en altitud, pero lo tuvo que compaginar con algunos empleos para ganarse la vida. Por ejemplo, trabajó como ayudante de los bomberos forestales, se sacó el carnet para conducir camiones e incluso hizo pinitos como modelo. Pero en cuanto el COI elevó el estatus del esquí de montaña, Cardona se centró al completo en conseguir el oro.

Su vida de ermitaño

Nacido en Bañolas en 1994, Cardona empezó en el atletismo en el club local junto a la mediofondista olímpica Esther Guerrero, pero pronto se fue a la montaña para seguir los pasos de su padre. Con Jornet como ídolo y amigo, pues había sido compañero de equipo de su hermano Nil, primero lo intentó en el trail running y luego ya se centró en el esquí de montaña.

Para eso, hace cinco años se fue a vivir a Font Romeu, a los Pirineos franceses, junto a otros esquiadores como Ot Ferrer, también finalista olímpico este jueves. Allí hay nieve para aburrir y prácticamente salen por la puerta con los esquís ya puestos. Tienen el gimnasio, la pista y el resto de las instalaciones del CAR de Font Romeu, donde también comen y cenan. Solo les falta un poco de entretenimiento. "Somos ermitaños total", confesaba Ferrer a EL MUNDO. Ahora esa vida ya tiene una recompensa. Cardona ya puede creérselo. Quizá ahora le sobre confianza para ser pianista profesional.