España se despide de un Europeo agridulce con una contundente derrota ante Portugal

España se despide de un Europeo agridulce con una contundente derrota ante Portugal

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No pudo ser. España necesitaba vencer a Portugal y esperar que otros resultados le fueran favorables para meterse en la lucha por el quinto puesto, pero una contundente derrota por 27-35 frente a un adversario que compite hasta el extremo contra los Hispanos la dejó fuera de esa pelea y se despide así de un Europeo agridulce. Los de Jordi Ribera arrancaron el torneo con dos victorias frente a Serbia (29-28) y Austria (25-30), pero la derrota ante Alemania, por 34-32, en el último partido de la ronda preliminar la condenó a pasar a una main round donde llegó obligada la heroica.

Ante Noruega, en un partido en el que la fortuna les dio la espalda y en la que una mala ejecución de una última jugada acabó por privarla del empate, cayó por 34-35. Dinamarca, impulsada por un Emil Nielsen excepcional bajo los palos, no dio opción a los Hispanos y acabó por obligarlos a hincar la rodilla con un claro 31-36. Frente a Francia, en su mejor partido en el torneo, los españoles lograron darle un hilo de vida a sus opciones de acabar terceros, mostrando sus mejores cualidades tanto a nivel ofensivo como defensivo para imponerse a un rival que esperaba un choque sin sobresaltos por 36-32.

Ante Portugal, en cambio, la imagen fue diametralmente opuesta. Pecaron de precipitación en ataque y no supieron cerrar bien las acometidas de un rival que, a la práctica, acabó por pasarles por encima sin miramiento alguno.

Debutantes descarados

Es muy cierto que el equipo está en pleno proceso de renovación. Que hay que dar entrada a savia nueva para reverdecer laureles tampoco tan antiguos. Cómo no, mientras el cuerpo aguante, con el apoyo de los veteranos. El seleccionador apostó por dejar fuera de la convocatoria a dos imprescindibles durante la última década, Gonzalo Pérez de Vargas y Rodrigo Corrales, y promocionar a Sergey Hernández y recuperar para la causa a un Nacho Biosca que nunca había jugado un gran torneo. El futuro portero del Barça ha sido habitualmente su opción de arranque y puede decirse que ha cumplido. Sobre todo, en la exhibición frente a Francia. Biosca, mientras, también ha aportado en acciones de siete metros. Ambos han dejado claro que la portería está más que bien resguardada.

En la defensa, mientras, otro debutante en un gran torneo, Antonio Serradilla, ha tenido también un rendimiento destacable. El sevillano se conjuró en 2021 para volver a lo más alto tras perder el ojo derecho por un tumor y se ha encargado de liderar el entramado defensivo. Su calidad es incuestionable. No en vano, el Magdeburgo, con el que ganó la Champions en 2025 pero acabó por dejarlo escapar ese mismo verano, ha apostado por recuperarlo con un contrato por tres temporadas. Tal vez, desde un punto de vista general, hay automatismos que deben pulirse con cuidado. Pero hay mimbres con los que hacerlo.

En ataque, la noticia más agradable ha sido la irrupción de un Marcos Fis tremendamente descarado, a quien no le ha pesado en absoluto el hecho de jugar un torneo considerado mucho más duro que un Mundial. Ante un rival como Dinamarca, con un portero tan sólido como Nielsen, fue capaz de marcar nueve goles, tres de ellos desde los siete metros. Aunque el Europeo haya dejado algunas sombras y la clasificación haya estado lejos de la esperada, España tiene, desde luego, luces más que de sobra para volver a estar de nuevo arriba.

España busca la heroica para pelear por las medallas

España busca la heroica para pelear por las medallas

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España afrontará a partir de este jueves una tarea poco menos que titánica. El camino hacia las semifinales del Europeo de balonmano va a ser empinado. Tanto por la calidad de los rivales como por el hecho de haber llegado a la main round sin ningún punto en su casillero. La derrota del lunes ante Alemania provocó que fueran los germanos los que accedieran a esta nueva fase como líderes de grupo y, por tanto, con dos puntos, mientras que los Hispanos no dispondrán de este colchón que puede ser trascendental a la hora de pelear por las medallas.

Los rivales a los que se enfrentarán no son precisamente sencillos. Por lo pronto, abrirán fuego este jueves a las 18.00 horas frente a Noruega, una de las anfitrionas y todo un clásico del balonmano. Los noruegos, como los Hispanos, llegan sin puntos a esta main round tras caer ante Francia, otro de los cocos de esta ronda, por 38-34 tras haberse impuesto antes a Ucrania por 39-22 y a la República Checa por 25-29.

El sábado, también a las 18.00 horas, mientras, España se enfrentará a Dinamarca, otro de los organizadores del torneo, en un ambiente hostil para sus intereses. Por mucho que consten como locales, el duelo, como todos los que jugó en la primera fase y, de hecho, también todos los de la main round, tendrá como escenario la localidad danesa de Herning, situada en el centro de la península de Jutlandia.

Los daneses, por su parte, no cuentan tampoco con un colchón de dos puntos debido a su en gran parte sorprendente derrota frente a Portugal, por 29-31, por mucho que los lusos parecieran haberse complicado la vida cediendo un empate ante Macedonia del Norte (29-29). Una derrota que, en este caso, empañó en gran parte los contundentes triunfos logrados precisamente frente a los macedonios (36-24) y Rumanía (24-39).

Quien no ha dado en absoluto tregua es una Francia que será la tercera rival. Los bleus, el conjunto al que se medirán los de Jordi Ribera el lunes 26 de enero, de nuevo a las 18.00 horas, han sido casi una apisonadora y no parece que vayan a levantar el pie del acelerador. República Checa, a la que se impuso por 42-28, y Ucrania, a la que derrotó por 26-46 antes de enfrentarse, y vencer, a Noruega, pueden atestiguarlo de primera mano.

Portugal será el último de los rivales. El partido, en este caso, se disputará a las 15.30 del próximo miércoles 28 de enero. Los lusos, además de sorprender a Dinamarca y firmar un inesperado empate con Macedonia, llegan a esta ronda con una victoria frente a Rumanía por 40-34 y, sobre todo, con un golpe de mano a los Hispanos en su último enfrentamiento previo al Europeo. En la final del torneo de Navarra, jugada el domingo 11 de enero, fueron capaces de remontar una desventaja de seis goles (24-18), amasada a mediados del segundo tiempo, para acabar llevándose un triunfo por 31-34.

La maldición del balonmano en los Juegos y el cabreo por las paradas de Wolff: “Le hemos metido nosotros en el partido”

Actualizado Viernes, 9 agosto 2024 - 23:47

Una oportunidad y otra y otra y... al acabar las semifinales ante Alemania, los jugadores de España no se podían quitar de la cabeza los últimos tres minutos de partido en los que pudieron marcar y no lo hicieron. La selección volvió a caer en las semifinales de unos Juegos Olímpicos, un muro histórico -ocurrió en 1996, 2000, 2008 y 2020-, y seguramente ésta fue la vez más dolorosa. Incluso si mañana (09.00 horas) se cuelga el bronce en la final de consolación ante Eslovenia, el pivote Javi Rodríguez recordará los dos lanzamientos a bocajarro que tuvo para anotar y estrelló contra el portero germano, Andreas Wolff.

Al acabar el encuentro, Rodríguez, el más joven del grupo, de sólo 22 años, lloraba en el banquillo tapándose el rostro con la toalla blanca mientras sus compañeros se marchaban hundidos a vestuarios. El golpe fue tan importante que esta vez no hubo unión. Cada uno por su lado trataba de superar lo ocurrido, de digerir la rabia, de tranquilizarse.

Era complicado. Más de la mitad del grupo ya sufrió el mismo golpe hace sólo tres años en las semifinales de los Juegos de Tokio y ayer se veía en la final, por fin en la final olímpica, la primera de la historia de España. «Ahora mismo no sé qué decir, no puedo animar a la gente, no puedo hablar. Es bastante jodido sacar palabras de ánimo porque lo hemos tenido en nuestras manos. Hemos tenido oportunidades y no las hemos aprovechado», comentaba Jorge Maqueda justo al acabar el encuentro. «Hemos sido claros dominadores del juego, pero no de la finalización, que al final es lo que te permite ganar el partido», analizaba el seleccionador, Jordi Ribera, en una zona mixta en la que se mezclaban los sentimientos. Hubo disgustos y hubo enfados.

El recuerdo distinto de Tokio

Pese al mérito en las paradas de Wolff, el portero alemán, algunos señalaban que faltó más paciencia y más puntería en los lanzamientos. «Wolff es un gran portero, pero le hemos metido nosotros en el partido con tiros mal seleccionados. Es más culpa nuestra que mérito suyo. Era una oportunidad única que no hemos sabido aprovechar. Duele más porque sabemos que no es un equipo superior a nosotros», aseguraba Gonzalo Pérez de Vargas con cierta razón.

Al contrario de otros equipos en estos Juegos, como Egipto, rival en cuartos de final, Alemania no impuso su juego por encima de España, pero igualmente dominó el marcador. Hasta dos veces el equipo de Ribera estuvo muy por debajo (10-6 en el minuto 18 y 19-16 en el minuto 42) y hasta dos veces tuvo que remontar. Su virtud: la defensa y los contraataques. La virtud de Alemania: sus lanzadores, especialmente Renars Uscins, el hombre que eliminó a Francia.

Contra ellos había que poner el pecho, todo el cuerpo, el alma detrás y delante dejar que hicieran Ian Tarrafeta o Agustín Casado. El plan funcionaba y el único obstáculo para la victoria era Wolff. Antes incluso de sus paradas salvadoras a Javi Rodríguez, el portero alemán ya llevaba una racha asombrosa y así acabó: detuvo 22 de los 45 lanzamientos que recibió, entre ellos el único siete metros que hubo a favor de España. Aleix Gómez, con un 100% en el torneo hasta entonces, contabilizó su primer fallo.

SAMEER AL-DOUMYAFP

«Estamos fastidiados, pero habrá que hacer borrón y cuenta nueva. Las fuerzas las sacaremos de dónde sea, pero costará, costará», reconocía Maqueda que sabía que la situación era muy diferente a la vivida hace tres años. Entonces en el Gimnasio Nacional Yoyogi de Tokio hubo una conjura entre veteranos y jóvenes: para algunos, como Raúl Entrerríos, Julen Aguinagalde o Viran Morros, el bronce suponía una fabulosa despedida y para los otros, como el propio Pérez de Vargas o Alex Dujshebaev, su primera medalla olímpica. Las semifinales, ante Dinamarca, también habían sido muy distintas, con pocas opciones de victoria. Ahora los que ya estuvieron en Tokio querían más y de ahí el enojo.

«Lo más rápido que podamos habrá que levantar la cabeza y pensar que todavía podemos ganar el bronce», aseguraba Pérez de Vargas antes de meterse en el vestuario, donde ahí sí, había que recuperar la piña y empezar a rehacerse para mañana marcharse de los Juegos con un bronce, otro maldito bronce, el quinto, aunque perdure el recuerdo por los goles perdidos.