La hazaña lograda por Carlos Sainz en esta edición del Rally Dakar, donde ha alzado su cuarto trofeo Touareg, suscita numerosas cuestiones en torno a las claves de su victoria, fundamentalmente porque la ha alcanzado a los 61 años.
En este sentido, ca
Hazte Premium desde 1€ el primer mes
Aprovecha esta oferta por tiempo limitado y accede a todo el contenido web
Han pasado solo cuatro días desde que el Dakar arrancó con la etapa prólogo y únicamente se han disputado dos de sus etapas (la segunda, una maratón de 48 horas), pero tanto Carlos Sainz como Nani Roma ya han dicho adiós a sus opciones de lograr el triunfo. El madrileño, campeón de la prueba el año pasado, se vio obligado a completar esta segunda etapa con su Ford muy mermado por el vuelco sufrido en la jornada del domingo. Gran parte de la carrocería del vehículo quedó muy dañada y, además, no podía contar con el parabrisas delantero, de tal modo que tuvieron que participar con gafas protectoras.
Por mucho que pareciera capaz de mantener la distancia de una hora con respecto a la cabeza que logró sellar en la primera parte de la etapa, llegando incluso hasta el penúltimo campamento, las cosas no salieron finalmente como esperaba y está ahora a casi hora y media del primer clasificado en la general, Henk Lategan, a quien le siguen el saudí Yazeed Al-Rajhi y el qatarí Nasser Al-Attiyah. El catalán, mientras, vio como su Ford se quedaba parado por una avería mecánica y llegó finalmente a la meta con mucho tiempo perdido.
«Queda todavía muchísima carrera. Evidentemente, mis opciones de ganar han desaparecido. Pero, si puedo ayudar al equipo, puedo aprender y puedo probar alguna cosa, pues mejor», señaló con ánimo derrotado Sainz al término de la etapa.
«El resumen es que todo ha salido mal. Primero tuvimos el accidente y perdimos bastante tiempo, y después, nos perdimos. A lo largo de la mañana, hemos tenido otro pinchazo y luego hemos perdido mucho tiempo en un sitio en el que no éramos capaces de encontrar el camino. Han sido dos días para olvidar, muy difíciles de aceptar nada más empezar la carrera», abundó el madrileño, a quien el pinchazo, dado que solo podían llevar una rueda de repuesto, le obligó también a aplicar un pilotaje más cauteloso, para evitar de esta manera un nuevo percance que habría sido aún más catastrófico, pero que también ha acabado por descabalgarlo prácticamente por completo del camino del triunfo en esta edición del considerado como el raid más duro del mundo.
Un dolor en la espalda
«Es lo que hay y ahora tenemos que seguir adelante, tratar de ayudar al equipo y, por mi parte, de recuperarme, moral y físicamente. Me duele un poco la espalda, la tengo un poco tocada, pero no creo que sea nada fuera de lo normal, solo el golpe», recalcó un Carlos Sainz para quien la etapa maratón de 48 horas del Dakar ha sido todo un mazazo, al igual, en este caso, para Nani Roma. El catalán, compañero en Ford del madrileño, se ha visto finalmente condenado a quedarse también fuera de la carrera por los problemas mecánicos que ha acumulado su coche.
En la primera etapa y en los instantes finales de la primera parte de la maratón, ya se vio afectado por una serie de fallos en el sistema de alimentación del aceite. En esta segunda parte, mientras, su vehículo llegó incluso a pararse en una zona de difícil acceso y logró completar finalmente el recorrido, si bien con mucho tiempo perdido. De esta forma, los dos únicos coches que quedan ahora mismo en competición de la marca americana son los de Mattias Ekstrom, actualmente quinto clasificado, y Mitch Guthrie, noveno.
Cristina Gutiérrez, por su parte, también está ya completamente fuera de carrera. En la primera parte de la etapa maratón, perdió mucho tiempo para echarles un cable tanto a Nasser Al-Attiyah como a Sebastien Loeb, compañeros en Dacia, en caso de que tuvieran algún problema con sus coches, como acabó finalmente ocurriendo en el caso del francés, quien tuvo problemas eléctricos en la cremallera de dirección de su vehículo. Por tanto, llegó con una hora y 20 minutos perdidos al campamento donde descansaron los grandes favoritos del raid. En la segunda, debía completar 341 kilómetros, pero, a 238 de llegar al final de la etapa, se vio obligada a abandonar por una avería.
La marca tratará de conseguir que pueda seguir corriendo, por mucho que completar la prueba no le sirva en este caso tampoco para lograr el reconocimiento oficial de haberlo conseguido. Isidre Esteve, por su parte, tras pilotar los primeros días con fiebre a causa de un proceso gripal, también tuvo problemas con su vehículo y tuvo que estar parado durante mucho tiempo, si bien pudo finalmente retomar la marcha.
Lorenzo Santolino (Guijuelo, Salamanca, 1987) tiene en la constancia uno de sus puntos fuertes como piloto. Con el Dakar, ha vivido una historia agridulce. Se vio obligado a abandonar tanto el año pasado como en sus dos primeras participaciones, en 2019 y en 2020, pero también logró acabar sexto en 2021. Esta vez, en la séptima ocasión en que se enfrenta a la dureza de un recorrido muy exigente, ha conseguido hacerse con el triunfo en una etapa, la tercera de una prueba que esta siendo todo una trituradora.
Sebastien Loeb, uno de los grandes candidatos al triunfo final en coches, sufrió por su parte un vuelco, como ya les ocurrió a Laia Sanz y a Carlos Sainz, y está a una hora y tres minutos del actual líder de la tabla, Henk Lategan, a quien le siguen Nasser Al-Attiyah y Mattias Ekstrom como segundo y tercero, respectivamente, y con Saood Variawa como vencedor de la etapa.
Santolino fue el más rápido en los 327 km de especial entre Bisha y Al Henakiyah, superando en más de cuatro minutos a Ricky Brabec y Skyler Howes. Ahora ocupa el décimo puesto de una general liderada por Daniel Sanders, que se dejó por el camino 15 minutos en una jornada recortada por el riesgo de lluvias. «Es increíble haber ganado. Era una etapa muy técnica, con muchas piedras hasta el kilómetro 100, donde he intentado atacar bastante. Iba también muy concentrado en la navegación y he podido alcanzar a Pablo Quintanilla, que salía cinco minutos delante. He llevado buen ritmo con él y he atacado bastante durante el día, tomando algún que otro riesgo... Pero ha valido la pena», comentó el vencedor.
Un equipo de carácter familiar
"Santo", como se le conoce cariñosamente, sueña con acabar en el top-10 de la general, lo que supondría todo un éxito tanto a nivel personal como de equipo, dado que Sherco, un equipo establecido en Francia, sigue teniendo un carácter prácticamente familiar.
En su caso, puede decirse que las motos es algo que le viene de familia. Fue su padre, también de nombre Lorenzo, y profesional responsable del mantenimiento de un embalse, de hecho, quien le compró su primera montura cuando era aún muy pequeño. A los nueve años, debutó como alevín en motocross.
Toda la familia le apoyó en esta aventura, por mucho que la economía, como tantas veces sucede en estos casos, no fuera precisamente muy desahogada. Con un remolque y una tienda de campaña, primero, y, después, con una furgoneta, recorrieron gran parte de la geografía española para contribuir a hacer realidad su gran sueño.
Santolino, tras su triunfo en Al Henakiyah.RALLY DAKAR
En 2005, mientras, se abrió la puerta del enduro, una disciplina con muchos puntos comunes con el motocross, pero en la que también son muy importantes la resistencia y la navegación. Precisamente, dos de sus otros puntos fuertes.
La Federación de Motociclismo lo fichó en 2006 para su equipo de promesas de enduro y, un año más tarde, el joven Lorenzo conseguiría hacerse con el campeonato de España de Cross-Country. En 2010, mientras, fue campeón del mundo júnior y reeditó el campeonato por equipos logrado en 2009.
Más tarde, de la mano de su actual equipo, Sherco, se pasaría a los rallies. Y, con ellos, pudo estrenarse por fin en 2019 en el sueño del Dakar. La suerte le dio la espalda sus dos primeros años, pero 2021 fue muy emotivo. No solo logró acabar la prueba, sino que lo hizo además con un meritorio sexto puesto que pudo dedicar a su madre, fallecida el año anterior. Un gesto que, además, acompañó con la subasta de su equipación de carrera en favor de Pyfano, una asociación salmantina que trabaja con niños enfermos de cáncer.
En el desierto de Arabia, Laia Sanz y su copiloto, Maurizio Gerini, se pasaron la madrugada del pasado sábado al domingo haciendo reparaciones en su Century CR6, remendando el chasis, arreglando piezas, para seguir adelante en el Dakar. En la primera etapa se habían topado con una piedra y habían recorrido 70 kilómetros sin navegación ni marchas, pero consiguieron llegar al campamento. En principio, estaban salvados. Con chapa y pintura podían continuar en el rally. Pero antes de que empezara la segunda etapa apareció un comisario de la Federación Internacional de Automovilismo (FIA) y les envió para casa.
La barra de seguridad de su coche tenía una desviación de dos milímetros y eso, según la normativa del raid, suponía la descalificación. «Sufrimos mucho para poder reparar el coche, llegamos a la salida y nos quedamos fuera por dos milímetros. Obviamente duele», proclamó Sanz que, al mismo tiempo, asumió su adiós en pos de la seguridad: «En caso de vuelco no hubiera pasado también, pero también entiendo que la FIA no quiera asumir responsabilidades. Es un marrón».
La expulsión de Sanz en la primera etapa parecía el colmo de la desdicha, tan pronto que era, tan inflexiva la normativa, pero en realidad era sólo el inicio de una tendencia que ha marcado este Dakar. Carlos Sainz en la segunda etapa y Sebastian Loeb en la tercera, también fueron descalificados por daños en sus vehículos, lo que ha generado un debate en la carrera. ¿Aventura o seguridad?
Sainz abre el debate
Sin cambios específicos en la normativa, en la presente edición la FIA ha aumentado los controles para evitar que haya coches dañados por el desierto. El resultado: tres figuras del Dakar, eliminados de entrada. Después de lo ocurrido, algunos pilotos aseguraban que ahora vigilan más en los tramos rocosos para evitar golpes y desde las marcas se proclama que el año próximo no volverá a pasar la mismo: o la FIA modifica el reglamento o se harán estructuras más rígidas para que no haya abolladuras.
«Es un debate que debe abrirse», reclamaba Sainz después de ser eliminado de un Dakar en el que defendía el título. En su caso, un accidente en la primera jornada de la etapa 48 Horas provocó un «sutil» problema en la jaula antivuelcos de su Ford Raptor y los comisarios consideraron que así no podían correr. La normativa estipula que un fabricante puede reparar ese elemento y Ford aseguraba que podía hacerlo, pero la FIA no lo permitió.
Christophe EnaAP
«El equipo decía que era muy sencillo de arreglar, pero la FIA no ha querido tomar ningún riesgo. Debería haber sido más flexible, más teniendo la garantía de una marca como Ford. Hay que encontrar el equilibrio. Si miras el coche apenas se ve que la barra está doblada», comentó Sainz, que no valoró presentar una reclamación para seguir compitiendo. El margen de tiempo era inexistente y la FIA raramente rectifica en una de sus decisiones, más si tienen relación con la seguridad.
La lucha de Dacia
De hecho, Dacia, la marca de Loeb, apeló su descalificación y al mismo tiempo aceptó su retirada. Como Ford, consideraba que podía reparar los problemas del Sandrider y así lo expresó a la FIA, pero el piloto no pudo tomar a tiempo la salida de la siguiente etapa. Su reclamación era simbólica, más que otra cosa.
«Los cálculos para verificar el estado de la jaula de seguridad concluyen que aunque una sección está deformada, no afecta a la rigidez de la estructura y, por tanto, no afecta a la seguridad del vehículo», comunicaba la empresa francesa, que como medida especial pedía que Loeb se pudiera reincorporar a la prueba sin opción de luchar por la general, pero sí de vencer en las siguientes etapas. El Dakar cuenta en el nuevo Campeonato del mundo de rally-raid y allí Loeb sí podría luchar por el título. En todo caso, regrese o no el francés, la polémica seguirá viva en el desierto de Arabia.