Descenso del austríaco Raphael Haaser durante la Copa del Mundo de Esquí Alpino.CHRISTIAN BRUNAEFE
Las anómalas temperaturas que padece gran parte de Europa, no sólo toda España, en este falso otoño están arruinando el comienzo de la Copa del Mundo de Esquí Alpino. Tras la cancelación, el día 22, del eslalon gigante femenino de Sölden (Austria), h
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Empecemos por el final, como siempre en las pruebas ciclistas, aunque la gracia-desgracia de la carrera estuvo en el planteamiento y en el nudo, no en el desenlace. Ganó Quinn Simmons, el estadounidense del Lidl-Trek, en la penúltima jornada de la Volta a Catalunya. Aguantó por los pelos lo que le vino por detrás. Tuvo su mérito, pero no fue lo sustancial de la carrera.
El viento es el mayor enemigo de los toreros y de los ciclistas. A los toreros les impide dominar el capote. A los ciclistas, la bicicleta. La Volta a Catalunya está, claro, llena de ciclistas y, aunque más de uno puede ser comparado, por su valor, su ardor, su arte o sus desplantes, con un torero o un novillero sobre dos ruedas, la Volta es una carrera ciclista. Y en la sexta etapa, la considerada reina, el dios Eolo era un enemigo más fuerte que la monarquía y demasiado peligroso, más que un morlaco, para los corredores en los puertos de montaña.
En consecuencia, la organización suprimió el pico de la Batallola, de tercera, la collada de Sant Isidre, de primera, y el alto de Queralt, también de primera, en cuya cima se situaba la llegada. Y decidió que la carrera circulara por un circuito, allá abajo, entre bosques y valles abrigados, saliendo de Berga y llegando al mismo sitio. Un circuito.
Recorrido neutralizado en su mayor parte. Tras 50 kilómetros, los corredores negociaron con los jefes. Y, a 23 kms. de Berga, salida oficial. Entre la necesidad de desperezar los músculos y la obligación de cumplir los horarios, los corredores partieron como Miuras de los corrales. Volaron. La general se aplicaría a 5 kms. de la meta y en ésta no habría bonificaciones. De la sucesión de pequeños repechos emergió Simmons para ganar.
La conclusión de la Volta queda pendiente de una etapa, la última y tradicional de Montjuïc. Hay un segundo como un soplo, como un latido, como un parpadeo, entre Juan Ayuso y Primoz Roglic, enfrascados desde un principio en una lucha anunciada y admitida por ambos por las bonificaciones en los sprints intermedios y en los duelos que sostuvieron mano a mano en un par de etapas con resultados alternativos.
Bonificaciones de segundos... Habituales peleas de secundarios por migajas cronométricas en mitad de un asfalto intrascendente. Casi una indignidad entre campeones, que suelen resolver sus victorias de otro modo. Quien venza esta vez, sea quien sea, deberá su éxito, al menos hasta ahora, a esos mínimos segundos de máxima importancia.
Pero hay que alabar sin cortapisas a Juan y a Primoz. Únicos, tal para cual, capaces de llevarse la Volta, se desentendieron de todo que no fueran ellos. Y, tanto monta, esa igualdad los condujo desde el mismo estudio inicial de la táctica, a jugarse el triunfo en los términos minimalistas de unos segundos rabiosos. Rotundos en la intensidad de su brevedad decisiva. Salvo imprevisto, todo se resolverá este domingo con las bonificaciones de 10, seis y cuatro segundos en la meta.
En esos segundos -ahora sólo uno- ha radicado el espectáculo que nos han ofrecido el joven español y el veterano esloveno. La etapa final gozará de una emoción suplementaria, sustentada en el filo de un papel de fumar. La voz del ganador será un grito. Pero habrá empezado en un suspiro.
El triunfo fue para Matteo Jorgenson. Pero el equipo Visma-Lease a Bike no pudo exhibir una sonrisa completa. Una caída de Wout van Aert, que él mismo provocó y de la que salió como el más damnificado, cambió el rostro de la clásica A Través de Flandes. La carrera, fraccionada en abanicos, ya venía cortada a causa del viento. El fenómeno belga arrastró en su desplome a gente como Mads Pedersen, Jasper Stuyven y Biniam Girmay. En cierto modo, con el abandono del máximo favorito, gimiente, deshecho el "maillot" y la espalda enrojecida y tumefacta, la prueba empezó de nuevo a unos 70 kms. de la meta.
Y lo hizo manga por hombro. De una escapada inicial de 14 hombres, fueron sobreviviendo algunos y descolgándose otros. Fuera como fuese, entre avances y retrocesos individuales o por pequeñas unidades, se configuraron dos grupos. En cabeza, seis "riders". En su estela, ocho.
Se fusionaron. No todos. Jorgensen (no confundir con Jorgenson, vencedor a la postre) y Mathias Norsgaard, el danés de Movistar, habían cedido y fueron tragados por un tercer escuadrón ya sin posibilidades. La suerte estaba dibujada, pero no decidida. Volaban Alberto Bettiol, Casper Pedersen, Stefan Küng, Jonas Abrahamsen, Matteo Jorgenson, Dries de Bondt, Joshua Tarling (que sufría en los repechos y enlazaba en el llano y los descensos), Michael Valgren, Pascal Eenkhoorn, Dries de Pooter, Tiesj Benoot...
A falta de 21 kms. atacó Bettiol, en gran forma, flamante vencedor de la Milán-Turín. Se marchó... hasta que unos calambres lo frenaron de golpe. Las escaramuzas posteriores dejaron a media docena de hombres en cabeza: Künh, Jorgenson, De Bondt, Tarling (que seguía deshaciéndose y recomponiéndose), Abrahamsen y Benoot.
Pequeños intentos, muchas miradas, muchos amagos... Cuando, a falta de siete kms. para la meta, demarró, seco, duro, Jorgenson, se vio en el acto que nadie podía responder. Mientras el estadounidense se alejaba indefectiblemente, los demás, menos el heroico Tarling, 20 años recién cumplidos, que suplía con voluntad la falta de fuerzas, ya sólo luchaban por los lugares secundarios del podio. En estado de gracia, el estadounidense, que viene de imponerse a Remco Evenepoel en la París-Niza, levantó los brazos al cielo. El sprint por la segunda plaza se lo ganó Abrahamsen a Küng.
A Través de Flandes, entre las localidades de Roeselare y Waregem, es el dulce-áspero aperitivo del Tour de Flandes, que se disputa el domingo. Wout van Aert, evacuado en camilla, no estará con toda probabilidad en la salida. Perdemos todos.
Viernes de cálida pasión en el frío norte italiano. Se alza el blanco telón de los Juegos Olímpicos de Invierno 2026 en Milán-Cortina dAmpezzo y otras sedes en los Dolomitas. Primeros para la nueva presidenta del Comité Olímpico Internacional, Kirsty Coventry. Segundos del siglo XXI celebrados en Italia, tras los de Turín 2006. Serían los terceros en Cortina si no se hubiesen cancelado los de 1944 a causa de la Segunda Guerra Mundial.
La ciudad los recuperó en 1956 en uno de los momentos más calientes de la Guerra Fría. El deporte, también reclutado para librarla, era al mismo tiempo requerido para fomentar la concordia internacional. Ese año se creaba la Copa de Europa de fútbol. Los Juegos se clausurarán el día 22 en Verona. Se han dispuesto dos pebeteros. Uno en el Arco della Pace en Milán y otro en la Piazza Dibona de Cortina, inspirados en "Los seis nudos de Da Vinci", una serie de intrincados y entrelazados grabados geométricos que simbolizan el orden que subyace bajo el caos. Una metáfora del funcionamiento del mundo, donde, no obstante, con harta frecuencia, sucede al revés y el caos subyace bajo el orden.
La ceremonia de inauguración, en el estadio de San Siro, contemplada "in situ" o por televisión por una audiencia calculada en unos 2.200 millones de personas, abrirá un abanico de 19 días de competición con 2.800 participantes (un 47% de mujeres) de 90 países pugnando por 116 medallas en 16 deportes. Ocho de ellos son nuevos. Algunos, de discutible justificación. Hay que llenar muchos días de actividad continua y se echa mano de todo aquello que tenga que ver con la nieve y el hielo, aunque haya que forzarlo, retorcerlo y exprimirlo. Y eso no es todo. Se habla, incluso, de que en futuro podrían entrar en el programa el cross (Campo a Través pedestre) y el ciclocross.
En el orden y el caos políticos, que el deporte trata de disfrutar por el procedimiento de participar de uno o eludir el otro en la medida de lo posible, Cortina rescata los Juegos para la causa de la democracia después de los celebrados en Pekín 2022. El anterior ciclo, de hecho, repetía esta alternancia: tras Rusia (Sochi 2014), llegó Corea del Sur (Pyeongchang 2018). Nuevas demostraciones de que el Deporte, pongámoslo en mayúsculas, no se muestra muy escrupuloso a la hora de blanquear regímenes dictatoriales.
A Rusia, una primera potencia que relativiza muchas de las medallas actuales de cualquier evento, hubo que expulsarla del Paraíso después de que el dopaje de Estado fuese una vergüenza y un escándalo insostenibles e imperdonables. Y rematar su exclusión luego del ataque a Ucrania. El 24 de este mes, cuando los Juegos sean un eco, hará cuatro años de aquello, un dolor que no remite y una herida que sangra cada día.
La petición de Infantino
A pesar de ello, el Comité Olímpico Internacional (COI) ha recomendado recientemente a las Federaciones Internacionales que permitan a los equipos rusos participar en competiciones no profesionales. Y Gianni Infantino aboga por reintegrar a Rusia en la casa común, empezando por el fútbol y sus categorías menores, porque "el veto no ha servido de nada". Lo que cada vez sirve para menos es la ética, subordinada al poder y al dinero. O al poder del dinero. O al dinero en el poder. En este asunto no caben medias tintas. O todos los rusos o ninguno. "That is the question". Muchos votamos por ninguno.
Infantino, un mercader astuto, come de la mano de Donald Trump, un empresario visceral, hermanados ambos con el Mundial de Fútbol de este verano. Se quiera o no, el Deporte (mantenemos la mayúscula) es "la continuación de la política por otros medios". Otra conflagración, aunque incruenta. Virtual. Giorgia Meloni lo sabe y se entrevistará con J.D. Vance, vicepresidente de Estados Unidos, que está en Milán. Allí donde sólo anidan los halcones, Vance forma parte del núcleo más cercano y duro de Trump, en unión del secretario de Estado, Marco Rubio, y el de Defensa, Pete Hegseth. En el horizonte trumpiano se alzan los Juegos Olímpicos de Verano de Los Angeles, en 2028. Los de Invierno de 2034, adjudicados al estado de Utah (Salt Lake City), quedan de momento demasiado lejos.
Con la consiguiente controversia, Trump ha enviado como protección suplementaria de la delegación estadounidense a un contingente del tristemente célebre ICE (Inmigration and Customs Enforcement). O sea, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas. Que el acrónimo de la unidad sea ICE, "hielo" en inglés, ofrece cierta irónica coherencia en unos Juegos de Invierno.
Una de las sedes de los Juegos de Invierno en Cortina D'Ampezzo.ODD ANDERSENAFP
Milán-Cortina exhibirá en algunas de las especialidades a varios de los más grandes deportistas de todos los tiempos. En el esquí alpino, el rey de los Juegos, a Mikaela Shiffrin (USA, 30 años) y Marco Odermatt (Suiza, 28). Shiffrin reúne 108 triunfos en la Copa del Mundo, una cifra que, si alguien la supera algún día, todavía no ha nacido. Odermatt suma 52. Sólo tiene por delante a "monstruos" como Ingemar Stenmark (86), Marcel Hirscher (67) y Hermann Maier (54). Pero ya por detrás, a Alberto Tomba (50) y Marc Girardelli (46). Entre los suizos, sólo Vreni Schneider (55) lo supera por poco tiempo. Pero ningún compatriota masculino se le acerca. Pirmin Zurbriggen, el gran ídolo nacional, se quedó en 40.
Cortina esperaba con suprema expectación y máximo aplauso a Lindsey Vonn (USA), la diosa rubia de la velocidad, nimbada con 84 triunfos entre descensos y supergigantes. Y distinguida esta temporada con dos victorias, dos segundos puestos y dos terceros a la "imposible" edad de 41 años y con una prótesis de titanio en la rodilla derecha, amén de otros "remiendos y zurcidos". Pocos días antes de los Juegos se rompió en Crans Montana el cruzado de la izquierda. Aun así, ante el asombro y la admiración del mundo, ha decidido competir (a expensas del entrenamiento de este viernes) en un temerario gesto, rayano en el heroísmo y asomado al sacrificio.
El patinaje artístico, una de las mayores atracciones históricas de los Juegos, ha descubierto, maravillado, a Ilia Malinin, estadounidense, 24 años, ya doble campeón mundial, hijo de dos patinadores uzbekos, representantes de su país en los Juegos de 1998 y 2002, que emigraron como profesores a Virginia. Ha conseguido las puntuaciones más altas jamás registradas en el programa libre y es capaz de ejecutar siete cuádruples por sesión. Quizás se atreva a intentar el primer quíntuple de la historia.
En otras de las disciplinas tradicionalmente más importantes, los saltos y el esquí de fondo, brillan, respectivamente, Domen Prvec (Eslovenia) y Johannes Hosflot Klaebo (Noruega). El esloveno, de 26 años, es miembro de una familia de cinco hermanos, de los cuales compiten, o han competido, cuatro, encabezados por el hermano mayor, ya retirado, Peter. Y continuada por una hermana más pequeña, Nika. Todos, máximas estrellas del trampolín. El noruego, con cinco oros, una plata y un bronce olímpicos, ha acumulado más de 100 victorias en la Copa del Mundo.
Es uno de los más ilustres representantes de un país de cinco millones y medio de habitantes en el que los deportes invernales constituyen una religión y que lidera el medallero histórico de los Juegos con 148 oros, 134 platas y 124 bronces.