«No voy a dimitir». Hasta cinco veces pronunció esa frase Luis Rubiales ante el auditorio de la Asamblea General del fútbol español. El presidente de la Federación Española de Fútbol (RFEF) cogió por sorpresa no sólo a toda la sociedad española, sino
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España encontró su patrón de juego y casi su once hace apenas cuatro meses y ya está obligado a cambiarlo. Lo que para otro seleccionador hubiera sido un quebradero de cabeza a Luis de la Fuente no le supone un peso. Tiene que «construir un nuevo edificio» pero dispone de materiales de primera para hacerlo, jugadores imprescindibles en cualquier gran equipo que con la selección no encontraban su lugar. En esos cimientos está Martín Zubimendi, a quien los galones no le condicionan e incluso se arrancó como goleador en Murcia. 28 partidos como internacional para alimentar la broma del vestuario de que nunca quiere chutar. Soltó un derechazo desde la frontal a un balón cabeceado por Merino que acabó en la red y desnudando las manos blandas de Kasper Schmeichel.
Este tímido futbolista, estratégico campeón de ajedrez capaz de rechazar suculentas ofertas del Manchester City y el Liverpool para seguir en «su Real», ya se ha sumado al grupo de imprescindibles ejemplificando que De la Fuente ya alimenta a la nueva generación de jugadores que deben ser el sostén en el Mundial de Estados Unidos dentro de dos años.
Zubimendi lleva 13 partidos como internacional absoluto, 28 desde que debutó en 2017 en la Sub-17 con Santi Denia. Nunca ha faltado en las listas de Luis de la Fuente y, a pesar de eso, su rol siempre fue claramente suplente. Primero, porque Rodrigo ya lo era ante Busquets y después porque la figura del jugador del City emergió con una rotundidad que le cerró el paso... hasta la Eurocopa.
Sólo había tenido 112 minutos en tres partidos oficiales: los dos de clasificación ante Georgia y Chipre, el único en el que fue titular. Esa parecía ser la tónica: salir con los partidos o clasificación resuelta. Eso pasó ante Albania, Croacia o Francia. Pero la lesión de Rodri en la final le permitió mostrar durante 45 minutos todo lo que tiene. «Puede caminar en el alambre sin ponerse nervioso», describía el seleccionador.
Lo mismo hizo ante Serbia, como titular por la sanción del madrileño, y de nuevo por sus problemas físicos ante Suiza. Y ahí se quedará por mucho tiempo. «Siempre digo que Rodri es el mejor del mundo y Zubimendi el segundo», ha insistido el seleccionador. Si además marca y da puntos, su prestancia es mayor.
No suele hacerlo, aunque en apenas dos meses de competición ya suma dos. Marcó ante el Rayo Vallecano en la primera jornada de Liga y frente a Dinamarca, que era su primer tanto internacional en todas las categorías. Sin embargo, golear no le es ajeno pese a vivir tan lejos del área. Suma 9 en su carrera, cuatro marcados la pasada temporada al Granada, Almería, Villarreal y Alavés. Las temporadas anteriores también las cerró con al menos un gol.
La capacidad de sumar puntos con sus tantos no es lo que seduce a De la Fuente. Le confía la estructura de la nueva España que está obligado a perfilar sin que todo se derrumbe. Ante Dinamarca, el equipo creció «no sé si porque lo hizo Zubimendi en la segunda parte o lo que hicimos permitió que creciera Martín», se preguntaba el seleccionador tras el encuentro. «Todos los proyectos se consolidan mejor desde la victoria. Hay jugadores en la recámara muy talentosos que nos permite mirar el futuro de manera tranquila. Teníamos un bloque cohesionado y ahora hay que construir otro edificio», añadió.
No será la España rápida e intimidatoria que se engrasó en la Euro, pero no renuncia a ese camino. «Dominar todas las facetas del juego es imposible y, en las diferentes exigencias, este equipo se comporta bien. Esa variedad te hace ser un equipo solvente, seguro, hasta en los partidos que se atascan un poco. Seguimos creciendo ahora que hay que conformar un equipo nuevo», repitió.
La próxima piedra deberán ponerla en Córdoba frente a Serbia, con otro contratiempo que será los problemas físicos de Lamine Yamal y la posibilidad de cerrar la clasificación para los novedosos cuartos de final de la Nations League.
Se hundió. La figura gigante y soberbia de Cristiano Ronaldo se deshizo cuando en el minuto 102, en la prórroga, plantado en el punto de penalti tenía en sus botas la clasificación de Portugal a cuartos de final. Estaba enfrente Oblak y se perfiló con la misma decisión con la que le derrotó en la final de Champions de Milán. Esta vez el esloveno venció, lo atajó y rompió en mil pedazos a la estrella lusa. Lágrimas, cabeza agachada y el esfuerzo de todo Portugal por recomponer a un líder que no ha marcado en esta Eurocopa. Volvió a llorar después porque cogidos a la manos de Diogo Costa, se verán con Francia en cuartos. [Narración y estadísticas (0-0, 3-0)]
Fue el meta del Oporto el héroe de la tanda de penaltis al volar para atajar los tres primeros lanzamientos de Eslovenia. Portugal sobrevivía después de un partido de desesperación en el que desperdició ese penalti en la prórroga y vio cómo su arquero sacaba el pie para desviar el último cara a cara que un error de Pepe le concedió a Sesko. Diogo Costa salvó en Frankfurt a las dos leyendas.
La supervivencia de Portugal pareció un milagro imposible en algunos momentos. Arrancó ordenada, reconociendo por dónde hacer daño a otro equipo que se les encerró, pero a medida que pasaron los minutos, se desordenó, enloqueció y empezó a mostrarse vulnerable. Se contagió de la ansiedad que sigue mostrando Cristiano. Sus lamentos de desesperación, desde el mismo arranque del partido, eran tan exagerados como contraproducentes para Portugal. Le quiso meter el equipo de Roberto Martínez algo más de velocidad al juego y porque por las orillas Leao encontraba oportunidades y Bernardo Silva ponía centros precisos que no había quien cazara.
Protestas y miradas
Eslovenia trataba de estirarse con alguna carrera de Sesko, pero era sabedora de que sus opciones pasaban por sujetar a los portugueses. Al pie de la letra lo cumplía Drkusic. El central se lo ganó todo a Cristiano. Le atosigaba en la recepción, le impedía girarse y, sobre todo, le ganaba todos los balones aéreos. Eso provocó que, un partido más, CR7 pareciera un lastre para Portugal. Su cabreo, sus protestas y sus miradas al videomarcador buscando su imagen reflejada hicieron que Portugal, capaz de recuperar con celeridad en el centro del campo, no pudiera armar una segunda jugada rápida porque su punta volvía andando, cabizbajo y en fuera de juego. Aún así lo intentaba frente a un rival que olía el nerviosismo.
La vía esta vez fue la velocidad de Rafael Leao, a quien en una ocasión tuvieron que frenar en falta en la frontal del área. Por supuesto la lanzó Cristiano, con toda su gestualidad, buscando la escuadra de Oblak que no encontró. Esa fue toda la complicación que pudieron crearles a los eslovenos, que empezaron a hallar los espacios. Se escapó por la derecha Stojanovic, se resbaló Pepe cuando fue a pararlo y suerte que apareció Nuno para atajar su centro antes que Sporar. Con el temor en el cuerpo, la mejor ocasión de los portugueses, que no probaron a Oblak entre palos, fue una carrera de Leao que acabó en un centro a la medialuna para el disparo de Palinha que se estrelló en el poste derecho del meta del Atlético.
Portugal, como en cada partido de esta Eurocopa, tenía que hacer algo más, aunque parecía no saber muy bien el qué. Al inicio de la segunda mitad trató de encontrar la solución Cancelo buscando la línea de fondo, caracoleando con el lateral y sacando un centro raso que desvió Drkusic.
Diogo Costa detiene el penalti de Balkovec.AFP
La siguiente la buscó Cristiano en otro lanzamiento de falta, que era para un zurdo pero, como nadie le rechista, se la pidió buscando ese gol que nunca llega. Fue dura a las manos de Oblak. Si en la primera parte fue Leao el arma ofensiva, en la segunda apareció Cancelo como un destello que deslumbraba al lateral Balkovec. Todo el peligro portugués nació de sus botas.
Pólvora lusa
Tenía que buscar Roberto Martínez más pólvora y echó mano de Diogo Jota a costa de Vitinha. Cristiano, esforzado en tirar faltas, seguía en el campo. Y Portugal no conseguía desencadenarse para asustar a Eslovenia. Matjaz Kek sentía a su equipo cómodo buscando el error que, más de una vez, había asomado en las filas rivales.
Portugal tiene siempre fases en las que juega al tratrán, y eso comenzó a hacer cuando el tiempo corría y empezaba a haber mucho que perder. Buscó entonces el técnico español al eléctrico jugador que le salvó en el primer partido: Francisco Conceiçao.
Lo intentaban los lusos estirándose hacia el área de Oblak y en el minuto 85 llegó su ocasión. Diogo Jota filtró un pase al espacio que corrió Cristiano para armar un zurdazo en un mano a mano que ganó, cómodamente, el guardameta rojiblanco. No se dibujaba bajo el techo del Frankfurt Arena otro escenario que no fuera el de la prórroga. Y ahí pasó de todo. Jota se coló entre los centrales y forzó un penalti, lo falló Cristiano y Sesko perdió la oportunidad de estar en cuartos. Porque los penaltis, en los que volvió a tirar CR7 para pedir perdón, los ganó Portugal.
España llegó a esta Eurocopa de Suiza el 29 de junio convencida de que podía ganarla. No confiada, sino convencida. Todas las jugadoras habían asumido que era el momento de dar el zarpazo definitivo y, aún así, se han pasado semanas eludiendo un favoritismo que, si bien pudo empezar fuera de los estadios por su condición de campeonas del mundo, era imposible eludir cuando acababan los partidos. La selección ha dominado el tiempo de juego, las estadísticas y los resultados, sin necesidad de sufrir más de lo que conlleva siempre un gran campeonato de elite. Montse Tomé, su equipo y las jugadoras han dado en muchas teclas que, sin embargo, no fueron suficientes para ganar la primera Eurocopa, pues los penaltis le fueron esquivos en esta final.
MENTALIDAD Y GRUPO
España ha sido un equipo resiliente. Ha aprendido a serlo a fuerza de golpes dentro del campo y fuera. Mantuvo su fe en lo que hace, «en el plan de partido» que marca Tomé, y no bajó los brazos en ninguna circunstancia. No levantó el pie en los partidos en los que goleó en la primera fase, fue paciente en cuartos ante Suiza y buscó sin cesar cómo dañar a Alemania hasta conseguirlo. Importante en esta gestión ha sido el papel de jugadoras maduras como Irene Paredes, Alexia, Patri Guijarro o de Aitana Bonmatí, que tuvo que aprender a domar los monstruos que le puso delante la meningitis vírica. Pero hay más. La mezcla generacional, la llegada de jugadoras despojadas de cargas, como Vicky López, Jana, Clàudia Pina o Martín Prieto han ayudado a generar una unión que, sin llegar a definirla como familia, sí responde al 'una para todas y todas para una'. No hay selección ganadora sin que sea un equipo. Y España ya lo es de manera natural y sana.
FÍSICO
No iba a ser una Eurocopa fácil después de un año larguísimo y de mucha competición para buena parte de las 23 convocadas. Además, comenzó accidentada. Aitana confesó al inicio de la concentración que había acabado exhausta la temporada y, poco después, acabó en el hospital. Su recuperación y regreso al campo ha sido una de las mejores gestiones del staff y el cuerpo médico. La sujetaron al banquillo para conseguir que no hubiera secuelas de inactividad en su rendimiento. A esto se sumó la amigdalitis de Cata Coll, que se perdió toda la fase de grupos. Con un manejo de la intensidad de las cargas, el preparador físico, Víctor Cervera, las ha mantenido en el punto de forma óptimo.
BANQUILLO
La riqueza del banquillo ha sido otra de las claves. Tomé convocó a 23 jugadoras con perfiles diferentes que le han dado muchos recursos. Empezando por Adriana Nanclares en la portería, que apareció cuando Cata no estaba, y acabando por la explosión de Vicky López, una jugadora que Tomé hizo debutar hace un año y que ha sido una de las revelaciones del campeonato. Nadie echó de menos a Aitana ni se echó las manos a la cabeza cuando Laia Aleixandri iba a ser baja ante Alemania. María Méndez cumplió con creces. Como Athenea del Castillo, determinante para el equipo por la energía que aporta como revulsivo. Su protagonismo creció tanto desde la suplencia, asumida con tanta naturalidad que tuvo el premio de la titularidad en la final.
Mariona Caldentey marca el primer gol del partido.EFE
EXPERIENCIA
La selección, con una base amplísima de jugadoras del Barça que se entienden sin hablar, empieza también a aprovecharse de la experiencia de sus jugadoras en otros campeonatos. Mariona ha sido la mejor jugadora en Inglaterra esta temporada, Esther ha crecido por la exigencia de jugar en el Gotham estadounidense y Martín-Prieto se ha ganado un hueco en la selección por sus goles en Portugal. La jugadora española tiene un valor incalculable, es pretendida en los campeonatos más exigentes, y esa experiencia se ha traducido en madurez en esta Euro.
MEDIOS
Por primera vez, la RFEF ha tenido fe en este equipo y le ha puesto a disposición todos los medios para que salga su talento. La única preocupación de jugadoras y cuerpo técnico ha sido el fútbol. Ni instalaciones, ni tratamientos ni descanso ni viajes. Eso es lo único que ellas llevaban años reivindicando y, en cuanto ha llegado, el talento explota y se traduce en pelea por los títulos. El Mundial, y todo lo que pasó después, fue una revolución que provocó que al fútbol se le acompañara con recursos, algo que nunca había ocurrido... y que ya no tiene vuelta atrás.