La Comisión Antiviolencia acordó este lunes proponer multas de 60.001 euros a las cuatro personas identificadas como autoras de colgar de un puente, cercano a la Ciudad Deportiva del Real Madrid, un muñeco con la camiseta de Vinicius Júnior y una pancarta con el lema “Madrid odia al Real”.
Los responsables de los hechos, que tuvieron lugar el pasado 26 de enero, antes del encuentro de cuartos de final de la Copa del Rey entre el Real Madrid y el Atlético de Madrid, tendrán también prohibido el acceso a recintos deportivos durante dos años, según confirmó el Consejo Superior de Deportes (CSD).
El pasado 25 de mayo, la titular del Juzgado de Instrucción número 26 de Madrid decretó la libertad provisional de los cuatro implicados, que fueron detenidos como supuestos responsables de los hechos. Se les imputó un delito de odio y se les prohibió acercarse al jugador, a su lugar de trabajo y a los estadios Santiago Bernabéu y Cívitas Metropolitano en determinados partidos.
Sanciones tras el episodio en Mestalla
Asimismo, Antiviolencia propuso multas de 5.000 euros y la prohibición de acceso a los recintos deportivos durante un año a tres individuos que han sido identificados como autores de la realización de gestos de racistas dirigidos también contra Vinicius en el partido Valencia-Real Madrid, disputado el 21 de mayo.
La Comisión decidió aumentar la sanción de los 4.000€ previstos hasta los 5.000€, al entender que “los autores eran conocedores de lo reprobable de sus acciones al haberse repetido este tipo de conductas y haber sido objeto de sanciones sus autores en varios partidos a lo largo de esta temporada y, también, provocar la detención del encuentro”.
Con motivo de ese partido, Antiviolencia también propuso multar con 3.001 euros, y prohibición de acceso a recintos deportivos por un periodo de seis meses, a un aficionado que, en un local cercano a Mestalla alteró el orden y se enfrentó a los funcionarios, cuando intervinieron para que cesase su actitud.
Max Verstappen dio otra cátedra para su cuarta victoria consecutiva en Imola, escenario de una carrera confusa, plagada de variables, donde Fernando Alonso y Carlos Sainz perdieron sus opciones por culpa de la estrategia. Tampoco supo resolver ese puzle McLaren, que bien puede dar por bueno el doble podio de Lando Norris y Oscar Piastri. Sin embargo, a la menor adversidad, los jóvenes aspirantes se desinflaron de nuevo ante el vigente campeón.
El octavo puesto de Sainz y el undécimo de Alonso dejaron en evidencia a Williams y Aston Martin, que jugaron mal sus cartas. De un modo sangrante en el caso del madrileño, al volante de un monoplaza cada semana más veloz y estable. Alonso, por su parte, puede maldecir tanto la inoportuna aparición de un virtual safety car como su remontada interruptus en las últimas vueltas. Tras sendos adelantamientos a Nico Hulkenberg y Pierre Gasly en Tosa, no pudo finalmente ante Yuki Tsunoda. Salir de vacío en Imola tras partir quinto escuece de veras.
El Autodromo Enzo y Dino Ferrari, tan exigente a nivel técnico, realzó aún más la grandeza de Verstappen. Apagado el semáforo, el holandés estiró la frenada en Tamburello para hacer y deshacer a su antojo frente a Piastri. En sus fauces, el líder del Mundial pareció un recién inscrito en una academia de karting. Hasta George Russell, con muy buen tino a la hora de soltar el embrague, lamentó el escaso coraje de Piastri, que le había taponado a la entrada de la chicane. Mucho más decidido se mostró Norris, autor de un fabuloso adelantamiento ante el propio Russell en la Variante Villeneuve.
Ferrari rompe la baraja
Ese buen rato respirando aire sucio no le vino nada bien al autor de la pole. Mucho menos las prisas de McLaren, que se precipitó con su temprana estrategia. El primero en abrir fuego con los pit-stops para montar los duros había sido Charles Leclerc, ganando la posición a Russell y Sainz, no tanto por la fuerza del undercut, sino por una simple consecuencia del tráfico.
Ese movimiento de Ferrari iba a generar tanta confusión que McLaren llamó a Piastri. Y Aston Martin a Alonso, cuyo ritmo era más que decente. En la vuelta 16, el asturiano había perdido la posición frente a Sainz, aunque sus opciones seguían intactas. Tantas prisas iban a resultar muy malas consejeras en Imola, el circuito donde más tiempo se tarda en recorrer el pit-lane (29 segundos).
Quienes movieron ficha tan rápido fueron ya a pie cambiado. Entre los principales damnificados, Sainz y Alonso. El madrileño quedó enredado a la estela de Russell, con un problema en la maneta del cambio de marchas y Tsunoda, que había partido desde el pit-lane. Mientras, su compañero Alex Albon se perfilaba hacia la lucha por el podio gracias a un plan mucho más propicio.
Sainz, el domingo, en el pit-lane de Imola.AFP
En la vuelta 29 McLaren paró a Norris, con tan mala suerte que sólo un minuto después, una avería de Esteban Ocon a la salida de Tosa desencadenó el inevitable virtual safety car. El timing perfecto para Verstappen, favorecido otra vez por la buena ventura.
Antonelli y el 'safety car'
Con más de la mitad de carrera por delante, todo parecía bien atado para el tetracampeón, con 18 segundos de renta frente a Norris. Sin embargo aún tuvo que hacer frente a un inesperado contratiempo en la vuelta 47 cuando Andrea Kimi Antonelli, que había llevado por la calle de la amargura a Lewis Hamilton, dejó varado su Mercedes en una zona sin acceso para los comisarios. Un safety car como postrero aliciente a un domingo sin respiro.
Verstappen, desde luego, no iba a conceder un ápice en la resalida. Nada más abrir gas se libró de la amenaza del DRS de Piastri. Con gomas muy usadas, el australiano sería también presa fácil para Norris en Tamburello. La amenaza para el líder del Mundial asomaba por detrás con los Ferrari. Albon pretendía defender su cuarta plaza, ante un agresivo Leclerc. Hamilton, que pasaba por allí, pudo aprovechar la excursión por la grava del Williams para poner la guinda a su remontada.
La ralentización, en cambio, pudo interpretarse como un alivio para Aston Martin, cuyos dos coches amenazaban ruina. "Va a ser una tortura. Esto es un naufragio. Soy el piloto más desafortunado del mundo", lamentó Alonso por radio, cuando ya sólo rodaba por delante de Lance Stroll, Franco Colapinto, Esteban Bortoleto y Oliver Bearman. Su rush final, con gomas más frescas, de nada sirvió frente a Tsunoda.