Alcaraz se tiene que poner serio para derrotar a Walton en su debut en el Open de Australia

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La alegría baja por el río Yarra, donde, a la altura de Melbourne, el verano se desparrama en ambas orillas; a un lado se bebe sobre los barcos flotantes, al otro se rema en kayaks. La ciudad, en domingo, alberga tantos conciertos, hay tanto ambiente, que parece un macrofestival. Es un entorno fantástico, el entorno ideal para Carlos Alcaraz. Cuesta pensar que todavía no haya ganado un Open de Australia, porque es aquí donde su estilo, su frescura, su atrevimiento, encajan mejor.

Cuando este domingo saltó a la Rod Laver Arena, con su camiseta blanca, verde y negra sin mangas, parecía que el lugar era suyo. Se enfrentaba a un australiano, Adam Walton, pero el público no dejaba de animarle y él lo agradecía: sonreía, disfrutaba de sus primeros minutos sobre la pista. “Let’s go, Carlos, let’s go” se repetía en bucle. Como ya quedó claro en los actos previos, como el One Point Slam o la exhibición ante Alex de Miñaur, aquí se le adora.

Pero el tenis es el tenis. Pese a lucir el número uno del ranking ATP y a tener más armas que su rival, Alcaraz tuvo que pasar un mal rato para derrotar en primera ronda a Walton por 6-3, 7-6(2) y 6-2 en dos horas y cinco minutos. Nada —o casi nada— lo insinúa el marcador, pero había que verle la cara. Del entusiasmo con el que empezó a la seriedad con la que acabó. Tampoco fue nada preocupante: en segunda ronda, el miércoles ante el alemán Yannick Hanfmann, ya se habrá olvidado, pero recordó una máxima: para ganar un Grand Slam hay que sufrir.

El mérito del rival

Venía Alcaraz de un mes sin jugar un partido, de pasarlo bien en Miami y en Turcas y Caicos, de disfrutar de la Navidad en su casa de Murcia, incluso de gozar de las actividades promocionales en Melbourne, y tuvo que volver a agarrar la raqueta con todas sus fuerzas. Alguna queja en el segundo set por el notable nivel de Walton demostraba que estaba pasando por un apuro.

“Ha sido un partido muy difícil porque me ha costado mucho encontrar el hueco; él iba siempre un paso por delante, estaba siempre en mejor posición. Me ha costado mucho acostumbrarme a su bola plana”, analizaba Alcaraz, otorgándole a Walton el mérito merecido.

En la tribuna de prensa, alucinaba un periodista australiano: “No le había visto jugar así en su vida”. Walton, de 26 años y número 81 del ranking mundial, completó una actuación muy sólida, con escasos errores y mucha velocidad. Al australiano le costaba rebasar a Alcaraz —apenas logró 16 winners por los 38 del español—, pero apenas cometía errores. Si quería hacerlo lo mejor posible, ya puede congratularse: objetivo cumplido.

kpd