La futbolista de la selección femenina fue nombrada como mejor jugadora del año y durante su discurso de agradecimiento quiso pronunciarse sobre la polémica del ‘caso Rubiales’
Aitana Bonmatí en la gala de la UEFANICOLAS TUCATAFP
La futbolista de la selección española Aitana Bonmatí ha ganado este jueves el premio como mejor jugadora de la UEFA por su gran temporada con el Barça. En su discurso de agradecimiento no se ha querido olvidar de su compañera Jenni Hermoso, protagonista de la polémica por el ‘caso Rubiales’, y ha querido hacer mención a lo que este tema está suponiendo en el fútbol internacional.
“No están siendo unos momentos muy buenos en el fútbol español. Venimos de ganar el Mundial, pero no se habla mucho de ello. Me gustaría recordar lo que ha pasado. Como sociedad no debemos permitir que se haga abuso de poder en una relación laboral, ni faltas de respeto”, dijo la futbolista del Barcelona.
Tras estas declaraciones, Aitana no ha podido evitar hacer mención a su compañera de selección. “Por mi compañera Jenni, me gustaría dedicar esto a todas las mujeres que sufren lo mismo. Estamos con vosotras. Tenemos que seguir trabajando para que esta sociedad mejore”, concluyó la reciente campeona del mundo.
Sarine Wiegman también se pronuncia
La otra gran triunfadora de la tarde fue la seleccionadora nacional inglesa, Sarine Wiegman. Se llevó el galardón a mejor entrenadora femenina y, al igual que Aitana, en su discurso también se pronunció sobre la polémica que desde hace días acapara las portadas.
La seleccionadora dijo: “Todos sabemos los problemas de la selección española y estoy realmente dolida como entrenadora y madre de dos hijas. El fútbol femenino ha crecido mucho, pero todavía queda mucho camino por delante y en la sociedad. Quiero dedicar este premio a la selección española. El equipo jugó un fútbol increíble que todos disfrutamos y merece celebrar y ser escuchado”.
España sólo ha jugado unas semifinales de la Eurocopa. Fue en 1997, en Suecia, con equipaciones prestadas por la selección masculina para futbolistas amateur que pidieron vacaciones en sus trabajos para poder jugarla y el único apoyo visible de Televisión Española. El fútbol femenino en España era residual para aficionados y marcas, incluso para la RFEF era una obligación a la que apenas prestaba atención. De aquello han pasado 28 años y, ahora que España buscará el viernes pisar de nuevo unas semifinales europeas, la selección empieza a ser un filón.
Han crecido los patrocinios, las marcas quieren asociarse a figuras como Alexia Putellas o Aitana Bonmatí, estrellas mundiales con sus tres Balones de Oro, pero también a las emergentes Salma Paralluelo o Vicky López, dos ganchos que conectan con el público millennial. Y el rendimiento deportivo empieza a dejar ingresos en las arcas de la Federación. La fase de grupos de esta Euro y la clasificación a cuartos ha reportado 2,6 millones de euros: 1,8 por la participación, 300.000 euros por cada victoria y 550.000 por el pase. Si la selección se proclama campeona, sumará un total de 5,1 millones, un 156% más que lo que cobró Inglaterra en 2022, pero algo menos de los nueve millones que supuso el Mundial. Eso sí, las jugadoras se repartirán dos millones en primas, casi diez veces más que en 2023 (248.000 euros).
Las cifras aún quedan lejos de los 41,8 millones que se embolsó España por levantar el trofeo de campeona de Europa en Alemania, pero la apuesta de la Federación se aproxima mucho en el presupuesto de 2025: para la selección masculina hay 15,7 millones, y 13,1 para la femenina.
Mayores audiencias
La inercia ganadora de la selección también tiene otra vía de impacto en las cuentas: es atractiva para el público. En directo, llenan estadios en la Eurocopa y superan con creces la media de los 20.000 espectadores en la última fase de clasificación para la fase final de la Nations League. En televisión, de donde nace el 29% de los ingresos de la RFEF, la final del Mundial de Australia y Nueva Zelanda fijó una marca de 5,6 millones de espectadores de media y un 65,7% de cuota de pantalla. La final de la Liga de Naciones 2024 ante Francia la vieron 1,9 millones y en la fase previa de esta Eurocopa, retransmitida por La 1 de TVE, la cifra ha rondado los dos millones.
El debut ante Portugal lo siguieron de media 1,7 millones de telespectadores, con un 17,5% de cuota. Ante Bélgica, a las seis de la tarde, fue el programa más visto de La 1 ese día, con 1,4 millones de espectadores de media. El partido ante Italia volvió a ser lo más seguido, con un 20,7% de cuota y 1,8 millones de espectadores. Casi uno de cada cuatro que se sentaron frente al televisor esa noche quiso ver en acción a las chicas de Montse Tomé.
Esa visibilidad también ha atraído a las marcas, especialmente en el último año. El Mundial tendría que haber supuesto un espaldarazo comercial, pero lo eclipsó el vendaval que desató la agresión de Luis Rubiales a Jenni Hermoso. «Las marcas huían del ruido y no se asociaban a una Federación que había perdido credibilidad. Ahora empiezan a tener más confianza», cuentan fuentes federativas.
Aitana Bonmatí, con el balón, durante el partido ante Italia.AFP
El primer paso adelante lo ha dado Iberdrola, que ha doblado su aportación como socio patrocinador del equipo femenino. La RFEF está intentando tejer sinergias en la estrategia de marketing que una a las dos selecciones absolutas, pero la compañía energética quiere seguir ligando su imagen únicamente a la selección femenina e incrementar una apuesta que, aunque comenzó con los chicos en 2009, justo antes del Mundial de Sudáfrica, se volcó desde 2016 en el deporte femenino, incluso dando nombre a la Primera División femenina que, entonces, organizaba la Federación al no ser reconocida como profesional.
Otras marcas como Adidas, que es el espónsor técnico, Ebro, Halcón Viajes, La Roche-Posay, Cervezas Victoria o El Pulpo, sí han entrado en un patrocinio global de ambos combinados nacionales, incluso de las categorías inferiores. Esto supuso en 2024 unos ingresos de casi 40 millones de euros para la Federación, que se pretenden hacer crecer. Desde la llegada de Rafael Louzán a la presidencia se ha puesto fin a un periodo de cierta inestabilidad. Aquella hipoteca reputacional está empezando a levantarse, ayudada también por los éxitos deportivos.
Un lugar de celebración y un gran evento
La pasada semana, y cuando la selección ya había alcanzado los cuartos tras las goleadas a Portugal y Bélgica, todas las bocas de metro de la estación de Plaza de España en Madrid amanecieron rebautizadas con los nombres de las capitanas: Alexia, Irene Paredes, Olga Carmona, Aitana y Mariona. Se trata de un acuerdo alcanzado con la Comunidad de Madrid para incentivar el seguimiento del campeonato ahora que encara su fase decisiva.
Es esa plaza madrileña la que a la Federación, como uno de los retos que se marca Louzán, le gustaría convertir en el lugar emblemático de celebración de los éxitos de España. Mientras el Mundial femenino se celebró en la explanada de Puente del Rey, en Madrid Río, como el masculino de 2010, los festejos que dirigió Morata hace un año se vivieron en Cibeles, frente al Palacio de Comunicaciones.
No es el único reto que se marca la nueva presidencia. En el horizonte, además del Mundial 2030, se mantiene la puja por un gran evento de fútbol femenino. El próximo Mundial se celebrará en Brasil, en 2027, mientras para la Eurocopa 2029, cuyas candidaturas deben presentarse antes del 28 de agosto, pujan Alemania, Italia, Polonia, Portugal y Dinamarca y Suecia. España tendrá que prepararse para pelear por posteriores competiciones.
No hay quien frene a España. Lo pueden intentar algunos rivales durante algunos minutos, pero en esta Eurocopa parece imposible que alguiensujete tanto talento. Porque es desde ahí desde donde la selección de Montse Tomé construye su superioridad. Cometen errores, sí, encajan goles, más de los que quisieran, pero suman hambre, esfuerzo innegociable y el talento de jugadoras como Alexia Putellas, capaz de convertirse en invisible para destrozar rivales. Si Portugal se llevó la primera goleada (5-0), Bélgica sumó la segunda (6-2). Italia ya se conjura para no ser la siguiente.
España pone un pie en cuartos con un partido que, de inicio, fue cómodo. Todas las selecciones están ya avisadas de que, si la dejan respirar, España es letal. Por eso las belgas, que soñaban con la utopía de arrebatarle la pelota, se refugiaron en su área tratando de tejer una tela de araña en la que atrapar el talento de la selección en cuanto pisaba el área.
Durante muchos minutos consiguieron incomodar, mordiendo en las bandas y esforzándose porque Alexia y Vicky López nunca anduvieran sueltas en zona de peligro. Fue la joven jugadora del Barça la que avisó en el minuto 2 de que quería ser de nuevo protagonista. Esther González aguantó y le dejó franco un disparo que era el primer aviso. Bélgica también enseñó pronto sus bazas, que se resumían en una: pases largos a la espalda de la defensa, y a correr. Un pase larguísimo de la central Cayman cogió a Olga en desventaja con la veloz Wullaert como Toloba retaba continuamente a Ona Batlle y a Irene Paredes le tocaban andar pendiente de Eurlings. Apenas volvieron a intentarlo en toda la primera parte, porque apenas tuvieron balón. España se lo apropió y empezó a amasar su juego buscando cómo desenmarañar la propuesta del rival.
Sin perder la fe
Instaladas en campo contrario, por momentos a las españolas les faltó claridad. Lo intentó Olga Carmona con dos zurdazos, uno rozando la escuadra, pero el gol llegó 'a la española'. Pisó área Patri Guijarro y se apoyó en Vicky, que vio a Alexia en posición de armar su pierna izquierda y batir a Lischtfus. En apenas dos palmos de césped había fabricado España su ventaja.
No habían acabado de saborear el gol cuando se vieron con el empate. El único córner que sacaron las belgas en los primeros 45 minutos lo envió al fondo de la portería de Nanclares la gigante Vanhaevermaet. Imposible siquiera obstaculizar el 1,85 metros de la delantera del Everton. Tocaba volver a bregar y España se arremangó sin perder ni una pizca de fe en su juego.
Buscó una y otra vez la manera de percutir en el área belga, pero faltaba la última chispa. Intentó Montse Tomé activarla con la movilidad de Claudia Pina y Mariona Caldentey, pero llegó en un córner, cuando voló Paredes para marcar el segundo tanto para la selección. Se desesperaba Wullaert, la capitana belga, porque eran incapaces de mantener la posesión. La ventaja al descanso puedo ser mayor si no hubieran sacado bajo palos un remate de Vicky. Fue la última jugada, porque se quedó en el vestuario para que saliera Aitana Bonmatí en la segunda parte.
El disparo de Claudia Pina que valió el 5-2 en Thun.EFE
Con tantas ganas lo hizo que su primer contacto con pelota fue un zurdazo ajustado al poste. De la ocasión, al golpe. Se escapó Eurlings a la carrera en una posición ajustada que tuvo que validar el VAR y batió sin piedad a Nanclares. De nuevo, poco duró el empate, porque Alexia sacó la varita y dejó sola a Esther ante la guardameta belga. La killer del Gotham no falló y, con su gol, España se desató.
Las belgas ya eran incapaces de contener la revolución que desató España, que logró el cuarto gol en un saque de esquina que peinó Irene al segundo palo, quiso cazar de nuevo Esther y Mariona ratoneó para enviar el balón a la red. Aquello desinfló más a las belgas ante un vendaval. Con virguerías en una baldosa de Aitana, Alexia o Mariona, que no dudaban en armar disparos desde cualquier posición, la selección hilvanó una danza a la que pareció que ponía el colofón Claudia Pina con un cañonazo desde fuera del área, pero faltaba la magia de Alexia, con una maravilla de gol con el exterior.
Hay al menos dos imágenes de Cristina Martín-Prieto (Sevilla, 1993) que quedarán en la memoria de la Eurocopa de España. La primera, su salto para conectar un testarazo perfecto a un centro de Salma Paralluelo que fue el quinto gol ante Portugal. El otro, su baile de la Macarena antes del duelo ante Bélgica en el césped del estadio de Thun que la UEFA viralizó. La delantera de mayor envergadura de España, una 9 pura que se fijó siempre en el instinto en el área de Raúl González, es la sonrisa perpetua de esta selección.
«Mi hermano dice que soy la Pepe Reina, porque decir Joaquín siendo bético...», bromea ella, de corazón sevillista. A los 32 años está viviendo su momento más dulce desde que Montse Tomé, en noviembre, la llamó por primera vez. Ahora se prepara para el duelo ante Alemania donde Esther González, la goleadora a la que conoce desde niña porque han compartido categorías inferiores y la selección andaluza, ya les da «datos» sobre la portera Ann-Katrin Berger, con quien juega en el Gotham.
Martín-Prieto trata de estar lista para cuando le toque jugar, porque vive un sueño en Suiza. «Es un privilegio estar aquí. A día de hoy me sigo pellizcando porque no me lo creo», confiesa. Y es que su historia es pura superación. «Yo vengo del barro, como se suele decir, y me pongo a imaginar si me hubiera cogido esto con cuatro añitos menos...», cuenta. «Esto» no es la selección ni la Eurocopa, es el fútbol profesional: «Veo a compañeras como Vicky López, con 18 años, disfrutar y vivir del fútbol, y me alegro, porque es brutal». Su camino ha tenido más curvas.
«Sacaba fuerzas de donde no las tenía»
En 2017 se marchó a jugar al Granadilla Tenerife, donde con el fútbol no le bastaba para mantenerse en la isla. Le ofrecieron tres trabajos: en un supermercado, en el aeropuerto o como camarera de hotel. Eligió el supermercado, pero fue duro. «Ninguno era muy compatible para una deportista. Para trabajar y jugar sacaba fuerzas de donde no las tenía», confiesa. Cuando se firma el convenio entre la Liga F y las jugadoras para que todas cobren el salario mínimo, se volcó en el fútbol. «No daba más que para sobrevivir, pero ya era algo», cuenta, orgullosa de su historia, «que ha sido bonita». «He pasado de un supermercado a jugar y marcar en una Eurocopa. Bienvenido sea», insiste con una sonrisa que contagia a quien la mira.
Lo suyo con el fútbol le viene por vía materna. Empezó jugando con sus hermanos en equipos mixtos -«con el pequeño llegué a jugar en el mismo», recuerda- y ya destacaba por su envergadura: 1,73 metros y corpulencia para el choque en el área. «Desayunábamos mucho petit-suisse», bromea. De familia sevillista, «aunque hay algún lunar de los otros», dice con sorna, a su padre no le gustaba nada el fútbol. «Cuando empecé a jugar hizo por enterarse de lo que era un fuera de juego. Ahora hasta dice que no le gusta el VAR y lo discute», cuenta la jugadora, que hoy tiene en él a su mejor fan. «Vimos la convocatoria juntos y fue muy especial vernos las caras. La camiseta del debut y el primer gol ha sido para él», desvela. De momento, no han podido viajar a Suiza. Lo harán si llegan a la final, y para eso ella se esforzará. Todo el vestuario está conjurado para vencer a Alemania.
Pegada a Aitana
En el grupo ha encajado a la perfección, pese a ser de las últimas. Primero, por edad y madurez, «pero también porque no tengo vergüenza», reconoce. Uno de los apoyos ha sido Aitana Bonmatí, a la que cuidó mucho tras la meningitis. «Nos conocíamos de la Liga y teníamos un respeto mutuo. En la concentración de octubre se me acercó y me abrió camino, me tendió la mano. Ahora ha sido jodido que le pasara [la meningitis] y qué menos que estar a su lado para apoyarla en todo eso», asegura.
Pasado el susto, el fútbol se abre camino y Martín-Prieto quiere coronar una temporada soñada. En su primer año en el Benfica, ha sido elegida la mejor jugadora de la Liga. «Pensaba que iba a ser un poco menos competitiva y que iba a relajarme, pero al final ha tocado pelear», vuelve a bromear. Además, esta jugadora, que se define como «casada con el área», ha roto su techo, por ejemplo, en goles de cabeza como el que le hizo a Portugal: «A veces me faltaba potencia, porque la gastaba en el salto, o al revés. Ya no diré más que es mi hándicap». Lo que espera es poder volver a mostrarlo, si hace falta, ante las alemanas.