El español quita hierro al asunto y posa con el reloj puesto: “¡Es la hora del campeón del mundo!”
El valenciano Ricardo Ten, tres oros como campeón del Mundo en Glasgow.@RicardoTen_
En Glasgow, Escocia, se han celebrado los Campeonatos de Ciclismo. Como ocurre con los JJOO, también se disputan varias displinas para deportistas con diversidad funcional.
El español que mejor resultado ha obtenido es el valenciano Ricardo Ten, que se va del Reino Unido con seis medallas, tres de oro.
Junto a la medalla de oro y al maillot arcoiris (que identifica a los campeones del mundo en el pelotón), Ricardo Ten, que no tiene antebrazos, recibió un reloj de pulsera. Pero el corredor paralímpico puso su mejor cara y sacó la lengua en un gesto simpático.
Lejos de mostrarse molesto o sorprendido, agarró la caja que lo contenía y la exhibió al público como hubiera hecho cualquier ciclista.
La organización de los Mundiales ha recibido numerosas críticas por esa falta de consideración. Sin embargo, el propio Ten ha querido zanjar cualquier tipo de polémica en sus redes sociales.
El ciclista ha posado con el reloj puesto mientras grita a cámara: “¡Es la hora del campeón del mundo!”. En el tuit agradece a Tissot, la marca que ha cedido los relojes, su apuesta por la inclusión.
Ganar tres Champions League no es una tarea fácil. Solo unas pocas elegidas en el mundo del fútbol tienen la oportunidad de ser partícipes en algo asimilable y Mariona Caldentey (Felanitx, Mallorca, 28 años) tiene a su alcance lograrlo si el Barcelona vence esta tarde (18:00 horas) al Olympique de Lyon en la gran final de San Mamés. "Llevamos tres títulos y nos queda uno", comentó tras ganar la Copa de la Reina en La Romareda.
La balear vive para el fútbol. Nunca lo ha ocultado. Pero si hay algo que no puede faltar en su vida más allá de este deporte es su tierra. La isla es siempre el lugar al que volver después terminar una dura temporada. "Al llegar puede estar con su gente, en su pueblo, con su familia y tener esa tranquilidad. Ella estando en Mallorca desconecta y carga la energía. Eso es muy importante porque es una jugadora muy top que tiene una gran responsabilidad". comenta Pilar Espadas, que pudo compartir vestuario con ella durante toda etapa en el UD Collerense (Palma de Mallorca). Allí, como dice la futbolista blaugrana en una entrevista al Diario Mallorca, puede ser 'la Mariona sin balón'.
"Siempre ha sido muy risueña. Es una chica tranquila, ni muy extrovertida ni tampoco tímida. Para mí es sensata, muy responsable y sonriente, siempre tiene una sonrisa en la boca. No es muy alocada, ni fiestera, es más tranquila", afirma Espadas. En esa faceta, también destaca una curiosa afición por el piano que mostró en la pandemia a través de sus redes. "Siempre que veo un piano, tengo ganas de tocarlo. Es algo que me relaja", dijo a los micrófonos de la RFEF.
"ELLA DECIDÍA PARTIDOS"
Con el balón en los pies, en Coll de'n Rebassa demostró lo que ya venía apuntando desde que competía en las categorías inferiores en el fútbol mixto, que era una de esas jugadoras que iba a lograr llegar alto: "Cuando compartíamos equipo, ella ha decidido partidos. Tenía una calidad diferente y un uno contra uno y una visión de juego impresionante. Veía el pase donde nadie más lo hacía. Yo era delantera y me ha dado muchos goles hechos o acciones de gol que ella era la única capaz de verlas. Eso es un privilegio y un orgullo para mí haberla tenido y haber podido compartirlo con ella", cuenta su excompañera.
Pero Caldentey no solo brilla de blaugrana, también lo hace con la selección, para la que acaba de ser convocada por Montse Tomé para los próximos partidos de la fase de clasificación ante Dinamarca. El verano con La Roja no fue fácil, decidió ir al Mundial pese haber renunciado meses antes con Vilda, pero lo ocurrido con Jennifer Hermoso en la celebración ensombreció el título logrado en la final ante Australia, donde ella fue una de las protagonistas dando la asistencia a Olga Carmona.
Según Espadas, su forma de ser no ha cambiado y continúa manteniendo el contacto: "Para mí lo más importante es que se acuerden de su antigua capi, A ella y a todas las que están fuera en el Barça (Patri Guijarro y Cata Coll) les doy la enhorabuena por los triunfos y, como esta vez, cuando hay partidos importantes intento mandarles un mensaje y siempre es contestado con mucho cariño. Es una jugadora top. La humildad que les caracteriza de acordarse de sus antiguas compañeras y de su club y que lleven el nombre del Collerense por todo el mundo como llevan, hace que nos sintamos muy orgullosas", dice.
Así es Mariona Caldentey, una jugadora que, con ese apoyo incondicional, podría ganar los cuatro títulos disputados. Todo un éxito.
Los ingleses inventaron el fútbol (1863) y lo extendieron por el mundo al tiempo que sus ferrocarriles, pero cuando en 1904 se creó la FIFA no quisieron tratos con advenedizos. Cambiaron de idea en 1906 porque en 1908 se iban a celebrar en Londres los Juegos Olímpicos, querían el fútbol en el programa oficial y llamaron a la puerta de la FIFA, que aceptó tan entusiasmada la incorporación de los inventores que nombró como nuevo presidente a un inglés, Daniel Woolfall. En 1920 se salieron porque se rechazó su exigencia de expulsar a los países derrotados en la I Guerra Mundial. Regresaron en 1924, pero se volvieron a salir en 1928 porque no se aceptó letra por letra su definición de amateurismo, tema muy en boga entonces por el conflicto entre el profesionalizado fútbol y el movimiento olímpico, que predicaba la pureza amateur.
Así que faltaron a Uruguay 1930, Italia 1934 y Francia 1938. Como el Mundial, entonces llamado Copa Jules Rimet en homenaje a su impulsor, iba cuajando sin ellos, en 1946 decidieron regresar a la FIFA otra vez, esta la definitiva, para acudir al primer Mundial de la posguerra, Brasil 1950. Ya estaba bien de que posaran como campeonas del mundo selecciones a las que consideraban inferiores.
Para saber más
El recelo en ese sentido se hizo evidente en 1934. Italia ganó ese año el Mundial jugado en terreno propio, y aceptó el desafío de visitar a Inglaterra en Wembley. Había mucho en juego: el campeón del mundo sometía su título al examen de los inventores. Se disputó el 14 de noviembre de 1934 y pasó a la historia como La Batalla de Highbury. A los 10 minutos ya ganaba Inglaterra 3-0, y con un penalti fallado. Un planchazo de Ted Drake rompió el pie de Doble Ancho Monti, el duro oficial de Italia. Ocupaba la posición clave de mediocentro; por pundonor trató de mantenerse sobre el campo y sólo consiguió ser la causa del derrumbe. El entrenador, Vittorio Pozzo, le retiró, recolocó el equipo, y entre que Inglaterra aflojó al verlo todo tan fácil y que Italia, rebrincada por la lesión a Monti, se puso a sacudir, el partido se equilibró. La ferocidad italiana fue a más hasta dar lugar a una carnicería que desbordó al árbitro sueco, Olsson. Hapgood salió con una nariz rota; Bowden, con fractura de clavícula; Barker, con una mano rota; y el pirata Ted Drake, con una amplia herida abierta en una pierna. En la segunda mitad hubo dos goles seguidos de Meazza, que exaltaron la vibrante narración de Carosio, el locutor favorito de Mussolini. Italia perdió 3-2, pero regresó satisfecha, con sus jugadores entrando en el santoral del fútbol transalpino como I Leoni di Highbury.
Entrenador, no seleccionador
Inglaterra quedó tan aturdida que la Football Association decidió en su reunión del día siguiente no jugar nunca más contra equipos no británicos, en la idea de que el fútbol de por ahí fuera no era tal, sino un sucedáneo brutal y peligroso. Por fortuna, se volvería atrás de esa decisión al cabo de un año y siguieron concertando partidos internacionales, que en general ganaban. Todas las selecciones se medían en la preguerra por lo que eran capaces de hacer ante Inglaterra.
En 1946, decía, regresaron a la FIFA, que esta vez sí apartó a las dos grandes agresoras, Alemania y Japón. Italia se salvó por su reputadísimo presidente de la Federcalcio, Ottorino Barassi, que salvó la Copa Jules Rimet escondiéndola de los nazis, y porque en 1943 abandonó el Eje para pasarse a los Aliados, ratificando aquella malicia de Napoleón según la cual «los italianos nunca terminan la guerra en el bando en que la empezaron, salvo que cambien de lado dos veces».
Una vez reafiliada a la FIFA, Inglaterra ganó plaza en el Mundial de Brasil 1950 como campeona en 1949 del British Home Championship, que desde 1884 hasta 1984 enfrentó anualmente a las cuatro selecciones británicas. Para esta nueva época se designó por primera vez un entrenador «a tiempo completo», tarea que recayó en un singular y brillante personaje, Walter Winterbottom, maestro de formación, ex jugador del Manchester United, luego titulado y más adelante profesor de Entrenamiento Físico en la Universidad de Carnegie. Durante la guerra fue instructor físico en la RAF. Tenía un aire docto y profesoral, sin pedanterías. Era entrenador, pero no seleccionador. Eso correspondía a un comité técnico; él sólo se encargaba de la preparación física y las instrucciones tácticas. Eso era común en todas partes en la época, en selecciones y en clubes, donde la directiva decidía el equipo y el entrenador los preparaba y dirigía. Winterbottom luchó durante su larga permanencia en el cargo (de 1946 a 1962) por unir las dos funciones en su persona, pero eso no llegaría hasta su sucesor, Alf Ramsey.
Un momento del partido entre Inglaterra y Estados Unidos.US SOCCER
Inglaterra tenía el que se llamó su Equipo de Oro, con un ataque que aún repiten muchos de memoria en Inglaterra: Matthews, Mortensen, Lawton, Mannion y Finney. Cosecharon estupendos resultados en amistosos, entre ellos un 0-4 en Turín sobre Italia, así que fueron al Mundial confiados. Tanto que Matthews, que a sus 35 años seguía siendo una estrella, fue enviado junto a otros jugadores a una gira-embajada por Canadá, con la idea de que se incorporara al Mundial sobre la marcha. También faltó en el grupo el traidor Neil Franklin, que se había fugado del Stoke City para fichar por el Unión de Santa Fe en la liga pirata de Colombia, la misma del Millonarios de Di Stéfano. Franklin era el jefe de la defensa.
El viaje de los Three Lions fue arduo, 36 horas con escalas en París, Lisboa, Dakar y Recife hasta llegar a Río de Janeiro. Se hospedaron en el hotel Luxor, frente a la playa, donde se les miraba y trataba con fervor cuasi religioso, como si estuvieran nimbados por un aura mágica. Pero como la cocina brasileña y la inglesa son irreconciliables, no se sintieron bien. El sorteo les colocó en el Grupo 2, con Chile, Estados Unidos y España, víctimas propiciatorias según el juicio general.
Debutaron ante Chile el 25 de junio, en Maracaná, estrenado la víspera con el inaugural Brasil-México. Aunque llovió mucho, asistieron 80.000 personas. Ganó Inglaterra 2-0, pero fue un triunfo discreto, sin brillo, que dejó a los asistentes sin nada especial que contar al regreso a casa.
un haitiano colado de matute
Cuatro días después afrontaron a Estados Unidos en el estadio Independencia de Belo Horizonte. Ya había regresado Matthews tras un viaje de 28 horas, pero como se había ganado, se le dejó descansar por decisión de Arthur Drewry, voz del comité seleccionador en la gira. Roto ya el embrujo de lo desconocido tras el soso partido ante Chile, sólo acudieron 10.000 espectadores. El equipo estadounidense, que la primera jornada perdió con España 3-1, no tenía el menor tirón, ni siquiera en su país. Sólo les acompañó un periodista, Dent McSkimming, a costa de sus vacaciones en el St. Louis Post-Dispatch y pagándose el viaje.
Pero llegó la bomba: Estados Unidos ganó 0-1, resultado tan increíble que más de un periódico interpretó que había un error en el cable de Reuters y lo transformó en 10-1. Salieron jugando a Inglaterra de tú a tú, marcaron en el 38', se encerraron, y el juego repetitivo y sin fantasía de los ingleses fracasó ante su defensa. El meta Borghi estuvo enorme. Jugaba en el St. Louis Simpkins-Ford Club, base de la selección, y había viajado al Mundial tras una bronca con su madre porque desatendía el negocio familiar, una funeraria. Pero ese día, cuando llegaron las noticias, pudo sentirse orgullosa de él. Hasta un penalti paró.
El gol lo marcó Joe Gaetjens, un haitiano colado de matute, porque no tenía la nacionalidad estadounidense. De familia adinerada, fue a la Universidad de Columbia a estudiar Económicas y para sus gastos trabajó de lavaplatos en el restaurante Rudy's, cuyo propietario, un empresario gallego, también tenía un club de fútbol llamado Brookhattan. Gaetjens se enroló en el equipo a 25 dólares por partido y llegó a la final de la US Open Cup, donde perdió ante el St. Louis de Borghi. Llamó la atención y fue seleccionado.
Williams y Gaetjens, durante el partido disputado en Belo Horizonte.FIFA
Marcó el gol al rematar un rechace corto del meta Williams. Aquello le dio nombradía internacional y fichó por el Racing de París, donde fracasó. Regresó a Haití convertido en una celebridad, siguió jugando al fútbol, montó una lavandería, formó una familia... Pero terminó trágicamente. Estaba emparentado con Louis Déjoie, rival político del temible François Duvalier, que en 1964 se proclamó presidente vitalicio y decidió ajustar cuentas. Avisados por un policía amigo, dos hermanos de Gaetjens salieron del país, pero él no lo hizo. No se había metido en política como ellos y era un héroe nacional, así que pensó que no irían por él. Pero el mismo día que sus hermanos dejaron el país, los Tonton Macoute (apodo de la siniestra policía de Duvalier) le internaron en la prisión de Fort Dimanche y no se supo más de él.
Tras el batacazo, Inglaterra tenía que enfrentarse a España, que a su vez había ganado también a Chile, de manera que llevaba dos victorias. Los ingleses quedarían eliminados perdiendo o empatando. Y si nos ganaban, habría que jugar un desempate. Del ánimo con que afrontaron el partido dan fe las declaraciones de la víspera de Wright, capitán en sustitución de Franklin: «Daremos nuestra verdadera medida en los dos partidos con España», dijo, dando el primero por ganado de antemano.
Por su parte, nuestro entrenador nacional, Benito Díaz, replegó prudentemente a la selección desde la primera línea de playa en Copacabana, donde estaban hospedados, hasta un hotel en Corcovado, para evitar tentaciones de la carne que empezaban a hacerse patentes. La cita fue en Maracaná el 2 de julio, ante 75.000 espectadores, a las 15:00 hora local, las 19:00 en España, que siguió con fervor el partido por Radio Nacional, en la voz de Matías Prats. Ganamos, entre júbilo nacional, 1-0, con gol de Zarra. Esta vez sí se alineó Matthews, los ingleses jugaron por fin bien, pero España hizo un partido tan redondo que Antonio Valencia, de Marca, el cronista más acreditado de aquel tiempo, resumió: «Ha sido el momento de la vida futbolística española, en el que lució el oro viejo del buen fútbol como ninguno».
Con tres victorias en tres partidos, España pasaba a la liguilla final junto a Brasil, Suecia y Uruguay. Con una victoria y dos derrotas, Inglaterra se volvía precipitadamente a casa. Para colmo, Estados Unidos perdió su partido ante Chile por 5-2, terminando de dejar mal a Inglaterra. El Daily Herald publicó una esquela con este texto: «Nuestro afectuoso recuerdo al fútbol inglés, que falleció en Río de Janeiro el 2 de julio de 1950. Un numeroso círculo de amigos lamenta su dolorosa pérdida. R.I.P. Nota: El cadáver será incinerado y sus cenizas trasladadas a España». «Los viejos maestros deben volver a la escuela», declaró humildemente Winterbottom, admitiendo que el aislamiento había cosificado su fútbol. Inglaterra se abrió al mundo y recogió el fruto en 1966.