«Empecé en la gimnasia por mi hermana mayor, Carla, y cuando me lesioné de gravedad también fue un ejemplo. Ella fue internacional y, durante su carrera, se rompió dos veces los cruzados, pero nunca se rindió. Yo la había visto pelear por volver, esforzarse y dejárselo todo, y cuando me pasó a mí me inspiró», cuenta Laia Font, que a los 19 años ya es una de las mejores del mundo, oro esta temporada en la Copa del Mundo de Egipto y candidata en el Europeo y el Mundial de los próximos meses, pero que hace poco más de un año convivía con el fantasma de la retirada.
En la preparación para los Juegos Olímpicos de París 2024 se rompió el menisco de la rodilla izquierda y estuvo meses, muchos meses, sin poder entrenar. No hubo un crec, ni una mala caída, sino un gesto extraño en un aterrizaje y toda la angustia que vino después. «Parecía que no era nada y al final estuve casi un año parada. Optamos por una recuperación conservadora, sin pasar por el quirófano, y me fue bien, pero se hizo largo. Me dio mucha rabia no clasificarme para los Juegos, aunque iba a ser difícil de todas las maneras porque solo tenía 18 años», comenta Font.
Araba
- ¿Siempre quiso ser gimnasta?
- Vengo de una familia muy deportista, aunque sobre todo de deportes de equipo. Mi padre jugó al fútbol y mi madre, al baloncesto. Yo, desde que vi a mi hermana, siempre quise hacer gimnasia. He tenido altibajos por culpa de las lesiones, que siempre te generan dudas, pero ningún otro deporte me ha enamorado tanto como la gimnasia.
El encuentro con Biles
Font saltó a la élite en 2023, con solo 16 años, cuando le faltaron apenas dos décimas para colgarse una medalla en la Copa del Mundo. Pero su ascensión culminó en el Mundial de Amberes de aquella temporada. Allí estaban todas: la campeona olímpica brasileña Rebeca Andrade y, por supuesto, la leyenda, Simone Biles. Junto a sus compañeras Alba Petisco, Ana Pérez y Laura Casabuena, Font se quedó a un paso de los ocho puestos que daban acceso a la final, pero aprovechó el evento para ver por primera vez en persona a Biles.
«No me atreví a saludarla porque entró durante nuestro entrenamiento y cuando acabamos ella ya estaba a lo suyo. Pero con verla ahí, tan cerca, ya me bastó. Me hizo darme cuenta de que ya estaba en la élite, compitiendo contra ella, y de que tenía que seguir ese camino», explica Font, capaz de ejecutar saltos espectaculares al estilo de Biles. De hecho, este año la española ganó en Egipto con un yurchenko con doble pirueta, un salto que guarda similitud con el célebre Biles II. «El suyo tiene más dificultad. Me encanta Biles, pero no aspiro a hacer lo que hace ella. Quiero hacer gimnasia a mi manera, intentar llegar a mi máximo potencial».
Araba
- Sigue entrenando en Manresa, sin irse a un centro de alto rendimiento.
- Sí, yo sigo en Manresa. He ido al CAR y no tengo ningún problema con ello, pero cuando me ofrecieron las becas para estar allí, pensé que si estaba teniendo buenos resultados desde casa, prefería quedarme. Soy una persona muy familiar y valoro muchísimo estar cerca de mi familia y mis amigos. Está claro que tengo muy buenas amigas en el CAR y cuando estoy allí las echo de menos, pero un abrazo de la familia después de un entreno malo no tiene precio.
Un proyecto desde casa
La decisión no es menor. La mayoría de gimnastas de su nivel viven en centros de alto rendimiento, lejos de casa. Font ha optado por un camino distinto: entrenar en su club de Manresa, a media hora también de la universidad, donde compagina las dobles sesiones diarias -entre cinco y seis horas de entrenamiento- con una carrera de Magisterio. «Desde el club crearon un programa para que pudiéramos combinarlo sin tener que marcharnos, y eso nos lo ha facilitado mucho. Y al final llevo desde primero de la ESO combinando estudios y entrenamientos, así que ya es como una rutina», explica.
- En la gimnasia se habla mucho de si se empieza a competir demasiado pronto. ¿Tú qué crees?
- Se empieza pronto y se deja muy pronto, yo creo. En el Mundial de Amberes casi todos los países fueron con gimnastas de alrededor de 20 años y nosotros íbamos con chicas de 16. En categoría femenina se pasa a la absoluta con 16 años, y en masculina con 18. Empezar tan joven en la élite luego pasa factura. Yo lo sé bien.







