La Cerámica y Serbia fueron testigos de cómo se zanjaban dos debates que venían planeando sobre la selección española ahora que se encamina al Mundial. No existían en la cabeza de Luis de la Fuente y en su proyección de lo que será España cuando debute en Atlanta ante Cabo Verde, pero cualquier duda se esfumó en el amistoso ante Serbia. Rodrigo y Mikel Oyarzabal son dos anclas en este equipo.
“Mikel le conocí en el 2015, cuando jugaba en la selección de Guipuzcoa como mediapunta y delantero centro. Con nosotros lo ha hecho, además, en la banda derecha y la izquierda. Y lo hace todo bien. Tiene una condición innata para jugar entrelíneas, tirar los desmarques… y lee el fútbol muy bien. Puede ser un gran entrenador en el futuro“, aventuró el seleccionador, que lo ve como un “capitán con todas las letras, serio, maduro, que aporta tablas y entereza”, añadió.
Todo eso y goles. El delantero no osa ponerse el 9 a la espalda pero, ojeando sus números, nadie puede dudar de que lo es. Si no marca, asiste, pero es que es el jugador que más ha visto puerta. Suma 24 goles con España, 18 desde que De la Fuente se sienta en el banquillo y nueve en el camino a la Copa del Mundo. Máximo goleador de España y que completa sus números con asistencias, tres, lo que le convierte en el internacional español que más ha marcado o regalado goles en diez partidos. Mirando la estadística de los últimos cinco, en todos ha marcado y, si lo hace en Cornellá ante Egipto, habrá igualado a David Villa, que lo hizo en seis. Quizá incluso pueda superarlo porque Oyarzabal, que celebra de manera serena y apenas con una sonrisa, como un obrero que cumple con su tarea, tiene un hueco en la lista final y, sin duda, en el once de España. Luis de la Fuente lo vio y el capitán de la Real le ha dado la razón.
En esa lista tampoco faltará Rodrigo Hernández. “Ya está al nivel que le hizo ser el mejor del mundo. Es la brújula, marca el ritmo del partido hace coberturas, equilibra a todo el equipo, y tiene ascendencia con el grupo”, resumió De la Fuente. En el estadio en el que nació al fútbol profesional, volvió a la titularidad, algo que no ocurría desde la final de la Eurocopa ante Inglaterra y demostró todo eso que desgranaba el seleccionador.
El calvario de la lesión de rodilla le impidió jugar la Nations League y buena parte de la clasificación hacia el campeonato del Mundo. Zubimiendi emergió para que nadie le echara de menos. De la Fuente, sí. Tanto que empezó a darle minutos en septiembre sin poder cargar sobre sus hombros el peso del equipo hasta este amistoso. Y lo acompañó del brazalete de capitán. Galones con el balón, ejerciendo de ancla que facilitaba la vida a Laporte y Cubarsí, incluso despejando el primer centro con peligro de los serbios. Su tarea también incluía cubrir el brío con que Llorente cabalgaba por la banda -porque Banea tapaba a Cucurella pero Lamine, no- e, incluso, pisar la frontal del área en la primera parte. Bien escalonado con Pedri y permitiendo que tuviera libertad, demostró que, si nada se tuerce, ha recuperado su rol en la selección.
A casa también regresó Álex Baena, que hace pocos meses vestía la camiseta del Villarreal y la grada aún lo recuerda como jugador propio. Suyo fue la primera ocasión de España, con un recorte y un disparo que buscó la escuadra de Milinkovic-Savic. Magistral también fue su movimiento, engañando a toda la defensa serbia con el cuerpo cuando Fermín asistió a Oyarzabal para el primer gol. Salió del campo ovacionado, junto a Rodri para dejar hueco a otro ex groguet cuyo nombre coreó La Cerámica: Jeremy Pino.
Debut y gol
De las caras nuevas que ha reclutado el seleccionador en esta última ventana, Joan Garcia vio el partido desde la grada, alimentando la duda de que tendrá su momento en Cornellá, estadio en el que explotó. En el banquillo estuvieron Barrenetxea, Mosquera, que debutó en el 80, y Víctor Muñoz, que fue el primero en debutar y con premio. En el minuto 63, De la Fuente lo mandó al césped para sustituir a Lamine, que buscó su oportunidad en la primera parte sin encontrarla.
Al diablillo de Osasuna le costó menos de diez minutos endulzar su debut con un gol. Un pase filtrado de Olmo a Ferran que, de taconazo, le regaló el premio al chaval, aplaudido por el seleccionador. Desde 1929 no marcaba un jugador de Osasuna con España. Ni sus abuelos habrían nacido. Este debut le hace olvidar todo el odio que recibió en redes sociales cuando, con el Real Madrid, falló un gol cantado en un Clásico. “Todo es parte del proceso de sentirse futbolista, nadie llega arriba enseñado. Es cuestión de trabajo y constancia, y Osasuna me ha ayudado a acostumbrarme a esto de la elite“, reconoció con prudencia y madurez. La misma que mostró Mosquera, que lleva una temporada de ensueño: su salto a la Premier le ha llevado a ser importante en el Arsenal y le pone a un paso del Mundial. “No fue fácil salir de casa, pero la verdad es que estoy muy contento y agradecido por todo lo que me está pasando”.





